Jorge Escalante Bolio

 

El Centro Internacional de Congresos no es una caja mágica: falta mucho trabajo por hacer para que tenga el impacto que se espera en la actividad turística, dice un experto

El Centro Internacional de Congresos (CIC) tuvo su estreno hace unos días, pero aún está muy lejos de ser el imán del turismo de reuniones y motor de la economía de Yucatán, sus razones de ser.

Jorge Escalante Bolio, presidente del Consejo Estatal Turístico (Cetur) y una de las personas que más saben sobre el tema, cree en el potencial del nuevo recinto, en sus posibilidades de hacer mucho más competitivo al sector turístico local, pero señala que queda mucha tarea por hacer y advierte que tanto las autoridades como el sector privado no pueden dormirse en sus laureles o el edificio podría volverse un elefante blanco… “un edificio de gobierno más”.

Esto apenas empieza, dice Escalante, quien ve la inauguración como una boda: “Por muy bonita y fastuosa que la ceremonia pueda ser, no anticipa que el matrimonio vaya a funcionar. Para esto se necesita que la pareja trabaje en su relación todos los días… Lo mismo sucede con el CIC. No basta con que ya esté aquí, con que sea espectacular y funcional, con que se haya inaugurado. Tenemos que darlo a conocer al mundo”.

En la construcción del Centro, corazón de un ambicioso proyecto en la zona hotelera de Mérida, se invirtieron más de 1,200 millones de pesos… un “gasto” que a algunos podría parecer innecesario si se considera que la ciudad tenía ya un centro de convenciones y muchas otras necesidades.

El director de Cetur está en total desacuerdo con esta postura. El turismo tiene muchos nichos atractivos, pero no todos funcionan de la misma manera ni dan los mismos resultados, explica. El turista de vacaciones, por ejemplo, pasa en Yucatán 1.8 noches en promedio y gasta una cantidad medida de dinero. “Y es así porque no se queda, piensa que si ya vino hasta aquí sería bueno conocer otros lados, como Cancún”.

Muchos problemas

El turismo de reuniones es más generoso, pero era difícil fomentarlo con el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI, que al inconveniente de sus dimensiones reducidas le sumaba que estaba más dedicado a expos, conciertos y eventos sociales. “Luchábamos por traer a Mérida convenciones y congresos, pero muchas veces era imposible porque no había espacio suficiente para reuniones numerosas o porque estaba siempre ocupado”.

Como ejemplo, Escalante Bolio cuenta que hace tiempo Fuller quería traer a 3,500 personas y le pidió que organizara el congreso. “Fui al Siglo XXI, pero me dijeron que no se podía porque para esa fecha tenían, por decir algo, Expo Bebé y Expo Juguete. Fuller propuso otra fecha: fui de nuevo y me volvieron a decir que no, porque tenían Expo Bodas. El congreso terminó en Miami”.

Y como casi siempre sucedía lo mismo, ya ni volteaban a ver a Mérida, era sabido que no contaba con una adecuada infraestructura, porque tampoco en los hoteles cabía lo que necesitaban los grandes eventos.

Y si en el Siglo XXI no había expos, había un sinfín de compromisos: graduaciones, XV años, cenas… “No es que esté mal, todas esas exposiciones y eventos sociales también dejan dinero”, dice. “La gran diferencia es que mueven recursos que ya están aquí, que a través de los servicios pasan de la bolsa de un yucateco a la bolsa de otro yucateco. En cambio el dinero de los congresos y las convenciones viene de afuera, son recursos ‘frescos’ que llegan al Estado”.

Gratis, además

A estos detalles hay que sumarle que el gobierno del Estado hacía sus festejos en el Siglo XXI: el Día del Burócrata, el Día de la Secretaría, el Día del Hijo del Policía… cualquier cantidad de festivales. “Me tocó organizar un evento muy serio, al que vinieron incluso premios Nobel. Estábamos en pleno congreso cuando la gobernadora ordenó desarmar una sala… Le dije que no se podía, pero me contestó: ‘Se tiene que poder, se casa una amiga mía y aquí se va a festejar”.

Como además no ingresaban recursos, pero sí gastaban en luz, en limpieza… luego no había dinero para el mantenimiento.

El Fideture

Por estos antecedentes es que el sector empresarial pidió al gobierno que no administre en solitario el CIC. “Les dije: se corre el peligro de que después de que el presidente y el gobernador corten el listón, después de la fiesta, quede como un elefante blanco”.

No se puede sacar al gobierno, pero sí incluir a la iniciativa privada, continúa. Fue así como se creó el Fideture (Fideicomiso para el Turismo de Reuniones) para administrar el nuevo recinto.

“Muchas decisiones que no las puede tomar el gobierno por sí solo, tiene que escuchar la voz del sector empresarial”, asegura. “Es una forma sana de manejar las cosas, se busca que la participación activa de la iniciativa privada impida que el CIC termine convertido en un edificio de gobierno más”.

Mina de oro

Definitivamente, la construcción del Centro Internacional de Congresos es muy importante para Yucatán, repite Escalante Bolio, porque el nicho del turismo de negocios —abarca congresos, convenciones y viajes de incentivos— es una auténtica mina de oro que en México genera una derrama económica cercana a los 25,000 millones de dólares. En Yucatán, pese a todas las limitaciones, el sector ha tenido un incremento de 11.9% en los últimos años.

El turista de convenciones y congresos viene con un programa hecho para tres o cuatro noches de estancia (ya no sólo 1.8, como en el caso del turismo de ocio). Y además, a menudo los participantes, por ejemplo los médicos, vienen patrocinados, con avión y hotel pagados, por lo que traen a la esposa, por quien si acaso pagan un programa de acompañantes, continúa.

“Y ese médico es un profesional pudiente que come en un buen restaurante, que compra su guayabera, un vestido de lino para su mujer, artesanías y regalitos para los hijos… Son cuatro noches de hotel más lo que deja de derrama el evento: avión, banquetes, excursiones…”.

Tras comentar que, además, el turismo de negocios es tan generoso que la derrama beneficia también a prestadores no turísticos, el director de Cetur cuenta que en cierta ocasión su esposa llevó a un grupo de franceses a Izamal, a conocer el convento. Mientras los esperaba frente a la puerta del templo, le pidió a un chinero una naranja con sal y chile. Al regresar, los franceses le preguntaron “¿está bueno eso?…”, “pruébelo”, respondió ella.

“No miento, se gastaron las naranjas, siguieron luego con los mangos de una mesticita que tuvo que ir a buscar a su casa otra palangana… se acabó todo lo que ofrecía la gente del pueblo que estaba allá”.

“Otro día pasaban unos congresistas de un hotel a otro: del Hyatt al Fiesta Americana y se toparon con un paletero. Alguien le compró una paleta… en cinco minutos el señor había vendido absolutamente todo. Así de generosa es la derrama que dejan un congreso: le toca a todos, al paletero, al dulcero, al chinero, a los que se traviesen por ahí”.

Llamar la atención

El experto en promoción turística dice que Yucatán necesitaba el nuevo edificio para dos cosas, fundamentalmente:

Uno, para que lo voltearan a ver los organizadores de eventos de más de 1,500 personas. Hoy, con las nuevas instalaciones se pueden albergar hasta a 12,000 participantes en un solo evento o en varios, en salones divisibles. “Esa es otra ventaja, el Siglo XXI no tiene gran versatilidad de división, este sí. Ya vamos a poder competir en las Grandes Ligas”.

Dos, de estar metiendo dinero a nichos que cuestan mucho trabajo y muchos recursos económicos, pero dejan poquito, valía la pena hacer esta inversión para poder recibir una entrada fuerte de dinero y dinamizar la economía del Estado”.

Escalante siente que “ahora sí”, tienen que cambiar las cosas porque se está atendiendo el nicho correcto. Sin embargo, aclara enseguida, esto no es magia. No porque ya esté construido, ya esté aquí, va a generar todo el impacto positivo que se espera.

“Como les he dicho a los gerentes de algunas aerolíneas: no creas que con sólo abrir un vuelo de tal ciudad a Mérida se va a llenar. Lo tienes que anunciar antes, lo tienes que vender en tus canales de distribución, hay que calentar el mercado. Y lo mismo con los hoteles, tienen que ir a ferias antes de abrir para dar a conocerse, empezar a firmar contratos, todo”.

Romper el secreto

El CIC, pese a los débiles esfuerzos que han hecho tanto el gobierno como el sector privado, con poco dinero invertido en su promoción, ya tiene 15 ó 16 eventos para este año, unos chicos y otros grandes, dice. “Pero el número es insuficiente, no va a hacer que la obra sea exitosa. Necesitamos muchos recursos para promover el CIC en Europa, Canadá, Estados Unidos, Sudamérica, en la República Mexicana, para que lo conozcan, porque no por haberlo abierto ya está listo todo. No es magia ni es milagro”.

Ya inaugurado, viene lo más duro, insiste. De ahí la petición de recursos adicionales a Enrique Peña Nieto en la ceremonia.

Escalante confiesa que tenía miedo de que el presidente respondiera que “ya está asignado el presupuesto”.

“No quería oír eso. Ese dinero tiene que ser adicional, porque si esto no se da a conocer, si no se trabaja, si no se siembra con sudor la semilla de la difusión, el CIC será un fracaso. Y fallaría no porque su infraestructura esté mal o las instalaciones no sean las adecuadas, sino porque sería un secreto bien guardado. Y ese es el punto de incertidumbre en el futuro donde estamos parados hoy”.— Mario S. Durán Yabur

 

Centros de convenciones Promoción turística

El Centro Siglo XXI va a seguir operando como hasta la fecha, “porque habrá quien lo pida”.

Si lo permiten…

O sea, habrá dos centros de convenciones, dice Jorge Escalante Bolio, director del Consejo Estatal Turístico de Yucatán (Cetur). “El Siglo XXI seguirá funcionando como centro de convenciones y congresos, siempre y cuando las exposiciones y los eventos sociales lo permitan”.

Más costoso

El nuevo Centro Internacional de Congresos (CIC) cuesta más por metro cuadrado que el Siglo XXI y su precio depende además si es terraza, si es interior y cuál va a ser su uso, señala.

Operación

El CIC será administrado por el Fideture (Fideicomiso para el Turismo de Reuniones), una asociación que es mitad gobierno, mitad sector empresarial en la que están, entre otros, el gobernador y los presidentes de Coparmex y Canacome.

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