Prohibición “peligrosa”: Cuestionan que no dejen fondear frente a viviendas

Cuestionan que no dejen fondear frente a viviendas
sábado, 10 de julio de 2021 · 05:45
La prohibición de fondear frente a sus casas tiene muy molestos a los dueños de embarcaciones de recreo y deportivas, que califican de “incongruente y absurda” la prolongación de esa orden, decretada hace más un año. Los navegantes yucatecos aseguran que, dadas las circunstancias epidemiológicas, siempre han mantenido una actitud responsable ante tal disposición, pero les parece que ya ha sido suficiente. Como se sabe, hace unos días el gobierno del Estado refrendó las medidas encaminadas a “evitar contagios en aglomeraciones” en la costa yucateca, entre ellas que las embarcaciones no pueden atracar frente al domicilio del dueño: tienen que salir de una marina y regresar a ella. Esta restricción no incluye a las motos acuáticas, que “sí pueden anclar y pernoctar en el domicilio del propietario”. Para el arquitecto Mauricio Mier y Terán Calero la medida era comprensible el año pasado, cuando lo peor de la pandemia obligó al cierre casi total de actividades. Pero ahora, en plena reactivación y cuando en otros países la náutica recreativa se ve como una alternativa segura de esparcimiento y turismo, la restricción se ha vuelto injustificable y ridícula. “Y la inconformidad crece no solo entre los dueños de embarcaciones, sino también entre los propietarios de las marinas, como me lo hace saber Mario Esquivel Ríos, presidente de la Asociación de Marinas de Servicios Náuticos de Yucatán, cuando conversamos sobre el tema”.

Peligro

Un mensaje, dirigido por el propietario de una embarcación a Mier y Terán, expresa con claridad el punto de vista de los navegantes: “Es incongruente que la autoridad, por proteger mi salud, me obligue a ir una marina y entrar en contacto con un montón de personas, pudiendo hacerlo desde la playa frente a mi casa sin tener contacto con nadie”. “Va a resultar que la prohibición es ilógica incluso en términos de salud, pues se corre el peligro de que provoque el efecto —la transmisión del virus— que quiere evitar”, apunta el arquitecto. Pero no solo es ilógica y peligrosa. La prohibición tiene también impactos negativos de diferentes tipos: social, económico y medioambiental, prosigue. En el plano social, marineros, capitanes de embarcaciones y demás gente que trabaja en la actividad corren el riesgo de quedarse desempleados, porque quién puede ir todos los días a buscar su lancha a la marina para llevarla hasta Chicxulub, Progreso, Chuburná… y regresarla después, explica. “Para tener tu lancha amarrada en una marina no necesitas más que un chalán. Se pierden entonces plazas de trabajo”, señala el arquitecto. “Estamos hablando de todo tipo de embarcación y de todo tamaño, porque las autoridades no miden, para ellas solamente son permitidas las motos acuáticas”. En el aspecto económico, la restricción es un duro golpe para los dueños de las embarcaciones, pues resulta carísimo ir hasta el puerto de abrigo, salir al mar y luego retornar en la tarde… “Y así todos los días durante las vacaciones… no hay bolsillo que resista”. También está resintiendo el golpe la industria náutica: refaccionarias, tiendas especializadas, que han visto caer sus ventas, agrega.

El medio ambiente

En cuanto a la sostenibilidad, la medida supone un “impacto inaceptable” para el medio ambiente, porque se favorece el consumo desmedido de combustibles fósiles. “La orden castiga a los veleros, que como no usan gasolina son lentos y no pueden hacer esos viajes tan largos, los obligan a las medidas alocadas que, sin ningún tipo de conocimiento, dictan los burócratas desde un escritorio”. Para mayor absurdo, se privilegia el uso de las motos acuáticas, que en algunos lugares del mundo están prohibidas porque representan un peligro para los bañistas y para el medio ambiente, señala. “Las ‘wave runners’ no aportan ninguna derrama económica y sí significan mucho peligro y contaminación ambiental”, sentencia.

Desorden

La orden de las autoridades está provocando aglomeraciones en las marinas, cuyos muelles cuando mucho tienen un metro de ancho, así que es imposible caminar sin rozarse con otras personas, dice. “Lo que veo es que con la prohibición de que los ‘privados’ —como dice el gobernador— puedan fondear frente a sus casas se están generando amontonamientos, situaciones que se supone se están tratando de evitar con la prohibición”. Si una persona —incluso infectada de Covid— sale de su casa directo a su lancha y viceversa no puede contagiar a nadie. Pero si va por su embarcación a una marina, seguro, considera. “Es irracional, si de verdad lo que se busca es evitar los contagios, tendrían que pedir un examen de Covid a todos los que van a las marinas, lo que es imposible”. Por último, Mier y Terán comenta que mientras por un lado a quienes pasan unos días en la playa los obligan a confinarse en sus casas o acudir a una marina atiborrada de gente, por el otro se autoriza la celebración de un concierto —de Guns N’ Roses— que por la cantidad de gente que seguramente reunirá puede ser un ambiente propicio para la expansión del virus. “La prohibición es una incongruencia, una torpeza, una orden sin sentido”, insiste.— Megamedia