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Ambulantes ''huyen'' de inspectores para poder trabajar en el Centro

Al reactivarse aunque sea de manera parcial la actividad económica en el centro de Mérida también regresaron los vendedores ambulantes (Foto de Ilse Noh)
El cambio de paraderos y la presencia de inspectores obligan a vendedores a andar "de un lado a otro" en calles del centro de Mérida (Foto de Ilse Noh)
El cambio de paraderos y la presencia de inspectores obligan a vendedores a andar "de un lado a otro" en calles del centro de Mérida (Foto de Ilse Noh)
Al reactivarse aunque sea de manera parcial la actividad económica en el centro de Mérida también regresaron los vendedores ambulantes (Foto de Ilse Noh)
El cambio de paraderos y la presencia de inspectores obligan a vendedores a andar "de un lado a otro" en calles del centro de Mérida (Foto de Ilse Noh)
El cambio de paraderos y la presencia de inspectores obligan a vendedores a andar "de un lado a otro" en calles del centro de Mérida (Foto de Ilse Noh)
Al reactivarse aunque sea de manera parcial la actividad económica en el centro de Mérida también regresaron los vendedores ambulantes (Foto de Ilse Noh)
Al reactivarse aunque sea de manera parcial la actividad económica en el centro de Mérida también regresaron los vendedores ambulantes (Foto de Ilse Noh)

Como el juego del gato y el ratón, vendedores ambulantes se tienen que mover de un lado a otro del Centro Histórico para no ser amonestados por los inspectores de la Subdirección de Mercados o los policías municipales.

“Como dicen mis compañeros: estamos como los rateros, viendo si (los inspectores) vienen por acá o por allá para echarnos a correr", dice Francisco Fidencio, quien comercia rosales en las inmediaciones del mercado Lucas de Gálvez.

"No vendemos a gusto, como quien dice”, añade.

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Antes de la pandemia de Covid-19, muchos ambulantes tenían puntos fijos de venta donde ofrecían sus productos, pero por la contingencia se les pidió pausar sus actividades y ya pasaron más de seis meses.

“No nos han regresado porque según las autoridades están estudiando el caos que esto pudiera generar", explica el vendedor de camisetas Carlos Alberto Aguilar Pérez.

Los ven "como lo peor"

"Le están dando preferencia al comercio establecido y se entiende. Pero al ambulante siempre lo han visto como lo peor y es obvio que lo tienen que dejar para lo último”, agrega.

Sin embargo, así como van abriendo más comercios, los ambulantes regresan a las calles poco a poco.

La mayoría oferta su mercancía en los alrededores de los mercados Lucas de Gálvez y San Benito.

Solo algunos se animan a caminar hacia los nuevos paraderos pregonando ropa, cinturones, rasuradoras, maquillaje y hasta cremas para el tratamiento de verrugas, entre otras cosas.

“Se supone que en los nuevos paraderos no podemos estar; incluso, aquí el problema que hemos tenido es que si no son los inspectores es la policía la que nos quita”, señala Miguel Pérez, quien vende ropa interior de caballero y cubrebocas.

Ven difícil erradicar el ambulantaje

“Sabemos que todo gobierno quiere acabar con el ambulantaje y eso no es únicamente aquí en Mérida sino en todo el país".

"Yo he vivido en varios estados y es lo mismo, (pero) tampoco se puede erradicar; es muy difícil que se erradique el comercio informal”, subraya.

Aclara que en su caso "no le queda de otra" que trabajar de esa manera pues está difícil la situación económica.

“En lo que yo manejo, calculo que (la venta) bajó un 50%. Eso es algo comprensible pues abrieron los comercios y todo mundo vende lo mismo”.

Además, considera, el cambio de los paraderos también afecta.

“Mi primer punto de venta era en el paradero de las combis a Kanasín y allí hay varios puestos ambulantes de comida. A las 6 de la mañana veía como estaban amontonados comprando alimentos, ahora nada”.

Muy bajas ganancias

María Rosa Pech Hernández, quien no es propiamente ambulante pues tiene un puesto de tortas y salbutes dentro del mercado, pero por las bajas ventas sale a la calle a ofrecer sus productos, coincide que las ganancias son muy bajas.

“A veces solo hacemos $200. Está terrible (la situación). La gente no entra (al mercado) y pues hay que buscar salir para vender algo”, señala.

Asegura que los inspectores no le dicen nada por ofertar sus antojitos en la acera de la 65 con 56.

“Saben que no entra la gente y por eso nos dejan salir”.

Afectados por el cambio de paraderos

Raquel Ventura, quien vende camisetas de equipos de fútbol, afirma que sus ventas bajaron un 20%.

“El cambio de paraderos sí nos afectó porque la gente anda desubicada y es poca la que pasa”.

Por ello, en un intento por vender más, todos los días da la vuelta por los nuevos paraderos.

“Andamos girando, pero como no nos quedamos (en un lugar fijo), los inspectores pasan y no nos dicen nada”.

Se cuida de los inspectores

No es el caso de Francisco Fidencio, quien tiene que apostarse en un lugar pues no puede trasladarse fácilmente con sus macetas.

“Pesa porque es tierra y aquí los estoy vendiendo, pero cuidándonos de los inspectores (…)".

"A las 8 salgo y a las 12 me quito porque ya hay más inspectores y ya no se puede, te andan moviendo”.

Francisco, originario de Veracruz, pero con más de 20 años viviendo en Mérida, dice que ahora solo vende de diez a quince rosales.

“La venta bajó en 70%. Sacamos para la papa solamente. Es terrible, pero como dicen, ellos no entienden la situación de uno. Todos tenemos necesidades".

"Yo tengo un niño especial, mi esposa es diabética y tengo que conseguir sus medicamentos. Mi hijo usa pañales, Ensure… Todo eso hay que ver dónde sacarlo por eso estamos un rato aquí para chambear y sí está terrible”.

De un lado a otro

Carlos Alberto Aguilar reafirma que las ventas no mejoran y menos ahora que ya no tiene sus puntos de venta.

“Con estos cambios nos quitaron a nosotros el punto de venta. Ahorita nos movemos, caminando de un lado para otro con tal de que nos dejen trabajar".

"Antes la gente llegaba y te compraba, pero ahora, con eso de que estás caminando de un lado a otro, la gente ya no te encuentra. Nos tienen girando como trompo”.

En tiempos normales Carlos Alberto vendía a diario $1,200 y en quincena aumentaba a $1,600 o $1,800.

“Ahora con trabajo vendo unos $200, $330 o $350. Es un bajón tremendo lo que nos dio a nosotros los venteros ambulantes".

"Y en mi caso me está pegando duro. Tengo dos hijos que mantener y mi esposa. No sale como antes, es demasiada la necesidad que estamos pasando”, subraya.

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