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Cambia el rol de Yucatán

Sobre estas líneas

De trampolín a sitio de lavado del tráfico de drogas

A los dichos de Tirso Martínez Sánchez en una corte federal de Nueva York, por el juicio que se le sigue a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, se suma la reciente detención en Mérida de Eleazar Medina Rojas, alias “El Chelelo”, identificado como presunto líder del Cártel del Golfo, y en años anteriores de otros capos del narcotráfico en Yucatán, que refuerzan el hecho de que la ciudad es y ha sido refugio de otros jefes de la droga como Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal y Antonio “Tony Tormenta” Cárdenas Guillén, que tuvieron los más altos rangos en las organizaciones criminales a las que pertenecieron.

También hay pruebas de la presencia en la capital yucateca de otros jerarcas con menos renombre, pero con funciones relevantes en sus organizaciones, como Rafael Salinas Cornejo, José Enrique Rejón Aguilar, Emilio Garza Báez, José Antonio Medina Castro (a) “Tornado”, Miguel “El Güero” Rodríguez Olivera y José Antonio Díaz Pantoja.

Otros, como Juana Raquel Alvarado Torres, alias “Raquel Alatorre Correa”, acusada en Nicaragua de lavado de dinero, crimen organizado y transporte internacional de drogas, convirtió a Yucatán en su centro de operaciones. Al igual que Roberto Nájera Gutiérrez, alias “La Gallina”, que eligió la zona de Tizimín para la limpieza de las ganancias del Cártel de Sinaloa, y Lázaro Rivadeneyra González, alias “Greñas”, presunto líder de “Los Zetas” en la plaza de Playa del Carmen, Q. Roo, que vivía en Mérida.

En la Ciudad Blanca la Policía Federal también capturó a Flavio Gómez Martínez, de “Los Caballeros Templarios” y hermano de Servando, “La Tuta”, líder de esa famosa banda, y en Chelem, Progreso, se detuvo a Víctor Aguirre Garzón, alias “El Gordo”, presunto líder del Cártel Independiente de Acapulco, quien residía en Yucatán.

Narco relevante

La importancia de Martínez Sánchez se denota en el libro “Los señores del narco”, de Anabel Hernández García, en la que le dedica un apartado al narcotraficante que purga una condena en Estados Unidos a la que titula “Los Güeritos y El Tirso”, en el que se refiere a Ignacio Coronel que le apoyaban como subordinados Luis y Esteban Rodríguez Olivera, “Los Güeros”, que tenían como base de operaciones Guanajuato y Jalisco en el prólogo de 2000, y ocho años más tarde incursionaron en Michoacán para disputar la plaza a “Los Zetas”.

De Tirso, la escritora apunta, en la edición actualizada de 2014, que tiene 44 años (48 años actualmente) es originario de Guadalajara, la capital jalisciense, y “es el jefe de su propia organización y ha podido equilibrar sus propias ambiciones con el trabajo que hace para otras redes criminales como importador, transportista y distribuidor”. Además, refiere que entre los clientes de “El Futbolista” están los carteles de Juárez y La Federación, y los capos colombianos Javier y Víctor Mejía Munera. “‘El Tirso’ es tan relevante en la organización, que el gobierno de Estados Unidos ofrece cinco millones de dólares a quien proporcione información sobre su paradero”, cita Anabel Hernández en el final de ese capítulo.— Megamedia

Mapa delictivo

De acuerdo con el “Mapa delictivo” de la República Mexicana, que elaboró en 2003 el Centro de Planeación para el Control de las Drogas de la PGR, Quintana Roo es uno de los 10 estados del país donde operan células del Cártel del Golfo. Al parecer las actividades se concentran en Mérida.

Oasis de narcos

Un argumento más que refuerza la versión de que Yucatán, Mérida específicamente, es como un oasis para los jefes narcos es la declaración que hizo José Luis Santiago Vasconcelos el 6 de junio de 2007 publicadas por este rotativo, en la que el subprocurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la PGR admitió que el Estado es refugio de capos importantes.

La realidad, hoy

Con todos los antecedentes sobre el papel de Yucatán en la historia del narcotráfico en la Península, en años más recientes crece la sospecha de que ahora la entidad es un remanso elegido por los líderes de las organizaciones criminales de México, y posiblemente de otros países, como Colombia, para lavar, limpiar el dinero proveniente del tráfico de drogas. El 30 de enero de hace cuatro años, el doctor Sergio Aguayo Quezada advirtió, en un foro en la Universidad Marista, la factibilidad de que la capital yucateca sea un sitio de blanqueamiento e inversión del dinero del narcotráfico. “¿Es Mérida un centro de lavado de dinero del narcotráfico?”, le preguntó un alumno al profesor del Colegio de México en el evento que se organizó en 2014. Aunque no contestó con un sí rotundo, el analista y estudioso del fenómeno tampoco lo descartó: “Solo conocemos anécdotas de cómo el crimen organizado encuentra sus refugios en ciudades muy específicas: Guadalajara hace unos años, Monterrey, Aguascalientes, Mérida… El lavado de dinero es poco estudiado porque probablemente se tocarían intereses muy poderosos…, pero si yo fuera ustedes, sí me preocuparía”, apuntó el también académico de la Universidad de Harvard.

Un santuario de capos

Un operador del narco confirma el papel de Yucatán

La confesión de Tirso Martínez Sánchez, “El Doctor”, en la corte de Nueva York, y datos del archivo de Diario de Yucatán establecen que en casi tres décadas, Yucatán dejó de ser un simple trampolín o lugar de trasiego de la droga que los dirigentes de los más poderosos cárteles mexicanos exportaban de Colombia a Estados Unidos, para convertirse en su santuario y el de sus familiares más cercanos, además de ser importante centro para la operación de blanqueamiento de las exorbitantes sumas de dólares que obtienen del narcotráfico.

Un expediente elaborado por la Policía Judicial Federal, que el Diario dio a conocer en su edición del 25 de agosto de 1990, indica que la Península de Yucatán se ubica en forma estratégica para favorecer la comunicación por mar y aire, ya que enlaza Centro y Sudamérica con Estados Unidos, y “sirvió durante varios años a un grupo de narcotraficantes vinculado con el Cártel de Medellín para embarcar cocaína hasta el vecino país, apoyado por yucatecos que ahora están en prisión”.

En el documento también se asienta que el jefe de la banda era Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, muerto en diciembre de 1990 durante una emboscada que le tendió el ejército de Colombia. Desde ese país, el narcotraficante dirigía a su personal para verificar que los embarques llegaran a su destino cruzando por aire, mar y tierra yucatecos hace más de un año.

De acuerdo con un resumen de los informes de la documentación policíaca, durante la década de los años 90 los traficantes colombianos contaron con el apoyo de Enrique Ferráez Peraza, quien adecuó una pista en el rancho “Chapultepec”, en Tizimín, para el aterrizaje de aviones que traían la droga colombiana. Después, según el informe, la cocaína se trasladaba “por carretera a Progreso y, en un barco de Banpesca, seguían hasta aguas internacionales para trasbordarla a otros buques que la llevarían finalmente a Estados Unidos”.

En la parte final del sumario se precisa que por lo menos en una ocasión, “Ferráez (detenido tiempo después) fue ayudado por Rufino Rodríguez Conrado, también preso, para llevar en una camioneta 550 kilogramos de cocaína a Progreso, por la que recibirían una fuerte suma en dólares. Sin embargo, la droga fue tirada al mar porque un dragaminas de la Armada comenzaba a darle alcance a la lancha que la llevaba”.

Santuario de capos

Con el paso de los años, ya en la década de 2000, Yucatán evolucionó de ser un trampolín para el trasiego de drogas de Colombia a Estados Unidos a ser guarida de los patrones y mandos medios del narcotráfico.

De acuerdo con los archivos del Diario, otros jefes o familiares de organizaciones criminales en México fueron aprehendidos en el Estado, en particular en Mérida, donde según algunas versiones establecen la residencia de sus parientes más cercanos, como ya dimos a conocer.

Aunque no hay evidencias contundentes de que los cabecillas de los cárteles de la droga en México operen y consideren una plaza importante a Yucatán, a semejanza de otras entidades del país, como la vecina Quintana Roo, sí existen pruebas de que establecen varias casas de seguridad en el territorio yucateco.

Un informe de la Policía Nacional de Colombia y la DEA, que el Diario reprodujo en sus páginas el 15 de agosto de 1998, menciona a Alcides Ramón Magaña, alias “El Metro”, como uno de los hombres que entonces aspiraba a suceder al extinto Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El señor de los cielos”, y agrega que “Alcides Ramón Magaña tiene a su cargo mantener el contacto con los narcos colombianos para la recepción de la droga que llega a través de la Península de Yucatán”.

El decomiso de una suntuosa residencia en el exclusivo complejo Isla Dorada, en la zona hotelera de Cancún, Quintana Roo, el 19 de noviembre de 2001, presunta propiedad del capo Osiel Cárdenas Guillén, jefe del Cártel del Golfo, expuso que el patrón del narco tenía otras “sucursales” de la organización delictiva que encabezaba en otros puntos de la Península, incluido Yucatán.— Megamedia

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