in

Año de saña y muerte

Foto: Megamedia

 

Los crímenes más sonados de 2018 en Yucatán se resumen en: tres homicidios por razón de género, dos ejecuciones por nexos con el narco y el asesinato de un policía

Tres feminicidios, dos ajusticiamientos, presuntamente relacionados con el narcotráfico, y un atentado mortal contra un agente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) dominaron el año 2018 la escena de los asesinatos más notables y graves en Yucatán.

En un período de cinco meses se cometieron tres de los siete homicidios por razón de género que de manera oficial se reconocen en el Estado, incluso contra una menor de edad, el primer feminicidio infantil que se juzga en la entidad a partir de que en 2014 se incluyó ese delito en el Código Penal de Yucatán. Los anteriores casos de niñas también violadas y asesinadas por sus victimarios fueron juzgados como homicidios. De agosto a diciembre ocurrieron los tres feminicidios. Éstos fueron el tercero, quinto y séptimo, en orden cronológico, de los hechos criminales más sobresalientes de ese período.

Los otros tres hechos de sangre ocurrieron en marzo, septiembre y noviembre. El primero y segundo de los crímenes, ambos relacionados con el comercio o tráfico ilícito de drogas, fue el de un conductor de un vehículo de transporte de una plataforma digital, y contra el propietario de un restaurante en Chicxulub, respectivamente. En ambos se trató, según las investigaciones policíacas, de ajustes de cuentas con asuntos relacionados con el narcotráfico.

El sexto suceso, considerado insólito, fue en noviembre. Un matrimonio quintanarroense fue vinculado a proceso, acusado de matar a un agente policíaco y herir a otro, aparentemente sin una razón y argumento que justifique la mortal acción.— Carlos Fernando Cámara Gutiérrez

Un mortal ajuste de cuentas

Foto: Megamedia

El macabro hallazgo de un cadáver dentro de una maleta en un camino arenoso entre Chelem y Chuburná Puerto condujo a la policía hasta el mafioso mundo del narcotráfico local, que no se ve pero que existe.

Por presunta deuda

 

La policía tiene la certeza de que el suceso está relacionado con un ajuste de cuentas entre la víctima y sus agresores.

Néstor Mariano Marín Zapata, de 41 años, aprovechaba su trabajo como chofer de Uber para distribuir droga. De vida poco ordenada, según las pesquisas de la policía, con muchas deudas y aficionado al juego, la necesidad lo habría llevado a quedarse con el dinero de la venta de la mercancía.

Fue citado por sus victimarios en un hotel del fraccionamiento Altabrisa, donde el miércoles 14 de marzo recibió un balazo en la cabeza para saldar con su vida el desequilibrio en sus cuentas. El arma que se utilizó es calibre 9 mm, de uso exclusivo del Ejército y las Fuerzas Armadas.

Según las autoridades ministeriales, el presunto asesino, Vidal Preciado Flores, hijo de un alto mando de la Marina, tiene un grueso historial de problemas legales, incluida una violación. Contó con la ayuda de la joven Mabel R. D., quien en un vídeo en poder de la policía saca de la habitación del edificio la maleta con el cuerpo sin vida.

Feminicidio infantil

Foto: Megamedia

La tarde del lunes 20 de agosto, la joven María Paula Castillo Manzanero, de camino al cementerio, dejó a su pequeña hija Ana Cristina en casa de su cuñada Lupe en la pequeña población de Tahdziú.

María Paula volvió a su casa ya entrada la noche. La niña, de apenas seis años, no había regresado, pero esto no le preocupó porque pensó que seguía con Lupe. Al día siguiente mandó a otra de sus hijas, Juana Areli, a buscar a su hermanita, pero la tía le dijo que desde la noche anterior la pequeña se había marchado.

La dejó ir sola porque las casas están muy cerca una de otra, apenas 80 metros, y porque en Tahdziú todos se conocen. Tras varias horas de búsqueda, el cuerpo de Ana Cristina fue hallado en el fondo de un pozo. Cerca estaba la bolsa donde llevaba sus juguetes, unos lápices de colores y la fruta que la tía le había dado para llevarle a su mamá. La nena había sido interceptada unos metros antes de llegar a su casa por Carlos Valle Yah, de 19 años, quien la violó, asfixió y arrojó al pozo. Tras ser aprehendido, el asesino confesó con frialdad el crimen. Tras darle cristiana sepultura a Ana Cristina, vecinos indignados quemaron la casa del asesino y expulsaron del pueblo a su familia. El triste hecho se considera el primero, a partir de que se tipificó el feminicidio en Yucatán en 2014, en el que la pena se aplica a un adulto por el asesinato de una pequeña.

Un crimen de odio

Foto: Megamedia

Consternación, indignación y asombro despertó entre los vecinos de la calle 24 con 27 de la colonia Francisco I. Madero, a unos metros del Hospital Psiquiátrico, al conocer la noticia del cruel, despiadado homicidio de María Rosalía Chan Tinal. El cuerpo de la mujer, de 24 años, originaria de Xaya, comisaría de Tekax, yacía en un charco de sangre después de que Alexander C. G. la ultimó con un arma blanca los últimos minutos de la noche del sábado 8 de diciembre en un taller mecánico del populoso rumbo meridano.

 

La joven, que dejó en la orfandad a dos menores de edad, recibió 44 puñaladas de su agresor, que la conocía, y según el dictamen de los médicos forenses falleció no a consecuencia de las heridas infligidas con un cuchillo, sino desangrada, una muerte lenta y dolorosa.

María Rosalía se convirtió en la séptima víctima de un feminicidio en Yucatán, en la recta final, en el último mes del año. El trágico final de la tekaxeña comenzó durante la tarde del sábado 8 pasado, cuando el presunto asesino la contactó en el bar “La isla”, en la calle 59 de la colonia Bojórquez, donde laboraba la muchacha.

Después de entablar una plática y beber algunas cervezas Alexander se retiró, con el acuerdo de volver a verse horas más tarde, cerca de las 11 de la noche, cuando terminó el turno laboral de María, se retiró junto con su victimario, que minutos más tarde la privó de la vida. A pesar de que huyó y se refugió en Cancún, Quintana Roo, Alexander fue capturado y sometido a proceso por un crimen que habría cometido por razones de género.

Siniestra relación

Foto: Megamedia

Al principio, Berenice y Alexis vivieron una historia de amor. Se hicieron novios en la primaria y papás de una bebé antes de terminar la secundaria.

Fue en casa de la mamá de Berenice, donde vivieron cierto tiempo, donde las cosas comenzaron a torcerse. Alexis empezó a mostrarse abusivo, celoso, controlador y los gritos se volvieron golpes. La agresión física pasó a ser constante, como las separaciones y las reconciliaciones, hasta que la situación ya no dio para más.

Berenice decidió cortar por lo sano y se separó de su pareja. Sin embargo, no terminaron ahí los abusos, los ataques, las amenazas, muchas de ellas denunciadas ante las autoridades. La adolescente de 16 años trataba de rehacer su vida, según versiones comenzaba una nueva relación, cuando Alexis la mató el jueves 4 de octubre. El asesino metió el cuerpo de la muchacha en una bolsa de basura y lo llevó —en un triciclo con el que su mamá sale a vender golosinas— a tirar a un lote baldío de la colonia Nueva Kukulcán. A los dos días fue detenido por la policía.

Alexis fue delatado por una grabación de una cámara de videovigilancia de una casa cercana al lugar donde arrojó el cuerpo de la joven. El delito fue calificado como feminicidio y el homicida podría pasar hasta 50 años en la cárcel.

Ejecución del narco

Foto: Megamedia

Hace algunos meses, el chetumaleño Javier Humberto Franco Hernández dejó Playa del Carmen con su esposa y sus dos hijas para comenzar una nueva vida en Yucatán. Compró un restaurante de mariscos en el puerto de Chicxulub, comisaría de Progreso, y trató de dejar atrás su pasado como taxista del polémico sindicato “Lázaro Cárdenas”, que se disputan grupos rivales del crimen organizado porque, se dice, los choferes de la agrupación son utilizados para repartir y vender drogas.

 

El domingo 23 de septiembre pasado, el “Güero” Franco abrió su establecimiento alrededor del mediodía. Junto con los primeros clientes entraron también los enviados de la muerte, que se dirigieron a la barra en busca de su objetivo y así sin más lo cosieron a balazos.

Tras darle a la víctima el tiro de gracia, los sicarios, de origen veracruzano, abordaron una camioneta que los esperaba en la puerta con el motor encendido y se dieron a la fuga, pero minutos más tarde fueron interceptados en el retén de Teya, a la salida a Chetumal y Cancún, por la policía yucateca. Javier Humberto trató de comenzar una nueva vida, pero se olvidó de saldar todas sus cuentas —al parecer tenía una deuda por drogas con una célula del narcotráfico en Cancún— y las terminó pagando con su vida.

Inusitado atentado

Foto: Megamedia

En un extraordinario hecho fueron asesinado y herido los agentes Felipe Blanco Méndez y José Antonio Rodríguez Basto, de 32 y 45 años, respectivamente.

De acuerdo con las indagaciones de la SSP y de la Fiscalía General del Estado, el ataque contra los policías ocurrió el martes 13 de noviembre, después de que un matrimonio procedente de Quintana Roo mató con un arma de fuego a un agente investigador de la corporación y lesionó al otro elemento, en condiciones poco claras, cuando la pareja solicitó protección oficial al ser víctimas del crimen organizado en el vecino estado de Yucatán.

Según las versiones oficiales, el atentado contra ambos agentes ocurrió en la entrada del complejo de seguridad que congrega, en un amplio espacio a un lado del Periférico Poniente, a las sedes de la SSP, Fiscalía, Policía Judicial del Estado y la delegación de la Procuraduría General de la República. Un juez imputó a los atacantes, A. G. C. y N. R. P. E., por los delitos de homicidios calificado y en grado de tentativa contra servidores públicos. El matrimonio está en prisión al aún no concluir el proceso penal.

Foto: Archivo DY.

Sin alza al precio de la tortilla

Señalan supuesto acoso de Memo Aponte a sus seguidoras