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Conoce las bases científicas para alcanzar el éxito

Todos nos hemos preguntado dónde está la clave del éxito: ¿es cuestión de esfuerzo?, ¿de talento?, ¿preparación?, ¿perseverancia?, ¿suerte? ¿Una aleación de estos elementos? Sin duda este es uno de los enigmas más antiguos y discutidos.

Aunque contamos con varias pistas, no tenemos las suficientes para revelar el misterio del por qué algunas personas son más reconocidas que otras de igual o mayor capacidad o qué hace sobresalir a un artista –un pintor, un músico, un literato- por encima de los demás.

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Pues bien, el físico rumano Albert-Lászlo Barabási asegura que logró encontrar, después de años de arduo trabajo de investigación, que el éxito está regido por unas Leyes “que han gobernado nuestras vidas y carreras de modo tan inmutable como la gravedad y sin embargo hasta hace muy poco ni siquiera sabíamos que existían”.

¿Se puede predecir?

Lo interesante es que Barabási, profesor de la Universidad de Northeastern en Boston, analiza el éxito como un problema matemático que los expertos en computación pueden predecir utilizando la investigación cuantitativa.

En busca de algo así como una fórmula del éxito, el investigador rumano se abocó con su equipo al análisis estadístico de grandes volúmenes de datos extraídos de infinidad de fuentes, entre ellas las publicaciones de 10,000 científicos de siete disciplinas diferentes y las carreras de casi medio millón de artistas que de 1980 a 2016 expusieron su obra en más de 12,000 galerías de todo el mundo.

Con los resultados de este enorme esfuerzo de investigación, Barabási escribió “La fórmula: Las reglas universales del éxito”, libro en el que comparte cinco claves para conseguir llegar a la cima.

De las conclusiones que contiene el libro -unas que parecen obvias, pero otras verdaderamente inesperadas-, tal vez la más importante sea: “Si quieres lograr el éxito, además de ser muy bueno en lo que haces, también debes estar bien relacionado”.

Algo que ya sabíamos, sí, pero que ahora es demostrado con estadísticas por un estudio científico.

La ciencia del éxito

Con un estilo didáctico y utilizando multitud de situaciones comunes, cotidianas, el investigador afirma que “tu éxito no depende de ti, sino de los demás”.

Es decir, define, el éxito son “las recompensas que nos otorgan las comunidades a las que pertenecemos”.

Esto explica por qué a veces trabajamos mucho pero no encontramos una verdadera retribución a ese rendimiento.

“El problema está en que el esfuerzo lo pones tú, pero el reconocimiento lo dan los demás”, sentencia Barabási, quien en sus investigaciones incluyó el seguimiento de las carreras no sólo de personas que consiguieron alcanzar la cumbre, sino también de aquellas que se quedaron por el camino.

Necesidad de un grupo

Las Leyes del Éxito revelan también “por qué el tipo que destaca en un proceso de selección de personal, pero que a menudo no está al día, acaba convirtiéndose en nuestro jefe.

Muestran por qué arriesgarse con un competidor que lleva las de ganar puede tener un gran impacto”.

“Pueden, incluso, enseñarnos por qué una canción muy mala se convierte sorprendentemente en un éxito”, sentencia el profesor.

Y retoma la antigua pregunta filosófica: “Si un árbol se cae en el bosque y no hay nadie para oírlo ¿hace ruido?”, para preguntar a su vez “¿puede existir el éxito sin la comunidad?”.

Y su conclusión es clara: no existe el éxito sin un grupo que te lo dé, pero hay diferencia entre tener éxito y tener fama. El primero es a largo plazo, mientras que la segunda puede resultar efímera.

Las cinco Leyes del Éxito acuñadas por Barabási en este libro son:

1. El rendimiento impulsa el éxito, pero cuando el rendimiento no se puede medir, las redes de relaciones impulsan el éxito.

En el tenis competitivo, los mejores ganan al mostrar superioridad, su éxito se basa en la actuación. Pero en muchos otros casos es difícil medir esa actuación.

Y cuándo no tenemos una forma precisa de distinguir a los buenos de los malos, es la red de contactos el elemento clave: como en el caso de los pintores, como no es posible medir si una obra de arte es mejor que otra, el éxito depende de las redes profesionales que dotan de significado a la obra y fijan su valor. La dimensión social del éxito incide en la calidad percibida de la obra.

Esto, señala el autor, conduce a resultados muy fluctuantes que no tienen nada que ver con la calidad.

El éxito es ilimitado

2. La habilidad y el rendimiento son limitados, pero el éxito no tiene límites.

¿Cómo decidir cuando no podemos medir la excelencia de un producto?

En un experimento, los investigadores hicieron que los jueces de un concurso de vinos testaran a ciegas el mismo vino tres veces, entre otras botellas. Los expertos pusieron diferente puntaje a los mismos vinos.

Para Barabási, los catadores de vino no fallan porque carezcan de experiencia, preparación o minuciosidad, sino porque los vinos que están analizando son excelentes y sus diferencias entre sí son sutiles, difíciles de percibir.

Sin embargo, los vinos con mayor nota alcanzan un éxito ilimitado en el mercado y aumentan su precio de modo significativo.

Barabási señala que si bien algunos profesionales alcanzan el estrellato, en términos de desempeño no son outliers (fuera de serie).

“Los procesos de evaluación de tu éxito no dependen sólo de tu actuación, sino del valor que te dé la gente denominada ‘experta’ en esa materia”, señala.

“Por tanto, existe una relación desproporcionada entre la actuación y el éxito. No por trabajar más vas a obtener un mayor éxito”, indica el investigador.

Un "apego preferencial"

3. Éxito anterior x buen estado físico = éxito futuro.

Somos seres influenciables, y, como dice el refrán, “cría fama y échate a dormir”. Todos sabemos aquellos dichos de que “el éxito genera éxito” o que “dinero llama dinero”.

Barabási llama a ese efecto “el apego preferencial”, que nos dice que los ricos se hacen más ricos, que la fama genera fama y que nadie tiene tanto éxito como el éxito. Un artista premiado aumenta la posibilidad de volver a ser premiado.

Si al apego preferencial le agregamos esfuerzo y aptitud, entonces el futuro triunfo está garantizado. Para Barabási, “cuando la aptitud y la influencia social trabajan en equipo el éxito no tiene fronteras”.

El autor cuenta un ejemplo que sucedió en una escuela de San Francisco: se les dijo a los maestros que unos alumnos con calificaciones normales habían sobresalido en una prueba (aunque no fuera cierto).

Los profesores los alentaron y, finalmente, cuando estos alumnos elegidos al azar tuvieron que realizar otra prueba, sacaron los resultados que se esperaba de ellos.

Fenómeno social

4. Si bien el éxito de un equipo requiere diversidad y equilibrio, una sola persona recibirá crédito por los logros del grupo.

La mayoría de los investigadores trabaja hoy en grandes equipos, pero el Premio Nobel solo se concede a tres personas. ¿Quiénes lo ganan? Los científicos de cierto renombre… y que no son mujeres. El sexismo entra también en esta ley.

Un ejemplo: las posibilidades de una mujer de hacerse con una cátedra en Ciencias Económicas son la mitad de las que tiene un hombre con igual cualificación. Y cuantos más trabajos publique una economista con colegas masculinos, más se reducen sus posibilidades de conseguir el puesto… el mérito se les atribuye a ellos.

“El crédito se basa en la percepción y es un fenómeno social colectivo. Los equipos efectivos requieren absolutamente la diversidad, pero la sociedad distingue a individuos solitarios para los elogios”.

Un buen consejo es: si tienes ambición profesional, en las fases iniciales de construcción de tu carrera es muy bueno “abrazarte” a un líder, para aprender de él y mejorar tus redes de relaciones. Pero en una fase más avanzada de tu carrera debes procurar ser el líder.

"Falla" de Einstein

5. El éxito puede llegar en cualquier momento.

Este es sin duda una de las conclusiones del trabajo de Barabási más alentadoras y menos obvias: la creatividad post-65. “Las ideas brillantes –afirma el autor- no entienden de fecha de caducidad”.

Einstein decía que “en el mundo de la ciencia, el que no ha hecho nada grande a los 30 años ya no lo hará”. Pero el análisis de las carreras y publicaciones de más de 2,800 físicos mostró que por esta vez el célebre físico no estuvo acertado.

Muchos de los científicos investigados hicieron sus hallazgos principales pasados los 50 años y en el caso de algunos, sus grandes éxitos no llegaron hasta los 70.

Barabási pone como ejemplo el caso del químico John B. Fenn, a quien la Universidad de Harvard jubiló cuando cumplió 70 años. Pero siguió trabajando incansablemente y, pocos años más tarde, sus análisis estructurales de macromoléculas dieron sus frutos. Le concedieron el Premio Nobel en 2002. Para entonces tenía 85 años.

Puede llegar tarde

Incluso entre los emprendedores de Silicon Valley, lugar que para muchos encarna la quintaesencia del culto a la juventud, abundan los casos de éxito tardío.

Barabási cita estudios que muestran que la mayoría de los creadores de start-ups en realidad tiene más de 40 años. Y, si se filtra a los emprendedores que han conseguido triunfar económicamente, se ve que muchos ya tienen más de 50.

Nos encontraremos con el factor Q, que permite reducir la innovación a una ecuación. La quinta ley nos dice que “mientras el éxito se derrite como un copo de nieve, la creatividad no tiene fecha de vencimiento”.

Fórmula para predecirlo

De esta ley surge la fórmula para predecir el éxito, según Barabási:
S (éxito) = Q (capacidad) x r (valor de la idea).

De tal forma que S depende de la capacidad personal para aprovechar una idea y convertirla en algo útil y de valor. Mucho Q pero con ideas de poca r determinan un limitado éxito. Igualmente, una gran idea de enorme r no es aprovechada por una persona con limitado factor Q.

En conclusión, para Barabási: “Las leyes que rigen el éxito son las que diferencian a los libros más vendidos de los libros de saldo, a los millonarios de los arruinados".

"Ilustran lo defectuosas que son las reglas de las competiciones, puesto que en muchas de ellos el ganador se decide al azar".

"Nos demuestran que, con frecuencia, los 'expertos' -los profesionales que valoran el vino, las actuaciones de música clásica o los patinadores artísticos, u otro tipo de jueces- no están más capacitados que cualquiera de nosotros para determinar la calidad de las cosas”.

Para el investigador rumano el éxito es, en definitiva, el resultado de la relación entre el talento y la ambición del individuo, la adecuación y el valor de la idea o producto, la persistencia y la influencia social.

Y para entender las leyes que dominan esta compleja interrelación, nada mejor que leer “La Fórmula” (se puede comprar en Gandhi o Amazon).

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