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270 años del Seminario: Luis Miguel Cantón Marín, quien ''sabía escuchar''

Persona de carácter serio, trabajador organizado, exigente con los estudiantes, pero atento a los detalles; amistoso y cercano con los seglares, pluma ágil. La personalidad y la visión formativa de monseñor Luis Miguel Cantón Marín dejaron huella en quienes fueron sus alumnos en el Seminario de Yucatán, compartieron con él la vocación sacerdotal, recibieron su guía en movimientos laicales y lo tuvieron como pastor en su diócesis.

Imágenes que muestran la vida sacerdotal de monseñor Luis Miguel Cantón Marín. Fotografías de Megateca

Tan transparente y organizado era con su vida y tareas que monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero, recuerda bien cómo dividía su día quien fuera su primer rector en la casa de formación ubicada en Itzimná, que está cumpliendo 270 años.

“Hacía oración muy temprano con nosotros en la mañana, desde las 6:30; desayunaba a las 7:30 y a las 8 comenzaba a darnos clases”, indica. “Todas las actividades del Seminario las desarrollaba durante la mañana, al igual que las juntas con sacerdotes o de la Arquidiócesis”.

Imagen de monseñor Luis Miguel Cantón Marín, primer rector del Seminario de Yucatán, que este año celebra su 207 aniversario

“Se reunía a comer con el equipo formador a la 1 de la tarde. De 3 a 4, de lunes a viernes jugaba básquetbol con nosotros. A las 4:30 de la tarde seguía atendiendo asuntos del Seminario y entrevistas personales con nosotros. A las 7 teníamos la celebración eucarística y en muchas ocasiones él la celebraba”.

En la noche, cuenta, salía a sus actividades apostólicas, pues tenía "varios compromisos de evangelización, sobre todo con laicos, familias y jóvenes. Lo veíamos regresar muy cerca de las 11 para hacer sus últimas oraciones e irse a su habitación a descansar. Lo veíamos levantarse, como nosotros, un poco antes de las 6 de la mañana”.

Monseñor Cantón Marín, sobrio pero cercano

Monseñor Patrón recuerda que, aunque sobrio en sus expresiones de afecto, el rector Cantón Marín “era muy personal y cercano”.

Sabía escuchar y siempre tenía un mensaje directo, concreto. Era repetitivo hasta que se daba cuenta que habíamos entendido. Esa metodología que usó en la formación sacerdotal la utilizó en la formación cristiana de laicos”.

Esa manera de relacionarse con los seglares la califica monseñor José Rafael Palma Capetillo, obispo auxiliar de Xalapa, Veracruz, como “muy frecuente, muy amistosa, muy cercana; dejó mucha huella en todos ellos, formó verdaderamente discípulos misioneros de Cristo, como era su ideal”.

En ese sentido, recuerda que el rector Cantón Marín fue asesor espiritual de movimientos laicales como Convivencias de Vida Cristiana, inspirador de la Preparatoria Yucatán y “tenía especialmente afecto al Club Serra (ahora Apostolado Serra)”.

“Era exigente con los alumnos, pero al mismo tiempo se mostraba buen amigo y excelente pastor. Tanto a los alumnos como a los sacerdotes los trataba con gran sencillez y libertad”.

Monseñor Cantón Marín, un ágil de la pluma

El padre rector colaboraba con el Diario con artículos sobre espiritualidad. Monseñor Palma Capetillo lo evoca en esa faceta como “una ágil pluma; sus artículos eran breves, concisos, con un contenido práctico, muy profundo”.

“Se me quedó grabado en el corazón cuando escribió sobre el significado de la mitra, de la que dijo que, como se suele sellar en la frente del obispo, equivale a una corona de espinas, que todo buen pastor está unido a Cristo crucificado con la corona de espinas de las preocupaciones, las responsabilidades, las pruebas que tiene que sostener y, al mismo tiempo, mantenerse con una transparente imagen de Jesús que murió y resucitó por nosotros”.

También escribía sobre Yucatán, un lugar por el que profesaba un amor que “nunca cambió, adonde iba tenía un buen pensamiento para su tierra”.

Para monseñor Patrón Wong, la forma en que el rector Cantón Marín elaboraba sus artículos enseñó a sus estudiantes “cómo transmitir a los laicos algunas verdades de la fe y también aspectos de evangelización, de compromiso social y de compromiso cristiano”.

La cercanía del padre rector con los participantes en Convivencias de Vida Cristiana favoreció el florecimiento de varias vocaciones sacerdotales, indica a su vez monseñor Pedro Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán.

Una integración familiar

Pero su proximidad no se detenía ahí, porque el padre Cantón Marín también la procuró con las familias de los estudiantes del Seminario. “Hizo que los papás tomaran Convivencias de Vida Cristiana. Hizo otras a las que pudieron ir las mamás. No solamente se vinculó con nosotros, sino también con nuestras familias”.

Monseñor Mena Díaz tiene muchas memorias de la relación con el padre Cantón como rector y persona. “El primer recuerdo que tengo de él es cuando visitó mi casa (en Colonia Yucatán). Yo tenía dudas antes de entrar al Seminario. El padre Fernando Castro Andrade, quien me inspiró a intentar entrar al Seminario, le comentó a don Luis Miguel Cantón y, para mi sorpresa, llegó a mi casa un día que estaban mis papás y platicó con ellos”.

El rector del Seminario, Luis Miguel Cantón Marín, preside la misa del 18o. aniversario de su ordenación sacerdotal en la capilla de la institución religiosa, el 29 de junio de 1982. Concelebran los padres Teodoro Baquedano Pech y Luis Góngora Góngora

“Me dio una semana o un poco más para pensarlo. Decidí aprovechar la oportunidad que me daba y fue cuando empecé a conocerlo más de cerca, primero como vicerrector y, cuando falleció don Juan Arjona Correa, como rector”.

Aunque era poco expresivo en sus facciones, dice, era también muy profundo, por lo que siempre les inspiró respeto. Cuando le tocaba presidir las Eucaristías, tanto del Curso Introductorio como posteriormente de Filosofía y Teología, "sus homilías eran esperadas porque en pocas palabras nos daba elementos para profundizar en la Palabra de Dios”.

“Ciertamente mantenía una distancia con los seminaristas, pero cuando nos daba clases mostraba que quería que verdaderamente aprendiéramos. Nos dio, por ejemplo, Historia de la Espiritualidad y siempre trató de dar sus lecciones con ejemplos, dinámicas”.

Entre anécdotas del Seminario de Yucatán

Monseñor Mena Díaz lo vio solo una o dos veces molesto y en una de ellas estuvo involucrado un viaje a la playa. “Habíamos programado con el prefecto que el último día de exámenes nos íbamos a ir a descansar a una casa que nos habían prestado en Chabihau, pero él (el padre rector) no lo tenía muy presente. Cuando nos vio salir nos preguntó qué estábamos haciendo y le dijimos que nos estábamos yendo a Chabihau. Se le notó molesto, incómodo; nos dijo alguna cosa, pero que nos fuéramos y después veríamos. Después se aclaró que estaba en la programación”, relata con una sonrisa.

Otra anécdota la cuenta monseñor Mena Díaz como ejemplo del interés del padre Cantón por la persona del seminarista: el papá del obispo auxiliar no estaba de acuerdo con que entrara al Seminario y “le mandó un telegrama al padre Cantón (para expresarle su oposición).., yo nunca supe nada”.

“Cuando estaba en segundo de Teología lo nombraron obispo de Tapachula. Estaba en mi cuarto, llegó él y me dijo: ‘Estaba reservando esto para regalarte’. Era el telegrama que mi papá le había mandando; cinco años lo conservó. Hasta el día de hoy conservo el telegrama como un detalle de mi proceso vocacional que me recuerda mucho al padre Cantón y, por supuesto, a mi papá ya fallecido”.

“Nos inculcó que debíamos leer un libro al mes”, continúa. “Hacía reuniones espontáneas a la puerta de su cuarto y nos enseñó a tomar café sin azúcar; decía: ‘Café significa caliente, amargo, fuerte y escaso’”.

“Si él no hubiera ido a mi casa y no me hubiera dado una semana más para ingresar al Seminario quizás yo no hubiera entrado. Ésos son los caminos de Dios. Esa presencia en mi casa fue providencial para mi vocación”.

En la diócesis de Tapachula

Monseñor Patrón Wong estudiaba el primer curso de Teología en el Pontificio Seminario Palafoxiano de Puebla —cumpliendo una disposición para ese grado establecida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Manuel Castro Ruiz— cuando en 1984 se anunció el nombramiento del padre Cantón Marín como cabeza de la diócesis de Tapachula. “Nos llenamos de mucha alegría y de sano orgullo porque fue una noticia nacional y toda la gente en Puebla nos preguntó por él; fue un honor hablar de él en primera persona”.

“Enviamos las típicas cartas de felicitación e hicimos una llamada telefónica a nivel de grupo; él la agradeció, pidió que rezáramos por él y nos invitó a ir a la consagración episcopal en Tapachula”, ceremonia en la cual el entonces seminarista Jorge Carlos fue acólito.

“Para mi generación fue una experiencia muy interesante porque nos despedimos de él en septiembre (en Mérida) como rector y cuando lo vimos en Tapachula ya era obispo”.

Sin embargo, el trato del nuevo prelado hacia sus antiguos estudiantes no experimentó cambios. “Siempre nos trató como sus más cercanos.., sus yucatecos, los que habían compartido con él la formación sacerdotal; le dio mucho gusto vernos sacerdotes años después”.

Monseñor Palma Capetillo también estuvo presente en la ordenación episcopal del padre Cantón. A pesar de la distancia física que la designación interpuso entre el obispo y Yucatán, “estábamos siempre pendientes de sus obligaciones, sus eventos, de la promoción en una diócesis lejana”.

La pronta partida de monseñor Cantón Marín

“Dios permitió que solo durara seis años como obispo, porque murió víctima de un accidente aéreo el 10 de mayo de 1990, cuando el papa Juan Pablo II hacía una visita pastoral” a México. “La Iglesia perdió pronto a un gran pastor. Sabemos que el Señor le está dando la recompensa eterna, porque él dejó este mundo con las manos llenas de obras buenas”.

Monseñor Mena Díaz apunta que, por testimonios de sacerdotes que colaboraron con el padre Cantón Marín en Tapachula, saben que la seriedad que lo caracterizaba como rector se transformó en expresividad cuando fue obispo. “En lugar de dar la impresión de muy serio, fue muy cercano”.

“Para llegar a Tapachula se fue en coche acompañado de una familia y fue deteniéndose en algunas parroquias. Nos contaron que llegó a una comunidad donde estaban jugando básquetbol y se puso a jugar con la gente”.

El afecto de los fieles chiapanecos se nota aun hoy en el sitio donde descansan los restos mortuorios del prelado en la Catedral de San José. A diferencia de la tumba de monseñor Juvenal Porcayo Uribe, obispo que antecedió al sacerdote yucateco, la de éste luce bien cuidada. “El comentario es: ‘Aquí sigue viniendo la gente a rezar’”, revela monseñor Mena. “Su tumba se volvió un lugar de peregrinación, tanto de sacerdotes como del pueblo”.

Su memoria sigue presente en Seminario de Yucatán

A decir de los tres obispos, la huella del padre Cantón Marín todavía puede verse en el Seminario y la Arquidiócesis de Yucatán. “El fue rector después de un gran rector, don Juan Arjona, que era una institución en Yucatán; no era fácil asumir una rectoría con toda esa carga histórica”, considera monseñor Patrón Wong. “Don Luis Miguel Cantón dio continuidad a lo que hizo monseñor Juan Arjona, pero también novedad”.

“Lo comento como formador y exrector: una de las riquezas del Seminario de Yucatán, y una bendición, es que los rectores han dado continuidad a lo que han hecho sus predecesores, pero incluyendo una novedad. No hay cambios dramáticos, sino evolutivos; esa lección la aprendí de él”.

Además, “él fue un hijo del Concilio Vaticano II y el Seminario tuvo la gracia de mantener un sano equilibrio; la formación de los sacerdotes se mantuvo muy fiel a la Iglesia universal, pero muy abierta a las necesidades locales”.

Destaca el testimonio de carácter inclusivo de la Iglesia yucateca que es el hecho de que el padre Cantón Marín procediese de una familia de inmigrantes que “entra a ser parte activa, propositiva de una sociedad”.

“Todos los que llegan a Yucatán tienen un lugar en la Iglesia católica, y decir lugar es que vivan su vocación tanto familiar laical como sacerdotal y episcopal, no hay ningún tipo de exclusión, es una familia. Él (Luis Miguel Cantón) fue fruto de esa inclusión pero también promotor”.

Para monseñor Palma Capetillo, la vida episcopal del padre Cantón “fue el culmen de su personalidad, auténtica vida de un sacerdote de Cristo e imagen fiel de Jesús Buen Pastor”.

Monseñor Mena Díaz precisa que la gran aportación del padre Cantón Marín al Seminario es “la estructura que hasta el día de hoy tiene”. Como vicerrector y rector “empieza a reorganizarlo en sus distintas áreas y buscar los contenidos y la disciplina que debía tener”.

Asimismo, subraya la contribución del fallecido sacerdote a través del apostolado de Convivencias de Vida Cristiana. “Trabajaba muy puntualmente con el Seminario, pero no descuidaba a los laicos”.

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