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Gobiernos cómplices en el tráfico de tierras en Yucatán

El tráfico de tierras ejidales, que se ha extendido por toda la periferia de Mérida y ha provocado el irracional crecimiento de la ciudad, prosperó al amparo de la complicidad de las autoridades estatales, que nunca hicieron nada por proteger los intereses y el patrimonio de los ejidatarios.

Ni el PAN ni el PRI quisieron intervenir en su momento. Al contrario, dieron oportunidad a los traficantes y especuladores de hacer de las suyas hasta llegar a un punto en el que, como podemos ver en estos momentos, las cosas se han salido de control, comenta el investigador universitario Othón Baños Ramírez.

Para el especialista de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigación Regional “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), el proceso de privatización, acaparamiento y especulación de tierras ejidales en Yucatán debe ser analizado desde dos perspectivas.

Origen y desarrollo

En primer lugar, desde su raíz histórica y cultural. El hecho de que la ciudad de Mérida haya estado rodeada de ejidos henequeneros, que al desaparecer se llevaron consigo las opciones productivas de los campesinos, puede ser tomado como el punto de partida, señala.

“Esas tierras, en las que se dejó de cultivar henequén, no eran aptas para la milpa, se volvieron improductivas. Eso hizo que, para los campesinos, perdieran mucho valor: ya no sembraban henequén, no sembraban maíz, lo tenían en breña prácticamente”.

En segundo lugar, en 1992 modificaciones a la Ley Agraria abrieron las puertas a la enajenación de los ejidos colectivos, que desde entonces comenzaron a ser objeto de venta, prosigue.

Esas nuevas condiciones dejaron listo el escenario para el surgimiento de un fenómeno más: el crecimiento exponencial de Mérida.

“Como sabemos, con la expropiación de las tierras de muchos ejidos ordenada por Víctor Cervera Pacheco para formar las reservas territoriales del municipio se inició el flujo migratorio hacia los terrenos ejidales. Y esto empezó a marcar el ritmo de expansión de Mérida”, refiere el Dr. Baños Ramírez.

Confiscación y venta

Muchos nuevos fraccionamientos, como Francisco de Montejo, se levantaron sobre tierras que el gobierno del Estado vendió tras confiscarlas, recuerda. “En esos años se desataron enormes procesos de expropiación de tierras ejidales que rodeaban la ciudad y, al mismo tiempo, de expansión urbana”.

En resumen, a las condiciones históricas —aquellas de que los ejidatarios no veían útiles las tierras— se les sumaron la privatización y la especulación. Gente cercana al poder, a Cervera Pacheco, con dinero para operar, empezó a comprar esos terrenos por hectárea.

“Algo terrible. Como el precio de tierra ejidal se cotizaba por hectárea, los especuladores compraron superficies inmensas a precios irrisorios, para venderlas después en cantidades exponencialmente mayores”.

Protesta de ejidatarios de Ucú ante el Tribunal Agrario, en la ciudad de Mérida, en 2019: acusaban despojo de tierras.- (Megateca)

Expoliación

El proceso se siguió expandiendo sin freno y prácticamente toda la tierra de los alrededores de la ciudad —la parte norte, poniente y oriente, principalmente— pasó a manos privadas, la mayoría de las veces por medio de especuladores como Gabriel Guzmán Millet (quien, como hemos informado ampliamente, está hoy envuelto en un escándalo legal), indica.

Los especuladores aprovechan la grave situación de pobreza en que viven los campesinos para expoliarles sus tierras, pagando por ellas precios irrisorios y vendiéndolas después en cifras millonarias"

Dr. Othón Baños Ramírez, investigador

Guzmán Millet es un corredor de tierra, pero no solamente él se ha beneficiado de la especulación y el engaño a los ejidatarios, dice.

“Mucha gente cercana a la oficina de regularización de tierras y de la cuestión agraria aprovechó su posición para expoliar a los campesinos de sus terrenos”.

Negligencia

“En su momento tendría que haber habido una ley, una intervención de las autoridades estatales para proteger los intereses y el patrimonio de los ejidatarios”, considera el investigador. “Sin embargo, jamás se interesaron ni el gobierno del PRI ni el del PAN, porque este fenómeno le tocó Patricio Patrón cuando estaba ya en una etapa no tan incipiente”.

“Ni el PAN ni el PRI hicieron nada. Estamos hablando de que el gobierno neoliberal no sólo no tuvo respuesta para apoyar a los campesinos, sino que, al contrario, dio chance para que la especulación creciera a tal punto que estamos viendo actualmente la profundidad de sus impactos”, señala el doctor en Sociología.

Tierra cara

Estamos ante un fenómeno en el que mucha gente —de Yucatán, pero también de fuera— ha querido aprovechar la reputación de Mérida como una ciudad tranquila, alejada de la violencia, para hacer negocio con la tierra, advierte.

Y en esto, continúa, los mayores perjudicados han sido los ejidatarios… los principales, pero no los únicos.

Con los intereses especulativos del mercado del suelo se origina otra gran problemática: ya no hay tierra barata ni en torno a la cabecera del municipio de Mérida ni en sus pueblos.

A los jóvenes les resulta muy cara, totalmente fuera de su alcance, para comenzar a levantar un patrimonio, indica el investigador (CONTINUARÁ)

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