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A merced de El Niño

Si el fenómeno climático no hace travesuras, los expertos afirman que disminuyen las posibilidades de que algún ciclón, de los 14 previstos en el Atlántico, afecte la Península

El comportamiento durante el período de lluvias en mayo no necesariamente podría predecir la temporada de huracanes en el Atlántico, ya que depende de muchos factores, como los fenómenos de El Niño y la oscilación del Sur, un patrón climático natural que condiciona los vaivenes de los parámetros meteorológicos en el Pacífico ecuatorial, advierte la ingeniera Sareti Cardós Pacheco, meteoróloga de la Conagua Yucatán.

Además, la experta destaca que la temperatura de las cuencas en el océano Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México, y la corriente de vientos que proviene de África occidental inciden de manera significativa en la formación de los ciclones tropicales, temporada que comienza el sábado 1 de junio próximo.

Como cada año, el período de huracanes en el océano Atlántico arranca 17 días después del inicio formal del espacio en el Pacífico, que fue el miércoles 15 de mayo pasado. El ciclo en el Atlántico, que es el que más afecta a la península de Yucatán, termina el sábado 30 de noviembre. Sin embargo, en los últimos cinco años, a partir de 2015, surgieron en las aguas del este del continente americano igual número de tormentas subtropicales previas al lapso ciclónico.

El pronóstico anual de la Universidad Estatal de Colorado, que se dio a conocer el jueves 4 de abril pasado, prevé que la temporada de huracanes 2019 en la cuenca del Atlántico tendría una actividad “ligeramente por debajo del promedio” debido al bajo impacto del fenómeno meteorológico de El Niño en el Pacífico.

Según el informe, si esa situación persiste, como se anticipa, habría menos posibilidades de que se formen huracanes, por el impacto del fenómeno climático en los vientos del Caribe. Los expertos estadounidenses, nacionales y locales afirman que esa predicción significa menos probabilidades de que un meteoro afecte tierra continental.

O dicho de otro modo, como lo define Philip J. Klotzbach, jefe de investigaciones del Departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad Estatal de Colorado: “Habrá menos combustible para la formación de ciclones tropicales y para la intensificación de huracanes”, porque la atmósfera estará más estable y seca.

Advertencias

A pesar de las predicciones favorables de los especialistas de que 2019 estará a un 75% de la temporada promedio, en comparación con el año anterior que alcanzó un 120%, los primeros recordatorios de que es imposible predecir con exactitud un período completo de fenómenos devastadores surgió el lunes 20 pasado cuando se formó la tormenta subtropical “Andrea”, a unos 475 kilómetros al sur-soroeste de la isla Bermuda. El sistema de baja presión representó la quinta ocasión consecutiva que se conforma una depresión de este tipo previa a la apertura formal de la temporada de huracanes en el Atlántico.

Sareti Cardós, ingeniera física por la facultad del ramo de la Uady y con estudios en Meteorología tropical por el Centro de Predicción del Tiempo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) en Maryland, Washington, recuerda que a partir de 2015 sucedieron hechos similares con la formación de “Ana”, el 7 de mayo; “Alex”, el 13 de enero de 2016; “Arlene” el 19 de abril de 2017, y “Alberto”, el 25 de mayo de 2018. Así, “Andrea” se integró al récord histórico 12 días antes del 1 de junio y a siete días de la apertura del ciclo de precipitaciones en la Península.

Para esta temporada, se pronostican 14 fenómenos naturales que llevarán por nombre “Andrea”, que surgió en forma anticipada el lunes 20 y se disipó dos días después en el norte del Atlántico; “Barry”, “Chantal”, “Dorian”, “Erin”, “Fernand”, “Gabrielle”, “Humberto”, “Imelda”, “Jerry”, “Karen”, “Lorenzo”, “Melissa” y “Néstor”. De ellos, se vaticina que seis sistemas serían tormentas tropicales, cinco huracanes de categorías 1 a 2, y tres de categoría 3 a 5 en la escala de Saffir-Simpson.

El Centro Nacional de Huracanes señaló que los nombres con los que se identifican corresponden al del meteorólogo que descubre el fenómeno climatológico, por lo que consideran que no debe traducirse al español, ni a ningún otro idioma, con la finalidad de evitar posibles confusiones.

La ingeniera Cardós Pacheco indica que, aunque es aventurado predecir si alguno de esos ciclones previstos afectará la península de Yucatán, hay un evento atmosférico que tiene directa correlación con las temporadas de lluvias y de huracanes.

“El Niño y la oscilación del Sur, también conocida por las siglas Enos, sí influyen ya que, dependiendo de su intensidad y presencia en el océano Pacífico, incidirían en el comportamiento de los sistemas tropicales en el Atlántico. Es decir, El Niño condiciona anomalías desfavorables al desarrollo de los ciclones tropicales, ya que incrementa la velocidad de los vientos de la atmósfera media haciendo que los sistemas tropicales no completen su formación”, explica la especialista.

En relación con las regiones o municipios donde tradicionalmente las lluvias de la temporada y los sistemas tropicales afectan con mayor intensidad en Yucatán, Sareti Cardós dice que de acuerdo con las características del suelo se clasifica la vulnerabilidad a inundaciones.

“En el estado se marcan las regiones que representan peligro de inundación de acuerdo con el análisis de Protección a la Infraestructura y Atención de Emergencias de la Conagua. La zona de más alto riesgo es la porción costera debido a que es propensa a la marea de tormenta o el incremento del oleaje debido a los fenómenos tropicales que se presentarían. Sin embargo, en la parte sur de la entidad hay sitios que son vulnerables debido al suelo arcilloso que hay, lo que no permite la rápida filtración de las precipitaciones. Las demarcaciones que reciben mayor precipitación al año son las zonas oriente y sur, y dependiendo de la intensidad de la precipitación que caiga en un lapso de 24 horas es su inclinación a inundaciones”, añade la ingeniera.

Ciclones destructores

En los últimos 14 años, de acuerdo con registros de Diario de Yucatán, cuatro ciclones afectaron de una u otra forma a la península de Yucatán, según la fuerza e intensidad de sus vientos. El más reciente fue “Ernesto”, que tocó tierras del Mayab el 8 de agosto de 2012, ya como tormenta tropical.

A pesar de que su trayectoria, similar a los otros tres que le antecedieron, auguraba efectos devastadores, al final fue benévolo con Mérida y el resto del estado, ya que sólo ocasionó lluvias y vientos moderados que no causaron daños a la población o a la infraestructura. Un cambio de la ruta que seguía “Ernesto”, considerado en la categoría 1-2 de Saffir-Simpson, al sur de la Península aminoró los riesgos que se esperaban para la capital yucateca y sólo dejó una estela de lluvias y vientos de baja intensidad.

En 2007, de nuevo la península de Yucatán sufrió los fuertes embates de un huracán. “Dean”, de categoría 4, azotó Majahual, Quintana Roo, el 21 de agosto, igual que lo hizo “Ernesto” cinco años después, pero “Dean” llegó con vientos de 260 kilómetros por hora y rachas de 315 kilómetros, mientras que “Ernesto” tocó tierra como tormenta tropical. Después de castigar las inmediaciones de Chetumal, “Dean” tomó un rumbo muy parecido al de “Ernesto”, pero con efectos más graves, desfiló por la porción sur del Cono Sur y salió al Golfo de México por Champotón, Campeche, y ocasionó en municipios yucatecos lluvias de 42 milímetros, principalmente en Peto, Ticul, Oxkutzcab, Tekax, Maxcanú y Muna, así como en Calkiní, Calakmul, Hecelchakán, Hopelchén, Tenabo, Campeche, Champotón, Escárcega, Ciudad del Carmen, Palizada y Candelaria, jurisdicciones campechanas.

Sin embargo, los otros tres huracanes que causaron estragos en la Península fueron, en 2005, “Emily” y “Wilma”, que provocaron cuantiosos daños a la economía de la región, y dos años más tarde “Dean”, que alcanzó la categoría 4, con vientos de 210 a 250 kilómetros por hora.

“Emily” arribó a la Península el 18 de julio de 2005 con categoría 4. Sacudió Cozumel y luego Tulum, con vientos sostenidos de 215 kilómetros por hora y rachas de 260 kilómetros por hora.

El meteoro recorrió el noreste de la región con vientos de 160 kilómetros por hora, equivalentes a un huracán de categoría 2, hasta salir otra vez al mar entre Telchac Puerto y Dzilam de Bravo, después de dejar un rastro de destrucción en parte de los municipios de Chemax, Valladolid, Espita, Temax y Dzidzantún.

Tres meses después, otro ciclón, aún más violento que “Emily”, y con una trayectoria similar inicialmente, impactó a la Península. Se trató de “Wilma”, que llegó a Cozumel el 21 de octubre, también con categoría 4. El sistema tropical después se trasladó a las inmediaciones de Playa del Carmen y de allí se estacionó frente a las costas de Quintana Roo por más de 70 horas, recorriendo lentamente la ruta de Playa del Carmen a Cancún hasta llegar a Cabo Catoche, donde salió para el Golfo de México.

“Wilma” fue uno de los ciclones más intensos registrado en todo el mundo en 2005. Es considerado hasta ahora como el más destructivo. A pesar de que en Yucatán sólo se registraron lluvias, particularmente en el Oriente, en Quintana Roo causó graves daños a la infraestructura turística de Cozumel, Cancún y la Riviera Maya. Las autoridades reportaron cuatro muertos, pero las pérdidas fueron por 1,752 millones de dólares.

Último amago

El último ciclón antes de “Ernesto” que amenazó a Yucatán fue “Dolly”, que llegó a la Península como tormenta tropical, con vientos de 85 kilómetros por hora. El sistema tropical tocó tierra en la región, cerca de Cancún el 21 de julio de 2008; recorrió Tizimín, Río Lagartos y San Felipe y salió al mar por Dzilam Bravo, donde cobró fuerza y se convirtió en ciclón categoría 2. El paso de esta tormenta tropical afectó con lluvias y vientos moderados a 20 municipios del oriente del estado.

Desde hace siete años, después de las embestidas de “Wilma”, “Emily”, “Dean” y “Ernesto”, la península de Yucatán no es damnificada por algún huracán de gran intensidad y potencia.— Carlos F. Cámara Gutiérrez

 

El Niño condiciona anomalías desfavorables al desarrollo de los ciclones tropicales, ya que incrementa de manera importante la velocidad de los vientos

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