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"Soy Angela Merkel, ¿qué me cuenta?”: pláticas con ciudadanos vía Zoom

Imagen del periódico español "El País", con el que ilustra un artículo titulado “Soy Angela Merkel, ¿qué me cuenta?”
Imagen del periódico español "El País", con el que ilustra un artículo titulado “Soy Angela Merkel, ¿qué me cuenta?”

"Soy Angela Merkel, ¿qué me cuenta?”, dice la canciller alemana a una policía de Baja Sajonia, quien le explica cómo es su trabajo estos días, marcado por una pandemia que en Alemania saca a miles de escépticos respecto al Covid con ganas de echar bronca a la calle.

La canciller alemana se entrevista con ciudadanos en una serie de diálogos que mantiene cada semana a través de la aplicación digital Zoom.

Este tipo de diálogos ciudadanos no es nuevo para la canciller, que cada año mantiene uno o dos en algún punto del país. La diferencia ahora es que son más y son digitales.

Valioso contacto ciudadano

Además, en estos momentos de pandemia el contacto resulta especialmente valioso en sendas direcciones.

Más allá de la crisis sanitaria, la pandemia está abriendo fisuras en una sociedad alemana que en los próximos meses deberá enfrentarse al impacto económico y social de mantener la actividad durante casi un año ralentizada.

Angela Merkel asegura que el Covid-19 es un desafío para la democracia.

La proliferación de noticias falsas en torno a la pandemia y las minoritarias, pero persistentes, protestas demuestran la importancia de la pedagogía política y de contar con el apoyo de la población en la lucha contra el virus.

Diálogos por sectores

En los diálogos semanales primero fueron aprendices, después cuidadores y personas dependientes y más tarde policías. Luego le tocará el turno a los estudiantes.

Se trata de empatía, pero también de tomar el pulso a la población en un momento crítico para el estado de ánimo colectivo.

Porque no es lo mismo que un asesor le cuente lo difícil que lo tienen ahora los policías que escuchar de primera mano que les escupen o verle en directo las ojeras a una enfermera sobrecargada. El cara a cara, aunque sea pantalla mediante, funciona.

Los encuentros se titulan Conversación con la canciller y el formato es muy "merkeliano". Hora y media de conversación "en seco". Nada de musiquillas ni de vídeos efectistas. Ni un solo gráfico explicativo.

Todo muy sobrio. Solo gente a la que le pasan cosas y que tiene preocupaciones que compartir con la jefa de Gobierno.

Sin prisas ni cortes de edición

Se lo cuentan con todo lujo de detalles. Alguno se enrolla más de la cuenta, pero no pasa nada. Aquí no hay prisas ni cortes de edición que resten naturalidad al asunto.

En la charla con los policías, Angela Merkel, que creció en la República Democrática Alemana, arranca diciendo que para ella es fundamental la libertad de expresión y que se permitan las manifestaciones de escépticos de la pandemia.

Asegura, sin embargo, que sabe de lo difícil que es el trabajo de los agentes en tiempos de pandemia.

“¿Ha tenido casos positivos de Covid-19 entre sus compañeros?”, le pregunta a un agente. Otra le explica lo difícil que fue mantener a un grupo de 700 personas en una cuarentena impuesta en un bloque de edificios, que acabó en conato de rebelión.

La Cancillería designó los cuatro grupos de ciudadanos que participarían y luego las agrupaciones profesionales y Cámaras de Comercio eligieron a la quincena de personas por encuentro. La representatividad de los elegidos es evidentemente limitada.

Primero para escuchar

El primer encuentro fue de aprendices, porque Angela Merkel explicó que la pandemia los agarró en plena incorporación al mercado laboral, una fase decisiva de sus vidas.

Había una peluquera, un fabricante de órganos y aprendices en la automoción, entre otros.

“¿Cree que puede aguantar un poco más de teletrabajo?”, preguntó la canciller, quien les contó que cuando ella estuvo en casa ―se autoaisló en la primera ola por un contacto cercano positivo― se distraía escribiendo y encontraba siempre cosas que hacer.

Pero ella está ahí sobre todo para escuchar. “¿Cree que los políticos exageramos en nuestra reacción al coronavirus? ¿Cómo lo ve usted?”, les pregunta.

Tema sensible

En otra charla, cuando la canciller le preguntó a Friede Wallentin, una nonagenaria, cuál era su deseo, la mujer contestó que le gustaría tener conexión a Internet rápida para poder ver a su familia.

Tal vez Friede era consciente de que tocaba un tema muy sensible en un país que no se cansa de hacer bandera de la digitalización, pero que acumula espectaculares retrasos en conectividad.

Microquejas aparte, en estos encuentros el tono es hasta cierto punto excesivamente cordial, destacó un artículo en la prensa alemana.

Los críticos de la líder alemana consideran que la suya es a menudo una empatía prefabricada y efectista. Pero lo cierto es que cuando se interesa al detalle y en actitud de escucha activa por los problemas de quien tiene enfrente a menudo le funciona.

La popularidad de Merkel se disparó en la pandemia a niveles récord en sus ya 15 años de mandato.

Las encuestas indican que los alemanes consideran que gestiona bien la crisis y confían en la canciller-científica.

Alemania salió relativamente bien parada de la primera ola, pero esta segunda está golpeando con fuerza y en los últimos días se alcanzaron picos de casi medio millar de muertes en 24 horas.

Expresividad y soltura

Estos encuentros permiten asistir al registro más humano de una canciller poco dada a mostrar sus emociones ni a salirse del guion.

Puede que sea por la pandemia o porque el año que viene se retira después de tres lustros al frente de Alemania, pero lo cierto es que en los últimos tiempos gana en expresividad y soltura.

En una de las charlas, Wallentin le explicó que su residencia de mayores era una suerte de matriarcado con una directora y una número dos.

“No está mal que las mujeres tengan algo que decir”, le respondió Merkel, antes de despedirse: “Salude a todas las mujeres del matriarcado”.

Con información de "El País"

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