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Bando Solemne para anunciar al futuro presidente, tradición que se heredó de la Colonia

Triunfo a voz en cuello

Si alguien habla de Bando Solemne es probable que a la mente lleguen imágenes de carnavales y discursos de sus reyes.

Pero hay un Bando Solemne, muy serio, muy oficial, que se lee cada seis años y tiene impacto en el devenir económico y social de todo México, lo que no impedía que hasta la década de 1970 se divulgara con el espíritu festivo de una carnestolenda.

Es aquél que, en apego al artículo 74 de la Constitución, expide la Cámara de Diputados para dar a conocer en el país entero la declaración de presidente electo hecha por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

El mandato obliga a que la notificación, que se lee en el Congreso de la Unión y los estatales, se publique en el Diario Oficial de la Federación y en los periódicos oficiales de cada entidad, y se fije en las principales oficinas públicas. Pero tiempo atrás había también la costumbre de pregonarlo por las calles, lo que en Mérida se hacía con el acompañamiento de bandas de música y de guerra, y lecturas en los parques y esquinas que quedaban en el derrotero.

Las proclamaciones en la vía pública del Bando Solemne de presidente electo (también se realizaban con el ganador de las votaciones para gobernador) fueron una constante hasta hace medio siglo, cuando el triunfo de Luis Echeverría Álvarez fue anunciado desde una tribuna en el centro de la Plaza Grande por el titular del Ejecutivo, Carlos Loret de Mola Mediz.

Bando Solemne declarando al presidente Luis Echeverría Álvarez.

La ceremonia, de menos de 30 minutos de duración —según la crónica del Diario—, contrastó con el despliegue de funcionarios, magistrados, estudiantes, charros y representantes del Ejército y organizaciones obreras que un sexenio antes formaron la columna que, en automóviles y calesas, recorrió las calles del Centro para dar a conocer el triunfo de Gustavo Díaz Ordaz.

Bando Solemne declarando presidente a Gustavo Díaz Ordaz.

Raíces de la Edad Media

Esa tradición, que hace 50 años se cumplió en esta ciudad por última vez y que todavía se conserva en algunos municipios de la República, tiene sus raíces en una práctica de la Edad Media en Europa, en la que la mayoría de la población era analfabeta y la única forma de enterarse de las órdenes de las autoridades era que alguien las pregonara, según explica la historiadora Laura Patricia Mancilla Suro en “El Bando Solemne en Morelia” (2015), publicación del Ayuntamiento de Morelia y el Archivo General, Histórico y Museo de esa ciudad.

Esta estrategia llegó a América con los colonizadores españoles, que recurrieron al pregón para difundir órdenes dirigidas a la población en general, además de la colocación de los bandos (documentos escritos) en sitios específicos.

“Cuando se trataba de una instrucción que requería más importancia de lo normal”, añade Mancilla Suro, “se realizaba con mayor solemnidad y el bando tenía todo un recorrido específico para hacerlo público, éste se hacía acompañado de las principales autoridades junto con el paseo de un pendón que tenía visible el escudo de la corona española y por supuesto música o tamborileos que intentaban que ningún habitante de la ciudad no se enterara”.

La historiadora afirma que con el avance de los siglos el bando se transformó en un ordenamiento particular de los municipios y, alejado de su herencia colonial, llegó a tener un uso político y cívico hasta reducirse a ser leyes emanadas de los ayuntamientos y anuncios de gobernador y presidente electos.

Ya era “inoperante”

Para Gonzalo Navarrete Muñoz, cronista de Mérida, la desaparición de los pregones del Bando Solemne presidencial en esta ciudad se explica porque la práctica “ya era completamente inoperante” en tiempos en que la comunicación de las noticias ganaba velocidad y variedad en los formatos.

Considera que en la decisión también pudo influir el deseo de evitar enfrentamientos, ante la probabilidad de que la proclamación se tomara como provocación contra grupos opositores al ganador.

Este potencial lo confirman incidentes como el ocurrido en Campeche el 13 de septiembre de 1997, cuando el gobernador de ese estado, Jorge Salomón Azar García, recorrió con autoridades legislativas y judiciales, además de 300 militantes del PRI, una calle del centro de la ciudad capital para colocar en dos edificios las copias del bando que declaraba como nuevo titular del Ejecutivo a José Antonio González Curi.

De acuerdo con el reporte del Diario sobre los hechos, los participantes en la caminata, que se efectuó bajo la vigilancia de agentes antimotines provistos de macanas, fueron confrontados por los simpatizantes de Layda Sansores San Román, candidata del PRD, que no aceptaban el resultado del proceso.

Navarrete Muñoz recuerda que los bandos tenían “una entrada muy augusta” y eran “una de las costumbres coloniales que prevalecieron”. Una reminiscencia de ellos son las proclamas de los soberanos del Carnaval al iniciarse las celebraciones.

“Había lugares específicos para leerlo: la Catedral, las Casas Consistoriales (el Ayuntamiento), la Casa de Gobierno, la Tesorería Real...”, precisa el cronista, que agrega que en ocasiones se incluían los atrios de las principales iglesias y esquinas de calles.

El último pregón de un presidente electo en esta ciudad lo encabezó el gobernador Loret de Mola el 26 de septiembre de 1970, en la Plaza Grande. Hasta entonces, las proclamaciones estuvieron a cargo de funcionarios municipales.

En un año en que era alcalde Víctor Manuel Correa Rachó, primer presidente municipal emanado del PAN, la lectura del bando por el titular del Ejecutivo fue una demostración del “absoluto poder que quería ejercer el gobernador”, en opinión de Navarrete Muñoz.

“Ése fue uno de los golpes al Ayuntamiento”, asegura.

“Loret dijo: ‘Aquí yo grito que Echeverría fue el ganador’”.

Contingentes

Para Pascual Ortiz Rubio, las Ligas de Resistencia y una sección de la caballería del Estado; para Lázaro Cárdenas, una compañía de infantería y la banda de guerra del 42o. batallón; para Manuel Ávila Camacho, motociclistas del Departamento de Tránsito.

Bando Solemne declarando a Manuel Ávila Camacho.

Cuando se trató de Miguel Alemán Valdés salió un automóvil de sonido y un vehículo militar en el que viajaron autoridades del municipio, el Estado y el Ejército; de Adolfo Ruiz Cortines, un camión descubierto habilitado como presidium; de Adolfo López Mateos, una larga fila de automóviles ocupados por funcionarios y representantes de organizaciones, y de Gustavo Díaz Ordaz, un contingente en el que participaron el moto-club y la banda de tambores y cornetas del Instituto Tecnológico de Mérida, la Asociación de Charros de Yucatán y jóvenes que iban vestidas con el traje regional.

Bando Solemne declarando al presidente Miguel Alemán Valdés.

A Luis Echeverría Álvarez se le dedicó una sencilla lectura vigilada por soldados.

En Mérida, la tradición de pregonar el Bando Solemne que declara electo a un nuevo presidente del país experimentó con el paso de los sexenios cambios que se notaron en el perfil de los invitados, los medios de traslado y la ruta a seguir.

Hasta 1964 las lecturas públicas del mandato corrieron a cargo de funcionarios municipales: el alcalde o el secretario del Ayuntamiento. En 1970, cuando la ciudad tenía una administración emanada de la oposición, fue el gobernador quien asumió esa tarea.

Por lo general la proclamación comenzaba frente al Palacio Municipal y se extendía por calles del Centro, donde el contingente hacía varias escalas para que el Bando Solemne se leyera en cada una de ellas. El 8 de diciembre de 1929, cuando se notificó el triunfo de Pascual Ortiz Rubio, bandas de música y guerra interpretaron “escogidas piezas y alegres marchas” —en palabras del reportero de Diario de Yucatán— a lo largo del trayecto, en el que tomaron parte motociclistas del Departamento de Tráfico, una sección de caballería del Estado y autos en los que viajaron, entre otras personas, el alcalde José María Medina Ayora, el oficial mayor de Gobierno, diputados, representantes de la Ligas de Resistencia, regidores, empleados municipales y policías.

Funcionarios federales, estatales y municipales, y militares integraron el contingente de la lectura pública del Bando Solemne que reconoció como presidente electo a Lázaro Cárdenas, en 1934. De acuerdo con la crónica de este periódico, la tradición se cumplió el 22 de noviembre, apenas unos días antes de la toma de posesión.

El derrotero, en el que intervinieron las bandas de tambores y cornetas del Cuerpo de Seguridad Pública y municipal, abarcó calles que iban del parque de San Juan al de Santiago, Santa Ana y Mejorada, donde finalmente se disolvió.

Seguridad Pública volvió a tener presencia, esta vez con su banda de música, cuando el 28 de septiembre de 1940 se proclamó mandatario electo a Ávila Camacho. A diferencia de lo acostumbrado, el desfile salió de la entrada del Paseo de Montejo y finalizó, dos horas después, frente a la sede de la Comuna.

Con magnavoces

El Palacio Municipal volvió a ser el punto de partida en el pregón del triunfo de Alemán Valdés, el 22 de septiembre de 1946, cuando la columna incluyó a agentes de tránsito, la Policía Federal de Caminos y Seguridad Pública del Estado; oficiales del Ejército, banda de guerra y contingente motorizado de la Unión de Camioneros, Banda de Música del Estado, “un automóvil de sonido con equipo de magnavoces”, un transporte militar con autoridades estatales y municipales, y “jeeps, camiones y automóviles” en los que viajaron varios funcionarios.

La crónica del Diario señala que “la difusión se hizo por medio de magnavoces” y que “después de cada lectura se tocaba el himno nacional y las bandas de guerra, marcha de honor”.

El 22 de septiembre de 1952, la columna que llevaba el anuncio de Ruiz Cortines como nuevo presidente tuvo su primera escala en la plaza de San Juan, de donde tomó rumbo para “las demás de la ciudad, en cada una de las cuales se dio lectura al decreto correspondiente”.

Una “larga fila de automóviles ocupados por autoridades civiles y militares y representantes de distintas organizaciones” proclamó el 14 de septiembre de 1958 la elección de Adolfo López Mateos. En el derrotero intervinieron asimismo motociclistas de la Policía Municipal, una sección de ametralladoristas y morteros, un carro con equipo de sonido, bandas de guerra y la Banda de Música del Estado.

Bando Solemne para declarar presidente a Adolfo López Mateos.

En honor de Gustavo Díaz Ordaz, el 13 de septiembre de 1964 se realizó incluso un festival popular en el Centenario. Antes se proclamó el Bando Solemne con la participación, además de funcionarios, de una descubierta del moto-club y la banda de tambores y cornetas del Tecnológico de Mérida, dirigentes de organizaciones de trabajadores, jóvenes vestidas con el traje regional, integrantes de la Asociación de Charros de Yucatán y “larga fila de coches calesas”.

La tradición se cumplió por última ocasión el 26 de septiembre de 1970, cuando el gobernador Carlos Loret de Mola declaró vencedor de las elecciones a Luis Echeverría Álvarez.

El acto se llevó al cabo en medio de un operativo policial que, como informó el Diario en su momento, impidió el tránsito de vehículos alrededor de la Plaza Grande, donde se colocó la tribuna para la lectura.

Se formaron vallas de agentes armados entre el centro del parque hasta el Palacio Municipal y de ahí al billar “El Centro Cubano” (en cuya fachada se colocó una copia del decreto), y de soldados “con fusiles con bayoneta calada” desde la plaza hasta el Palacio de Gobierno.

La ceremonia duró menos de media hora y fue atestiguada por unas 1,500 personas, “en su mayoría profesores y miembros de sindicatos y las empresas camioneras”.— Valentina Boeta Madera

Bando

La palabra proviene del verbo bandir y ésta, a su vez, del vocablo visigodo “bandwajan”, que significa pregonar o hacer público algo.

Archivo General

El Archivo General del Estado, que dirige Paloma Angulo Suárez, resguarda una circular del 9 de octubre de 1924 dirigida a jefes y empleados de las oficinas dependientes del Poder Ejecutivo de Yucatán para solicitar su presencia en el Bando Solemne que declararía a Plutarco Elías Calles ganador de las elecciones presidenciales.

El acto se efectuaría al día siguiente, a las 8 a.m., saliendo del Palacio Municipal.

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