in ,

AMLO, el imbatible

Pese a todas las evidencias sobre lo mal que marchan las cosas en el país, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene persistentes niveles de aprobación y una popularidad prácticamente sin altibajos.

A primera vista, no acusa el desgaste de la falta de resultados de su gobierno. Su gestión de la pandemia ha convertido al país en un enorme cementerio, la economía está estancada, los desempleados se cuentan por millones y la delincuencia organizada siembra el terror a su antojo… México se está cayendo a pedazos, pero en todas las encuestas AMLO  se mantiene en la cresta de la ola, nada parece mermar su popularidad.

Sin embargo, al mirar con atención, se aprecia que los mismos ciudadanos que muestran una opinión bastante positiva del mandatario consideran que el país va por mal camino, o sea, la opinión pública está separando su gobierno de su persona, observa el Dr. Luis Ramírez Carrillo:  “En el todo, sigue bien ranqueado. Por indicadores específicos la percepción de la gente es más real y sus opiniones tienden a ser negativas”.

“AMLO sigue siendo AMLO”

Según el investigador del Centro “Dr. Hideyo Noguchi” de la UADY, los datos duros que ofrecen sondeos recientes -como los del Gabinete de Comunicación Estratégica y del diario El Financiero- ofrecen varias lecturas.

La primera es que la popularidad del Presidente (que hoy ronda el 62% en promedio), sí ha bajado respecto a los niveles de hace tres años. La segunda, que su índice de aceptación, alto como es, no es tan extraordinario si se compara con el que tenían sus tres últimos antecesores a estas alturas del partido.

“Es decir, por un lado hay cierta tendencia a la baja y por el otro, su popularidad no es tan alta, no exageremos, viene con el puesto”.

Y la tercera lectura es que la opinión pública está separando su trabajo como gobernante de su persona. O sea, en sus contestaciones marca una clara división entre el aprecio por AMLO –una respuesta de carácter emocional, movida por lo que simboliza el personaje para la gente y por la representación de un poder idealizado–  y por el otro la situación real del país.

Cuando la pregunta está centrada en su persona -“¿Votaría por él otra vez?”, “¿cómo califica usted al Presidente?”-,  López Obrador sigue manteniendo un alto grado de identificación con su público, con su base.  

“AMLO sigue siendo AMLO y mucha gente se identifica con él porque es un viejito parecido a muchos viejitos mexicanos que uno puede ver en la calle. No es Peña Nieto, que incluso caía mal. Muchos simpatizan con sus pachotadas, sus chistes, sus vaciladas, con esa forma tan coloquial de hablar”.

Personaje contra realidad

Esa imagen que vende y recrea todos los días le ayuda a conservar sus cuotas de popularidad… Y las va a seguir conservando, va a terminar su mandato y pase lo que pase un importante sector de la población lo va a seguir queriendo.

“Pero no hay que olvidar que lo mismo pasó con Fox, pese a lo mal que se decía que iba todo entonces, y con Salinas de Gortari, cuya popularidad solamente se vino abajo cuando estalló la crisis con Zedillo, varios meses después que dejó la presidencia”.

En el papel, la silla presidencial ejerce una mágica influencia en los mexicanos, lo que se ha notado en todos los presidentes, quizás con la excepción de Peña Nieto, quien se desplomó en la segunda mitad de gobierno, dice.

“Entonces el aspecto emocional y simpático de AMLO, su carisma, le van a dar el apoyo ciudadano siempre. Pero la opinión pública ya separó al personaje y su evangelio de la realidad. Esto es, la gente puede mantener el amor al personaje, puede seguir creyendo en el evangelio del personaje, pero va a criticar duramente la realidad”.

A profundidad

Coincide el economista Álvaro Quiñones Aguilar, director de la empresa encuestadora Poll Position, quien aconseja no quedarse solamente con el resultado global de los sondeos.

El promedio final esconde las diferencias, indica. Por ejemplo, mientras más alto es el nivel socioeconómico de los encuestados, mayor es el rechazo al Presidente. Lo mismo pasa con el lugar de residencia, se le aprueba menos en las ciudades que en las zonas rurales, y con los segmentos por edad: hay más rechazo entre los jóvenes que entre las personas mayores.

A juicio de Quiñones Aguilar, la aprobación de López Obrador se puede explicar por la suma de varios factores, entre ellos la entrega de apoyos en efectivo a un amplio sector de la población, una estrategia que el mismo Presidente llamó “el secreto” para mantener el respaldo de la gente.

Y estos apoyos –que ya existían en el pasado, pero que ahora están aumentando en montos y alcances- se combinan con el discurso de reivindicación de los excluidos, que parte de una maniobra bien calculada: dividir al país en ricos y pobres, malos y buenos, añade.

 “Aunque no sea verdad, este mensaje dicotómico, que repite todos los días en todos sus discursos, va permeando en el ciudadano común, al que le cuesta entender con claridad por qué el país no marcha como debiera”.

Descalificaciones

Otro factor es el desprestigio de las instituciones, incluyendo a los medios de comunicación que no le son afines, indica.

 Si la gente lee o escucha críticas al gobierno, las descalifica de inmediato, porque piensa que, como repite machaconamente el mandatario, “los medios apoyan a los ricos”.

“Todos estos elementos lo blindan de los malos resultados, permitiéndole gozar de una alta aprobación. Sin embargo, las encuestas ya reflejan el sentir de la población y muestran que, en definitiva, sí hay un desgaste de su figura, aunque todavía es leve y diferenciado según el perfil del encuestado”, resume.

Fundamentalismo religioso

Un aspecto interesante a considerar, hace hincapié el Dr. Ramírez Carrillo, es que el fenómeno del “lopezobradorismo” entra en el terreno de la fe, de la religión. Tratar de debatir con un morenista es imposible, como intentarlo con un Testigo de Jehová o un mormón. La razón y la realidad estorban, los argumentos no valen nada, las pruebas son inútiles.

Los seguidores de López Obrador son creyentes: crédulos en el sentido más simple (y manipulable) del término. Necesitan esperanza, señala. Les importan poco las mentiras (como que una medallita sirve de protección contra el coronavirus), porque su líder no se mueve en el mundo de la realidad sino de la fe. Por eso los indicadores reales lo afectan tan poco.

Representación

Y cuando se entra al plano de lo que representa AMLO, no hay nada que discutir, porque ¿quién puede estar en contra de “primero los pobres” o “hay que acabar con la corrupción?”, prosigue el doctor en Sociología.

“Si a un ‘amlover’ le dices, por ejemplo, que el proyecto del Tren Maya es un grave error, su respuesta es que el Presidente hace todo por los pobres, aunque no haya correlación entre una cosa y otra. Es un fanatismo religioso, su palabra es el equivalente a la homilía del sacerdote en el púlpito, López Obrador es el transmisor de la palabra divina”.

“La gente sabe, porque no es tonta, que la aparición de la Virgen a Juan Diego a lo mejor es una representación metafórica. En el fondo puede incluso dudar que el milagro haya ocurrido o que sus rezos no obtengan el efecto deseado, pero sigue creyendo”.

Así es con AMLO. Sus seguidores van a seguir creyendo en él aunque el país se hunda en la miseria o se caiga en pedazos, porque su figura ya generó una gran simpatía. La realidad de su gobierno (y él) puede acabar con el país y seguirá teniendo amplia aprobación.

Como una secta

Es un fenómeno religioso fundamentalista, insiste. Se asemeja en parte a la Nueva Jerusalén en Michoacán, donde surgió un mesías –“Papá Nabor”- alrededor del cual se generó un movimiento de fanatismo y radicalismo. Y Morena no está lejos de eso. En sus formas, más que un partido político parece una secta religiosa en torno a AMLO.

“Y AMLO tiene discípulos, apóstoles, tiene servidores de la Nación, que llevan su palabra a todas partes. Toda esa estructura, que se parece más a la de una iglesia que a la de un partido político, le ha funcionado muy bien”.

La simpatía, el amor por el personaje, es algo que no está sujeto a ningún escrutinio real ni al raciocinio.

“Los seguidores necesitan creer en lo que dice su líder, quien es para ellos una representación de lo que les gustaría que pasara. Fue una esperanza y no están dispuestos a quedarse sin ella. Muchos se sentirían desamparados y desnudos si aceptaran la ineficacia de su gobierno, perderían el piso emocional en el que se pararon en 2018”. 

Hay otros que aunque no se sienten tan atraídos por el personaje, sí creen en su palabra: “Ya era hora de que alguien pusiera primero a los pobres” y en ese sentido, como la frase está en lo correcto, quieren creer que en el país está ocurriendo lo correcto, afirma.

Todas esas dimensiones que apelan a una creencia de carácter irracional, basada sobre todo  en una necesidad emocional o en deseos –“yo quisiera que México fuera un país próspero y sin corrupción”- juegan a favor de la popularidad de quien dice querer lo mismo.

Panorama en junio

Para el investigador y catedrático de la Uady, en junio se van a cumplir los mismos pronósticos sobre las elecciones presidenciales de 2018, aunque esa vez no fueron exactos. “Teníamos la impresión de que AMLO  iba a ganar. Y lo hizo, pero por mucho más margen del vaticinado”.

“Esta vez pasa más o menos lo mismo: la impresión es que Morena va a triunfar, pero por menos de lo que se piensa. A lo mejor estoy totalmente equivocado, pero creo que sin bien Morena avanzará en muchas regiones del país, en otras va a retroceder, porque AMLO no es candidato”.

Si es posible en algún momento modificar y dividir el voto, será en estas elecciones intermedias, porque en cada estado –incluso en cada municipio- los arreglos y juegos de poder van a depender de estrategias partidistas, de los enjuagues entre candidatos, de las alianzas entre los partidos y por supuesto allí las competencias son feroces, considera. “Y como no es AMLO el que está en la boleta, habrá una tremenda dispersión del voto”.

Al Dr. Ramírez le da la impresión de que Morena no tiene aún la capacidad como partido como para tener un control hegemónico y sacar un carro completo en todo el país.

“Creo que el hecho de que López Obrador haya centrado todo en su persona, le ha quitado capacidad y movilidad a su partido y eso puede tener un costo en las elecciones, Morena podría perder en muchas regiones”.

Voto fragmentado

Ganará, no cabe duda, pero más que por sus propuestas, será por la incapacidad de la oposición de generar alternativas interesantes o estrategias adecuadas, reflexiona. “Porque así como ha dado una opinión diferente en las encuestas, la gente va a fragmentar su voto”.

La diferenciación del voto no es algo nuevo, prosigue. La vimos en las elecciones que llevaron a AMLO a Palacio Nacional. En Mérida, por ejemplo, tuvo una votación muy alta, pero el candidato de Morena a gobernador (Joaquín Díaz Mena, actual delegado federal de Programas de Desarrollo) quedó muy lejos de su rival del PAN. O sea, mucha gente que votó por Mauricio Vila lo hizo también por López Obrador. Y va a suceder otra vez lo mismo y quizá con más fuerza porque AMLO no está en la boleta”.

Y aunque todavía hay un importante grado de incertidumbre, porque aún falta mucho para el 6 de junio, al investigador le parece que López Obrador podría mantener muy alto su nivel de aprobación y sin embargo su partido, con todo que está en el poder y tendrá todos los recursos, no va a ganar todo como se piensa.

“La tendencia mostrada en diversas encuestas, de una separación entre lo que son comentarios emocionales y comentarios racionales, también se puede dar con el voto”.

Sacrificios aceptados

Si dentro de tres años la situación está tan mal como hacen temer todos los indicadores, podría darse que AMLO termine con una popularidad mayor que los últimos tres presidentes, pero que al mismo tiempo tenga al 50% de la gente en contra.

“O sea, aunque alto, el actual nivel de aceptación será difícil de mantener, porque los efectos de la pandemia no se van a sentir hasta que la gente salga de la situación de estrés en que se encuentra actualmente”.

El analista político advierte que el año próximo puede ser dramático. Ahora no, porque todos aceptamos sacrificios –los que perdieron el trabajo están viendo qué hacer para sobrevivir; los padres cuyos hijos no pueden ir a la escuela les permiten colgar su hamaca porque de todas maneras la situación no se ha normalizado-, pero una vez que la pandemia esté controlada y salgamos a recuperar lo que se desplomó, sentiremos el impacto real…

“Y podría generarse un malestar social más agudo que hace tres años”.

Anuncian medidas: Las personas con síntomas del virus podrán ir a votar

Ojo de Tinta: ''Nuevos Osos, Nuevos Amorosos''

Ojo de Tinta: ''Nuevos Osos, Nuevos Amorosos''