Jim Jones. Foto: Laura Johnson Kohl y Fielding McGee
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Masacre de Jonestown: ¿El mayor suicido colectivo de la historia o el mayor asesinato?

GUYANA.- 40 años atrás, la masacre de Jonestown conmocionó al mundo. 918 personas se “suicidaron”, niños, ancianos, jóvenes, bebieron cianuro con cool Aid, algunos por voluntad propia, otros amenazados a punta de pistola. ¿Por qué? Un nombre;  Jim Jones, un fatalista que les lavó el cerebro.

“Acabemos con esto ya, acabemos con esta agonía”

Sábado 18 de noviembre de 1978: Era el atardecer en la comunidad de Jonestown en Guyana, Jim Jones, el reverendo, congregaba a todos en el centro mientras hablaba sobre la belleza de la muerte, frente a él; un altar, a su  lado; una piscina llena hasta el tope con un líquido rojo. Entonces lo dijo, “Acabemos con esto ya, acabemos con esta agonía”,  918 personas bebieron, la misma cantidad murió. También dijo “deben morir con dignidad”. Él prefirió pegarse un tiro. Con ellos el ideal de la comunidad utópica, socialista, sin racismos y sin injusticias se perdió hasta transformarse en el escenario del suicidio colectivo más grande de la historia.

Jim Jones y el Templo del pueblo

Jones siempre fue un líder carismático, desde joven se dio cuenta de su “don” para atraer multitudes, inspirado en Stalin y Hitler se acostumbró a ser seguido por todos. En 1955 fundó su propia congregación: El Templo del pueblo.

Inicialmente, el grupo ayudaba a jóvenes marginados sin importar razas y culturas. El mismo Jones adoptó a unos niños y 10 años después se mudó a California para seguir predicando.

Se convirtió en “El Salvador”, decían que llegó a la tierra para luchar contra las injusticias y el holocausto nuclear, la reencarnación de Jesús y Lenin.

Añadió miles de fieles a sus filas de la misma manera que hizo enemigos, por eso se mudó a Guyana, la tierra prometida, y con él sus seguidores construyeron “un paraíso socialista”: Jonestown.

Jonestown (La ciudad de Jones)

Masacre de Jonestown
Detectives del FBI en Jonestown.- Laura Johnson Kohl y Fielding McGee

A través de los años, las oficinas del FBI encontraron audios utilizados como propaganda, ahí los más de 900 residentes decían, “estamos viviendo de una forma común increíble”.

Con el paso del tiempo, empezó a asomarse la verdadera cara de Jones, la que dejaba entrever su poca cordura y sus celos, su necesidad de poder y de control.

Noches blancas

Los testimonios de los pocos sobrevivientes al día del “holocausto” y los informes del FBI demostraron que en la comunidad hacían Noches blancas, un reflejo de la locura del líder, en las que simulaban suicidios con cianuro y otras sustancias.

Las organizaciones internacionales temían por el destino de los residentes y no se creían el discurso del paraíso de Jones, empezaron a investigarlo. Él por su parte, respondió llamándolos cerdos capitalistas, lavando el cerebro a sus seguidores, ahora fanáticos.

40 años después, se sabe que todo fue farsa alimentada con propaganda. Jonestown en realidad era un campo de concentración, nadie podía huir y todos estaban condenados a los abusos, violencia y agresiones sexuales, algunos intentaron desertar, pero fue imposible.

18 de noviembre, asesinan al congresista

Los rumores llegaron a oídos de Leo Ryan, un respetado congresista de California, tomó un avión y junto a tres periodistas llegó a Guyana para presenciar en carne propia los abusos. Ante la visita, Jones se volvió incluso más fatalista y trató de traidores a quienes quisieron hablar.

El 18 de noviembre concluyó la reunión, Ryan se dirigió a su avioneta y preguntó si alguien quería acompañarlo, algunos aceptaron la invitación, sin embargo, nunca llegaron al destino, a medio camino sacaron armas y abrieron fuego. Todos murieron.

Enojado ante la posibilidad de perder el control, Jones congregó a todos en el centro y dio la que sería su última declaración.

Hemos tenido una buena vida, hemos sido amados, acabemos con esto ya, acabemos con esta agonía”,  dijo, y después los obligó a suicidarse con cianuro.

Escenario de un crimen

Los cuerpos tras el “apocalipsis”

Al día siguiente llegaron los soldados y se horrorizaron por el panorama, se miraban atentos sin querer bajar la cabeza. A sus pies descansaban cuerpos, innumerables montones de muertos, mujeres, niños hombres. Todos derrumbados por la poción. Excepto Jones, quien yacía muerto en una silla con una bala en la cabeza.

Alguien los contó. Primero dijeron 400, luego 900, fueron más.  Los medios difundieron la noticia, planas, titulares, fotos y ninguna descripción alcanzaría a narrar la magnitud. Solo se equivocaron en una cosa.

¿Un suicidio colectivo o el homicidio más grande de la historia?.- Regina Montañez Raz

 

 

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