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Analizan el valor de la prensa libre (II): "Intolerantes a la crítica"

A lo largo de sus 95 años, Diario de Yucatán ha sido blanco de ataques y protestas en su contra. Arriba, una manifestación de taxistas, en diciembre de 2003

El presidente nacional de Coparmex y dos reconocidos periodistas analizan cuáles son las formas que se emplean para acallar, descalificar y denostar a la prensa libre

Disímiles en criterios, visiones y términos para expresar sus ideas, los tres coinciden, concuerdan en que los oponentes del periodismo autónomo siempre estarán al acecho.

Para un abogado, empresario de formación y por vocación, que preside la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), y dos destacados periodistas de talante internacional: uno, además de amplia, reconocida trayectoria académica, agudo observador del devenir social y político del país; y el otro, joven en edad, pero curtido en el quehacer informativo del que no escapan las nuevas herramientas digitales, ofrecen sus puntos de vista sobre la segunda entrega del foro “El valor de la prensa independiente y la importancia de la recuperación económica del país”.

En el ejercicio de expresión, en ocasión del 95o. aniversario de Diario de Yucatán, Gustavo de Hoyos Walther, Sergio Aguayo Quezada y Javier Garza Ramos responden a la segunda interrogante: ¿Cuáles son los enemigos de la prensa libre?, de acuerdo con sus propias, particulares experiencias, y como testigos de primera línea de la actuación de las autoridades, la sociedad y su relación con los que tienen el compromiso y la misión de informar.

Hostiles y maliciosos

Gustavo de Hoyos, líder del organismo empresarial nacional, se pregunta y se contesta a sí mismo, quiénes y dónde están los enemigos de la prensa independiente, de la libertad de expresión.

“Me parece que en los grupos de poder, en los formales, y en los fácticos que no se sienten cómodos cuando hay una identidad independiente que provee de información confiable a los ciudadanos. Que revela la verdad, que analiza los hechos, que coloca en la discusión algún asunto relevante de la agenda pública de una ciudad, de una región o de un país. Esos son los enemigos ordinarios”, valora el presidente de la Coparmex.

“Sin embargo, en México también constatamos en los últimos años, infortunadamente, que hay enemigos que cobran su aversión a la libertad de prensa con violencia. Es inaceptable, pero real que nuestro país es uno de los de mayor riesgo para ejercer a plenitud el derecho a informar, y por eso hay que exigir desde la sociedad que haya respeto, no sólo a la integridad física, sino también al proceder profesional de un medio de comunicación”.

“Es inadmisible que desde el poder, como hoy ocurre con el presidente de la República se señale, se estigmatice, se ponga en duda la moralidad o la ética periodística de un medio, sin más justificación que un desencuentro producto de una nota que no haya le haya sido favorable a quien detenta el poder”, enfatiza el abogado.

Uno de los críticos más agudos del proceder de los funcionarios públicos del país, De Hoyos Walther señala que además de los adversarios habituales, “de los sospechosos comunes en contra de la libertad de expresión”, hay otro oponente, no tan declarado o visible de la prensa que “es la falta de disposición de los que consumimos información para pagar por ella”.

“Hemos pensado que la información —en condiciones normales—, cualquiera la puede tomar y disfrutar, pero no es así. Un ejercicio periodístico serio, confiable requiere de un gran equipo calificado, precisa de tecnología, de instalaciones; necesita solventar cotidianamente un importante costo operativo. Ahí está una parte donde es importante la aportación de los ciudadanos, para mantener las suscripciones, la adquisición del periódico o la revista de manera diaria, a fin de que los medios de comunicación estén en condiciones de cumplir de manera eficaz la función que tienen asignada”, juzga el dirigente.

Más pragmático, el doctor Aguayo Quezada, profesor invitado de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, enlista, enumera tres de los principales agentes hostiles de la prensa libre, y lo que él mismo llama “obstáculos” que impiden el ejercicio pleno de la libertad de expresión, conceptos que, de forma breve, explica sus implicaciones y razones.

Contrarios y trabas

“El primero de los enemigos, evidentemente, son las autoridades. No todas, hay que decirlo, sino aquellas que por corrupción o conflicto de intereses, nepotismo o vaya usted a saber, simplemente no quieren que la prensa libre ande hurgando. Hay por ahí, por supuesto, también el tema de los egos, porque hay funcionarios que tienen la piel muy delgadita”, explica el editorialista del Diario.

Aunque advierte que no es el caso de Yucatán, también contempla a los criminales con los agresores del libre ejercicio del periodismo sin ataduras o tapujos, sobre todo en algunas regiones de México en la que los que viven al margen de la ley, “sobre todo los más inteligentes, entienden la importancia que tiene la prensa libre”.

“Ellos hacen todo lo posible por controlar la manera en la que son presentados, buscan incluso controlar y tener presencia en los medios de comunicación contratando a algunos periodistas, a los que les pagan para ser sus voceros o sus mensajeros. Esa presencia criminal es muy inquietante y llega a casos extremos, como 'El Mañana' de Nuevo Laredo, que en algún momento anuncia que no publicaría información relacionada con el crimen organizado por razones de seguridad”, relata el reconocido periodista.

Después, de acuerdo con el politólogo, están los protagonistas que se entrelazan en el terreno político-criminal, de los que afirma que son detractores muy claros, muy directos, pero destaca que hay otros, que si bien no se erigen como antagonistas, sí son estorbos para el trabajo informativo franco.

“Uno de esos obstáculos son los empresarios, no todos, porque hay una buena cantidad que entienden la importancia y la relevancia de una prensa independiente, crítica y de calidad, sobre todo de calidad, que haga buen periodismo. Pero también hay los que están metidos en negocios poco legítimos o ilegales por complicidad con las autoridades, con algunos funcionarios o con criminales. Esos 'hombres de negocios' son muy reacios a dejarse investigar y reaccionan con virulencia; hacen lo posible por interponer presiones para lograr que los medios de comunicación no realicen una cobertura incómoda o que les afecte sus intereses”, subraya el periodista.

Y finalmente, el promotor de los derechos humanos y la democracia acepta que en un ámbito más confuso, caótico, también están como impedimentos para la libre expresión algunas pautas de los que desempeñan el oficio periodístico.

“Es un terreno farragoso, porque en mi experiencia aprendí que uno de los mayores enemigos de la prensa en México es la autocensura. La autocensura que limita al periodista porque tiene conflictos de interés, porque tiene negocios, intereses; porque un amigo suyo es candidato a presidente municipal o a diputado. Nosotros tenemos que tener muy claro que nuestra función es presentar una visión lo más objetiva posible, lo mejor formulada y no debemos autocensurarnos por miedo o por predilecciones. Cuando se logra, se puede disfrutar enormemente el ejercicio periodístico”, expresa con orgullo el investigador de El Colegio de México.

Como becario, a cargo del programa de seguridad digital en el Centro Internacional de Periodistas, Javier Garza Ramos recomienda que hay que colocar en categorías a los enemigos de la prensa, que pueden ser personas o instituciones. Pero también, indica, hay escalas de actitudes, y en la medida de esas conductas que cada persona adopte también se puede volver enemigo del periodismo independiente.

“La intolerancia a la prensa libre, el sectarismo o el tribalismo son actitudes que implican excluir a otros, porque las personas no son, no piensan o no tienen las mismas posturas políticas o causas que otras. La actitud excluyente es enemiga de la prensa libre”, reitera el joven periodista coahuilense.

“Estamos en un país polarizado, y esa concentración se agrava, me parece que en gran medida por las redes sociales, por el internet en general que permite crear burbujas de la gente que piensa en común. Así, yo sigo en Twitter a los que piensan como yo, y a los que no, los acopo, les escribo que no me gusta, les ataco, y eso no es libertad de expresión.

Con una maestría en Periodismo por la Universidad de Texas, el editorialista de “El País”, ejemplifica con la actual manera de proceder del presidente Andrés Manuel López Obrador, una muestra de cómo se puede ser opositor de los medios de comunicación que tiene un libre albedrío.

“Tres años atrás, para el Presidente la revista 'Proceso' era un modelo de periodismo libre e independiente. Ahora es prácticamente uno de los adversarios conservadores de la mafia del poder que quieren derrocar al gobierno en un golpe de Estado. ¿Cuál es la única diferencia, si la publicación no cambió? Simplemente cambió la posición de los que están en el poder. Es reflejo de las actitudes, del sectarismo, tribalismo, de la intolerancia, el no admitir a una persona que no piense como yo”.

Escalas y antagonistas

El exdirector editorial de “El Siglo de Torreón” refiere que hace 40 años, antes del nacimiento de internet, todos o la mayoría de las personas se informaban de las mismas fuentes de televisión, radio y periodísticas. Había una base común de valores que se compartía y en su opinión ahora se perdió, porque “la sociedad se atomiza en grupos, se reducen los ángulos de visión, nos quedamos más cómodos entre quienes piensan como nosotros y consumen los mismos medios de comunicación, y eso también contribuye al detrimento de la prensa libre”.

A diferencia del presidente de la Coparmex y el doctor Aguayo Quezada, el conferenciante de organismos que luchan contra la agresión a periodistas, Garza Ramos, según su propia experiencia profesional, no comparte que los funcionarios públicos o los gobiernos son enemigos de la prensa crítica.

“El gobierno, las instituciones, el poder político y el económico se convierten en adversarios de la prensa libre en la medida en que buscan silenciar a quien no publique lo que ellos quieren, que no digan lo que ellos quieren, y no piensen como ellos quieren. Vemos un deterioro en la cultura del respeto a la libertad de expresión, en donde si no piensas como yo voy a hacer lo posible por callarte, por descalificarte, por denostarte, por insultarte, por dejarte tan abajo, tan bajo, que ya ni siquiera tengas autoridad para decir algo, simplemente porque no estoy de acuerdo. Esas son actitudes que veo con peligrosa frecuencia y creo que es importantísimo educar a los ciudadanos en los valores de la libertad de expresión”, concluye el periodista lagunero.— Carlos Fernando Cámara Gutiérrez.

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