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Amenaza a la democracia en México

Jorge Arias en Mérida, en la presentación del Indice de Desarrollo Democrático de México

El politólogo Jorge Arias advierte que la polarización social es un freno para el desarrollo de México   

Jorge Arias (Tucumán, Argentina, 1955) lleva muchos años midiendo país por país el desarrollo de la democracia en América Latina y de forma particular en México.

Desde 2010, la consultoría Polilat que dirige elabora junto con otras organizaciones el Índice de Desarrollo Democrático de México (IDD-Mex), que evalúa desde una visión sistémica los derechos políticos, las libertades civiles, la calidad institucional, la eficiencia política y el desarrollo social y económico en cada una de las 32 entidades del país.

En conversación con este periódico días antes de la presentación del nuevo diagnóstico, el politólogo argentino dice estar convencido de que la democracia, como afirmaba Churchill, es “el menos malo de todos los sistemas de gobierno”.

Señala también motivos que hacen considerar que la democracia en México, como en muchos otros lados, está en peligro porque la polarización social está llegando a extremos que sobrepasan las diferencias políticas y por su creciente debilitamiento, su descrédito, traicionada por unas élites descomprometidas con la sociedad.

¿Para qué sirve la democracia?

La democracia es el sistema que la sociedad ha encontrado a través de los tiempos como forma de gobierno más eficaz para hacer que todos sean escuchados y para que quienes reciben el mandato de gobernar lo hagan en representación de esa pluralidad.

No es un sistema perfecto, pero permite respetar la diversidad y advertir la complejidad de una sociedad que es cada vez más variada. Y este es precisamente uno de los desafíos que tienen hoy la política y los sistemas de representación: las voces se han vuelto más plurales, más exigentes y todas quieren ser escuchadas.

Y las que son ignoradas salen a la calle, hablan fuerte, reclaman, generan mecanismos para llamar la atención,  aunque esto no signifique necesariamente que la democracia esté en condiciones de generar soluciones inmediatas para todas esas reclamaciones.

Existe una gran preocupación nacional sobre el futuro de nuestra democracia. ¿En qué condiciones está?

Complicada es la palabra que define mejor su situación. Aunque no hay democracias perfectas, totalmente acabadas, la de México muestra retrocesos evidentes porque el país ha entrado en un fenómeno global, que consiste fundamentalmente en que ante una democracia compleja, algunos gobernantes provocan una grieta en la sociedad, la dividen, para simplificar la agenda: de un lado quedan el gobierno y sus seguidores, que son, según ellos, “la representación del bien”, y del otro los que están en contra, que son “el mal” y que por tanto no pueden tener legitimidad.

Y en lugar del diálogo de muchas voces, que es donde radica su riqueza, la democracia se ve llevada hacia atrás en un proceso de primitivización,  que nos arroja a los extremos: las voces más suaves, más solitarias, que expresan esas diversidades, son acalladas por los gritos desaforados del gobierno y de la oposición más cerril. Se pierde entonces buena parte de los beneficios que trae la democracia –el diálogo, la diversidad, la búsqueda de acuerdos entre las diferencias-, que deben dar la pauta para construir una política de Estado que lleve al país hacia adelante. En la polarización se pierden tanto la riqueza de voces como la construcción de consensos, porque los gritos sólo generan ruido, de un lado y de otro.

Esto es lo que está viviendo hoy la sociedad mexicana, la división de la sociedad generada o estimulada desde la política.

Esta es la segunda medición en el gobierno de López Obrador… ¿hay cambios respecto a los IDD anteriores?

Sí, siempre hay cambios. El IDD-Mex mide el clima de la democracia en cada uno de los 32 estados y la sumatoria nos arroja una realidad muy compleja. No es lo mismo el ejercicio democrático en Yucatán que en Chiapas o la Ciudad de México, hay claramente una contraposición de luces y sombras. Y aunque el estudio arroja un solo resultado para cada entidad, está constituido por casi 50 indicadores que evalúan esos claroscuros. Y al interior está la riqueza, que nos permite no quedarnos con ese número final, con el promedio, sino ver dónde están las oportunidades de mejora de cada entidad. En la actual medición hay retrocesos importantes y algunos avances, que analizaremos el 2 de febrero, cuando hagamos la presentación.

Indice de Desarrollo Democrático en México de 2019
Mapa de la Intensidad del Desarrollo Democrático en el país, elaborado con base en el Indice de Desarrollo Democrático de 2019

¿Ya hay visos de solución para los grandes desafíos del país?

No, todavía. Los problemas estructurales no han cambiado con la gestión de López Obrador. Siguen sin resolverse temas como la falta de construcción de ciudadanía, la pobreza y desigualdad -muy fuertes en algunas regiones-, la violencia de los grupos armados que operan en gran parte del territorio nacional desconociendo las leyes y normas de la convivencia, afectando derechos y libertades ciudadanas. Todos esos fenómenos que desde hace años caracterizan la vida de México -que no son problemas en sí de la democracia, sino de la vida en este país, pero que la democracia debería intentar resolver- persisten.

Sí hay claramente una agenda social, distinta, se podría decir, desde el ámbito de las libertades. A diferencia de los gobiernos anteriores, en éste los problemas de pobreza están en el centro de la agenda pública, al menos en el discurso. Falta ver cuál es la efectividad de las políticas que empiezan a implementar para resolverlos. Y desde luego hay que tener en cuenta las repercusiones que está teniendo la epidemia de coronavirus, que impide mensurar qué políticas han sido buenas o malas y cuáles hubieran sido más adecuadas en una situación normal.

O sea, la democracia fue otra víctima del Covid…

Absolutamente. De hecho, la pandemia limitó nuestros derechos y nuestras relaciones sociales y familiares. Todo lo que conformaba nuestra vida de libertades antes del coronavirus es hoy distinto, por las restricciones impuestas por las autoridades e incluso por nuestros propios códigos de preservación de la vida.

El impacto está presente en prácticamente todos los ámbitos y ha provocado consecuencias como la caída del PIB y la pérdida de empleos, aunque con distintos matices según las estrategias adoptadas por cada país. De hecho, la resolución de los problemas derivados de la crisis sanitaria ha dependido de la eficacia y la capacidad de gestión de los gobiernos, que no es igual en todos lados.

El grado de afectación también ha tenido que ver con el compromiso de los ciudadanos… y fíjese: el gobierno de Suiza admitió que uno de los problemas en el control de los contagios ha sido confiar en la responsabilidad de sus ciudadanos. Si así es en Suiza, imaginemos lo que esto significa en los países latinoamericanos.

Yucatán siempre apareció en los primeros lugares del IDD-Mex en años pasados. ¿Sigue ahí?

Sin duda. Yucatán sigue en el grupo de alto desarrollo, es de las primeras entidades del país y ha mejorado su situación, pero no le puedo dar más detalles…

¿La falta de respeto a la institucionalidad es una amenaza real?

Estamos ante un déficit institucional, ciertamente.

Pero no es que haya una falla en el diseño de las instituciones, lo que hay es una traición a la democracia, a su espíritu y sus gestores, un desapego a las normas.

Es un problema de corrupción -en el que también están los intereses de los empresarios- que termina quebrantando las bases morales y normativas de la sociedad y lo hace desde las instancias que lideran y dan ejemplo al resto de ciudadanos

Es el reflejo también de un problema más profundo: la deslegitimización sigilosa de la democracia, que es producto de la decepción ciudadana con el desempeño del sistema.

Si la gestión democrática no resuelve tus problemas inmediatos, los míos y los de los vecinos, si no logra convencernos de que ofrece la vía más prometedora hacia un futuro mejor, comienza a perder valor a nuestros ojos y es entonces cuando empiezan a escucharse voces en contra, en las redes sociales, en las calles con los grupos que se manifiestan…

Que sigan prevaleciendo prácticas autoritarias como el corporativismo y el clientelismo… ¿es una muestra de que la democracia mexicana no avanza como quisiéramos?

Le decía que los problemas estructurales del país en el espacio del desarrollo democrático se expresan en todo el territorio como manchones de diferentes tamaños e intensidades, pese a los cambios actuales y potenciales en la agenda nacional.

Y entre los temas presentes en el diagnóstico está todavía ese abrazo mortal de la marginación con la política clientelar.

Los problemas de las comunidades urbanas y rurales que no tienen desarrollo económico ni logran inclusión social son atendidos muchas veces con criterios clientelares,  generando una dependencia perversa que termina impactando negativamente en la democracia y provocan su caída.

Ranking estatal en el Indice de Desarrollo Democrático 2019
Clasificación de los estados en el Indice de Desarrollo Democrático de 2019

La democracia de por sí es compleja. Sería más fácil, más cómodo, tener un dictador que resuelva por todos. Lo malo es que si resuelve mal, no hay manera de arreglar las cosas.

Y es muy probable que resuelva mal, porque los intereses de una persona no pueden reflejar los intereses del conjunto y su visión de los problemas de la sociedad es más bien estrecha. Precisamente el diálogo, los debates, las discusiones de alternativas, la generación de planes diversos, las distintas miradas, permiten seleccionar las mejores opciones.

Si tuviéramos una dirigencia virtuosa que está sobre un tablero de gestión de la democracia identificando propuestas, proyectos y equipos con capacidad para resolver problemas,  como hacemos con nuestra familia, como hace un empresario con su negocio, seguramente el camino sería más fácil.

¿Qué podemos esperar?

Pese a que todos esos déficits de los que hemos hablado persisten en la democracia mexicana, nuestras lecturas siempre son esperanzadoras. Confiamos en que está latente la oportunidad de generar una vía de diálogo y de acuerdos, un camino virtuoso…

De hecho algunos estados del país ya caminan en esa dirección y ojalá su ejemplo pudiera extenderse -así como se despliega la mancha venenosa de la corrupción o la violencia- y se convierta en una pintura virtuosa del territorio mexicano.

Esa es nuestra apuesta, estamos con la esperanza puesta de que los diagnósticos que trazamos con el IDD-Mex permitan iluminar de alguna manera el camino a la práctica de una democracia auténtica.

Ojalá esos estados que lo están haciendo bien nos ayuden a encontrar respuestas y que el gobierno federal las tome para que en lugar de confrontar a la sociedad y agrietar al país, siga la vía del diálogo y el consenso, porque la democracia es una construcción que sólo podemos hacer juntos, no hay de otra.

Ninguna persona sola, ningún  presidente, puede  construir  una mejor democracia y entregarla a la sociedad. Es una tarea común de dirigentes y dirigidos.

Por eso siempre esperamos que estos diagnósticos sirvan en cada estado para salir en busca de acuerdos, para establecer políticas públicas de mediano y largo plazo que conduzcan a detener la violencia, desterrar la pobreza, combatir la desigualdad y tener mejores instituciones.

Una ciudadanía más activa y participativa permite corregir los desfases. México está ante la oportunidad de un año electoral en el que puede escucharse la voz del pueblo. Y ahí están los correctivos de la democracia.


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