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Afectaciones serias

El sector informal sería uno los más afectados por las restricciones oficiales a causa de la contingencia

La informalidad, entre los sectores más golpeados

Las medidas contra la propagación del coronavirus podrían ocasionar un impacto económico negativo en Yucatán y sobretodo en Mérida, y aumentarían el empobrecimiento de la población, advierte el doctor en Sociología Luis Ramírez Carrillo.

Según el investigador de la Uady, las medidas para contener el virus —que cada vez serán más drásticas y buscarán desalentar los desplazamientos fuera del hogar— afectarán a miles de personas, principalmente las incluidas en la economía informal.

“Éstas no pueden dejar de trabajar porque de eso depende su subsistencia”, dice Ramírez Carrillo.

A esta situación se agrega que la mayoría de las empresas locales son micro o pequeños negocios, la mitad de ellas informales, sin recursos económicos para soportar un largo periodo de suspensión de ventas.

Por si fuera poco, añade el investigador, y a diferencia de otras zonas del país con actividad industrial y mayor formalidad en el empleo, aquí el 80 por ciento de la economía está basada en el comercio y los servicios, donde el movimiento económico es diario.

Al referirse a los trabajadores informales —el 41 por ciento de la Población Económicamente Activa ocupada, según el Inegi—, el entrevistado afirma que “hoy ese es el problema prioritario en Yucatán”.

“No van a responder...”

“Los que laboran en la informalidad no van a responder al llamado de las autoridades de quedarse en casa, pues viven del día a día”, puntualizó. “Son los que venden ‘bolis’ o paletas en la calle, perros calientes, hamacas, en fin, que venden lo que sea para poder comer”.

En la economía informal, afirma, no hay un mecanismo oficial que permita a estas personas obtener sus alimentos y lo que necesitan sin salir diario a la calle”.

Añade que el gobierno podrá obligar a las plazas comerciales, a los bancos y a muchos otros comercios formales a cerrar para detener al virus, “pero será difícil obligar a los informales a no salir por mucho tiempo a la calle a buscar trabajo o a vender lo que sea”.

“En consecuencia, aumentará el riesgo de contagio entre la población”, dijo.

Según Ramírez Carrillo, quienes tienen empleo y seguridad laboral podrán pasar mejor la crisis, y aunque algunos eventualmente sufran reducción de sus salarios —-probablemente muchas empresas los mandarán a sus casas, a veces con la mitad de sueldo—, saben que al terminar la emergencia podrán recuperar sus empleos, por lo menos.

Agrega que “a diferencia de otros países como Estados Unidos, Francia o Alemania, donde el 80 o 90 por ciento de su economía está en el sector formal y la inmensa mayoría de su población tiene seguridad social —que incluye emergencias como ésta, con un mínimo de cobertura de salario—, en México no hay un sistema de seguridad social sólido y universal capaz de proteger a la mayoría de la población”.

Al problema de la informalidad en la economía —donde según el entrevistado actúa el 50 por ciento de las empresas yucatecas— se añade que formales o informales, el 92 por ciento de las empresas en la zona metropolitana de Mérida, por ejemplo, son micro o pequeños negocios, con cinco o diez empleados.

“Estos establecimientos no tienen capacidad de ahorro y endeudamiento y por eso no pueden soportar un periodo prolongado de cierre”, advierte el investigador, adscrito a la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Hideyo Noguchi”.

“Aun cuando sean formales, de todos modos estas empresas resultarán afectadas si las ventas se suspenden quince días o un mes por efecto de una cuarentena”.

Dice que, a diferencia de México, las empresas chicas son formales y tienen capital social, líneas de crédito bancarias y, en general, una mayor capacidad de recuperación. Aquí la situación se complica porque, de acuerdo con el entrevistado, el 80% de las empresas registrada en la zona metropolitana de Mérida está dedicada al sector comercio y servicios.

“Realización inmediata”

Estas empresas controlan el 80% del empleo en Mérida y el 75% en el resto de Yucatán, y tienen la característica de estar en una actividad económica de “realización inmediata”, es decir, el médico o el dentista que da un servicio y lo cobran en el acto; la tienda que vende un producto y lo cobra enseguida, etcétera. Es decir, son negocios sujetos al movimiento económico diario”.

“Sin ser dramáticos, creo que la recuperación de la economía tardará varios meses luego del coronavirus. Esto será así por la predominancia del sector terciario (comercio y servicios) en la economía estatal, a diferencia de Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara o Tijuana, por ejemplo, donde hay mucha actividad industrial y mayor porcentaje de formalidad en el empleo”.

Acotó que las zonas industriales se recuperarán más rápido porque sus productos pueden ser almacenados y las plantas tienen capacidad para seguir operando sin afectar al personal. “Este no es el caso del comercio y los servicios”.

Por todo esto, añade, creo que economías como las de Mérida resentirán mucho más el impacto de esta crisis, “por lo que habría que esperar un mayor empobrecimiento de la sociedad”.

Aunque tenemos una baja tasa de desempleo y un mayor índice de crecimiento económico respecto al resto del país, afirma el investigador, lo cierto es que Yucatán en uno de los estados donde se gana menos dinero. “Por esto la clase media de Mérida no es propiamente una clase media, ya que gana un 30 por ciento menos en promedio de lo que reciben las clases medias de otras zonas metropolitanas”.

“Por esta situación, estamos ante una clase media sin grandes capacidades y condiciones para pasar una crisis económica como la que se avecina y esto es solo uno de los problemas en puerta”. Continuará.— HERNÁN CASARES CÁMARA

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