in ,

270 años del Seminario: Jorge Antonio Laviada Molina, ejemplo de autenticidad

Imagen del padre Jorge Antonio Laviada Molina. Foto de Megateca

Quienes convivieron con el padre Jorge Antonio Laviada Molina como amigo, familiar, maestro y compañero de trabajo le conocieron bien dos aficiones que los demás tal vez ignoran: la naturaleza y el deporte.

“No solo le gustaba el deporte, sino que todo era visto con los ojos del sacerdote formador” que encontraba en la actividad física una vía para forjar el carácter del futuro líder, dice el padre Ricardo Atoche Enseñat sobre quien fuera su prefecto de Teología y, después, rector en el equipo formador del Seminario, institución que está cumpliendo 270 años.

Así se lo hizo ver el padre Laviada cuando al final de un partido de fútbol entre seminaristas lo llamó a él y a otro sacerdote formador para advertirles de la conducta en la cancha de uno de los estudiantes. “Nos dijo: ‘Bueno, ¿ustedes no se dan cuenta que este muchacho no suelta el balón?’. Pero no era el balón el problema que él veía... ‘Lo mismo va a hacer cuando llegue al presbiterio, le van a encomendar algo y no va a querer compartir con los hermanos, no sabe trabajar en equipo; a este muchacho hay que corregirlo’”.

Ya antes, cuando era seminarista, el padre Atoche —en la actualidad director espiritual del Pontificio Colegio Mexicano en Roma— había recibido una lección del sacerdote con la forma de un balón.

“Estábamos jugando en el mismo equipo de fútbol, entonces me lanzó un centro, yo estaba enfrente de la portería, solo tenía que cabecear el balón y entraba..; pero agaché la cabeza, le pegué muy suavecito y la paró el portero. Se enfureció el padre Laviada”.

A la derecha, el padre Jorge Antonio Laviada Molina, quien unió la naturaleza y el deporte a su sacerdocio. Foto de Megateca

“Me dijo: ‘¡Pégale al balón, pégale duro como si fuera el diablo!’. Después me tomó del hombro, me volteó a ver a los ojos y me dijo: ‘Ricardo, entiende, vas a ser sacerdote, vas a ser el líder de una comunidad y te vas a enfrentar al diablo, no es posible que no te puedas enfrentar a un balón’. Usaba todas las circunstancias de la vida para formar”.

El padre Laviada Molina y su afición por la naturaleza

Alejandro Esquivel Mimenza fue amigo “de toda la vida” del sacerdote y, por lo tanto, testigo del interés del padre Laviada en la naturaleza, a la que plasmaba en fotografías. Algunas de estas imágenes las aportó a las subastas de arte a beneficio de Impulso Universitario, la asociación civil para la formación integral de los jóvenes de la que fue promotor y asesor espiritual.

“Jorge era amante de la naturaleza, le gustaba visitar cenotes, haciendas... Puedo decir que desde que le nació (la afición a la fotografía) en cada oportunidad que tenía de practicarla lo hacía; se iba de excursión, invitaba a sus sobrinos a irse a la playa”.

Una de las fotografías del padre Jorge Antonio Laviada Molina. Foto de Cortesía

De hecho, tres sobrinos del sacerdote, Eugenia y Rodrigo Navarrete Laviada y Mauricio Juanes Laviada, conservan en la memoria esos recorridos, en los que tomar instantáneas del entorno era habitual en el padre Jorge. “En todas las excursiones se paraba a tomar fotos, particularmente recuerdo de los pájaros, las mariposas, los árboles. Su afición a la fotografía era muy grande y significativa para él”, asegura Eugenia. 

Mauricio considera que irse de excursión con su tío fue “muy formador durante nuestra infancia: acampábamos en casas de campaña, nos metíamos a cuevas..; fueron muchos viajes que hicimos con él, todos muy interesantes”.

Pájaros, árboles y mariposas eran los objetivos preferidos del lente del padre Laviada Molina, asegura su familia

Del gusto del sacerdote por el entorno natural también fue testigo el padre Atoche Enseñat, quien compartía con él la inclinación por la pesca. “Era una persona auténtica, transparente; nos trataba a todos de la misma forma, no había máscaras”.

Como rector nos exigía a todos, tanto a los formadores como a los seminaristas; era claro en sus ideas, era fácil darse cuenta de su rectitud e intención. Siempre estaba buscando el bien del Seminario, lo tenía como la misión que Dios le había encomendado”.

Foto de Megateca

Cuando hacíamos algo que no estaba bien nos llamaba, nos decía las cosas con claridad, de frente y siendo asertivo. Nos daba la oportunidad de expresarnos y al final decía lo que él pensaba. Como rector era también protector”, añade. “Me daba cuenta que soportaba muchas situaciones de su cargo con tal de que los que estaban debajo de él pudiesen hacer su trabajo. Nos dio mucha libertad”.

Carisma, sencillez y transparencia caracterizaban al sacerdote

2Impulso Universitario, subasta de arte por la educación. padre Jorge Antonio Laviada Molina. Fotografo José Ávila. Foto de Megateca

“Jorge era una persona muy transparente, una persona de una sola pieza básicamente, trataba igual a todo el mundo”, confirma por su parte Esquivel Mimenza, quien fue presidente fundador del consejo directivo de Impulso Universitario.

“Era una persona sencilla, tenía el carisma de hacer sentir a todos, si no como amigos cercanos, sí importantes; recordaba muchos detalles de las personas, lo que lo hacía personalizar el trato con los becarios de Impulso Universitario y las personas de las comunidades con las que él colaboraba, como Vifac (Vida y Familia, A.C.) y la capilla de (Nuestra Señora del) Líbano”.

El padre Laviada Molina en la sede de Impulso Universitario. Foto de Megateca

“Tenía amplia capacidad de escucha, podía captar de manera muy ágil lo que querías decirle y hacerte sentir que la relación era muy personal. Tenía una nobleza que transpiraba, que reconfortaba; era un amigo positivo, muy alegre, divertido. Yo pasaba momentos muy divertidos y contentos con él, de muchas risas y comentarios de broma”.

Más allá de la figura sacerdotal

En el medio familiar “lo veíamos, más como un sacerdote, como el tío con el que todos se llevaban”, explica Rodrigo Navarrete. “Siempre procuraba hacer tiempo para cada uno de los sobrinos”.

Su hermana Eugenia describe al sacerdote como “muy bromista, muy cariñoso; yo pensaba que era su sobrina favorita y cada primo pensaba lo mismo”.

Siempre estuvimos muy orgullosos de él”, añade Eugenia; “nos encantaba ir a sus misas y correr a abrazarlo al final. Nos sentíamos especiales al tener un tío sacerdote, pero ante todo era nuestro tío, nunca le decíamos ‘padre Jorge’, nunca hubo una barrera por ser sacerdote, incluso lo íbamos a visitar al Seminario Mayor y sentíamos que era nuestra casa”.

El padre Jorge Antonio Laviada Molina, durante la celebración de una boda. Foto de Megateca

El padre Atoche Enseñat le conoció también el lado bromista, que afloraba “cuando bajaba un poco la presión de su responsabilidad” y salían de paseo los padres formadores. “En una ocasión fuimos a jugar gotcha. Era un niño corriendo entre las matas con su pistolita de pintura, jugaba con nosotros como si fuera un chiquito”, indica.

Y, aunque “cargaba una responsabilidad muy fuerte” por su labor como rector y responsable de comisiones diocesanas y nacionales, “siempre tenía tiempo para escucharnos”.

“En una ocasión que yo estaba pasando por una dificultad me preguntó cómo estaba. ‘Padre, estoy bien, pero la verdad tengo este pendiente’. Y me dijo: ‘¿Por qué no me lo habías comentado?’. Yo le contesté: ‘Porque tiene usted muchísimos problemas que resolver; no se preocupe, estoy tratando de salir adelante de la situación’”.

El padre Laviada Molina, como rector del Seminario Menor, entrega a los jóvenes de la Prepa Yucatán de nuevo ingreso los Nuevos Testamentos. Foto de Megateca

“Se quedó serio y me dijo: ‘No has entendido, yo estoy aquí para ti, déjame hacer mi trabajo. Sí es cierto que tengo muchos problemas, pero tú eres más importante que todos mis problemas’. Esa lección se me quedó grabada en el alma”.

El padre Atoche reconoce que, “como parte de su humanidad, tenía dificultades en algunas partes de su carácter; por ejemplo, se enojaba, pero no lo manifestaba, se lo aguantaba, uno se podía dar cuenta que se había enojado porque quedaba colorado; al final decía: ‘Yo veo las cosas de forma distinta’ y trataba de explicar su modo de ver”.

El padre Jorge Laviada, como nuevo rector del Seminario Conciliar de Yucatán, ante un grupo de entonces seminaristas. Foto de Megateca

“En dos o tres ocasiones tuvimos diferencias de opinión, yo le expresaba lo que pensaba, él lo que pensaba y al final en el pasillo me daba un abrazo”, evoca. “Sostenía que debíamos defender nuestro punto de vista con argumentos”.

En otra oportunidad, “por una situación en la que, según yo, él debió haber reclamado una injusticia, fui a buscarlo a su oficina y le reclamé airadamente”.

“Cuando terminé se empezó a reír y me dijo con todo el cariño del mundo: ‘Rich, mi escopeta solo tiene dos tiros, no voy a gastar uno en una tontería, tengo muchos otros problemas más importantes a los que tengo que disparar’. Me educó: hay batallas que tenemos que pelear y otras dejarlas pasar, gastar las energías en las que valen la pena”.

Para Eugenia Navarrete, la labor de su tío sacerdote fue una lección de “siempre dar un poco más para los demás; en lugar de preocuparse por él siempre estaba viendo por alguien más”.

“Lo bonito es ver cómo no solo para nosotros representaba una persona especial al ser un tío muy allegado y cariñoso, sino que a muchas personas les dejó algo”.

En misiones en Hocabá en las que participaron varios sobrinos del padre, Rodrigo Navarrete observó “cómo la gente del pueblo era muy cariñosa con él y él, a su vez, era muy cariñoso con ellos, se veía que había una muy bonita relación; siempre fue muy abierto, escuchaba a todos”.

No sé cómo estiraba su tiempo. Era raro que un domingo no fuese a la comida familiar. Por más ocupado que estuviera, al menos iba una o dos horas. Siempre había tiempo para platicar con él y los feligreses pueden decir lo mismo”.

Nos dio muy buen ejemplo de cómo debe ser una persona”, subraya Mauricio Juanes. “Con ver cómo actuaba y nos decía las cosas nos dio un ejemplo muy claro de cómo ser mejores”.

En defensa de la educación de los jóvenes

Una de las causas que defendió el padre Laviada fue la educación integral de los jóvenes, por la cual trabajó con Impulso Universitario. La asociación, explica Esquivel Mimenza, surgió después del análisis de diversos objetos sociales por el sacerdote y un grupo de colaboradores. “Llegamos a la conclusión de que donde más podíamos impactar en la sociedad, donde más podíamos contribuir al objetivo de hacer justicia social era la educación”.

El deporte fue otro de los aspectos destacados de la vida del padre Jorge Antonio Laviada Molina. Foto de Megateca

En relación con la formación de los futuros sacerdotes, “tenía un carisma muy especial que transmitió a todos los que trabajábamos con él”, expresa el padre Atoche. “Es responsabilidad de nosotros hacer que ese carisma se perpetúe en nuestro Seminario”.

Dejó mucha huella en todos nosotros”, puntualiza Esquivel Mimenza. “Su pasión era el Seminario, su familia, sus amigos. En todos los ámbitos de su vida era la misma persona sencilla, humilde, noble... por eso lo extrañamos tanto".

Te puede interesar: Padre Jorge Antonio Laviada Molina: vida y obra en el Seminario

270 años del Seminario: Juan Arjona Correa, ejemplo de sacerdocio

270 años del Seminario: Luis Miguel Cantón Marín, quien ''sabía escuchar''

Padre Jorge Antonio Laviada Molina: vida y obra en el Seminario

Inicia el horario de verano; no olvides adelantar tu reloj