Huella china en Yucatán: historia de la migración

Experto rescata parte de la historia de la migración
domingo, 17 de octubre de 2021 · 05:30

Antes de la última y muy visible llegada de chinos a Yucatán, sobre todo a partir de 2004 con la apertura comercial, miles de personas originarias de ese país asiático ya habían emigrado al estado y a la Península, principalmente a principios del siglo XX, para trabajar en el henequén y el comercio, dejando aquí una huella poderosa, pero poco conocida.

Esto ocurrió no obstante que su integración a la sociedad yucateca en el siglo pasado llegó a ser tan grande que en 1921 el idioma chino era, después del español y el maya, la segunda lengua más hablada en Yucatán, incluso arriba del inglés, dice el investigador Luis Alfonso Ramírez Carrillo, que acaba de publicar un libro sobre el tema.

Detrás del Mercado Grande de Mérida, afirma, surgió un pequeño Chinatown y en general la integración social de los chinos fue tal que los dedicados a labores agrícolas formaron una organización afiliada desde su inicio al Partido Socialista del Sureste.

“Se integraron tanto que desaparecieron”, señala Ramírez Carrillo.

A diferencia de otros inmigrantes, los chinos que llegaron a Yucatán, sobre todo los que vinieron como trabajadores henequeneros, lo hicieron como hombres solos. No tenían suficiente dinero para traer mujeres chinas y entonces muchos de ellos se casaron aquí con mujeres mayas campesinas, que acabaron absorbiéndolos y socializando a sus hijos y nietos dentro de la cultura maya, explica el investigador.

De Chang a Chan

Algo que ayudó en este proceso fue la similitud de rasgos fisonómicos y de palabras entre chinos y mayas. Por ejemplo, algunos chinos con apellido Chang, se quitaron la g final para convertirse en Chan mayas.

Según el investigador, en el siglo pasado la aportación de los chinos a la economía fue significativa, no solo como peones de las haciendas en pleno auge henequenero —algunos de ellos llegaron a ser capataces—, sino en los pueblos y en Mérida, donde llenaron muchos vacíos comerciales, como los servicios de lavanderías —introdujeron el almidón para planchar la ropa— peluquerías, restaurantes, tiendas y la siembra de hortalizas, entre otras actividades.

Además, gracias a los chinos, los yucatecos conocimos el salado chino y a comer la naranja dulce como ellos: pelada y chupada.

"El dragón y la ceiba"

Parte de la historia de la migración china a Yucatán ha sido rescatada por Ramírez Carrillo, doctor en Sociología y miembro del Centro de Investigación Regional Hideyo Noguchi, de la Uady, en el libro “El dragón y la ceiba”, de reciente aparición.

 Luis Alfonso Ramírez Carrillo, doctor en Sociología, muestra el  libro “El dragón y la ceiba”.
Luis Alfonso Ramírez Carrillo, doctor en Sociología, muestra el libro “El dragón y la ceiba”.

Ya salió la versión impresa del libro y pronto lo hará la versión electrónica, que estará disponible en Libros en Red, en Amazon y en otros sitios parecidos.

En entrevista con el Diario, el Dr. Ramírez Carrillo relata que la idea de hacer un libro sobre los chinos en Yucatán surgió en 2017, cuando hizo una estancia académica en la Universidad Sun Yat-Sen, luego de que ésta abrió un programa de Estudios Latinoamericanos.

Posteriormente, las autoridades de la universidad manifestaron su interés de que la Uady sea la institución de América Latina que colabore con ese programa y el Dr. Ramírez se hizo cargo del proyecto, que “por la pandemia aún no ha cuajado.”

“Como parte del proyecto académico, el rector de la Universidad me dijo que debido a que en China no se sabía mucho de México, lo mejor era comenzar con la redacción de un libro sobre nuestro país. Así escribí ‘Tiempos de México’, publicado en diciembre, en español y chino.”

“Como consecuencia de este libro, pensé que enseguida había que hacerle a los chinos algo parecido, pero sobre Yucatán. Así nació ‘El dragón y la ceiba’.

Los chinos en Yucatán: cuatro momentos

En este libro, Ramírez Carrillo identifica cuatro momentos de la migración china a Yucatán:

Uno, el de los chinos que se integraron con los mayas durante la Guerra de Castas.

Dos, el de la migración organizada para trabajar en el cultivo del henequén.

Tres, el de los chinos que no eran propiamente trabajadores henequeneros y que llegaron por su cuenta en las primeras décadas del siglo pasado.

Cuatro, la más reciente, la que arribó luego de la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio y de la apertura comercial en México.

Para Ramírez Carrillo, la primera ola migratoria “fue toda una epopeya digna de una película”.

Ocurrió en 1865 cuando 474 personas procedentes del puerto de Amoy, en la costa oeste del Mar de China Oriental, llegaron en barco a Belice, contratados para trabajar en los campos madereros ingleses, establecidos en la frontera de la entonces Honduras Británica con México.

Poco después, una parte de estos chinos protestaron por los malos tratos que recibían del capataz del campo maderero y lo mataron a machetazos.

Temerosos de que tomaran represalias en su contra, más de un centenar de ellos se internó en la selva para buscar refugio con los Icaicheles, un grupo de mayas rebeldes que vivía en la frontera, pero no los aceptaron.

Luego siguieron caminando hasta llegar a Bacalar, donde los mayas de allí también los rechazaron, por lo que se adentraron más en la selva hasta topar con Chan Santa Cruz. Los mayas de ese lugar los acogen y los chinos finalmente se instalan allí.

En la guerra

No sabemos cuántos llegaron exactamente, ni cuántos tuvieron descendencia, dice Ramírez Carrillo, pero sí sabemos que se dedicaron al comercio y a la fabricación de pólvora, oficio que les fue muy útil para hacer municiones para los mayas en su guerra contra los blancos. Los chinos que llegaron a este lugar participaron hombro con hombro junto a los mayas en la Guerra de Castas.

En Chan Santa Cruz, al parecer, hubo una numerosa descendencia china. Lo mencionan historiadores como Nelson Reed y Alfonso Villa Rojas y también el maestro Santiago Pacheco Cruz.

Cuando en 1902 el General Bravo toma esa población, dando fin a la Guerra de Castas, él observa igualmente un barrio chino en el lugar, que desaparece cuando sus habitantes salen huyendo a la selva junto con los mayas, por lo que aquí termina esta historia que bien podría llamarse “la de los chinos mayas”, afirma el investigador. (Continuará).

 

Otras Noticias