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Hacendados y políticos de Yucatán vendían miles de indígenas mayas a Cuba

Aspecto de las labores submarinas alrededor de la zona del naufragio de “La Unión”
Aspecto de las labores submarinas alrededor de la zona del naufragio de “La Unión”

Hacendados y políticos de Yucatán vendieron miles de indígenas mayas a Cuba como esclavos entre los años 1849 y 1861, recuerdan historiadores.

Los especialistas fueron consultados por Central 9 a raíz del reciente descubrimiento de los restos de "La Unión" en aguas cercanas a Sisal, considerado "el primer barco usado para el tráfico de esclavos mayas".

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Según Freddy Cabrera Ku, Maestro en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), que ha investigado sobre el tema, la escasez de mano de obra en los ingenios cubanos -debido a la prohibición de la esclavitud en Estados Unidos e Inglaterra- y la detención de miles de indígenas mayas en la Guerra de Castas propiciaron el auge de este vergonzoso comercio.

Los barcos salían desde Sisal

Los mayas salían de contrabando del puerto de Sisal, en barcos de navieras españolas, hacia la zona de Matanzas para trabajar en los cultivos de caña, añade Cabrera Kú.

Este negocio, sin embargo, duró pocos años porque para los contratistas cubanos los mayas yucatecos eran menos productivos que los negros africanos en el cultivo de caña.

"No se sabe con exactitud qué pasó con los miles de yucatecos vendidos a Cuba", afirma Cabrera Ku, entrevistado por teléfono en sus oficinas de Ciudad de México.

"Se cree que algunos regresaron a Yucatán para participar en el nuevo cultivo del henequén, pero otros miles se habrían quedado en la isla".

"Ahora, según algunos indicios, cientos de sus descendientes viven en la provincia de Mayabeque, tratando de conservar sus tradiciones mayas".

Descubrimiento del INAH

El miércoles 16 de septiembre, el Diario publicó que arqueólogos subacuáticos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron fragmentos del barco de vapor "La Unión" a dos millas náuticas (3.7 km) de Sisal.

El barco, que pertenecía a la empresa española Zangroniz Hermanos, establecida en 1854 en La Habana, se habría hundido el 19 de septiembre de 1861, a causa de un incendio, y se le considera como "el primer barco usado para el tráfico de esclavos mayas".

De acuerdo con el INAH, un año antes de su hundimiento, en octubre de 1860, las autoridades sorprendieron a marineros de "La Unión", en Campeche, cargando 29 mayas, entre ellos niños y niñas de 7 y 10 años, que vendieron a empresarios cubanos, no obstante la prohibición de esa práctica en México.

Antonio López de Santa Anna

Diversos historiadores que han estudiado el caso, como Izaskun Álvarez Cuartero, de la Universidad de Salamanca, España, señalan a Antonio López de Santa Anna como el principal responsable de la venta de indígenas mayas a Cuba, a partir de su llegada a la presidencia en 1853, dice Cabrera Kú.

"Desde Ciudad de México, él mismo hacía los arreglos con los contratistas españoles asentados en Cuba".

El representante de López de Santa Anna en Yucatán era su gran amigo el Gral. Rómulo Díaz de la Vega, a quien nombró gobernador precisamente con el encargo de facilitar el comercio de esclavos mayas.

Éste sustituyó a Miguel Barbachano, partidario también de la venta de indígenas, aunque no hay aún evidencias que lo liguen directamente con el negocio.

De acuerdo con Cabrera Ku, los yucatecos que sí estuvieron directamente involucrados en esta triste actividad, según los estudios de Álvarez Cuartero y de otros investigadores, fueron:

Simón Peón Cano, dueño de innumerables haciendas ganaderas y agrícolas, y Juan Anduce. En La Habana, el principal intermediario era Agustín de Bolívar.

Ante la escasez de esclavos africanos, los empresarios azucareros de Cuba optaron por comprar indígenas mayas apresados en la Guerra de Castas
Ante la escasez de esclavos africanos, los empresarios azucareros de Cuba optaron por comprar indígenas mayas apresados en la Guerra de Castas

El comercio de indígenas se prolongó durante doce años, de 1849 a 1861, con altibajos y con más sombras que éxitos para ambas partes, afirma Álvarez Cuartero en su estudio "De Tihosuco a La Habana: la venta de indios yucatecos a Cuba durante la Guerra de Castas".

Detona en la Guerra de Castas

Fue precisamente la Guerra de Castas, que estalló en julio de 1847, uno de los detonantes del comercio de indígenas mayas, añade el profesor de la ENAH.

Este conflicto, que ocasionó sangrientos combates entre indígenas y blancos, trajo graves inconvenientes al gobierno yucateco, entre ellos las crecientes dificultades para sostener a los numerosos prisioneros mayas por la falta de alimentos y de espacio en las cárceles.

Además, la aguda escasez de víveres en los campos de refugiados indígenas, que huían del conflicto y se formaban alrededor de Mérida.

Esta situación coincidió con la falta de mano de obra en los ingenios de Cuba, derivada de la prohibición de la esclavitud en Estados Unidos e Inglaterra desde 1807.

Un tráfico complicado

En esa época, Cuba era colonia de España, que decretó el fin de la esclavitud hasta 1870, por lo que los cubanos siguieron intentando traer esclavos de África para trabajar en sus plantaciones azucareras.

Esto, sin embargo, resultaba cada vez más difícil y costoso por el eficaz patrullaje de las armadas británica y estadounidense que trataban de impedirlo.

Ante estos obstáculos, los empresarios azucareros consideraron la opción de llevar indígenas mayas a la isla (también trasladaron a miles de chinos), aprovechando la cercanía con la Península de Yucatán.

Hace unos días, el INAH anunció el descubrimiento de algunos vestigios del barco “La Unión”, cerca de Sisal, considerada una de las principales embarcaciones dedicadas al comercio de esclavos mayas con Cuba
Hace unos días, el INAH anunció el descubrimiento de algunos vestigios del barco “La Unión”, cerca de Sisal, considerada una de las principales embarcaciones dedicadas al comercio de esclavos mayas con Cuba

El transporte se hizo bajo los términos de un supuesto contrato de trabajo por diez años que "en realidad solo disfrazaba lo que realmente era: un comercio de esclavos", afirma Cabrera Kú.

"El negocio era redondo. Por el lado de los políticos y hacendados yucatecos, éstos se deshacían de los indígenas rebeldes encarcelados, que eran los más violentos y problemáticos".

"Por el lado de los cubanos, lograban sustituir a los esclavos negros de África en el corte de caña".

Llevaban mujeres y niños

En un primer momento se embarcó solo a los indios encarcelados, "pero más adelante se llevaron a Cuba mujeres, niños huérfanos y familias enteras con independencia de su condición rebelde o no", señala Álvarez Cuartero en su estudio.

El primer yucateco en aprovechar la nueva situación fue precisamente Simón Peón, quien en 1848 inició la construcción de un ingenio llamado El Progreso, cerca de la ciudad de Matanzas, en Cuba.

Ahí llevó de 300 a 400 indígenas mayas, según los estudios del investigador de la Universidad de Salamanca.

A raíz de esto aumentaron los embarques de mayas y mestizos yucatecos a Cuba para engancharlos a una esclavitud en la que tuvieron por compañeros de desgracia a cientos de asiáticos.

En Cuba los contratistas promocionaban el traslado de indígenas yucatecos a la isla como un negocio extraordinariamente ventajoso para el traficante de esclavos y para el empresario azucarero.

¿Cómo los ofrecían en Cuba?

Las investigaciones de Álvarez Cuartero, dice Cabrera Ku, consignan que las autoridades yucatecas promovían la "contratación" de los trabajadores mayas presentándolos como "individuos de moralidad correcta, sobrios, de carácter dócil, con fuerza física por sus características morfológicas, de fácil mantenimiento (granos maíz y un techo de paja y algo de ropa eran más que suficientes) y si caían en la vagancia podían ser reconducidos al buen camino sin grandes esfuerzos".

El Mtro. Freddy Cabrera señala que no hay información precisa sobre el precio que se pagaba por los esclavos mayas.

El propio Álvarez Cuartero señala en su texto que durante los primeros años "el precio por pieza en Mérida era de tres onzas, mientras que en La Habana se vendía en diez onzas; de esas tres onzas el erario yucateco se quedaba con 25 pesos".

No obstante, informes proporcionadas por el historiador Arthur F. Corwin indican que el costo en Yucatán por cada pieza era de 25 pesos, es decir, de una onza, y que se vendían en La Habana alrededor de los cien pesos, es decir cuatro onzas oro.

Otras fuentes señalan que cada yucateco era comprado en Sisal por entre 20 y 25 pesos y llegado el caso podía revenderse en el puerto habanero en 160 pesos los hombres y en 120 las mujeres. Esos precios solían oscilar y no sabemos de los precios por familia o por edad.

Los barcos que transportaban a los mayas esclavizados salían del puerto de Sisal
Los barcos que transportaban a los mayas esclavizados salían del puerto de Sisal

De acuerdo con el profesor de la ENAH, el tráfico de indígenas como esclavos en Cuba estaba disfrazado de un "contrato laboral" a diez años, redactado en maya y en español.

En el contrato tanto el indígena como el contratista cubano declaraban expresamente que lo firmaban libremente, "lo cual era una enorme mentira", dice.

"Ese contrato escondía una auténtica trata de esclavos".

Obligados a trabajar en cualquier finca

Como dice Álvarez Cuartero, estos contratos obligaban a los mayas a trabajar en cualquier tipo de finca (caña, cafetales, potreros) o trabajo (caminos, fábrica, talleres, servicio doméstico), y no se estipulaban las horas diarias de trabajo.

Los contratos hablaban de pagos de "dos pesos fuertes en moneda", más comida, dos mudas de ropa al año, alpargatas y sombrero.

Aunque el contratista decía otra cosa, la verdad es que los mayas yucatecos enviados a Cuba no lo hacían por voluntad propia, sino obligados o mediante engaños de los enganchadores.

El estatuto que se les concedió a los indígenas yucatecos no distaba del que durante años ostentaron los esclavos africanos.

Condiciones infrahumanas

Esto se observaba sobre todo en las condiciones infrahumanas en la que eran transportados a Cuba desde Sisal, en los barcos españoles de las compañías Goicouría y Hermanos y Zangroniz y Hermanos, a la que pertenecía "La Unión", explica Cabrera Kú.

Ilustración que muestra la disposición del barco “La Unión”
Ilustración que muestra la disposición del barco “La Unión”

Añade que este comercio de esclavos ocurría no obstante que desde 1849 el presidente Manuel de la Peña decretó la suspensión de esta actividad y a que en 1861 Benito Juárez prohibió la “extracción de cualquier indio maya” y declaró nulos todos los contratos expedidos por las autoridades yucatecas.

Hay pruebas contundentes de que en esos años el comercio de indígenas mayas a Cuba se hizo sin interrupciones. Los contratistas cargaban los barcos sobornando a sus tripulantes y a las autoridades locales.

De acuerdo con la información del INAH que publicamos el 16 de septiembre, el barco "La Unión" llevó a Cuba entre 1855 y 1861 un promedio mensual de 25 a 30 mayas capturados durante la Guerra de Castas o engañados con documentos falsos y los transportaba "en pequeños e insalubres espacios".

Cuando llegaban a Cuba eran trasladados a la zona de Matanzas y Cárdenas, donde funcionaba la mayoría de los ingenios.

Castigos si se negaban

Una prueba de la esclavitud a la que estaban sometidos es la información recogida por el historiador Álvarez Cuartero, según la cual "sí los indígenas yucatecos desobedecían a sus capataces cubanos se les infligían doce latigazos".

"Si persistían en su falta se les aplicaban dieciocho más, en caso de reincidir se les obligaba a llevar grillete y dormir en el cepo (trampa para animales)".

"Rehusar las tareas diarias también era punible y hacerlo en compañía de otros compañeros costaba 25 cuerazos, grilletes y cepo durante dos meses".

El tráfico de esclavos mayas a Cuba decayó, precisa Cabrera Ku, porque los empresarios azucareros creían que su rendimiento era menor que el de los negros africanos.

Esto obligó a los contratistas a sacar de los ingenios a los indígenas mayas, reunirlos en grupos y venderlos luego en las plazas de los pueblos, "como si fuese una barata de saldos".

Unos regresaron y otros se escondieron

Cuando esto comenzó a ocurrir muchos, como pudieron, regresaron a Yucatán y otros huyeron a las montañas cercanas a Matanzas, de difícil acceso, y se escondieron durante años, tal y como lo hicieron los mayas en las selvas de Quintana Roo durante la Guerra de Castas, añade Cabrera Kú.

Algunos cientos de yucatecos descendientes de los mayas esclavizados en el siglo XIX, aún viven en la zona de Cuba llamada Madruga en la provincia de Mayambeque, cerca de La Habana, rodeada de la cordillera Bejucal–Madruga–Coliseo, afirma Coronado Kú.

Cientos de descendientes de los mayas yucatecos llevados a Cuba a la fuerza viven ahora en el municipio de Madruga, en la provincia de Mayabeque, donde aún
Conservan algunas de sus viejas costumbres
Cientos de descendientes de los mayas yucatecos llevados a Cuba a la fuerza viven ahora en el municipio de Madruga, en la provincia de Mayabeque, donde aún
Conservan algunas de sus viejas costumbres

En este lugar, tapizado de bosques, se refugiaron los mayas que no pudieron regresar a Yucatán, después de huir de los cañaverales, y retomaron su vida de campesinos en relativo aislamiento.

Estudios realizados en esa zona revelan que los descendientes de los mayas practican la milpa, emplean algunas palabras mayas en su lenguaje habitual y cocinan guisos muy parecidos a los de Yucatán.

Muy pocos conservan sus apellidos mayas, pero su fisonomía sigue siendo muy parecida a la de sus ancestros, afirma Cabrera Ku.

Con la ayuda de las autoridades locales, esa comunidad ha emprendido la tarea de recuperar sus orígenes "y el primer resultado fue la elaboración de un recetario de guisos de Madruga, que sí lo ves”, dice Cabrera, “está igualito a cualquier recetario de comida yucateca".

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Imagen ilustrativa tomada de @El_Universal_Mx

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