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De la Hoya: el peleador, como persona, importa mucho en el boxeo

Los inicios del “Golden Boy” como amateur

El reportero, desde su teléfono, enseña a Óscar de la Hoya una foto de aquella primera visita que hizo a Mérida, a invitación de su mentor, “Cholaín” Rivero. Aparece el que estaba convirtiéndose en una luminaria del boxeo firmándole un autógrafo.

“¿Es de la primera vez que vine?”, pregunta, y escucha una respuesta afirmativa.

Ha pasado un cuarto de siglo desde entonces. Óscar de la Hoya, hoy en día, es uno de los hombres más importantes del boxeo universal. La diferencia, es que ahora lo es desde fuera del ring, como un rico y multifacético hombre de negocios.


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Óscar dejó varios mensajes en su visita reciente a Mérida. Desde su emoción por ver a su maestro Jesús “Cholaín” Rivero y su punto de vista sobre la situación actual del boxeo, como uno de los promotores más exitosos de la historia, pero siempre resaltando el intento de llevar a cabo las lecciones aprendidas y ponerlas en práctica en la búsqueda de nuevos talentos para Golden Boy Promotions.

“Yo más que hacer boxeadores, que puede ser mi objetivo como empresario que arriesga dinero, prefiero que los boxeadores sepan lo que quieren hacer”, cuenta en una charla con el Diario el “Golden Boy”. Y sus comentarios tienen base: él comenzó desde cero antes de llegar a la medalla de oro olímpica, y vio a muchas promesas  caer y no levantarse.

Nadie pone en tela de duda que fue, en sus años de boxeador, uno de los más grandes de entonces. Y destaca que eso en gran parte se lo debe a los dos años que vivió entrenando y aprendiendo de todo lo que le platicaba Jesús Rivero Gamboa.

Y tampoco está en tela de duda que, desde su empresa, se convirtió en uno de los promotores más importantes de los últimos años.

Foto de archivo. Óscar de la Hoya (derecha) firma un auotógrafo para Gaspar Silveira Malaver, reportero del Diario, hace 26 años
Óscar de la Hoya (derecha), durante su visita reciente a la casa de su mentor “Cholaín” Rivero (al centro) en Mérida, acompañados de Gaspar Silveira Malaver, reportero del Diario, 26 años después

Nace el “Golden Boy”

Hoy, hay una fusión de ambos en el actual apoderado y empresario. De cuando todo comenzó como el hijo de un boxeador amateur y una cantante, peleando amateur en Los Ángeles y otros condados de California, hasta tocar el cielo con los puños por primera vez al ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1992. Fue la primera gran parada del que, años después, llegaría a ser multicampeón del mundo en diversas categorías y organismos.

Óscar de la Hoya
El 8 de agosto de 1992 Óscar de la Hoya se hizo con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, venciendo al alemán Marco Rudolph. Celebró con una bandera estadounidense y una mexicana

Allí, en 1992, tras imponerse en la final de peso ligero al alemán Marco Rudolph en el "Pavelló Club Joventud" de Cataluña, nació el “Golden Boy”. Representante de Estados Unidos, cuando subió al podio a recibir la presea dorada, agitó una banderita mexicana. Y es que, como dice en su visita a Mérida, “siempre seré un orgulloso mexicano”. Lo reiteró años después cuando recibió la constancia de nacionalidad mexicana, la número 200 mil entregada en la historia del consulado mexicano en Los Ángeles.

La suya es una historia que bien valdría la pena llevar a la pantalla o tener en un libro. Porque no se trata solo de lo bueno que ha cosechado con una carrera de esfuerzos y de tumbos, sino por las enseñanzas que puedan dejar a las nuevas generaciones circunstancias como la suya.


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Dos años antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, su madre, la estadounidense Cecilia de la Hoya, falleció de cáncer. Su padre, Joel de la Hoya, nacido en Durango y en Estados Unidos desde los 15 años, fue boxeador amatur, así que el joven Óscar creció entre gimnasios. Y tenía que ser boxeador.

Menú de campeones

“Pero muchas de las cosas que hoy hago fueron por tantas cosas que viví y aprendí. Eso nunca se deja de hacer: aprender. El día que pienses que se acabó eso, puedes irte abajo”, dice, y mira a ver a Pepe Gómez, promotor de Cancún Boxing que le acompañaba durante una reunión en la hacienda Tepich Carrillo, donde degustó, con plato limpio, un escabeche oriental del que pidió santo y seña, además de tacos de cochinita y, antes, dzikilpac y papa “de cantina” con tostadas, preparado todo por la familia de los abogados Rafael Ramos Vázquez y Rafael Ramos Delgado. El chile habanero no pudo faltar.

Óscar de la Hoya, con los abogados Rafael Ramos Delgado y Rafael Ramos Vázquez, sus anfitriones en la hacienda Tepich Carrillo

“Esto es un manjar de Dioses… ¡Qué bueno que ya no boxeo para poder comer todo esto!”, dijo sonriente De la Hoya, quien platicó un buen rato en una interesante sobremesa en Tepich, en un español perfecto.

El Diario le hizo varias preguntas relacionadas con su papel de presidente de uno de los principales grupos empresariales del deporte profesional, y se abrieron a otras aristas, que presentamos en los “Domingos Especiales de www.yucatan.com.mx, como fueron sobre las dificultades para ser un atleta de elite, cómo para mantener el negocio del deporte de los puños tratando de que los peleadores sean más humanos y, de forma especial, las sensaciones que, afirma, “me dejaron grandes aprendizajes cuando don ‘Chuy’ me dirigió. Porque fue un mentor, eso fue, no solamente un manager de boxeo”.

“Eso lo valoro mucho. Nunca pensé que pudiera aprender tanto de él. Era como tener una enciclopedia junto a ti todo el tiempo, sabía de todo. ¿Vieron ahora cómo conoce de tantas cosas? Nos ponía a leer, a escuchar música clásica. Que Mozart, que Bethoven. Así lo hizo antes con Miguel Canto. Por eso insisto en que más que un mánager de boxeo, fue un maestro, un mentor. Y claro, como boxeador, él me ayudó mucho para poder vivir dos años muy grandes en mi carrera, los mejores momentos como peleador y como persona”.

Además, él hizo varias menciones a partes fundamentales de una trayectoria que fue brillante, pero también con situaciones de tristeza, de nostalgia, de momentos difíciles.

Y ahora como empresario, ¿cómo aplica todos esos esfuerzos y lecciones aprendidas?

“Cuando tienes pasión por lo que haces, no es trabajo. Es un amor que tengo por el deporte, porque el deporte, el boxeo, me lo dio todo. Y por ello vivo agradecido infinitamente hacia esta disciplina, a todo lo aprendido. Entonces, doy todo lo que pueda estar a mi alcance, en lo que pueda, ayudo a los boxeadores, a empresas”.

¿Cómo ve Óscar de la Hoya, el presidente de Golden Boy Promotions, la situación del boxeo actual? No hay ídolos. Sólo hay en estos momentos “Canelo” Álvarez… ¿faltan boxeadores como en su época?

“Es correcto. Nosotros como empresarios y promotores sabemos  cómo promoverlo, cómo crear superestrellas, ídolos, como la última estrella, que fue ‘Canelo’. Antes de eso, iban surgiendo otros muy buenos… Víctor Ortiz, Danny García, llegaron (Floyd) Mayweather, (Manny) Pacquiao… Hay varios peleadores interesantes que, entre tres o cinco años, van a explotar. Toma su tiempo hacerlo”.

Y dinero…

“Sí, mucho dinero. También se debe de tener mucha visión, Creo tener la fórmula, la estrategia, para que pronto puedan haber más campeones, hacer alguna superestrella del boxeo”.

Como boxeador que viene desde abajo, picando piedra, ¿Óscar de la Hoya puede servir de ejemplo a los peleadores que van surgiendo? A tu prospecto, por ejemplo, decirle que no solo se trata de ganar dinero en el box…

“Los consejos que yo les doy, los que creo más importantes, no son los positivos, sino los negativos, son los que más valen. Por ejemplo, lo más fácil, y difícil a la vez, ‘cuida tú dinero, no hagas esto, invierte, no gastes a lo loco, no compres carros, invierte bien’. Son consejos para que aprendan, para que crezcan como personas, porque les puedo decir cosas de boxeo, ‘entrena duro, métete al cien por ciento’, pero esos se los puede dar cualquiera. Para mí, valen más los otros, que crezcan, que tengan sabiduría, que aprendan a vivir porque eso les durará toda la vida, el boxeo dura poco. Boxeadores buenos, y buenas personas también”.

Y pone un ejemplo sencillo sobre este tema:

“Si ganas un millón de dólares en una pelea, con la simple pelea (gastos generales) solo te queda  la mitad. Tienes medio millón. Vas a comprar un carro, ya se te fueron cien mil, te quedan 400. Le vas a dar a tu mánager, a tu trainer, a tu gente, y se te van otros cien mil… y si quieres comprarte un reloj, u otras cosas, te quedan cien mil menos… Cuando ves, no te queda nada”.

Óscar de la Hoya
La visita de Óscar de la Hoya a su maestro, 25 años después de la primera vez que vino a Mérida

Por eso te alimenta la visita a don “Cholaín”, porque él fue un mentor para ti, alguien que te abrió la mente a cuestiones más humanas...

 “Claro. De don Jesús pude aprender muchas cosas durante todo el tiempo que estuvo en mi equipo. Como le dije, él no fue propiamente un mánager de boxeo, porque no solamente hablábamos de box. Se encargó de hacer muchas cosas. A veces me dejaba libros para leer. Yo algunas veces dije: ¿y esto? Luego pensaba: ¿algún día me servirá? Y Veo que sí.

A los mexicanos les costó trabajo aceptar que le ganaste al ídolo mexicano, Julio César Chávez (lo derrotó el 18 de septiembre de 1998 en Las Vegas)…

“Sí, un poco. Pero la verdad es que hice la mejor preparación de mi carrera, gracias a don Chuy. Ya vieron todo lo que dijo que se hizo para esa pelea. Y es un poquito triste porque yo soy mexicano, no de nacimiento, pero mi padre sí, y tengo la nacionalidad mexicana. Cuando gané la medalla de oro, en la premiación usé las dos banderas, la de Estados Unidos y la de México la traía en la mano derecha”.

El psicólogo yucateco Miguel Ángel Durán Fritz, amigo de “Cholaín” Rivero, entregó a Oscar de la Hoya un ejemplar de su libro “Formadores de Campeones. Coaches verdaderos”

El futuro del boxeo…

Hay mucha gente que puede aportar para que el boxeo tenga más proyección. A veces falta gente que ponga dinero, mucho dinero, pero también falta que los entrenadores pongan de su parte, que los boxeadores hagan su parte. Se necesita de todos para ello”.

Pero a veces los boxeadores…

“Claro, es lo difícil. A veces el boxeador no tiene la experiencia o cultura, y somos víctimas propicias. Amigos, malas compañías”.

Cuando salía del estudio de don “Cholaín”, tras despedirse de su mentor, al que llamó “el mejor entrenador de la historia del boxeo”, dijo al Diario que “muchos peleadores necesitan personas así junto a ellos”.

Por ello prometió volver, a ver a don “Chuy” y a tratar de cristalizar un sueño en tierras yucatecas, que pronto espera dar a conocer.

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