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Cartas al Diario

Recibimos un escrito de la doctora Abril Vázquez Buenfil, ganadora del Premio ABC 2018 y directora de la Secundaria General “Roosevelt Erce Barron Pech”, de Umán, que en sus partes medulares dice lo siguiente:

En muchos de los lineamientos y documentos expedidos por la Secretaría de Educación Pública (SEP), el Consejo Escolar de Participación Social en la Educación (CEPSE), las Asociaciones de Padres de Familia (Asepafay), el Programa Nacional de Convivencia Escolar (PNCE), entre otros, se habla de la importancia de papel de los padres de familia para la educación de sus hijos, su vinculación con la escuela y su participación que permiten un mejor desarrollo educativo e integral en los alumnos.

¿Pero qué pasa cuando esa participación es negativa? Cuando los maestros y directores, en vez de hacer equipo con esos padres o madres les tenemos miedo y estamos a expensas de sus arrebatos, gritos, amenazas, empujones y no hay quien nos defienda y apoye, simplemente la función de la escuela no se cumple. Esa convivencia sana, pacífica, inclusiva no se da. Cada quien hace lo que quiere, las reglas se violan, los maestros y los directores pierden autoridad y las habilidades socioemocionales del Modelo Educativo Actual se convierten en la ley del más fuerte, en impunidad, en violencia, la cual a su vez “…. crea más problemas sociales que los que resuelve (Martin Luther King)”. Eso está ocurriendo en muchas de nuestras escuelas del estado. Algunas no lo reportan, otras lo manejan con mucha prudencia, otras ceden a los chantajes de esos padres y en otras, se trata de hacer valer la legalidad y las Normas de Convivencia establecidas desde el inicio del curso escolar, según las indicaciones del PNCE y los protocolos y lineamientos que expide el Estado de Yucatán a través de la Secretaría de Educación en la materia. Este es el caso de la Escuela Secundaria General Transferida No. 14 “Pastor Gaspar Castro Soberanis con C.C.T. 31DES2020K, ubicada en la calle 187-J entre 108 y 112 del Fracc. Santa Cruz Palomeque C.P. 97315 de la localidad de Mérida. Una comunidad escolar está siendo rehén de una madre de familia, la expresidenta de la Asociación de Padres de familia, quien ha hecho lo que ha querido, trayendo inestabilidad y problemas en ese sitio. La señora junto con vecinos del lugar, el pasado 7 de diciembre, puso candado y cadenas a la reja de la escuela impidiendo la entrada de alumnos y personal al plantel, argumentando que había anomalías en la escuela. En vez de dialogar y negociar con las autoridades del plantel, simple y fácil, violó el artículo 3o. Constitucional y negó el derecho a aprender a todos esos alumnos, incluyendo sus propias hijas que están en tercer grado. La madre de familia estaba molesta porque se le destituyó como presidenta de la Asociación de Padres por malversación de fondos y no rendir informes del dinero de los padres. Además no estaba conforme porque la directora nueva, haciendo uso de sus obligaciones, puso en manos de la escuela la tienda escolar, como corresponde, quitándole esa concesión, además ya no le permitió la venta de uniformes escolares, que esa madre de familia vendía en su casa. Podemos entender la molestia de esa señora: se le acabó su saqueo a la escuela, su enriquecimiento personal, por ello su gran molestia con la nueva directora. Y no podríamos disculpar a esa expresidenta de padres de familia por su ignorancia, no. Como decía el activista de derechos civiles William Sloan Coffin: La causa de la violencia no es la ignorancia. Es el interés propio. Y esa señora solo está viendo su interés y está arrastrando a toda una comunidad de alumnos.

Pero eso no es todo, esa madre de familia ha gritado, insultado, agredido a la directora y personal escolar cuantas veces ha querido. Acostumbrada al poder que le daba ser presidenta de los Padres el año pasado, quería controlar todo y que ella junto con un pequeño grupo de padres y vecinos de la colonia, dijera lo que en la escuela se iba a hacer y pobre de la directora o maestros que no la obedecieran pues les sacaba el celular, los grababa sin su consentimiento, amenazaba subirlos a las redes sociales y demandarlos a derechos humanos. Ha buscado una y otra vez meter en problemas a la directora, incitar a los jóvenes donde están sus hijas a desobedecer las reglas de la escuela, ha mentido y difamado en las redes sociales, tal cual amenazó y como es su palabra contra la directora, hasta el momento se ha salido con la suya. ¡Bonita educación y ejemplo están teniendo los alumnos! ¡Impunidad y violencia! Y hasta el momento se le ha permitido. El pasado viernes 8 de febrero, en otra de sus nuevas embestidas, la madre incitó a los jóvenes a hacer un convivio dentro del salón, aún sabiendo que no se le había permitido a ese grupo realizarlo pues tenían muchas quejas de mal comportamiento e incumplimiento de tareas por parte de sus maestros; sin embargo, el pastel que llevó la señora se les devolvería al terminar las clases. En ningún momento la directora le tira el pastel a los alumnos, como la señora dice en las redes sociales; al contrario, la señora agrede a la directora cuando ésta estaba llevando el pastel a la oficina para resguardo, la empuja, le mancha los brazos y ropa y el pastel cae. Eso no lo subió la señora en las redes, solo sube lo que ella quiere que se vea, una directora manchada con el pastel, pero tergiversando completamente lo sucedido.

Es penoso lo que sucede después para cualquiera que sea “víctima” de las redes sociales. La gente tiende a juzgar y emitir opiniones, sin averiguar la verdad, simplemente reenvía, insulta, agrede, creyendo o pensando que esa es la realidad, y no es así. Ese es otro problema para nuestra sociedad, cada vez más violenta por la falta de honestidad y de criterio de la gente que irresponsablemente difunde opiniones no verdaderas. ¿Cuántos linchamientos mediáticos se han hecho con gente inocente por culpa de esa gente? A lo mejor a Ud. ya le ha tocado.

La consecuencia es lógica, los alumnos perdieron el respeto a sus maestros y a la directora y hacen lo que quieren, pues eso les enseña la madre de familia con su actuar: gritar, agredir, subir al Facebook y a las redes sociales y salirse con la suya. Ya hay un enfrentamiento entre los mismos padres, entre los mismos compañeros de clase, eso lo ha generado una sola mamá, una líder de colonia y la falta de criterio de algunos padres. ¿No se darán cuenta éstos últimos que están luchando para los intereses de esa madre? ¿No se darán cuenta que quien firma los documentos que avalan los procesos de documentación oficial de sus hijos, es la directora y que al ponerla en riesgo, pueden ocasionar un problema con los procesos administrativos del plantel? Creo que hasta el momento no.

Si bien los maestros y directores no somos perfectos, como cualquier ser humano tenemos fortalezas y áreas de mejora, pero sobre todo tenemos derechos también. Y el principal derecho es a la “dignidad” (fundamento principal de los Derechos Humanos Internacionales) y a ser escuchado (artículo 8o. de la Constitución).

Cualquier persona conocedora del clima escolar sabe que un colectivo desestructurado y agredido por el conflicto permanente no crece, ni se desarrolla profesionalmente y el proceso de aprendizaje no se logra con calidad.

Basándonos en Fernández, M.; Álvarez, M., y Herrero, E. (2002). La dirección escolar ante los retos del siglo XXI. Madrid, una autoridad competente, en cualquier nivel, sector, institución en la que se encuentre, no duda en intervenir en los conflictos que se crean en el lugar, con la intención de armonizar intereses y reconvenir la situación en beneficio de los alumnos. Estos centros funcionan con una normativa simple y clara que favorece la implicación y el control inmediato de los que la incumplen, incluyendo a los padres de familia, y como decía Heráclito: “La violencia deliberada debe ser más apagada que un fuego”.

Por ello, como directora también de una escuela secundaria pública, expongo lo que muchos de mis compañeros docentes y colegas pasan o están en riesgo de que les pase. No es posible que día a día acudamos a nuestras escuela, rogándole a Dios que no vaya una madre o padre a agredirnos. Esto le puede suceder al mejor maestro o directivo, pues hasta el momento las autoridades educativas no han percibido la magnitud del problema, no han entendido que al caer en el chantaje de padres que sólo ven por sus intereses personales, ponen en riesgo todo un centro escolar y van fomentando la cultura de la falta de respeto al maestro, a su dignidad y sus derechos como trabajador.

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”, dijo el escritor superviviente de los campos de concentración nazis Elie Wiesel. Por ello hago un llamado a las autoridades educativas y sindicales de cualquier tipo para el respaldo de los maestros honestos, responsables y trabajadores. La falta de apoyo de las autoridades educativas a los buenos maestros y directivos que sostienen con su esfuerzo diario los planteles escolares va desmotivando al magisterio en general, va “apagando” sus deseos de educar, su vocación y su compromiso. ¿Cómo podrían motivar a sus alumnos y creer en un mundo mejor si sus autoridades que debieran protegerlos, escucharlos y valorarlos, no lo hacen? Entonces, que esas autoridades no exijan calidad educativa, no la habrá.

 

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