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Leones de Yucatán: Una identidad llamada béisbol

Me encuentro entre mis archivos recientes con una litografía que es una auténtica joya: el Sporting Club, que fue, en los primeros años del Siglo XX, el mejor equipo que había en el béisbol local.

Documenta “La historia del béisbol en Yucatán”, que escribió Joaquín Lara Campos, todo lo que se vivía en torno a ese deporte que llegó a estas tierras, por la vía marina, desde Cuba, con la familia Urzaiz Rodríguez, a eso de 1890.

Y bien dice el contador Arturo Millet Molina, más allá de sus románticas y anecdóticas charlas sobre este deporte, “esto del béisbol es más que un simple juego”.

Es, en honor a la verdad, muchísimo más que béisbol. El rey de los deportes, como le llaman sus adoradores, ha traspasado barreas, extendiéndose a este Yucatán ultramoderno y cosmopolita que vivimos hoy día.

La evolución del béisbol en tierras yucatecas

De aquellas épocas en la que se jugaba de pantalón blanco, con alpargatas, sin gorra, a los tiempos de los flamantes deportivos ajustados al cuerpo, con spaics de última gama. Del blanco y negro al color.

Y el béisbol sigue. A casi 140 años de los primeros lances, pero ahora con los Leones como buque insignia del deporte yucateco, a unas horas de saltar al diamante para disputar el honor de ser los mejores de una Liga Mexicana en la que cuatro veces han sido los reyes.

Leones de Yucatán… se lee fácil, como un nombre propio de un equipo. Pero antes hubo el Club Mérida, que, dice don Arturo Millet y secundan sus amigos el “Chino” Luis Carlos Fernández López (que fue gran cronista de toros también) y Pedro César Góngora Navarrete, le dieron una vida especial a esto que se llama béisbol. Y el Sporting Club dominó por muchos años con los señoritos de alcurnia que eran destacados peloteros.

Muchos no sabemos ni lo básico de esta historia, pero la legión de beisbolistas hizo que este deporte fuera tan grande que hoy en día sigue teniendo adoradores por millares en estas tierras del Mayab.

Herederos de grandes glorias del béisbol

Le siguen la huella a “Pepón” Juárez, al “Asere” Negrín, al “Bambino” Liddi y otros más. Son los herederos de Julio Molina, de Wílliam Berzunza, de JJ Pacho, Morejón, Borges, y hoy, más relevante, “Bolón” Rodríguez.

Me topo también, del Archivo del Diario, con una imagen que atrapa atenciones especiales: Luciano Ku Hu saludando al receptor Gerardo Gutiérrez, luego de que el famoso lanzador de la “yun tun” (bola submarina) tirara la primera bola en una de sus últimas visitas al Parque Kukulcán, en los años 80. Si hubiera nacido en esas épocas.

Luciano Ku Hu saludando al receptor Gerardo Gutiérrez

Y, vienen a la mente, los grandes juegos celebrados en el ex-Rastro, con la Liga Meridana de inicios del siglo pasado; luego ni se diga los que se disputaron en el mítico campo de Itzimná, después en el Estadio “Salvador Alvarado”, antes de emigrar a la que fue la joya de joyas en la Península: el Parque Carta Clara, el conocido Diamante “Julio Molina”.

¿Esto del béisbol qué da?

Ha dado identidad, ante todo. Los Leones son el seguimiento de lo que se sembró muchos años atrás, desde el siglo XIX, convirtiendo al deporte como algo esencial en la comunidad, en la sociedad.

Los Leones tienen vida desde 1954, cuando debutaron en la Liga Mexicana, con Álvaro Ponce Vidiella y Humberto Abhimeri, con algunas ausencias, pero firmes desde que en los 80 los trajo de vuelta Plinio Escalante Bolio.

Luego con Romeo Magaña Carrillo, que los hizo monarcas en 1984; la Cervecería Yucateca y Gustavo Ricalde Durán, hasta llegar a manos de sus actuales propietarios, los hermanos mazatlecos Juan José y Erick Arellano Hernández, que convirtieron al club en el más consistente de toda la Liga Mexicana en los últimos cinco años.

A nuestros días, con brillantes campos en la ciudad, con el Parque Kukulcán aún aguantando estoicamente (tiene casi cuatro décadas de vida), el béisbol sigue campante.

Crecen otros deportes, pero...

El fútbol, con un mercado publicitario enorme, acapara reflectores donde sea. En Yucatán crece el soccer, igual que van surgiendo otros deportes con mucha fuerza. Genera pasiones en las nuevas generaciones.

Pero es el béisbol el que mantiene alto el estandarte en Yucatán. ¿Razón? La herencia de sus mestizos y catrines pegó como semilla. Como cuando Miguel Canto abrió esa famosa “época dorada del boxeo” con cinco campeones mundiales de boxeo.

Hoy, celebran con “Pepón” y los Leones lo que se comenzó a gestar más de un siglo atrás en campos llaneros, pero soñando en grande.

La historia del beísbol en Yucatán

Antes de lo que hoy disfrutamos existió mucha historia. Todo comienza a tratarse desde que la familia Urzaiz Rodríguez llegó a Progreso en un buque procedente de Guanabacoa. Entre los múltiples objetos que la familia trajo desde su punto de origen estaban los primeros implementos de béisbol.

Así se fueron dando los primeros acercamientos de este nuevo deporte con los niños y adultos yucatecos. Para el año 1900 ya era más formal todo.

Los muchos yucatecos que viajaban a Estados Unidos fueron conociendo igual la forma en que el béisbol iba desarrollándose allá, más en forma, en campos convencionales y estadios repletos de gente.

Nace en la entidad el que dicen las historias fue el primer equipo formal: el Mérida. Y se integran otras novenas. La Liga Meridana, de acuerdo con una historia narrada por Joaquín Lara Campos, tuvo su primera directiva en 1904 y allí estuvieron entre otros Avelino Montes Linaje y Serapio Rendón, dos ilustres personajes de la época.

El deporte se posiciona como algo especial y se convierte en parte de la raíz de los yucatecos desde entonces.

Epicentro del rey de los deportes

El campo de la colonia Itzimná, enclavado donde hoy se encuentra el Colegio Montejo, vive una gran época. Sus gradas de madera se convierten en el epicentro del rey de los deportes, reuniendo a cientos de espectadores, según han narrado en diversas publicaciones historiadores como Carlos Castillo Barrio, que ha documentado desde las hemerotecas todo lo relacionado con esta disciplina.

El antiguo campo de la colonia Itzimná

Igual en libros dedicados al Estadio Salvador Alvarado, Gaspar Gómez Chacón y Gabriel Zapata Bello han bordado filigrana auténtica con pasajes e imágenes que muestran lo que representaba para entonces como acontecimiento social, la par con lo deportivo.

Julio Molina Torraz es uno de los yucatecos brillantes de inicios del Siglo XX. Cuentan que era un lanzador muy dominante y que también era destacado bateador.

Razones habrá y de sobra para resaltar su trayectoria, que le permite ser el primer yucateco con un nicho en el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano.

El béisbol profesional

Luego de vivir una gran época en los campos de Itzimná, así como en El Fénix, el béisbol se muda a su primera casa con gradas de mampostería: el Estadio Salvador Alvarado, inaugurado en 1939.

Allí se desarrolla la inolvidable historia de la Liga Peninsular, a donde llegaron los grandes beisbolistas de la época, como Ramón Bragaña, Lázaro Salazar, formando parte de los equipos Mérida, Estrellas Yucatecas, que disputan batallas heroicas con equipos de Campeche, más adelante con Quintana Roo.

Roba miradas una imagen espectacular de Bragaña, el famoso "Profesor", discutiendo una acción con el que fuera sensacional umpire yucateco Fernando López Abad.

Se vivían entradas apabullantes, una fiebre que aún recuerdan los que viven, como algo que repercutió enormemente en lo que hoy se tiene.

Los apostadores, nos ha relatado el contador Arturo Millet en sus sabrosas crónicas, eran parte fundamental, un mal necesario para la época, porque permitían sumar ganancias que costeaban a las grandes figuras.

Entonces, gracias a la trascendencia que iba tomando el béisbol en la Liga Peninsular, jugadores nacidos en Yucatán fueron haciendo su parte estableciendo su posición y ganándose un lugar en la historia.

Así fueron dándose legendarios peloteros, como el siempre recordado Luciano Ku, el hombre de la mítica bola "yun tun", una especie de pitcheada submarina.

Tan grande, que su nombre lo lleva un campo en el Sur de Mérida. Así fueron igual los hermanos Cardeña: Miguel Cardeña Blanco da nombre al campo de la colonia Bojórquez, y Federico, el "Chivirico", a otro escenario ubicado por las plazas Dorada y Las Américas.

Diamantes como el de la colonia Dolores Otero abrían paso a su legendaria historia en el Gonzalo "Sansón" Novelo. Hasta hoy en día se viven grandes batallas allá por la moderna Liga Meridana que conduce el Ayuntamiento.

¿Cuál es el origen del nombre Leones de Yucatán?

Con una población enorme en la Península, una liga que cada vez iba adhiriendo figuras de todos puntos del país y conocidas leyendas extranjeras, comienza la tarea de hacer que la pelota yucateca llegue a la máxima categoría en verano: la Liga Mexicana.

Para ello, la primera misión fue contar con un Estadio adecuado. Y así nace el Parque Carta Clara, edificado en los terrenos donde estaba enclavada la factoría de la Cervecería Yucateca.

Entenderá usted porqué cuando nace el primer equipo yucateco de la Liga Mexicana lleva por nombre Leones de Yucatán. El producto insignia de la Cervecería era la León Negra, además de que el escudo de armas de la ciudad capital tiene dos Leones en su elemento central.

El estreno se da con bombo y platillo.

El Diario de Yucatán ha sido el único medio de comunicación del Sureste que ha seguido la huella del béisbol en la entidad. Lo hizo desde sus antecesores La Revista de Mérida y La Revista de Yucatán.

Cuando Óscar "Bariguilla" Rodríguez entregó el line up para el primer juego de la historia a Fernando López Abad se comenzó a escribir otra página brillante del béisbol.

Fue en 1954 cuando los melenudos saltaron al diamante de la Liga Mexicana, llevando en sus filas a yucatecos ilustres como Zacarías Auais, Chucho Rejón y otros, venciendo a los Tecolotes de Nuevo Laredo con pitcheo en toda la ruta del recordado José "Indio" Peraza. Dicen, y pueden no estar equivocados, que el gran "Indio" pudo llegar a Grandes Ligas.

Las cuatro estrellas

Lo que don Eduardo Urzaiz e hijos, los amantes y apasionados que gestaron las ligas Meridana y Peninsular, y don Álvaro Ponce Vidiella y Beto Abhimeri Abhimeri cristalizaron con los Leones, logró su primer objetivo grande en 1957, con la coronación de los melenudos en una temporada que daba el cetro al mejor equipo de toda una temporada. El Parque Carta Clara registró las mejores entradas de la historia en esos años.

Cuando la economía no fue la adecuada el equipo fue movido de Plaza. Pero volvió otras dos veces, la última a finales de los años 70, hasta quedarse para siempre. Y en todo momento, siempre que ha sido competitivo, los Leones han sido arropados por sus legiones de seguidores.

Identidad y proyectos sólidos, ¿cuál es la razón?

El psicólogo Miguel Durán Fritz, especializado en Deportes, relata que es, en síntesis, una sucesión de proyectos que han tenido estructuras bien sólidas.

"Los Leones son los Leones desde siempre. Se han ido, pero han vuelto. Y siempre están en los primeros planos, siempre buscando competir con los mejores, formando y forjando".

Nos comenta también el Lic. Jorge Arana Palma, el creador del concepto Venados de Yucatán (se cumplieron 33 años de su debut como tales en Segunda División, hoy Liga de Expansión): "Es identidad. Y trabajo profesional. Por eso la gente quiere ir a verlos jugar, te da gusto pagar por un boleto".

Todos quieren ser parte de equipos que atraigan, que generen valores propios y adecuados para una sociedad creciente y necesitada de ejemplos a seguir.

Los Leones recientes

Nace entonces un escenario que fue en su momento la joya del béisbol mexicano: el Parque Kukulcán.

Se repudió, criticó y dijo mucho cuando se dejó el Carta Clara, aún siendo un digno escenario. Pero la historia tenía otras citas a seguir.

El Kukulcán se inauguró en 1982 con una de las concentraciones más recordadas de la historia.

Los Leones ganaron su segunda corona en la Liga Mexicana en 1984.

Y esa historia tiene mucho que ver en lo que siguió a continuación: un equipo que era el hazmerreír a mitad de temporada se armó con jugadores que demostraron más humanidad por sobre todas las cosas.

De la mano de Carlos Paz González, un modesto cubano que trascendió en Yucatán como hombre de béisbol en todas las facetas, con Ray Torres, Ken Angulo, Freddie Arroyo y otros, hicieron pedazos a los Diablos Rojos, a los Tigres de México y luego a los Indios de Ciudad Juárez para izar el banderín.

No se recuerdan manifestaciones de fervor hacia un equipo en la Península como aquella fiesta que los Leones de don Romeo Magaña Carrillo recibieron.

Los yucatecos fueron llegando en mayor cantidad a la Liga Mexicana y entonces, cuando don Gustavo Ricalde Durán los adquiere en 1994, comienza una labor fecunda formando a su equipo y forjando peloteros. El ejemplo cundió. Y fue con buenos resultados.

Lo que dice el sicólogo Fritz y el licenciado Arana va bien acuñado: forjar en la identidad.

Inolvidable equipo en 2006

Cuando los Leones volvieron a la cima de la LMB en 2006, fue con un equipo inolvidable que fue hecho en su gran mayoría desde casa, con Oswaldo Morejón, Luis Borges, Oscar Rivera, Salvador Arellano, Said Gutiérrez y otros más. Fueron parte del proceso, referencias que dan aliento para que haya más y más yucatecos en la Liga y soñando con lo que Manuel Rodríguez alcanzó; las Grandes Ligas.

"Bolón" es santo y seña de los actuales Leones. Los hermanos Arellano Hernández, dueños del club desde hace seis años, hicieron una profunda reflexión y reestructuración al Club.

Los melenudos pasaron a ser, en ese tiempo, en una organización tan sólida que es la envidia deportiva. Ningún equipo ha ganado tantos partidos y ha ido tantas veces a la Serie de Campeonato de la Zona Sur como ellos.

Se proclamaron monarcas en el torneo corto Primavera 2018 y llegaron a la Serie del Rey de 2019, perdiendo ante Monclova en siete juegos.

Y en 2021, en la temporada difícil de la pandemia, otra vez tienen a todos hablando de béisbol en Yucatán. "Pepón", Liddi, Negrín y compañía han dado el ejemplo que otros beisbolistas de diversas épocas brindaron para que esto que se llama béisbol siga siendo algo más que un deporte en estas tierras.

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