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El papá de Urías: ''Uno por sus hijos hasta la vida da''

El teléfono de Carlos Urías tiene el buzón saturado. No puede recibir más mensajes. Igual sus redes sociales. No es para menos. Todos quieren alguna opinión sobre la heroica vida de un jovencito nacido en La Higuerita, una localidad perteneciente a Culiacán de la que hoy en día muchos hablan.

Allá nació hace 24 años un niño llamado Julio César Urías Acosta. Trajo consigo un mal congénito, un tumor sobre su ojo izquierdo.

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De ese tema se ha hablado últimamente. Julio es el centro de la atención del deporte en México y en muchos otros países, incluso donde no se sigue con fuerza al béisbol.

“Usted sabe… Todo mundo está llamando para saludar, para felicitar a Julio, a la familia”, dice Carlos Urías, cuyo hijo obtuvo el salvamento en el Juego 6 de la Serie Mundial concluida la semana pasada, ganada por los Dodgers de Los Ángeles, su primera en 32 años.

Del baúl familiar: Carlos Urías y Juana Isabel Acosta, con sus hijos Alexia, Carlos y Julio César
Del baúl familiar: Carlos Urías y Juana Isabel Acosta, con sus hijos Alexia, Carlos y Julio César

Julio César Urías Acosta (12 de agosto de 1996, La Higuerita, Sinaloa) es un afortunado, pero no todo se debe a la Diosa Fortuna. Su hoja de vida así lo muestra.

Complicaciones de salud

Un repaso a su trayectoria puede abrirse hablando de sus complicaciones de salud por el tumor que tiene en el ojo izquierdo. Cualquiera podría doblegarse, tanto el paciente como sus familiares. Los ritmos de vida se mortifican por estar un día en un hospital, una semana más, un mes después… Una, dos… diez operaciones.

“Pero un padre por sus hijos hasta la vida da”, nos dice Carlos Urías cuando nos tomó amablemente la llamada telefónica, concertada la noche anterior.

“¿Usted no lo haría?”, me pregunta.

Por supuesto que lo haría. Una, dos, diez veces. Pero no sé si podría aguantarlo tan estoicamente como lo vivieron los Urías Acosta, “los Urías de La Higuerita, que crearon el béisbol aquí en el rancho”, expresa con su estilo muy particular de hablar de los sinaloenses.

Julio también habló de esas bendiciones cuando le entrevistaron tras el éxito memorable de la Serie Mundial.

La familia, fundamental en su carrera

Dio gracias a su familia por todo lo que hicieron para que pueda resistir tantas operaciones, tantas visitas al médico, de ir de doctor en doctor, de cirugía. “Sin ellos -ha dicho-, no sería posible esto” (ESPN Deportes).


Tiene el ojo izquierdo más pequeño que el derecho debido al tratamiento que ha llevado por el tumor benigno de nacimiento. La masa cancerígena ya le fue retirada y por ello tiene prácticamente cerrado el ojo izquierdo (The Dallas News).

“Pero nada, nunca, le impidió intentar realizar sus sueños. Y nosotros tampoco quisimos frenarlos”, señala su padre, en la extensa charla que concedió al Diario.

La espera para la plática mereció la pena. Desde el mismo agradecimiento sincero por haberle compartido los PDF de las páginas en que destacamos en el Diario la actuación del culichi en la Serie Mundial.

Y por atendernos hasta un día después, entre disculpas y lamentos por los compromisos.

“Mire, tenía un compromiso con usted. Estamos muy agradecidos por esos trabajos que nos comparte, resaltando el trabajo que hacen los jóvenes deportistas mexicanos. ¡Ahh, qué gusto ver eso!”, señala.

La flor a veces es sana y justa para cualquier jardín, así que, agradecidos también desde este lado del país.

¿Católicos, creyentes? Esto es parte quizá de los designios del Señor.

 “Yo siempre digo lo mismo. Agradecido totalmente con el de arriba por todas las bendiciones que nos ha dado. Esto así es. Sin Dios, no somos nada”.

¿Cuál es el mensaje que puede mandarles a otros papás? Cualquiera pudo haberse rendido a medio camino…

“Era parte del proceso en él. No podíamos doblar las manos. Uno por sus hijos hasta la vida da… Y qué más el poder darle todo el apoyo hasta donde humanamente se pueda".

Como papá, uno siempre se va a preocupar, a darle su tiempo y sus recursos. Como decimos en el deporte… A dar el extra en todos los partidos”.

Su camino fue largo…

“Es que… tiene un hijo enfermo, trátelo hasta donde pueda, pida ayuda. No sé si fueron nueve, diez operaciones. Eso no importa. Lo recuerdo con su cobijita cuando lo sacábamos de un hospital después de una cirugía. Y luego a regresar otra vez”.

“¿Sabe usted qué nos alentaba a seguir adelante? Que luego veíamos al morro allá corriendo, tomando su bate, su guante y su pelota para ir a jugar".

"Con su parche en el ojo, o sabiendo que no iba a ver bien, allá andaba el chamaco corriendo ¿Eso no te sirve como papá para hacer tu esfuerzo? Le digo la frase que pienso siempre: ‘Sin Dios no somos nada’. Allí va todo lo que pensamos, creemos y queremos”.

Corría y jugaba como cualquier chico de su edad allá en La Higuerita, un pueblo de cerca de 1,500 habitantes, a 13 kilómetros de Culiacán. Allá comenzó todo lo que hoy es parte de la leyenda del deporte. Pero es una historia mucho,  muy especial.

Julio comenzó a jugar desde los 5 años y sus primeros torneos fueron en 7-8, con el equipo de Culiacán Recursos, que dirigía su padre, quien en sus épocas de pelotero era cátcher y tercera base y poderoso cuarto bate con el equipo del ejido La Higuerita. Desde entonces, Julio llamaba la atención por tener un tumor en un ojo.

Así fue creciendo. Y desde entonces comenzó a ser una estrella en las ligas y torneos nacionales infantiles y juveniles (Purobeisbol.com).

Carlos Urías no presume nada de eso, solo habla de lo que lucharon por su hijo, y el mundo ha visto a qué se refiere. Los designios de Dios están para cumplirse. Pero igual los del ser humano: esfuérzate, y lo lograrás.

Les invitamos a leer el resto. Bien merece la pena. Hablamos de todo, menos de béisbol. En una charla así, el sentido humano es tanto o más importante que el juego mismo.

Una llamada para estar al día

Julio César Urías, con la bandera de México luego de ganar la Serie Mundial con los Dodgers
Julio César Urías, con la bandera de México luego de ganar la Serie Mundial con los Dodgers

Carlos Urías estaba muy emocionado cuando le contactamos la mañana del sábado. La noche anterior, después de la cena, les llamó Julio y en una videoconferencia intercambiaron puntos de vista. La coronación de los Dodgers, el momento que se vive, la familia, un sinfín de cosas.

“Es que mire. Nos habló Julio y casi hasta la 1 de la mañana estuvimos hablando. Tenía también una entrevista apalabrada con alguien de Ciudad de México, por ese Zoom  o no sé qué carajos…”

¿Y qué les cuenta Julio? ¿Cómo es en estos días en que ganó la Serie Mundial?

“A Dios gracias mi hijo nunca ha sido presumido ni se le sube. Es muy humilde. Lo que pasa ahora pues es algo lógico, todos le saludan, tienen compromisos con el equipo, con Major League. Hay que cumplir con eso”.

Julio César es un chico muy agradecido, con ustedes, con Dios.

“Yo siempre digo lo mismo. Agradecido con el de arriba por todas las bendiciones que nos han dado. Eso así es”.

En la fila para el "lonch" en una competencia
En la fila para el "lonch" en una competencia

¿Cómo superar las adversidades?

La personalidad de Julio, algo especial desde siempre. Su padecimiento, el esfuerzo de la familia, de una familia deportista.

¿La pasión por el deporte hizo que pueda ser menos duro, ver el ímpetu del hijo, que quiere sobresalir?

El deporte en la comunidad de La Higuerita viene arraigado. Mi papá, el abuelo de Julio, hizo su liga, son los fundadores del béisbol en la comunidad, a raíz de eso, inculcamos a Julio, le agarro más cariño que yo, y allí están los resultados. Es amor al deporte…"

"El fútbol le gustaba verlo, jugarlo con sus amiguitos, en el rancho, pero como si fuera ‘oficialmente’, el béisbol era su vida. Y pues era siempre ir a entrenar, a jugar los fines de semana en su liga”.

“El béisbol fue una distracción, un apoyo para no clavarse tanto en algo negativo, por su ojo. Nunca se doblegó, nunca se lamentó. Le hacían bullying, así como se dice ahora".

"Pero fue un buen morro, aguantaba. Y pues igual estaba muy grandote el cab… Se los tundía, creo que por eso no era tanto… Julio nunca hizo eso de pelearse. El respeto de él siempre nos ha gustado, siempre ha sido así con a gente, respetando”.

Difícil, pues cualquiera caía en una provocación… te dicen y les caes. ¿No?

“Pero hasta en eso, mi hijo ha tenido esa bendición, respetar y darse a respetar. Cuando te gusta no ser pesado con tus amigos, o cuando eres bueno, te la pasas bien".

"Pero cuando eres ofensivo, ni eres amigo ni tienes amigos de calidad. Los amigos amigos se notan con tu forma de ser, te los ganas”.

 Pasado y presente: Julio, junto a Óliver Pérez, el ídolo de Culiacán tiempo atrás. En la otra imagen, ya ambos caballos de Sinaloa, en Grandes Ligas
Pasado y presente: Julio, junto a Óliver Pérez, el ídolo de Culiacán tiempo atrás. En la otra imagen, ya ambos caballos de Sinaloa, en Grandes Ligas

Beisbolista desde siempre

¿Desde los cuántos años juega Julio? Vemos sus fotos de niño, por ejemplo, junto a Óliver Pérez, y luego los dos juntos ya en Grandes Ligas.

“Desde los cinco años, que lo metí en  Culiacán Recursos, y no ha parado. Entre entrenamientos y jugar los fines de semana… Casi hacíamos una casa aquí en la liga, ja ja ja”.

“Así son los niños y los papás generalmente hacemos lo mismo: apoyarlos, seguir en el juego. Yo estuve de manejador en los  equipos donde él jugaba”.

Julio en Yucatán

Culiacán Recursos es un nombre conocido aquí. Siempre vienen equipos de allí, Culiacán Recursos, Mochis Ahome, por ejemplo.

A Julio le toco ir a Mérida en una Olimpíada Nacional, fue poco antes de que lo vieran en serio de Grandes Ligas, antes de que lo firmaran. Le toco tirar un sin hit allá en su tierra”.

Julio y Víctor González (su compañero con los Dodgers) lanzaron en el mismo partido aquí en Mérida.

“Sí, pudo ser. También aquí lanzaron varias veces frente a frente, es donde coinciden, estaban en un nivel competitivo bastante bueno, las selecciones estaban muy duras. Ya desde eso los venían a ver”.

“En esa época, ya de muchachito, en Mérida lo vieron y le siguieron la huella”.

Todo el recorrido que tuvo que hacer… ¿Cuál fue la principal herramienta en el béisbol?

“Deportivamente hablando… en ambas cosas. Como pítcher, en su categoría 7-8 marco una diferencia. Su bate era bastante bueno también, ganaba títulos de bateo, de jonrones".

"Diosito le dio una buena bendición con sus habilidades tanto pitcheando como bateando. Podía destacar en ambas facetas. Era muy bueno, no porque sea mi hijo”.

Un reportero de Los Ángeles, cuando Julio comenzaba a ser objeto de atenciones en Estados Unidos, dijo que destacaba cono bateador y que también pudo llegar en esa faceta.

“No sabemos hasta qué nivel, pero tenía mucho. Pudo haber hecho algo".

"Mostraba buena proyección con el bate, y jugando primera base. Y escogió ser lanzador. En primera base era muy bueno y como era grandote y fuerte, pues se ayudaba”.

Julio, estudiante y chico normal

Cuando Julio estaba en su segundo año de preparatoria, con 16 años, los Dodgers decidieron que era hora de llevárselo. Y no dudaron para nada. En la familia Urías Acosta tampoco tuvieron dudas de lo que seguía.

 “La firma de los Dodgers hizo que deje la escuela. Se tuvo que ir, se enfocó en el contrato y en dedicarse de lleno a su sueño en el béisbol. Era el momento de hacerlo.

¿Tenía alguna intención en alguna carrera, alguna preferencia para estudiar?

“Lo que él quería era Educación Física, por la relación que tiene en el deporte, por lo que todo el tiempo ha vivido… Esa era su intención si no llegaba al béisbol.

Y actualmente, cómo es. ¿Ya les hará abuelos?

“Nada. Tiene novia formal, pero creemos que no. No sabemos”.

Julio Urías, pítcher de los Dodgers, se detiene al salir del Dodger Stadium en Los Angeles para que los aficionados tomen fotografías (AP)

La fe y los esfuerzos

La fe inquebrantable. ¿Lo considera como una bendición?

“Sí, definitivamente, Todo el tiempo".

"Como dice la frase: ‘Sin Dios no somos nada’. Allá dependemos de eso, por como vemos bien las cosas, por cómo somos".

"El apoyo de Dios, la fe en la Virgen, por todo lo que hacemos nos encomendamos. Gracias mi Dios por todo, por tanto, para que sea lo mejor para nosotros y aceptar las cosas como vengan”.

Al día de hoy, después de pasar tanto tiempo en los hospitales, en tratamientos, ¿ha merecido la pena?

“Definitivamente. Lo hemos dicho, como papás, no hay mejor tiempo invertido que el que das por tus hijos".

"Todo el tiempo que dediques a tus hijos, independientemente si quiere ser  beisbolista, y no lo logra; si quiere ser futbolista, médico, maestro, y no lo logra, no importa. Y cuando lo logra, más se siente uno contento, dices: ‘lo lograste, lo logramos’. El empeño de él, y el esfuerzo de todos. Nos sentimos felices por el logro”.

El mal en el ojo nunca fue algo malo para él…

“Es un tumor que tiene, posiblemente lo tenga de por vida, pero con tantos avances, a diferencia de cuando era niño, está más tranquilo. Con mejores atenciones, aquí los médicos lo revisan constantemente, cada que viene".

"Allá le hicieron una operación pagada por el club, que la última, y lo siguen viendo aquí. No le ha pesado nunca. Creo que por eso llegó hasta donde está ahora”.

Dos brillantes lanzadores mexicanos, en los extremos: Urías (izquierda) y Roberto Osuna
Dos brillantes lanzadores mexicanos, en los extremos: Urías (izquierda) y Roberto Osuna

El trato de los scouts

Se dice que cuando lo veían los scouts había trato que no era muy bueno…

“Sí, se dice. Alguna vez le habrán dicho que no podría. Pero Dios le regaló un brazo fuerte, unas cualidades grandes como deportista y como persona".

"Si hubo scouts que pensaron eso y se lo llegaron a decir, pues ahora ven las realidades”.

“Le digo, usted sabe cómo somos los mexicanos de jo… A todo le buscamos, pero muchas veces tenemos que dejar que se den las cosas para que podamos verlas como realmente son”.

Padres afortunados

Carlos Urías y Juana Isabel Acosta son afortunados de tener un hijo que es un gladiador, que conoció más hospitales y quirófanos que parques infantiles en sus tiempos de niños.

El mayor de sus hijos, Julio César termino dándoles la razón de que, cada intento, cada esfuerzo, mereció la pena.

“Alguna vez, no sé dónde, dijeron: ¿ese niño que tiene un tumor tirará? No dije nada. Al final del juego, fui ante él, lo abracé y todos miraron. Sí, era mi hijo”.

La historia se sigue contando…

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