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Así ha sido el regreso a clases en Yucatán en 95 años

Foto: Megamedia

Caminito de la escuela

Aun sin una pandemia en medio, el regreso a clases se ha vivido de forma muy diferente a través de las décadas, como ha visto el Diario.

En unos cuantos años, cuando los yucatecos recuerden el inicio del ciclo escolar 2020-2021 en medio de la pandemia, con alumnos confinados en casa y tomando clases por televisión y plataformas digitales, probablemente lo hagan con un esbozo de sonrisa o un suspiro de nostalgia.

Un anuncio de 1925.
Un anuncio de 1939.
Un anuncio de 1943.
Un anuncio de 1945.
Un anuncio de 1945.
1948.
1955.
1958.
1958.
1958
1975.
1975
1977.
1980.
1988.
1985 Regreso a clases
1985 Regreso a clases
1985 Regreso a clases
1988.
1989 09 05 Regreso a clases
1990. Regreso a clases.
1991 09 03 Regreso a clases
Regreso a clases en 2010.
Regreso en clases en 2003.
Un anuncio de 1939.
Un anuncio de 1943.
Un anuncio de 1945.
Un anuncio de 1945.
1989 09 05 Regreso a clases
1990. Regreso a clases.
1991 09 03 Regreso a clases
Regreso en clases en 2003.
Regreso a clases en 2010.

El regreso a clases en Yucatán a través del tiempo

Algo como lo que ahora suscita la evocación del comienzo de las clases en décadas pasadas, cuando se ofrecía instrucción profesional por seis pesos mensuales, se podía hacer carrera como taquígrafo o mecanógrafo, el método de enseñanza más moderno era el audiovisual (“como si estuviera en el cine”) y se invitaba a los adultos a adquirir abonos para que sus hijos viajaran en tranvía a la escuela o para que les compraran una bicicleta.

El regreso a clases en la primera mitad del siglo XX

Desde 1925 —el año de su fundación—, el Diario ha dado cuenta de las características de la educación de cada época, no solamente con artículos periodísticos sino también con la publicidad de sus anunciantes: centros académicos, papelerías, tiendas de ropa, zapaterías, fabricantes de alimentos...

Son precisamente los anuncios los que recrean el paisaje educativo en la primera mitad del siglo XX, cuando ya existían instituciones que perduran hasta nuestros días, entre ellas la Universidad Nacional del Sureste (después Autónoma de Yucatán), la Escuela Normal de Profesores y la Escuela Modelo. En los avisos publicados entre los años 20 y 50 se descubre, además de una parte de la oferta de enseñanza para los yucatecos de la época, claves de su estilo de vida.


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“¿Quiere usted ser un competente oficinista? Ingrese a los cursos prácticos de taquigrafía Pitman, mecanografía al tacto, inglés, correspondencia en español e inglés, gramática práctica, aritmética mercantil y teneduría de libros”, rezaba una publicidad de la Academia Comercial de F. Escalante Sosa del 2 de septiembre de 1928.

“La enseñanza de dichos ramos está a cargo de profesores titulados y experimentados. Los alumnos preparados y recomendados por esta academia a la protección del gremio comercial serán una garantía por su eficiencia”, añadía.

Las opciones de preparación comercial abundaban por esos años. De eso dan fe las invitaciones aparecidas en este periódico para inscribirse en la Academia “Marden” del profesor Manuel Domínguez Zubieta, donde se enseñaba contabilidad, mecanografía, cálculo mercantil, taquigrafía, inglés, gramática y correspondencia, por los que cobraban seis pesos al mes.

También, en la Academia Práctica Comercial de Rafael Salazar Trejo, fundada en 1916 frente al parque de San Juan; la “Underwood”, en Santa Ana; la Comercial Práctica, “colegio mercantil para jóvenes y señoritas” que prometía un número limitado de alumnos, cuotas módicas y enseñanza eficiente, y la de Ramón Solís Navarrete, con cursos de contabilidad para jóvenes y señoritas “no mixtos” que duraban “¡cuatro meses!” y que era “el único en su forma especial de enseñanza, siempre activa y positiva en tan breve tiempo”.

El inicio de clases era aprovechado por otros negocios para despertar el interés de los lectores en sus servicios y productos. La Emulsión de Scott, por ejemplo, aseguraba en un anuncio de 1925 ambientado en un salón que “de cada cinco niños, cuatro toman” el complemento “y su evidente robustez es la mejor comprobación de que para los niños no hay nada que ni apenas se le acerque en elementos fortalecientes”.

Seguros en tranvía

En 1928, una publicidad de la Compañía de Tranvías de Mérida recomendaba a adultos que, “para evitar las desgracias que a diario ocurren, procure que sus hijos ocupen los carros” de la empresa camino al colegio.

“Usando nuestros carros-motores llegarán sus niños con toda puntualidad a la escuela y usted descansará de todo cuidado, en la seguridad de que, al ir y venir del colegio, estarán constantemente vigilados por nuestros empleados, quienes ya tienen instrucciones especiales para atenderlos con esmero”. El abono de 10 pasajes costaba cincuenta centavos.

Una década después había aumentado el número de escuelas comerciales y de primaria y secundaria que a través de las páginas del Diario invitaban a integrarse a sus planteles.

El Colegio Particular Incorporado “José D. Patrón Peniche”, de la profesora Eloísa Patrón de Rosado ofrecía instrucción de “kindergarten, primaria y secundaria” a alumnos externos, medio internos e internos. Niveles similares de instrucción proponían el Colegio Particular “Monsreal Campos”, con “precios módicos”; el Instituto “Alcalá y Alcalá”, que garantizaba “personal eficiente”, y el Colegio Particular Incorporado de la profesora María González Palma de Ávila, donde “al frente de cada grupo de la primaria y superior están maestros normalistas de reconocida competencia y en la secundaria, especialistas en las materias”.


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Con grupos de primaria y secundaria, la Escuela Modelo, bajo el lema “Para sí, para todos”, se abría a alumnos externos, medio internos e internos, al igual que la Escuela Nueva Ariel, donde “no cobramos agosto” y “forjamos ciudadanos” con “disciplina, estudio, deporte”.

Un anuncio de la escuela Modelo en 1925.

Solamente con nivel primaria, las puertas estaban abiertas en el colegio “Urbina Castellanos”, que ofrecía un curso especial de repostería y cocina, y el particular de Evelia Torre Ayora.

Los años 30

En los años 30 la compañía de seguros La Nacional recordaba a los adultos que “una buena educación es el patrimonio ideal que todo padre espera dejar a sus hijos” y ellos podían asegurarla con la adquisición de la póliza Dotal de Educación.

La década de 1940

En la década de 1940 el Banco Familiar de Ahorros del Sureste sumaba un instrumento a las opciones de los padres para garantizar la preparación de sus descendientes. “Ahora que comienzo a estudiar mi padre ha puesto un título familiar a mi nombre. Cuando termine el bachillerato habrá dinero para que estudie una carrera. ¡Mi porvenir está asegurado!”, decía su publicidad de 1943.

Un anuncio de 1943.

Librerías y papelerías como La Literaria, Dipay y El Escritorio satisfacían necesidades más inmediatas: las de libros de textos, útiles escolares como portacredenciales, estilógrafos, estuches de geometría y plumafuentes.

Con la publicación de fotografías de sus graduados, la “Marden” compartía los logros de sus estudiantes y de la propia institución como formadora de profesionales. Lo dejaba claro también en sus anuncios de esos años: “Mejore su eficiencia personal si quiere aumentar sus ingresos. Escuela comercial, administrativa y bancaria, incorporada a la Universidad de Yucatán, le ayudará eficazmente a conseguirlo, como lo han conseguido cientos de sus ex alumnos aprovechados”.

Un anuncio de la escuela Marden en 1939.
Un anuncio de 1948.

Horario nocturno

En esa época, la Escuela Mercantil de Héctor Poveda López, pensando en “jóvenes y señoritas que trabajan de día”, ofrecía un curso nocturno de contador, que “por su sencillez no necesita muchas horas de estudio, sin que por esto deje de constituir una enseñanza completa”.

La Academia Universal no se conformaba con impartir clases de contador público y privado, funcionario bancario, secretario taquígrafo, secretario auxiliar, taquimecanógrafo, tenedor de libros y radiotécnico, sino que también ofrecía “deportes, muchos deportes” y un curso de moral y educación social.

Para ese momento, la escuela de la profesora Eloísa Patrón había añadido la preparatoria a su currícula. Lo explicaba: “Este colegio está debidamente incorporado a la Secretaría de Educación Pública, siendo los tres años de secundaria equivalentes a los tres primeros de preparatoria y el desarrollo de los programas y forma de exámenes continúa como en años anteriores. El cuarto y quinto años de preparatoria están incorporados a la Universidad de Yucatán”.

Con el avance de esa década, algunos planteles se volvieron más persuasivos en sus anuncios. La Academia Comercial Pittman de Raúl Poveda López aseguraba en 1945 que “¡hay muchas academias comerciales! pero solo una especializada en preparar exclusivamente competentes secretarias corresponsales”. En esa institución “nosotros le ponemos en sus manos un título; nosotros le garantizamos un empleo en el comercio”.

La Escuela Mercantil Hepolo motivaba a ocupar “puestos de importancia, bien retribuidos, en la banca, el comercio y la industria; nosotros le enseñamos pronto y bien; moralidad, orden y estudio; además, nuestro equipo de enseñanza es totalmente moderno”. 


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La Academia Inglesa , English Academy de los profesores Ramírez recordaba en 1946 que “ahora es de gran utilidad aprender correctamente el inglés, porque diariamente aumentan las oportunidades de trabajo bien remunerado en grandes empresas norteamericanas (aviación, turismo, etc)”. A docentes competentes y número limitado de alumnos añadía como atractivo los “últimos modismos americanos”.

A su vez, la Escuela Bancaria y Comercial de México se mostraba comprensiva con la necesidad de horarios flexibles por los alumnos al exhortar a seguir estudios comerciales y financieros desde casa, “en sus momentos libres, donde sea que se encuentre”, con programas por correspondencia de contador privado y funcionario bancario.

Un anuncio "para colegiales" de 1945.

1950: Una portátil...

Los avances tecnológicos se reflejaron con el paso del tiempo en los métodos y las herramientas de enseñanza. La distribuidora de Remington Rand en Yucatán proponía en 1957 a padres de familia dar a sus hijos “la portátil que usted siempre soñó”. No se refería a una laptop, sino una máquina de escribir. “Se ha comprobado que los estudiantes mecanógrafos logran mejores notas, aprenden a redactar con más rapidez y tienen mejor ortografía. Tenga presente: cualquiera sea la profesión que su hijo siga en el futuro, estará mejor preparado para ella si sabe escribir a máquina”.

Anuncia de la escuela Hepolo en 1958.

Un año después, la Academia de Estudios Contables de Mérida hacía énfasis en su condición de “única escuela comercial en el Sureste que cuenta con equipo de enseñanza audiovisual, método que ha causado sensación en Estados Unidos y en México, a través de muchos años, por sus resultados asombrosos”.

Anuncio de 1958.

“Aprenda sin esfuerzo por medio de este maravilloso sistema, con proyecciones cinematográficas que le hacen su aprendizaje fácil, sencillo, ameno y práctico. Usted se acomoda en su asiento como si estuviera en el cine y aprende sin darse cuenta en el curso de su clase. Usted olvida lo que oye, pero casi nunca olvida lo que ve”, explicaba.

Para ir a la escuela, Motorrefacciones del Sureste de Galo A. Muñoz recomendaba un medio de transporte antiguo pero siempre vigente: la bicicleta. “A la escuela con bicicletas Windsor, Oxford, Bufalo, Alba, Basa, GMC. Esmaltadas en primorosos colores”, decía su publicidad.

Un anuncio de 1958.
Un anuncio de 1955.

El regreso a clases en Yucatán en los años 60 y 70

Los años 60 fue una época de transformación en el mundo y en el Estado vio nacer al Instituto Tecnológico de Mérida (1962). Para los 70 era evidente un cambio en las tendencias educativas en Yucatán. Fue en esta década que la Escuela Técnica de Publicidad invitaba a inscribirse “en la carrera más productiva” y el Centro de Adiestramiento para la Industria Hotelera del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos impartía gratuitamente cursos de hotelería (recepcionista, operadora, portero, botones) y “gastronómica” (ayudantes de bar, comedor y cocina) porque “la industria hotelera y gastronómica requiere personal especializado”.

Así se promocionaba el material escolar en 1975.

Por su parte, el Centro de Procesamiento Industrial y Computacional, dirigido por Víctor Hernández y Eddie Salazar Gamboa, convocaba en 1975 a quien deseaba ser “una persona de actualidad acorde con la época, con los conocimientos más recientes del mundo y el futuro más brillante” a que se inscribiera para estudiar “algo único en todo el Sureste: técnico en procesamiento de datos, programador de computadoras, analista de sistemas computacionales, analista industrial”.

“En la actualidad”, subrayaba, “personas con estos conocimientos tienen una demanda grandísima y sueldos fabulosos”.

El regreso a clases en 1977.

Los anuncios en los 80

Ya en los 80, la informática ampliaba su popularidad como campo profesional y el INDEC daba “cursos interactivos por computadora en nuestro laboratorio formado por cinco equipos TRS-80 de RadioShack”.

El interesado “solo tiene que haber terminado sus estudios secundarios y aprobar un examen de aptitud”; en un año “te prepararemos como programador de computadoras y te ayudaremos a iniciar tu carrera como profesional a través de nuestra bolsa de trabajo”.

Desde entonces la oferta educativa en el Estado ha mantenido la tendencia a ampliarse y diversificarse, aun cuando el hecho de ir a clases también ha afrontado desafíos. En 1988, por ejemplo, a una semana del inicio del ciclo escolar la entidad fue golpeada por “Gilberto”, el “huracán del siglo”, que después de obligar a suspender las clases impuso un retorno paulatino a las actividades.

Un anuncio de 1980

Una nueva realidad

Y este año la pandemia mantiene a profesores y estudiantes en casa, atentos a las lecciones por televisión o computadora, en una historia más para contar a las generaciones del futuro.

Regreso a clases en 2020: Foto de Adriana Carrillo Alemán


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