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Visita del Papa dará techo a drogadictos e indigentes

Un grupo de personas en el exterior de la "Casa Matteo 25", en Maputo, Mozambique, un lugar gestionado por la nunciatura y varias congregaciones, en el que todo los días se proporciona comida, ropa y otros servicios a unas 100 personas en riesgo de exclusión social, entre ellos niños, drogadictos, enfermos, y gente sin hogar, que van a buscar directamente a la calle. El lugar será inaugurado este jueves por el papa Francisco, quien quiere visibilizar la ayuda que la Iglesia católica presta al continente africano.- EFE/ Adérito Caldeira

MAPUTO (EFE).- Si para la mayoría de mozambiqueños la llegada del papa Francisco este miércoles será un estímulo para su fe y la precaria paz en la que aún vive el país, para algunos jóvenes sin hogar y farmacodependientes supondrá tener un cobijo en Maputo.

Solo unos pocos jóvenes en situaciones de exclusión -discapacidad, abandono, drogas, etc.- que componen el proyecto católico “Casa Mateus 25”, en la capital mozambiqueña, podrán reunirse este jueves en privado con el Pontífice.

Francisco, que empieza mañana una gira africana en Mozambique en la que también visitará Madagascar y Mauricio hasta el 10 de septiembre, inaugurará las nuevas instalaciones del centro.

Paulo, un chaval de 17 años que es ya uno de los veteranos participantes del proyecto, será uno de los afortunados en poder saludar al papa Francisco. Y espera que su visita ayude a “consagrar el hogar” y que así “muchos de los jóvenes de aquí salgan de las drogas”.

Paulo ha vivido en las calles de Maputo desde hace siete años: “Me fui de casa cuando tenía 10 años tras ser golpeado por alguien que no era mi madre”, cuenta a EFE.

Su verdadera madre lo dejó solo con su padre cuando tenía 3 años, pero, asegura, lo malo vino cuando llegó “la nueva mujer”.

“Me maltrataron, iba herido a la escuela, los vecinos tuvieron que ayudarme a comer y darme dónde dormir…”.

Al final acabó huyendo del hogar para vivir en las calles. Intentó buscar refugio en alguna iglesia sin demasiado éxito, hasta que en 2018 encontró calor humano y un plato de comida caliente en un grupo que se reunía al anochecer en el “Parque dos Continuadores”, a pocos metros del palacio presidencial.

Alcohólicos y adictos

Fue allí donde comenzaron las reuniones para adictos a las drogas y alcohólicos, luego se mudaron al exterior de la Iglesia Nuestra Señora de las Victorias y, desde hace unos meses, se celebran en unas nuevas instalaciones cedidas por el gobierno que consagrará este jueves el pontífice argentino.

Paulo siguió los “12 pasos” de Alcohólicos Anónimos que le sugirieron, se reunió con los religiosos e incluso comenzó un curso de decoración de eventos del que se acaba de graduar. “Ahora he vuelto a la escuela para ser carpintero”, asegura.

“Les prometí a los hermanos que para 2019 no iba a estar en la calle, fue una promesa que hice con Dios, que él me ayudaría porque para octubre de 2019 no quería estar en las calles”, relata el joven, que ha podido cumplir esa promesa y vive ahora acogido con una familia.

Sin embargo, la vida en el centro de acogida no es fácil para quien procede de la calle. “Quien vive en la calle a duras penas acepta unas reglas”, explica el secretario de la Nunciatura Apostólica en Mozambique, monseñor Cristiano Antonietti.

“Aquí tenemos a personas que tienen una licenciatura, que lo tenían todo, pero por circunstancias y por desgracia están aquí y necesitan un apoyo momentáneo para levantarse”, señala el religioso.

“Casa Mateus 25”, precisa, no será un lugar de acogida permanente, sino más bien “un centro de día pero con más actividades”.

Paulo no es la única historia de éxito, pues “tenemos a 25 personas en familias (de acogida)”, a quienes se les hace un seguimiento y se les apoya con una canasta de productos básicos y las tasas para la matrícula escolar, indica Antonietti a EFE.

En la víspera de la llegada de Francisco, en “Casa Mateus 25” ultiman los preparativos, practican canciones y bailes, pero también cuidan la higiene personal, comenzando con un corte de pelo.

Paulo es reticente a pasar por la peluquería (“me produce granos”, se queja), pero tendrá que cumplir con las reglas para tener el privilegio de conocer personalmente al papa Francisco.

El jueves podrá exponerle sus ideas:

“Me gustaría que todos mis hermanos estuvieran aquí, que pudieran dejar la calle, dejar las drogas, tener un nuevo hogar para vivir, para estudiar y poder aprender una profesión”.

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