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''Aterradoras'' cifras de muerte de Covid en Yucatán por ''estrategia genocida''

El transporte urbano es un sitio idóneo para la propagación del Covid-19, señala un investigador. La imagen es de un paradero del centro de Mérida (Foto de Ramón Celis)
El transporte urbano es un sitio idóneo para la propagación del Covid-19, señala un investigador. La imagen es de un paradero del centro de Mérida (Foto de Ramón Celis)

La gestión de la epidemia de Covid-19 en Yucatán sigue la misma lógica que la del gobierno federal: “Que se mueran todos los que se tienen que morir”, advierte un investigador.

La gestión de la epidemia está convertida en un trágico desastre. Además de cometer el error de seguir la misma estrategia genocida del gobierno federal, las autoridades estatales han tomado decisiones de manera irreflexiva, lo que ha provocado el caos que estamos viviendo.

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Tal es la opinión del doctor Luis A. Ramírez Carrillo, investigador de la Uady, quien subraya que el número de contagiados y muertos demuestra que las políticas y estrategias implementadas por el gobierno estatal “simplemente no han funcionado”.

Imagen de archivo del doctor Luis A. Ramírez Carrillo, investigador de la Uady
Imagen de archivo del doctor Luis A. Ramírez Carrillo, investigador de la Uady

“Las cifras son aterradoras. Nada de esto tenía que suceder en estas dimensiones, nada, ni en México ni en Yucatán. Esta mortandad era evitable".

"Se cometió el error de no salir a buscar la enfermedad para recluirla. Y creció. El gobierno pensó que bastaban advertencias y anuncios y lo peor sucedió”, comenta, al hacer una evaluación del manejo de la crisis sanitaria en la entidad.

Tres etapas

Para Ramírez Carrillo, doctor en Sociología por el Colegio de México, la gestión de la pandemia puede dividirse en tres etapas:

La primera -de la “Prudencia exitosa” la llama- va de la aparición del virus en la entidad, el 13 de marzo, al 7 de junio.

A lo largo de estos casi tres meses, señala, Yucatán estuvo en semáforo rojo y logró mantener a raya la epidemia: registró unos 2,000 infectados y 253 muertos, cuando en todo México había ya más de 120,000 casos y casi 14,000 fallecimientos.

Confiado en estos buenos números, las autoridades decidieron relajar las medidas de control… y allí fue cuando las cosas empezaron a salirse de control.

El lunes 8 de junio comenzó una semana de dudas que finalmente llevó a la reapertura. Este segundo período, de la “Apertura desordenada”, duró hasta el 15 de julio.

Dos errores "brutales"

En esta fase se cometieron dos errores brutales. El primero fue seguir la misma lógica que el gobierno federal: es inútil saber cuántos se contagian porque se asume que finalmente todos se van a enfermar, lo que significa que no hay que hacer suficientes pruebas ni aislar a los contagiados.

Obviamente, esa estrategia dejó las puertas abiertas a la circulación del virus, dice. Se optó por la inmunidad del rebaño y “que se mueran los que se tienen que morir”, pero la jugada salió mal porque se basó en la suposición equivocada de que había suficiente capacidad hospitalaria.

“Esa lógica no es genocida –que en el caso de México sí lo es- cuando se cuenta al final del camino con una enorme capacidad hospitalaria instalada, lo que significa no sólo suficiente número de camas, de respiradores y medicamentos, sino también de especialistas".

Imagen del traslado de un paciente al hospital temporal habilitado en el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI

"Se asume que la mayor parte de la población se va a infectar, pero se cuenta con los suficientes recursos para atenderla”.

No fue así ni en México ni en Yucatán, donde la estrategia de gestión se limitó a la compra de camas de hospital, por un lado, y al bombardeo publicitario, por el otro, con las fatales consecuencias que estamos viviendo.

Mal cálculo

Además, continúa el especialista, las autoridades yucatecas cometieron dos equivocaciones gravísimas de enormes consecuencias.

La primera fue no darse cuenta que la “ola 1” de la reactivación económica coincidiría con la temporada vacacional, cuando los yucatecos acostumbran ir a la playa.

“Se desdeñó la fuerte carga cultural de la temporada, se pensó además que es una costumbre exclusiva de la clase alta, cuando es un rasgo cultural de todas los estratos sociales”.

"A nadie del gobierno se le pasó por la cabeza que la temporada no solamente significa playas llenas, sino movilizaciones los fines de semana de todas partes del Estado hacia la costa".

"Se pensó ingenuamente que con anuncios, declaraciones y advertencias se podría controlar la tendencia vacacional".

"Fue un error gravísimo, insiste. Resulta incomprensible que a nadie en el entorno del gobernador se le haya ocurrido pensar que al acercarse la temporada una apertura desordenada era una invitación al desastre… Como efectivamente ocurrió”.

Imperdonable error

Y el segundo error terrible, el más imperdonable de todos, fue ni siquiera intentar el rastreo de la cadena de contagio para tratar de romperla.

La cadena de contagio está fundamentalmente en la calle, en la movilización, explica.

"Si todo el mundo se quedara en su casa, un infectado contagiará a los que viven con él, pero el virus se encapsula y el brote tiende a extinguirse.

“Pero en Yucatán esto no es así, los infectados salen a la calle, donde una persona tiene decenas de contactos: en el camión, en el trabajo, en los comercios… Eso significa cientos de posibles contagios”.

El virus viaja en camión

Al menos 500,000 yucatecos usan a diario el transporte público. Estas cifras, de antes de la pandemia, son de sobra conocidas…

De allí que resulte incomprensible que el gobierno estatal no se haya puesto a pensar que al reabrirse la economía, el 15 de junio pasado, ese medio millón de personas –que en su inmensa mayoría usa camiones y combis del servicio público- se iba a lanzar a la calle, dice Ramírez Carrillo.

Larga fila de gente en un paradero de autobuses de la calle 61 con 54 (Foto de Ramón Celis)

“Nadie pone en duda la necesidad de reactivar las actividades económicas… Lo malo estuvo en que nadie en el equipo responsable del manejo de la pandemia de Covid-19 hiciera esta breve reflexión y lanzara una voz de alerta".

"No había que ser un genio, bastaba un poco de sentido común, un cálculo muy simple, para llegar a la conclusión de que en la calle mucha gente se contagiaría”.

Contactos cercanos

Un trabajador o trabajadora de Mérida que se traslada de Oriente a Poniente o de Norte a Sur, que llega por obligación (como pasa ahora) al Centro y que tiene que hacer colas hasta en cuatro paraderos, tiene unos 240 contactos personales, de menos de metro y medio. En un solo día.

“Las autoridades apostaron por los anuncios y por dejar libre el tránsito… y perdieron".

"Repito: si medio millón de personas en Yucatán atienden esta lógica de 240 contactos diarios tenemos más de 100 millones de contactos humanos al día. Era cuestión de echar una moneda al aire: con un 0.01% de contagios iba a pasar lo que pasó”.

Gran equivocación

El gran error estuvo en no preparar a conciencia la reapertura, en dejar a un lado la prevención, como ha sido a lo largo de estos seis meses de gestión de la crisis, agrega el investigador.

Preocupados por defender la exigencia de volver a la actividad, “porque la gente necesita comer”, se olvidaron de inyectarle a la medida energía y dinero para reducir en lo posible el contacto masivo de las personas en la calle que, por simple ley de probabilidades, iba a multiplicar los contagios, primero en Mérida y luego en todo el Estado.

Imagen de hace unos días de una calle del centro de Mérida, donde hay gran cantidad de gente pese al riesgo de contagio (Foto de José Valerio Caamal Balam)

Fue así como se pasó de una etapa de manejo exitoso de la pandemia a una fase de conducción desastrosa: del 15 de junio al 15 de julio se dispararon los casos y la situación se volvió incontrolable.

“La intención al decretar la Ley Seca y cerrar las playas fue congelar las tendencias, que amenazaban con dispararse. Si salían bien las cosas, para el último día de agosto tendríamos 1,500 muertos… pero ya no será así”.

Imposible de controlar

“Las medidas del 15 de julio no funcionaron porque habíamos entrado ya a una etapa imposible de controlar. Lo que estamos viviendo es resultado del gran error de la apertura del 8 de junio sin el control debido, básicamente del transporte público”, considera.

Conviene recordar que Yucatán tiene una altísima tasa de contagios y de mortalidad: en infectados estamos en décimo lugar nacional y en fallecimientos, en quinto, apunta.

La pregunta es ¿cómo caímos tanto, si al comienzo de la epidemia estábamos muy por debajo de la media nacional, en los lugares del 16 al 20?

“En gran parte porque cuando se ordenó la reapertura no se tomó ninguna medida con el transporte público. Se hicieron declaraciones, se dijo que habría inspectores, pero nada efectivo".

"Han estado poniendo parches sobre la marcha y cada día que pasa se empeoran las cosas”.

"Hasta ahora la estrategia ha sido remedial (hospitales), publicitaria (anuncios) y semáforos (prohibiciones que nadie cuida de hacer cumplir)".

"Todas necesarias, claro, pero así como no realizar pruebas, aislar a tiempo a los contagiados y apoyarlos materialmente nos ha traído a esta situación y a estas cifras aterradoras, no establecer controles y protocolos de seguridad reales y efectivos en la calle, el transporte público y los centros de trabajo, comercio y diversión nos está llevando a que, en efecto, las cifras sigan aumentando".

Un virus democrático

El coronavirus es democrático. Le gustan las aglomeraciones en paraderos, viajar gratis en camiones y combis, transbordar, mezclarse con los pasajeros… Por consiguiente, el transporte público de Mérida le sienta bien.

Puede parecer reiterativo, pero hay que insistir: sin control en el transporte público y los paraderos los contagios no cesarán, advierte. Y no basta con decirlo, hay que hacerlo cumplir. Además de descentralizar rutas y dispersar paraderos.

Las zonas donde están los paraderos de autobuses lucen en varios momentos del día con mucho movimiento de gente. La foto es de la calle 54, junto al mercado San Benito (Foto de Ramón Celis)

Se sabe que la gente tiene que salir para trabajar y usar el transporte público; que una de las principales cadenas de contagio del coronavirus está en paraderos, camiones y combis.

Que en un día normal un trabajador tiene muchos, pero muchos más contactos durante sus traslados que en su centro laboral o en su casa, y que el control del transporte público está en manos del gobierno del Estado, que establece sus reglas de uso y lo concesiona a particulares. Y también que nada de esto va a cambiar.

“Se requiere entonces mucha voluntad política que ponga a la gente trabajadora por delante, al menos una mediana capacidad administrativa para reestructurar un transporte que ya está estudiado".

"Pero sobre todo un poco, o al menos un poquito, de menos arrogancia y soberbia de la autoridad responsable para abrir la imaginación y proponer nuevas soluciones”.

“Sólo así podrá romperse esa cadena de contagio que nos tiene, al día de hoy, desbordados y con más de 1,700 muertos”, indica el investigador.

Camas vacías

Las autoridades estatales tuvieron marzo, abril y mayo para preparar la apertura, pero se enfocaron en las camas, “pese a que una cama no le quita el Covid ni le salva la vida a nadie. Se necesita además un equipo, un respirador y especialistas que lo sepan usar”.

“Las camas disponibles no pueden usarse como indicador de resultados, de ser así vas a Sealy Posturopédico y le encargas medio millón y se acabó… Pero no es el punto".

"Sobreestimaron la capacidad hospitalaria, olvidándose que no hay muchos especialistas en Yucatán capaces de manejar un respirador”.

A juicio del Dr. Ramírez, el gobierno de Yucatán se equivocó de estrategia al enfocarse en la capacidad hospitalaria, algo que, finalmente, no es su responsabilidad, porque la mayor atención se concentra en hospitales del IMSS, Issste y clínicas del sector Salud.

Yucatán, convertido en matadero

“De acuerdo con esto, el gran pecado es del gobierno federal, que no se cansa de repetir que sobra capacidad hospitalaria, cuando no es cierto”.

“La irresponsabilidad del gobierno federal y la desidia del gobierno estatal al ordenar la reapertura sin detectar los focos de contagio para cumplir su responsabilidad de controlarlos son los ingredientes de este coctel que ha convertido a Yucatán en un matadero”.

Gran cantidad de gente en una calle en el centro de Mérida apenas la semana pasada (Foto de José Valerio Caamal Balam)

Aunque el gobierno estatal tiene una capacidad hospitalaria muy limitada en comparación con la que están obligadas las clínicas del sector salud federal, sí es completamente su responsabilidad, su competencia absoluta, el transporte público. Y allí fue donde se bajó la guardia.

Reacción tardía

El período que va del 15 de junio al 15 de julio fue una etapa de desastre que potenció lo que estamos viviendo ahora, recuerda.

“Y cuando a partir del 16 de julio empezaron a querer tomar medidas un poco más serias, tratando de ubicar dónde están los focos de contagio, se hizo muy difícil, porque el virus estaba ya diseminado en toda la superficie de Yucatán”.

Entonces, recapitula el investigador, en la gestión de la epidemia hemos vivido tres etapas:

La primera fue la de una Prevención Exitosa; la segunda, de una Apertura Desordenada, y la tercera, que estamos viviendo, es la de los Intentos Desesperados por controlar una crisis desbordada en condiciones mucho más difíciles que al principio.

El genocidio

En esta tercera etapa estamos viendo la aceptación del genocidio de parte de las autoridades.

“Su postura es que se contagien todos los que se tengan que contagiar. Lo que nosotros tenemos que hacer es decirles que se pongan cubrebocas, que no se toquen, que mantengan la distancia… En ese sentido, ya cumplimos”.

"Ahora bien, su mayor responsabilidad, según vemos, es mantener suficientes camas disponibles, pero no para atender a los enfermos o evitar que la gente se muera".

Si se presta atención, la mayor preocupación de las autoridades del Estado -la misma que del gobierno federal- es decir “me sobran camas”, nunca “estoy atendiendo a todo lo que doy”, como debería ser.

“Por eso hablo de una política genocida. Lo que importa no es que esas camas y ese equipo estén atendiendo al mayor número de enfermos, sino que sobren, porque así podrán mantener el semáforo naranja".

"El porcentaje de camas disponibles es el criterio estelar de los gobiernos federal y estatal en sus reportes de la expansión del virus”.

Policías de la muerte

En Yucatán se mueren todos los días 35 personas, pero sigue existiendo un 50% de equipo hospitalario libre, desocupado, agrega.

"Algo no cuadra en todo esto: hay gente que se muere en el taxi, gente que se muere en la puerta porque les dicen que no hay lugar en el hospital, pero el gobierno dice todos los días que hay camas libres… ¿Qué es lo que está pasando?”.

“En pocas palabras: la mayor preocupación está en mantener el semáforo naranja, en ser policía de tránsito de la muerte. Evitar que el semáforo cambie a rojo para que los negocios sigan abiertos, lo demás es secundario… Por eso la insistencia en repetir que hay camas disponibles”.

Problema oculto

La necesidad de reactivar la economía es una verdad irrefutable. Como también que la mitad de los trabajadores yucatecos está en el sector informal, es decir, no tiene un empleo fijo. Si no trabaja hoy, no come… No hay vuelta de hoja, hay que abrir.

Sin embargo, hace notar, centrarse en discutir si se está a favor o en contra de la apertura esconde el verdadero problema.

"No se trata de que yo quiera que cierres tu negocio… no, tú tienes que abrir, o sea, el semáforo naranja se tiene que mantener, pero bajo ciertas condiciones que garanticen el control de los contagios".

"Esta discusión no tendría lugar si como en otros países el gobierno hubiera asegurado un salario mínimo durante 14 días a quienes dieran positivo en la prueba para detectar la enfermedad".

"Si la persona está contagiada o estuvo, se le aísla con el resto de la familia y durante 14 días se le entrega un salario mínimo para que se quede en casa. Pasada la fase de contagio, que salga, ya es inmune".

“Así debió de haber procedido el Estado, con generosidad. Obviamente la medida va de la mano de la realización de pruebas para detectar a los contagiados y aislarlos”, continúa.

Culpa compartida

“Que muchos pueden aprovecharse, es cierto, pero en una pandemia hablamos de proporciones, de porcentajes. Si bajas al 70% el porcentaje, se te escapan muchos, por supuesto, pero tu intensidad baja: menos contagios, más tiempo para atenderlos, menos muertos”.

Para concluir, el investigador de la Uady opina que la culpa de lo que está pasado es compartida por el gobierno federal, por su política irresponsable y genocida de mandarle a la población el mensaje de que aquí no pasa nada, y de las autoridades locales, por haberle seguido el juego”.

“Mauricio Vila debió marcar su distancia y adoptar la estrategia de la prevención: primero, pensar en lo que vendría con la apertura en temporada de playas, y segundo y más importante, reestructurar el transporte público… Mucho dolor y muchas muertes se habrían evitado”.

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