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El combustóleo, la ''motivación'' real de la reforma eléctrica

La necesidad de usar el combustóleo que produce Pemex y que ya no acepta el mercado internacional por contaminante da impulso a la Ley de la Industria Eléctrica de López Obrador

No es un asunto de política ni de ideología. En el trasfondo de la reforma de Andrés Manuel López Obrador que cambiará las reglas de juego en el sector eléctrico está la necesidad de usar el combustóleo que produce Pemex y que por ser uno de los combustibles más sucios y contaminantes no puede venderse en el extranjero.

Así están las cosas, dice Francisco Alfonso González Arceo.

“El gobierno necesita generar energía con combustóleo por una razón muy sencilla: a principios de 2020 entró en vigor una ley internacional que prohíbe vender el combustóleo si tiene más del 3% de contenido de azufre… Y desgraciadamente ese es el caso del que produce Pemex”.

¿Qué es el combustóleo?

El combustóleo es el residuo que queda después de refinar petróleo crudo, explica. Es un combustible pesado, cargado de tóxicos, principalmente azufre, que en el pasado fue muy utilizado para generar electricidad, pero que fue desplazado por otro combustible fósil de mucho menor precio y con menos contaminantes: el gas natural.

Por las características y carencias de las refinerías mexicanas, de cada barril de crudo que se refina en el país, aproximadamente el 30% termina como combustóleo. Hasta 2018, Pemex vendía de 100,000 a 125,000 barriles diarios de este combustible, según datos de la empresa, pero ahora es cada vez más difícil colocarlo en el mercado.

No se vende, pero se sigue produciendo, es irremediable porque Pemex no puede procesarlo, no tiene el equipo.

En 2019, por ejemplo, de las seis refinerías de la paraestatal salieron alrededor de 150,000 barriles diarios de combustóleo. México está inundado de ese combustible.

Dos Bocas agravará el problema

Refinería de Salamanca, Guanajuato. Visita presidencial
Visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a la refinería de Salamanca, Guanajuato, en mayo de 2019 (Foto de presidente.gob.mx)

“Y cuando arranque la refinación en Dos Bocas el problema será inmenso”, advierte González Arceo, director general de Perfect Home, empresa dedicada a la producción y venta de energía solar. “El país tiene que usarlo o guardarlo. Y si la política actual está en el orden de extraer más petróleo y refinar más gasolina, pues tendremos más y más combustóleo, y el gobierno quiere aprovecharlo”,

Sin embargo, prosigue, eso no es posible bajo los principios de la reforma energética de 2013, que deshizo el monopolio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para establecer un esquema de mercado competitivo impulsado por la oferta y la demanda de energía.

Y en ese terreno es difícil que pueda competir  la producción de electricidad con combustóleo, ya que es muy cara: un megawatt hora generado con este derivado del petróleo cuesta más del doble que el obtenido por fuentes basadas en la utilización de recursos renovables, de acuerdo con datos de la propia CFE.

Mercado abierto

La energía eléctrica es un producto que se compra y se vende. Hasta 2014, la comercialización en México de electricidad para el servicio público era competencia única y exclusiva de la CFE.

Con la reforma energética se creó el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), con el objetivo, explica la Sener, “de proveer energía a precios competitivos, en busca de que todos los usuarios puedan beneficiarse adquiriendo energía a tarifas más accesibles”.

Desde entonces, el precio de la electricidad se basa en el libre mercado, reitera González. “El MEM es como una bolsa de valores de la energía. Se realiza una subasta en la que, a partir de la oferta y la demanda, se determina el precio que se va a pagar a todos los empresarios que venden la energía que producen”.

El MEM está basado en el principio del “despacho económico”: las centrales con menor costo de producción, es decir, las más eficientes, son las primeras en subir su electricidad a la red. Este principio favorecía a las renovables y a las centrales de ciclo combinado en manos de privados, generalmente más baratas. Mientras, las hidroeléctricas y termoeléctricas de la CFE, con mayores costos de producción, tenían que esperar su turno.

“Aunque el orden del despacho de energía en el MEM estipula que la energía más barata es la que se usa primero, el precio que se paga a todos es el más alto del día”, indica. “Si hoy, por ejemplo, se usaran solamente energías renovables, el precio del megawatt (MW) rondaría los 400 pesos, pero si también se llegar a utilizar combustóleo se pagaría a todos $2,500 por cada MW”.

Leer: Aprueba el Senado la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica

 “Esto explica por qué se afirma que será más cara la electricidad con la nueva Ley de la Industria Eléctrica, ya que si el gobierno controla los despachos de energía y no el mercado, podrá usar sin ninguna restricción el modo de producción de la CFE, más costoso, lo que impactará en los costos”.

O sea, lo que el gobierno busca al devolverle el monopolio a la CFE es evitar la competencia, controlar la generación de energía “para poder hacer más eficientes sus recursos”, porque la única opción que tiene con el combustóleo es usarlo, insiste.

Sin embargo, augura, esta reforma traerá consecuencias que pueden ser muy graves: incertidumbre para los  inversionistas ya establecidos (se violan tratados internaciones), mayor contaminación, encarecimiento de la energía eléctrica y, lo peor, retroceso en la planeación de la generación de las energías renovables y en la armonización de  la distribución de todas las energías.

Sobreoferta

El empresario reconoce que en México existe una sobreoferta de energía limpia por falta de regulación, que es uno de los argumentos que usa el presidente para justificar su contrarreforma.

El sistema eléctrico mexicano tiene muchas deficiencias y, en efecto, se abusó en la instalación de grandes parques generadores de energía renovable, dice y pone como ejemplo que en Coahuila una sola empresa genera 700 MW de energía solar, cantidad que sobrepasa el consumo de energía eléctrica de ese estado.

No existió una planeación adecuada a las necesidades de generación y distribución y eso complica a los grandes inversionistas, considera. Muchos fueron seducidos por el canto de las sirenas y nadie vio que existían problemas de fondo en la red eléctrica.

“Los sistemas renovables son muy buenos, pero tienen que convivir en armonía con la generación tradicional y para eso, en teoría, el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) debió regular esos puntos”.

Parque eólico de la empresa Energía Renovable de la Península en Progreso, Yucatán.  La foto es del gobierno estatal
Parque eólico de Progreso, Yucatán, inaugurado en agosto de 2020 (Foto del Gobierno del Estado)

Otro ejemplo es que hay más de 100 GigaWatts (GW) de permisos en generación de energías renovables a lo largo y ancho del territorio nacional, cuando el consumo de todo el país en su histórico pico es de 60 GW, señala. “Hubo más políticos que ingenieros, evidentemente”.

El problema con este desorden, explica, es que la generación de demasiada energía renovable podría atiborrar la red y poner en riesgo la estabilidad de todo el sistema, que podría colapsar en cualquier momento.

Definitivamente, no es buena idea producir energía renovable incluso cuando la demanda es baja, afirma. El equilibrio entre un sistema y otro lo tiene que garantizar la gestión responsable e inteligente de la red eléctrica.

Falacia presidencial

En lo que de plano no está acuerdo el empresario es en el alegato de López Obrador de que a las compañías extranjeras no sólo se les compra caro, sino que además se les subsidia y que al aprobarse la reforma el país va a ahorrarse mucho dinero con el que se podrá garantizar que la luz cueste menos a los consumidores.

“Es una vacilada, una mentira. A los empresarios ni se les compra caro ni se les subsidia, se les paga al precio que marca el mercado con base en la libertad que brindan la oferta y la demanda. Y como se indicó, la energía más barata es la renovable, si un día no se usa combustóleo y paramos en la hidroeléctrica de 800 pesos, eso se le va a pagar a todos. Y por esa misma razón tampoco tiene sentido decir que la luz costará menos con la nueva ley”.

Recibos de luz

Lo que sí puede lograr el presidente es cumplir su palabra de evitar que el incremento en el costo de producción se refleje en los recibos de los usuarios: le basta con elevar los subsidios al consumo de electricidad… aunque de todas maneras estos apoyos terminaremos pagándolos los ciudadanos con nuestros impuestos, apunta.

“Pero en este tema hay otro detalle muy importante: la CFE no se regula mediante el mercado eléctrico. Por ejemplo, durante 2020 cobró a sus usuarios de la Península $3,000 por megawatt (MW), que ese año tuvo un precio promedio en el mercado eléctrico de $500”.

“En 2019 el precio en el mercado fue más alto, pero en 2020 bajó por la pandemia. Sin embargo, la CFE no tuvo ningún empacho en seguir cobrando $3,000 por MW. O sea, no tiene nada que ver el precio con que vende hoy la CFE la electricidad a sus usuarios con el precio al que la compra”.

La reforma eléctrica favorece a la CFE, cuyas plantas usan combustóleo, por encima de los generadores de energías limpias. En la imagen, el Parque Eólico Progreso, en Yucatán
Parque eólico de Energía Renovable de la Península, en el municipio de Progreso, Yucatán (Foto oficial)

La ley no afecta a los usuarios domésticos

Por último, González Arceo comenta que una de las mayores dudas es si la nueva ley afectará a los sistemas domésticos y a los negocios.

“La respuesta es no, ya que los domésticos y los negocios son de generación exenta y esta ley no cambia a los exentos, solamente a los usuarios calificados”, señala.

Los usuarios calificados son los que compran energía en el mercado eléctrico y demandan 1 mega en potencia. Esto no puede hacerlo un usuario doméstico, explica.

“Y así como con los usuarios, también hay generadores exentos y calificados. Las diferencias más importantes entre unos y otros son las siguientes:

Generadores exentos

1. Los exentos, que generan menos de 500 KW, inyectan toda la energía que producen.

2. No necesitan permiso de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), sino que se basan en la capacidad de integración de energía que la Red de distribución permita.

3. Los tres tipos de contrato que la generación exenta permite son Net Metering (Suma y resta de kw generados y consumidos), Net Billing (pago lo consumido en kw y pagan lo generado de los kw) y Venta Total (pagan lo generado en kw). Los tres interconectados a las líneas de distribución de CFE.

A su vez, los generadores calificados:

1. Producen cifras mayores a 500 KW, ya sea para venta de energía en el mercado o para autoabasto. A este tipo de generador se le pide un Teléfono 24/7 para que al momento que lo requiera el Cenace pueda apagar la planta eléctrica.

2. Requieren autorización de la CRE.

3. Se rigen bajo el mercado eléctrico, precio por hora.

4. Al estar regidos por el Mercado Eléctrico existen otros componentes, como son la potencia y los Certificados de Energías Limpias (CELS).

Puntos clave de la reforma

En conclusión, los cambios en la LIE van dirigidos directamente contra los grandes generadores privados, que en su mayoría son extranjeros, como la española Iberdrola y la italiana Enel, Axiona, etc.

Concediéndole el privilegio de la duda, la intención de la contrarreforma de López Obrador puede ser buena, pero en la realidad vulnera los derechos de empresas privadas que han puesto a trabajar miles de millones de dólares, incumple tratados internacionales sobre energías limpias, desincentiva la inversión y agrega incertidumbre al país en momentos muy delicados.

Pero por el otro lado el gobierno resuelve su problema de no saber qué hacer con su combustóleo, que al fin y al cabo es el meollo del asunto, concluye.   

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