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En 2021, los ciclones tropicales nos concederían una tregua

Con una treintena de tormentas tropicales formadas hasta ahora —las más recientes Theta y Iota—, la temporada de ciclones y huracanes en el Atlántico ya superó el número récord de esos sistemas en un año.

Y aunque entre la población en general hay quienes atribuyen al cambio climático toda la responsabilidad de la intensa actividad meteorológica, en realidad en ésta ha influido “una variabilidad natural que se debe a otros procesos físicos que ocurren en el océano y la atmósfera”, señala el doctor Jorge Zavala Hidalgo, director del Servicio Meteorológico Nacional.

“Si solo dependiera del cambio climático entonces cada año tendríamos más precipitación y ciclones. No es el caso. En algunos años tenemos más y en otros menos”, indica.

“En 2005 teníamos el récord de número de huracanes en el Océano Atlántico y se dijo que era por el cambio climático”, recuerda al Diario. “Después hubo unas temporadas que, aunque fueron activas, no tuvieron la misma cantidad de ciclones tropicales, hasta 2020. Y muy probablemente el año que viene tendremos menos ciclones y eso no querrá decir que se habrá detenido el cambio climático”.

El doctor Zavala Hidalgo advierte que sí se observa una tendencia estadística de transformaciones asociadas al cambio climático.

“En los últimos años hemos tenido temperaturas en promedio más altas que en el período que se usa de referencia —1981-2010—, eso es un indicador de que está cambiando la temperatura”, explica. “También se observa una tendencia a que aumente el número de ciclones tropicales”.

Sin embargo, “atribuir lo que ocurre en un año al cambio climático no es posible”.

Otros factores

Entre los procesos físicos de variabilidad natural que han contribuido a las características de la actual temporada de ciclones, el doctor Zavala menciona las temperaturas por arriba del promedio en la superficie del Atlántico tropical y la configuración de un episodio intenso del fenómeno de La Niña en el Pacífico.

La presencia de La Niña significa temperaturas por debajo del promedio en la superficie del Océano Pacífico ecuatorial oriental, descenso que repercute en el clima mundial y que, en el caso específico del Océano Atlántico, influencia el desarrollo de más ciclones tropicales.

El doctor Zavala Hidalgo se refiere asimismo al surgimiento de ondas tropicales o del Este, que en ocasiones dan lugar a depresiones y tormentas tropicales y huracanes, y generan precipitaciones importantes, sobre todo en el sur, sureste y occidente de México.

“En algunos casos hemos tenido la Oscilación Madden-Julian con la fase que favorece precipitaciones con mucha amplitud. Es una condición atmosférica que afecta desde la parte baja hasta la alta de la tropósfera”, precisa.

Circulación ciclónica

Además, a finales de mayo y principios de junio se registró una circulación atmosférica ciclónica de gran amplitud que contribuyó a que los fenómenos Amanda y Cristóbal duraran varios días.

“A pesar de que no eran huracanes de categoría mayor, el hecho de que se mantuvieran en la región durante tantos días provocó que se acumularan grandes cantidades de lluvia”, apunta.

Los habitantes de la Península podrían esperar una tregua en 2021, ya que, según considera el doctor Zavala, la temporada de huracanes del próximo año no será igual de activa.

“Pero éstos son patrones recurrentes, quiere decir que en un momento dado volverán a ocurrir”.

Que la intensidad de esta temporada de huracanes sea resultado de diferentes variables no significa que la población del Estado no deba prestar atención al cambio climático.

Aire cálido y húmedo, la base en la formación de ciclones tropicales

Acciones por el cambio climático

Para el director del Servicio Meteorológico Nacional, en este tema hay tres aspectos a atender.

Uno es la disminución de la producción de gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento global y se originan en actividades humanas, entre ellas la quema de combustibles fósiles y la ganadería.

“Esto es importante para que no se siga desarrollando el efecto invernadero y no aumente de la temperatura global del planeta”.

Otro es el diseño de políticas de adaptación, que deben abarcar la planeación urbana, de desarrollo y de infraestructura, para evitar la fragilidad de las comunidades ante eventos extremos.

Y uno más se refiere a las políticas de mitigación, que ayudan a reducir el impacto de los efectos del cambio climático.

 “Hay zonas sumamente vulnerables donde es mejor tener infraestructuras que en un momento dado puedan ser reemplazadas a bajo costo”.

Acción ciudadana

¿Puede hacer algo el ciudadano de a pie frente al cambio climático?

Para el doctor Zavala Hidalgo, “lo más importante es presionar para que los gobiernos tengan políticas públicas que no afecten al planeta: en lugar de favorecer el automóvil, favorecer el transporte público; ser más eficientes en el uso de la energía y los recursos naturales...”.

En lo individual, uno tiene que ir cambiando sus hábitos para llevar una vida menos consumista, sobre todo de energía”

Jorge Zavala Hidalgo, director del Servicio Meteorológico Nacional

“En Yucatán tienen casas viejas que están mucho mejor adaptadas al calor que las nuevas: son altas, tienen ventanas restringidas para que no entre mucho el sol y muros gruesos. Ahora las constructoras hacen casitas que requieren tener el aire acondicionado a tope todo el día”.

Receta para un ciclón

Para que un ciclón tropical se forme se necesita el aire cálido y húmedo de los océanos templados, cercanos al ecuador terrestre.

El mecanismo de creación se pone en marcha cuando ese aire cálido y húmedo en la superficie del mar asciende y deja debajo de sí un área que es ocupada por el aire circundante de mayor presión.

De acuerdo con una publicación didáctica de la NASA sobre el tema, cuando el “nuevo” aire se vuelve cálido y húmedo termina por elevarse también.

El aire circundante continúa girando mientras el cálido sigue subiendo. Cuando éste se eleva y enfría, el agua contenida en él forma nubes. De esa manera, el sistema de nubes y aire gira y crece gracias al calor del océano y el agua evaporada de la superficie.

Al girar cada vez más rápido el sistema de tormenta se forma en su centro un ojo, donde todo es muy tranquilo. Cuando los vientos alcanzan velocidad de 63 kilómetros por hora el fenómeno recibe el nombre de tormenta tropical; cuando llegan a 119 kilómetros es un ciclón tropical o huracán.

Es común que los ciclones pierdan fuerza al tocar tierra porque ya no los impulsa la energía de los mares templados, lo que no significa que no tengan el potencial de causar daños por la rapidez de los vientos y su  carga de lluvia.

La Niña que cambia las cosas

En la intensidad de las temporadas de huracanes en el Caribe tienen influencia fenómenos como La Niña, que enfría a gran escala la temperatura de la superficie del océano en las partes central y oriental del Pacífico ecuatorial, además de que produce cambios en los vientos, la presión y las precipitaciones.

Sus efectos en el clima son contrarios a los de El Niño, que ocasiona el calentamiento de la superficie del Pacífico a lo largo del Ecuador.

Ciclones y un frente frío dejaron en octubre marcas históricas de lluvias en la Península de Yucatán

Este año la Organización Meteorológica Mundial (OMM) declaró el desarrollo de un episodio de La Niña, que, según pronostica, persistirá hasta el primer trimestre de 2021 con afectaciones a las temperaturas y los patrones de precipitación y tormenta en muchas partes del mundo.

El organismo perteneciente a la ONU subraya que estos fenómenos no son los únicos que influyen en las características del clima, además de que sus efectos varían cada temporada.

Sin embargo, prestar atención a las declaraciones de desarrollo de esos episodios ayuda a los gobiernos a planear acciones en ámbitos vinculados al clima, como agricultura, salud, recursos hídricos y gestión de desastres.

El quinquenio más cálido

El Niño y La Niña son importantes condicionantes naturales del sistema climático de la Tierra. Pero todos los fenómenos climáticos naturales se producen actualmente en un contexto de cambio climático que es producto de la actividad humana, que está exacerbando las condiciones meteorológicas extremas y que está afectando el ciclo del agua”, afirma Petteri Taalas, secretario general de la OMM, en declaraciones que recoge el sitio del organismo.

La Niña tiene típicamente un efecto de enfriamiento de las temperaturas globales, pero este enfriamiento queda más que compensado por el calor atrapado en nuestra atmósfera por los gases de efecto invernadero”, explica.

“Por lo tanto, 2020 sigue en camino de ser uno de los años más cálidos de los que se tiene registro y se prevé que el período 2016-2020 sea el quinquenio más cálido desde que se iniciaron los registros”.

“Actualmente los años en que se producen episodios de La Niña son más cálidos incluso que años anteriores con intensos episodios de El Niño”.

La OMM reporta que algunas de las anomalías de precipitación más importantes relacionadas con La Niña de 2020 se están registrando en el Gran Cuerno de África y Asia central, donde están por debajo de lo normal, y en Asia sudoriental, islas del Pacífico y la región septentrional de América del Sur, donde superan lo normal.

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