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Antídotos contra el estrés laboral

¿Perdiste la ilusión por tu trabajo, al punto de que sientes que es un martirio salir de tu casa en las mañanas para ir a tu oficina? ¿Estás agotado o aburrido? ¿Te sientes profundamente desgastado  con lo que haces? ¿Padeces de insomnio? ¿Estás irritable y nervioso? Si tu respuesta es afirmativa, lo más probable es que estés “quemado”, que padezcas el llamado síndrome de burnout, uno de los daños más importantes asociado al estrés laboral crónico.

El estrés forma parte de la vida laboral. Sin embargo, advierte la psicóloga clínica Ruth Elena Mendoza Navarro, la situación actual con la pandemia del Covid-19 lo ha convertido en un verdadero problema. La crisis sanitaria está provocando un enorme desgaste emocional: los cambios obligados en el centro laboral y los factores familiares, sociales y políticos están afectando a los trabajadores.

“No sólo es el trabajo. Es la sensación de vivir en un estado de emergencia, es el encierro, el miedo a que se contagien nuestros seres queridos, la inseguridad económica, el bombardeo diario de información, los pleitos de los políticos… Este tiempo de inestabilidad y zozobra nos está exigiendo un gran esfuerzo interno”, señala.

Sentir momentos de desgano y hastío es bastante normal, dice. Pasa con frecuencia cuando nos enfrentamos a una situación diferente a lo habitual, cuando nos involucramos en un proyecto  exigente o cuando tenemos un jefe difícil. En estos casos no hay razón para preocuparse.

“Sin embargo, tener esos síntomas de compañeros permanentes y sin factores externos que los expliquen puede ser una señal de que hemos caído en el síndrome del trabajador quemado”, advierte.

Antecedentes

El síndrome de burnout comenzó a aparecer en la literatura médica a mediados de los años 70 para describir en forma coloquial la actitud de ciertos trabajadores de la salud hacia su labor cotidiana, recuerda la especialista.

Una vez descrito, se continuó usando el término y se fueron definiendo gradualmente sus distintos componentes emotivos, hasta llegar a desarrollar escalas de evaluación para su detección. Con ello, se extendió su aplicación a los diferentes ambientes laborales.

“Curiosamente, y tal vez por la dificultad de una traducción literal, en muchos idiomas el término acuñado inicialmente como burnout, ha permanecido inalterado”, apunta.

Psicológicamente, el síndrome de burnout se caracteriza por agotamiento, despersonalización y cinismo, desmotivación e insatisfacción en el trabajo, que conllevan a un pobre desempeño laboral. Todo esto como consecuencia de factores de estrés prolongados tanto en la esfera emocional como en las relaciones interpersonales en el trabajo.

“El síndrome descrito como burnout se refiere exclusivamente a la actitud en el desempeño laboral y debe diferenciarse claramente de la depresión clínica que afecta otras esferas de la vida”, aclara la Psic. Mendoza.

Reconocimiento mundial

Hasta hace poco tiempo, el “burnout” era tan difícil de diagnosticar que no se trataba directamente en las consultas de atención primaria o de salud mental y los profesionales se centraban en los trastornos asociados a él (depresión o ansiedad, por ejemplo), señala la especialista. Pero eso comienza a cambiar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció en 2019 el trastorno de estrés crónico como una enfermedad laboral y a partir del 1 de enero de 2022 lo tendrán que considerar así en todos los países que forman parte de la agrupación, México entre ellos.

La OMS advierte que “el estrés laboral afecta negativamente a la salud psicológica y física de los trabajadores, y a la eficacia de las entidades para las que trabajan”.

Según datos del IMSS, incluso antes de la pandemia México ya era el país con mayor incidencia de este padecimiento, con una tasa altísima del 75% de los trabajadores, seguido por  China (73%) y Estados Unidos (59%).

El estrés laboral en México se ha convertido en un grave problema, tanto social como económico, ya que, por una parte, perjudica la salud del trabajador y por otra, disminuye la productividad de las empresas, haciéndolas menos rentables y competitivas en un mercado cada vez más globalizado, donde el capital humano se desvela como un activo clave para el éxito.

La OMS estima que el estrés laboral provoca el 25% de los 75,000 infartos que se registran al año.

Señales de quemazón

“Muchas personas pueden estar quemadas en el trabajo, pero eso no significa que padezcan el síndrome”, comenta la Psic. Mendoza Navarro, quien recomienda aprender a identificar las situaciones que nos conducen a sufrir estrés laboral como primer paso hacia la prevención.

Una de las claves iniciales para reconocer que estamos quemados es que nuestro trabajo nos guste mucho y que lo consideremos como nuestra vocación, indica. “Si toda la vida soñaste con hacer lo que haces: dar clases, curar personas, ser dueño de tu propio negocio… ¿cómo es posible que ir al trabajo te cueste como si escalaras una montaña?”.

Las estadísticas señalan que los varones tienen más probabilidad de sufrir estrés laboral que las mujeres. En lo que se refiere a la edad, los jóvenes de 18 a 30 años parecen ser los más propensos a padecerlo.

“Entre las profesiones más tendientes sufrir el síndrome de burnout encontramos resultados tan dispares como empresarios, personal médico, profesores, periodistas, contadores, personal administrativo, vendedores, meseros… prácticamente ningún tipo de profesión está libre de la sombra del estrés laboral en México”, dice la psicóloga.

Síntomas evidentes

Las personas que padecen el síndrome de burnout suelen manifestar algunos de los siguientes síntomas:

1. Falta de energía y sensación de abatimiento desde el inicio de la jornada laboral.

2. Sentimientos de frustración y fracaso al no conseguir los resultados deseados a pesar del esfuerzo invertido en las tareas.

3. Estado de ánimo irritable, impaciente, negativo, irónico y distante, llegando a mostrarse frío e indiferente hacia las personas atendidas y con los compañeros de trabajo.

4. Incapacidad para concentrarse en el trabajo y para relajarse o desconectar al finalizar la jornada laboral.

5. Sensación de desbordamiento ante las demandas emocionales de los demás. “La persona con fatiga laboral crónica carece de fuerzas para seguir involucrándose en las relaciones con sus compañeros de trabajo”, dice.

6. Frecuentes dolores físicos, además del desarrollo de enfermedades psicosomáticas, como, por ejemplo, fatiga visual, dolores de cabeza y musculares, mareos, dificultades con el sueño, pérdida de peso, úlceras y otros desórdenes gastrointestinales, afecciones de la piel o infecciones, entre otros.

Antídotos contra el burnout

Por último, la Psic. Mendoza comparte algunos antídotos para que evites quemarte en el trabajo y no sufras el síndrome de burnout:

1. Dedícate tiempo. Una de las mejores maneras de prevenir el desgaste laboral es dedicarte tiempo a ti mismo, señala la especialista. Excederte en tus horas de trabajo, aunque sea por pasión, y no tener espacios para cuidarte, no es bueno y supone un riesgo importante. Las consecuencias no son inmediatas, pueden comenzar a aparecer pasados entre cinco y ocho años. Puedes evitar caer en comportamientos de riesgo con una agenda rigurosa, aunque implique una pausa en aquello que tanto te gusta hacer.

2. Entiende que no eres perfecto. Ser muy exigente contigo mismo puede acarrear problemas, la autoexigencia implica más y más horas de esfuerzo. Esta actitud en sí misma no es perjudicial, el problema surge cuando es excesiva, cuando la necesidad de autoafirmación a través de los éxitos no nos permite una tregua o cuando la propia exigencia nos empuja a buscar la aprobación constante de los demás. Estas situaciones generan un estrés añadido que puede provocar que aparezca el síndrome.

3. Entrena la mente del aprendiz. Un excelente antídoto contra el estrés laboral es convertir los retos en oportunidades de aprendizaje. La mente del aprendiz es un concepto budista que implica tener una mentalidad de apertura y flexibilidad frente a la vida, significa que sin importar cuánto sepas ya, puedes seguir aprendiendo.

“Es la capacidad de mantener una actitud fresca, mirando lo conocido como si fuera nuevo. Es permitirte equivocarte en el camino hacia el crecimiento. Esto te ayudará a aprender con más facilidad, a conectarte mejor con los demás, a ver oportunidades y soluciones de una manera nueva y, lo más importante, a aceptarte totalmente como eres, sin necesidad de que el resto del mundo apruebe cuanto haces”.

4. No te adaptes a lo dañino. El síndrome de burnout no surge de un día para otro, requiere años, el problema es la dificultad de detectarlo anticipadamente, ya que es un tipo de estrés sigiloso y constante. Cuando entramos en ese ritmo aparece el denominado síndrome de la rana hervida: si se pone una rana en una olla de agua hirviendo, salta para escapar.

Pero si la olla está al fuego y lleno de agua fría, la rana poco a poco ajusta su temperatura corporal a la del agua, manteniéndose en una cierta comodidad que le impide darse cuenta de que el agua está calentándose y de que si no salta, acabará muerta. Cuando el agua está a punto de hervir, la rana no puede aumentar más su temperatura e intenta salir, pero como ha gastado todas sus energías adaptándose al agua, ya no le quedan fuerzas suficientes y acaba muriendo achicharrada. Así actúa el estrés silencioso en nuestra vida.

5. Respeta tus días libres, desconéctate. Está bien demostrado que un factor de burnout es no tener al menos un día libre a la semana carente de compromisos laborales, totalmente desconectado del trabajo. El contar con un día libre a la semana de esparcimiento, dedicado 100% a la familia o los amigos, permite un mejor desarrollo profesional y evita el desgaste emocional.

6. Pon límites. El mejor antídoto es el más sencillo: aprende a decir no, trabaja espacios de relajación y desconexión -como el mindfulness, el deporte o el cultivo de aficiones o hobbies- y replantéate por qué haces lo que haces.

“Si te dedicas en cuerpo y alma a trabajar sin descanso y no aprendes a establecer límites ante situaciones en las que haya un exceso de tareas, poco tiempo para realizarlas o deficiencias en los medios al alcance, por mucho sentido que tenga y te guste lo que haces, poco a poco tu cuerpo  y tu espíritu se irán desgastando”, señala la especialista.

7. Ajusta tus expectativas. En lo que respecta a las expectativas e ideales, no debes suprimirlas, pero debe aprender a ajustarlas. Es bueno que tengamos una meta a la que queramos llegar, un ideal de trabajo, pero también es importante plantearse si lo que tenemos no está mal. La expectativa laboral nos debe ayudar a crecer, no a decrecer profesionalmente.

8. Relájate. No siempre es fácil afrontar determinadas situaciones profesionales con tus compañeros o con los clientes, así que algunas técnicas de relajación, como el yoga, pueden ayudarte a controlar ese estrés y evitar que se salga control.

Todos corremos el riesgo de quemarnos en el trabajo, pero está en nuestras manos prevenirlo, concluye la psicóloga.

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