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Aplausos, risas y ausencias

Inauguración del Centro de Congresos

Otra mirada dela inauguración de nuevo recinto

Contarán los libros de historia que las primeras palabras que resonaron en el salón principal del nuevo Centro Internacional de Congresos fueron en referencia al inusual mensaje presidencial en defensa de la dignidad y soberanía de México.

Resonaron al tomar el micrófono el primer orador de la noche: Rolando Zapata. No perdió tiempo el gobernador para felicitar al presidente y sumarse al llamado que hizo horas antes en su mensaje de unidad en defensa de México. Un mensaje desconcertantemente firme en respuesta a medidas tomadas por la administración Trump. En este caso, por el envío de tropas a la frontera con nuestro país.

Las palabras sobre el mensaje ya habían relamido los altos muros del recinto al ser el obligado tema de conversación en las pequeñas tertulias entre los asistentes en espera de la comitiva.

De pie

Complacido con las palabras del gobernador, Peña Nieto le agradeció con un gesto y, para reafirmar su gratitud, aplaudió de pie. Como en misa, todos se levantaron para seguir el ritual.

Rolando, el gobernador aplicado, el modelo para sus colegas, el priista cumplidor… no cabía en sí de orgullo. Se había apuntado otro diez con el arranque del discurso. El pecho se le inflaba en forma acelerada.

Aplaudían al unísono los integrantes de la desmedida mesa de honor. González Anaya a la derecha y Gamboa Patrón, a la izquierda. El senador yucateco chocaba las palmas a rabiar, como hizo días antes en el Siglo XXI, al arrancar campaña Meade en Mérida. A su derecha, mesurado como es, De La Madrid también aplaudía, lo mismo que todo el presídium que se extendía hasta el infinito.

Rolando se esmeró con un discurso breve, conciso y al grano. Dio datos, se remontó cinco años atrás para luego traer un escenario mejorado en la realidad actual, mencionó cifras e inversiones, llegadas de turistas… Fue una lástima que el Presidente sólo escuchara la felicitación.

Como dicta el protocolo, al ponerse de pie quien ocupa el asiento junto al mandatario, en este caso el gobernador, la persona a su lado debe ocupar su lugar para nunca, nunca, nunca dejar un asiento vacío al lado del presidente. El rito correspondió al secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, cuyo parentesco con Ricardo Anaya ha sido desmentido. Un desperdicio por el parecido.

Para nadie pasó inadvertido que González Anaya y Peña Nieto no dejaron de intercambiar impresiones a lo largo y ancho del discurso del anfitrión.

El “amigo de Yucatán” dedicó toda su atención al secretario de Hacienda y, por momentos, al senador Gamboa, pero no al orador, quien explicaba que en cinco años se duplicó el número de congresos en Yucatán y eso obligaba a tomar medidas como la realización del CIC, empoderado por una marca coreana, a cuyo presidente en México presentó y agradeció ante el desinterés de Peña.

El Presidente y su comitiva llegaron con más de media hora de retraso. Para entonces los temas de conversación entre los asistentes se habían agotado y todos socializaban con la pantalla del celular.

Los temas predilectos en los corrillos habían sido, en primer lugar, el mensaje de Peña. “¡Qué bárbaro!”, “¡qué buen mensaje!”, “¡qué detallazo la alusión a los candidatos!”, “…así merece Trump que le respondan”, “¡por fin…!”.

Y el otro tema infaltable fueron los grandes ausentes: ni un solo candidato a puesto de elección popular hizo acto de presencia. “No, qué va. Eso se vería mal”. “Rayaría en la ilegalidad”. “Para que luego los ataquen por eso. No, mejor que quede así”… “Hoy se juntaron por primera vez”, “¿Viste que Vila y Huacho se sentaron en los extremos?”, “pensé que no llegarían los cuatro…”

La conversación languidecía al ritmo del avance del reloj. En la espera, todos ocupaban sus asientos o permanecían de pie junto a ellos. En primera fila, Erick Rubio conversaba animadamente con los promotores y administradores de la Zona Económica Especial. Emilio Díaz ocupaba el lugar de honor en la primera fila, justo frente al lugar que ocuparía el Presidente. Por allá los Pepes conversaban: Chapur, López y Loret de Mola. Por acá una tertulia de mujeres: Gabriela Cejudo y Angélica Araujo, a las que en algún momento se acercaron María Fritz y Celia Rivas.

A la derecha de Díaz Castellanos el asiento fue ocupado de principio a fin por un elemento del Estado Mayor. Y junto a éste, Sarita Blancarte flanqueada por sus hijos Montserrat y Rolando.

Al centro, en segunda fila, la exlíder de Canacintra Marisol Lugo, a cuyo lado se sentó el hotelero Carol Kolosz como parte de los “turisteros”, gremio que tuvo llamativa presencia en el acto cuando Jorge Escalante Bolio “dio la nota” con un discurso que hizo olvidar, para fortuna de Zapata Bello, la trama de Peña Nieto y González Anaya.

Escalante Bolio solicitó “recursos adicionales” para la promoción del nuevo CIC. Y motivó las risas cuando señaló: “Y, subrayo: adicionales”. Para luego decir que “no me gusta ser pedilón” e insistió en el tema.

Enrique de la Madrid, como en Matrix, dejó pasar el dardo para que le diera de lleno a González Anaya, a quien Peña Nieto y todos voltearon a ver en medio de carcajadas. Cuando tomó el micrófono, el titular de Hacienda fue por la suya: “Como dicen, todo cabe en un jarrito… la petición de Jorge Escalante cabe en la dependencia de Enrique”. Nuevas risas.

El tema siguió flotando en el ambiente hasta que, en el discurso final, el Presidente mencionó que, al parecer la visita a esta tierra del Mayab motivó que sus dos secretarios jugaran “el juego de pelota con la petición” de Escalante. Risas y carcajadas inundaron de nuevo el flamante recinto.

Con pausado recorrido para salir, debido a los inacabables saludos a los asistentes de las primeras filas, terminó una jornada en que la jovialidad y relajación de Enrique Peña contrastaron con la firmeza y seriedad del mensaje que sólo unas horas antes dirigió a la nación.— OLEGARIO M. MOGUEL BERNAL

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