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Del éxito y otros demonios empresariales

Seamos sinceros, el fracaso, aunque todos huimos de él, tiene buena reputación pese a todo.  Charles Dickens decía que “cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender”…, del éxito en cambio, según el cantante inglés David Bowie, “no hay nada que aprender”.

Y esto ocurre no solamente porque ser un ganador puede ser un arma de doble filo por sus posibles consecuencias negativas –“el éxito ha hecho fracasar a muchos hombres”- sino principalmente porque a las personas se nos prepara más para el fracaso que para el éxito.

Si algo no nos sale bien nos dicen que podemos hacer tal o cual cosa para enmendar el camino, pero a la gente con éxito no se le ayuda y sufre las consecuencias, le comentó hace algún tiempo al Diario la reconocida psicóloga española Inma Puig, quien durante muchos años fue responsable de las Relaciones Humanas y Deportivas del club de fútbol Barcelona.

“El éxito daña, anestesia y hace perder el contacto con la realidad. En un equipo exitoso aparece el síndrome del ‘tanto por ciento’. Es decir, cada integrante se pregunta qué porcentaje del triunfo es por él y en lugar de luchar contra afuera empieza a competir adentro. Esto es lo que más hay que vigilar. El éxito es de todos, no más de uno que de otro”, advirtió.

Durante aquella visita a Mérida la experta catalana en formación, investigación y desarrollo de equipos tocó temas de enorme importancia para las empresas que en el actual contexto Covid-19 se han vuelto indispensables, imperiosos, por lo cual los recordamos hoy.

Los cimientos del éxito

Un equipo comienza su camino al éxito encontrándole a cada integrante su lugar, el sitio que le corresponde. Porque cuando en un equipo de trabajo hay alguien que no tiene su posición definida, clara y aceptada, no va a dejar tranquilos a los demás, indica la psicóloga.

“Es muy importante que todos encuentren su lugar: cuando uno está cómodo en el sitio que le corresponde, acostumbra dar lo mejor de sí y ocurre todo lo contrario cuando no se está a gusto”.

Y aunque no siempre se consigue, de todos es sabido que un ambiente positivo contribuye a una mejor producción en equipo y a que los trabajadores estén más comprometidos con el puesto de trabajo y el negocio.

“Es un básico. Si estamos bien en el trabajo, rendimos más. Y como las empresas buscan resultados, si queremos resultados, hay que cuidar a las personas porque los resultados solo llegan a través de las personas”.

La experimentada psicóloga resume entonces que la clave de un equipo exitoso es cuidar a sus integrantes.

“Las personas necesitan ser escuchadas y reconocidas, y esto va más allá de la remuneración”, dice. “El ser humano necesita como el aire el reconocimiento. Y hay que evitar por encima de todo los agravios comparativos, que destruyen las relaciones. Lo hacemos todo por el reconocimiento. Y es una lástima que se ignore porque es de los recursos más eficaces y todavía es gratis”.

Liderazgo

A juicio de Inma Puig , así como hay cursos de formación de líderes tendría que haberlos para capacitar a los seguidores.

Esto es básico, dice, porque hay infinidad de talleres para construir líderes, cuando en realidad se necesitan pocos. Pero un líder necesita muchos seguidores. Entonces sería mejor hacer cursos para seguidores, para que sepan, en función de lo que quieren en la vida, a quién han de seguir, de quién deben hacerse seguidores.

“Porque los líderes –lo digo por la experiencia que tengo de trabajar con ellos desde hace muchos años en diferentes aspectos y campos profesionales-   son un poco ‘asilvestrados’, por llamarlos de alguna manera. El líder es un individuo que está haciendo lo mismo que todo el mundo y de repente un día dice: ‘Basta, ya no lo quiero seguir haciendo así. Ahora lo haré de otra manera y me da igual lo que diga la gente’”.

Ese alguien que se arriesga a dar un paso más allá conecta con multitud de personas  que están pensando lo mismo, pero que no se atreven. Y cuando alguien rompe los esquemas y prueba nuevos caminos, todos los que anhelaban hacer lo mismo, lo siguen. Es un paso natural.

“Cuando escucho las definiciones que se dan de los líderes como buenas personas, que tienen paciencia, que son generosos, que piensan en los demás, digo que los líderes que yo he conocido no son así. Los míos, los que me han tocado a mí, no eran así: eran egoístas, dictadores, vanidosos, egocéntricos, pero tenían ese punto de valor de decir: ‘Me da lo mismo la opinión de la gente, yo hago las cosas como creo que es lo mejor’. Y todos los que se identifican con él dicen: ‘Ah, esto es lo que yo quería hacer y no me atrevía. Voy a seguirlo’”.

Compromiso con la organización

Para potenciar el compromiso del colaborador con la empresa es indispensable confiar en él, advierte la especialista en psicología clínica.

La semilla del compromiso es la confianza, enfatiza Inma Puig. Si alguien confía en ti, vas a comprometerte porque te sientes casi obligado, porque sabes que tienes que responder. La gente no se compromete cuando el otro no se implica. El compromiso tiene dos vías, camina en las dos direcciones.

Si no, uno no sabe exactamente qué está haciendo, se está haciendo tonto, porque si yo me comprometo y el otro no, no tiene sentido. Y mientras más confianza, mayor es el compromiso”

Inma Puig, psicóloga

Para Inma Puig, existen en las relaciones humanas dos palabras clave: cuidar y comprometer

“De todas las palabras que contiene el Diccionario de la RAE -más de 93,000-, esos dos términos generan un efecto especial en mí, por la relación que tienen con las personas. El compromiso es emoción. Comprometerse es emocionarse y sin emoción no hay vivencia. Todo ello, debe ir acompañado de cuidado, para que el talento crezca y se desarrolle plenamente”.

Dinámica de equipos

El éxito y el fracaso van de la mano. El error es la antesala del acierto, o sea, es imposible avanzar sin cometer errores, señala. Hay que vivir el fallo como una oportunidad y, después, iniciar algo de nuevo de forma diferente para mejorar.

Sin embargo, aunque son dos realidades cercanas, nos preparan para el fracaso, no para el éxito, dice.

“Cuando las cosas no van bien, cuando caemos, tenemos recursos preparados para levantarnos, tenemos soluciones para las dificultades. Pero cuando todo marcha bien, no sabemos gestionarlo, nadie nos dijo cómo hacerlo. Jung decía: ‘Cuando alguien viene  a contarme un éxito, yo le digo: espero que este éxito no te haya dañado mucho’”.

Toda la vida buscamos el éxito, pero no nos preparamos para sus consecuencias”

Inma Puig Santos, psicóloga

Y es por eso que los éxitos a veces son tan efímeros, continúa. “El éxito tiene un poder anestésico muy importante. Alcanzas la meta que te propusiste y entonces para todo el esfuerzo que has estado haciendo, como que sientes que el trabajo está hecho y te relajas… Y empiezas a caminar en contra de lo que habías venido haciendo”.

El éxito lleva alrededor suyo una cantidad enorme de cosas, prosigue.

“Recuerdo que Camilo José Cela dijo que cuando le dieron el Nobel de Literatura empezaron sus problemas para producir y seguir escribiendo. Porque el triunfo te saca de tu lugar, del marco referencial en el que tú funcionas realmente. ¿Y qué es lo que te mueve de tu sitio? Todo lo que viene con el éxito: las entrevistas, los premios, los protocolos, la admiración, tantas cosas que te van sacando de tu hábitat. Y cuesta mucho regresar”.

Emociones y sentimientos

Consultada por el Diario sobre qué dificultades encuentra para hablar de los sentimientos y emociones de los colaboradores de la organización, temas que supuestamente siempre han sido mal vistos en el mundo empresarial, dice que le cuesta más hacerlo en público que en privado.

“En lo íntimo todo el mundo me habla  de los sentimientos. Una pequeña cuota de éxito en lo que estoy haciendo es haber podido decir en público: ‘Oigan, cientos de personas me hablan de lo mismo, pero lo dicen en voz baja y entre cuatro paredes. ¿Qué tal sí lo decimos juntos y vemos que a todos nos pasa lo mismo?”.

“Es decir, he podido compartir estas experiencias comunes de sufrimiento, dolor, que me cuentan como terapeuta… pero que afuera nadie conoce. El mérito es que he podido hablar de todo esto de una manera entendible”.

Porque de esto se puede hablar de una manera críptica, sin que nadie entienda nada, pero hay que decirlo de manera sencilla, conectando con el sentimiento de la gente, señala.

“Recuerdo que terminando una plática en Argentina se me acercó un empresario, una persona mayor y muy exitosa, que me comentó: ‘Mire, tengo que decirle dos cosas antes de irme: como comprenderá usted por mi edad y mi situación, he estado en muchos eventos de éstos, pero hoy me han pasado dos cosas que no me habían ocurrido nunca: para empezar, lo he entendido todo, es la primera vez que le he captado todo al conferencista, y la segunda, que lo puedo aplicar en cinco minutos”.

Nuevas posibilidades

“Aquí en Mérida, una chiquita me dijo: ‘Me has abierto los ojos, me has dicho una enorme cantidad de cosas que se pueden hacer y que me dan nuevas posibilidades’. Casos como éstos le dan sentido a lo que estoy haciendo. Lo que yo les digo lo saco de la realidad, no es una simple teoría. Y es que a mí la gente me cuenta las cosas con un lenguaje normal”.

Portada del libro "Retratos de familia", de la autoría de Inma Puig Santos

En el mismo sentido, Inma Puig comenta que su libro “Retratos de familia” está escrito por los mismos pacientes. Son unas historias cortas, casos reales todos, aunque parezcan imposibles.

“Son casos reales de familias con las que yo he trabajado bien como terapeuta  de familia o como asesora de una empresa. Y en una historia habla el padre, en otra la madre, en otra los hijos o los cuñados, los hermanos, es decir, cada uno va explicando su punto de vista. Yo lo único que hice fue poner en el libro todos los sentimientos. Y fue tan intenso, que lo que se había contado llorando, yo lo escribía llorando. Es decir, fue transcribir, servir de hilo conductor de las historias”.

Es un libro que costó muchísimo escribir por la enorme carga emocional que tiene, confiesa. “Aunque no lo parece cuando lo lees. Hay gente que ha dicho: ‘Cómo me he reído con tu libro’…   le digo ‘que suerte tienes, no sabes lo que yo sufrí escribiéndolo’”.

Mover, remover…

Alguien le pidió un consejo para separar sentimientos de trabajo… ¿es posible?, le preguntamos.

“No se ha inventado cómo todavía. El que lo invente va a ganar mucho dinero porque nos vamos a ahorrar mucho dolor. Pero es imposible, porque las emociones están presentes en todo lo que hacemos, porque si lo que haces no te emociona, no tiene sentido hacerlo. Es remover, es mover… es vida. Lo que no te emociona no te mueve”.

Según la mentora, para sacar lo mejor de cada persona es necesario crear las condiciones porque en realidad todos queremos dar lo mejor que tenemos. Lo único que necesitamos es que alguien nos lo permita… Y nos lo reconozca.

El reconocimiento, explica Inma Puig, es el seguro que tenemos de que lo vamos a repetir. 

“Un niño pequeño hace unos garabatos, te trae la hoja y te dice: ‘Mira, lo que hice’… Le preguntas qué es esto, es un elefante. Si le dices ‘qué bonito elefante’, él se va feliz y al rato te trae otro dibujito… Si cuando te dice es un elefante tú le dices… ‘pero cómo, esto no es un elefante, esto son cuatro rayas mal hechas… un elefante es así’, jamás te volverá traer ningún dibujo. Los adultos somos niños vestidos de adultos, cada vez que te reconocen algo, te están incentivando a volver a hacerlo”.

Desarrollo de talento

Importa, y mucho, con qué mirada se observa al talento, señala. “La mirada del otro determina cuánto puede crecer el talento. Cuando te miran con ojos de confianza o te dicen que estás desarrollando bien tu talento, eres capaz de entregarte al máximo y comprometerte. Si, por el contrario, te contemplan sin valorar tu esfuerzo o sin dar oportunidades a tu talento, nunca llegará esa empresa a un buen fin. Nunca crecerá una persona en un entorno en que no se valore su talento”, asegura.

En eso consiste cuidar a las personas en el ámbito empresarial: se trata de escuchar, reconocer, ponerse en el lugar del otro y entender. “Sólo podemos ver lo que somos capaces de entender”.

Hay dos caminos para entender a las personas. El corto es ponerse en el lugar del otro, es difícil, pero con trabajo se puede conseguir. El fácil y largo consiste en seguir la anatomía: tenemos dos oídos y una boca. Hay que escuchar el doble de lo que se habla”.

Sentido común, la clave

En realidad, dice, no hay necesidad de buscar recetas mágicas, basta con aplicar el sentido común, lo que desafortunadamente no siempre se hace.

Todo se hace para ser reconocido y querido, pero los que mandan destacan lo malo.

“Si quieres que alguien mejore, dile lo que hace bien porque lo que hace bien seguirá haciéndolo bien y lo que no, se esforzará en mejorarlo”, apunta Inma Puig.

Por último, la mentora española da un consejo sobre cómo evaluar los resultados de un proyecto para no dañar el ambiente del equipo de trabajo.

“Hay que cuidarse mucho de no empezar a señalar culpables. La culpa es paralizante y lo que se consigue es que nadie quiera tomar decisiones. Todos hemos conseguido esto o lo otro, tanto si es bueno como si no lo es. Así se valora el esfuerzo y no el resultado. Si se valora el esfuerzo, a la larga habrá resultados. Si se valora el resultado, a la larga dejará de haber esfuerzo”.

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