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La Ley de Murphy es matemáticas, no infortunio

Si salimos tarde de la casa al trabajo, ese día habrá tráfico denso en el camino. Si lavamos el auto o la ropa, lloverá. Y si olvidamos el paraguas en casa, será aguacero. De todas las fechas posibles del año, el encuentro indeseable, el inconveniente sorpresivo, la sincronización de hechos desfavorables ocurrirá en aquélla en que más agradeceríamos que no lo hiciera.

En la cultura popular, esas ideas se resumen en la Ley de Murphy. A ésta la evocamos como explicación de infortunios cotidianos que nos parecen cumplir la sentencia: “Si algo puede salir mal, va a salir mal”.

El origen de la Ley de Murphy

El concepto se acuñó a raíz de un experimento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 1949 y su enunciado original —“Si hay dos o más formas de hacer algo y una de ellas resulta en una catástrofe, entonces alguien la hará de esa manera”— se fue transformando hasta llegar a su expresión actual.

“Parcialmente cierto”

Desde la óptica de la probabilidad, el sentido de la Ley de Murphy “es parcialmente cierto”, indica el doctor Jorge Armando Argáez Sosa, profesor de la Facultad de Matemáticas de la Uady. “Si un evento tiene una probabilidad, aunque sea pequeña, de ocurrir, algún día va a ocurrir”.

Y esto es verdad tanto si se trata de un hecho favorable como de uno adverso. “No solo se aplica a cosas negativas, sino también puede ser algo positivo; por ejemplo, sacarse la lotería”, apunta.


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“Si tuviera la probabilidad de ocurrir, aunque sea muy pequeña; nos ponemos día tras día en posibilidad de que ocurra, en este caso comprar un boleto a diario, y pudiéramos vivir infinitos años, algún día nos tocaría”.

Alude al tiempo porque el número de veces que una acción se repite es un elemento a considerar en el resultado de probabilidad. “Si dejáramos que el tiempo pasara sin límite, en algún momento nos va a ocurrir el evento”, precisa. Y mientras más probable sea un hecho, más pronto sucederá.

“Apego” a lo adverso

A pesar de que los acontecimientos felices son igual de probables que los desafortunados, son éstos los que dan popularidad a la Ley de Murphy. Para el doctor Argáez Sosa eso se debe a que “tendemos a recordar de manera más vívida aquellas circunstancias que nos impactan más”, en especial las que son desventuradas.

Así explica que algunas personas estén convencidas de que cada vez que salen de la casa sin el paraguas, llueve. “Cuando sí lo llevan (y llueve) quizá ni lo toman en cuenta”.

Otros factores

En otros infortunios intervienen factores muy diferentes. Quienes se quejan de que cuando el pan se les cae de la mesa siempre “aterriza” del lado en que le untaron mantequilla deben saber que en ese resultado influye la altura a la que está la comida.

“Cuando cae, por leyes físicas empieza a girar y, como no está muy alta la mesa, solo alcanza a dar media vuelta y por eso el pan cae hacia abajo. No es mala suerte, sino una cuestión física”, subraya.

Si deseáramos contradecir a la Ley de Murphy y reducir la probabilidad de que aparezca un suceso adverso podríamos tratar de eliminar los factores que influyen en su ocurrencia. Pero no pretendamos que tendremos el control total sobre ellos.

Un ejemplo clásico de la Ley de Murphy.

“Todo lo que ocurre a nuestro alrededor es determinado por muchas circunstancias que están fuera de nuestro control”, señala el doctor Argáez Sosa.

“¿Cuál es la probabilidad de que manejando sufra un accidente? Un factor que aumenta la probabilidad es manejar a toda velocidad; si lo hago con precaución la disminuyo. Pero sigue habiendo cosas fuera de mi control; los otros conductores, por ejemplo”, explica.

Aplicación de la Ley de Murphy en la vida diaria

El estudio de la probabilidad y estadística tiene aplicaciones en muy diversos ámbitos, como en los procesos de fabricación, en los que determina la posibilidad de que una pieza presente fallas. “Se hacen muestras de piezas y cuando empiezan a verse muchas falladas es que ya se salió de control el proceso de fabricación y hay que actuar sobre él”.

Aplicando al Covid

Esto es posible porque la probabilidad permite saber, entre otra información, “cómo se comporta una población grande usando una muestra”, añade el profesor. Y es útil para evaluar tanto sucesos simples como complejos, por ejemplo la evolución de la pandemia del SARS-CoV-2. “Hay modelos matemáticos y de probabilidad que estiman qué va a pasar en los siguientes días suponiendo que las condiciones actuales se mantengan”.


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Profundizar en la enseñanza de la probabilidad y estadística en las escuelas contribuiría a cambiar la interpretación que la gente hace de los resultados adversos en la vida cotidiana. “Esas asignaturas nos ayudarían a entender que no es que tengamos mala suerte, sino que se conjuntan factores que no controlamos y por eso vemos la ocurrencia de un evento”.

Orígenes

Al enunciado habitual de la Ley de Murphy se le han añadido con el tiempo expresiones que trasladan a ámbitos específicos el pesimismo sobre el resultado de probabilidad.

“Nunca lo entiendes hasta después del examen” es una sentencia aplicada a la enseñanza; “Los doctores solo preguntan tu nombre cuando al paciente no le está yendo bien”, a la enfermería; “Si estás llegando tarde, también lo hará el autobús”, al transporte; “Cuando no tengas mucho trabajo... todos tus colegas estarán ocupados”, la oficina, y “El fuego amigo no lo es”, la guerra.

Estas afirmaciones no reflejan la intención inicial de la Ley de Murphy, que sí advierte que las cosas pueden salir mal, pero también orienta sobre cómo evitar que eso suceda.

En un artículo de la Australian Broadcasting Corporation (ABC) dedicado a la Ley de Murphy se recuerda que ésta surgió en 1949 durante una serie de experimentos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a fin de determinar el nivel de aceleración que podría soportar un ser humano.

¿De dónde salió el nombre?

En las pruebas se colocaba a voluntarios en un trineo a cohete que aceleraba a mil kilómetros por hora y se detenía de pronto. El capitán Edward A. Murphy diseñó el arnés con el que se aseguraba a la persona al aparato y que llevaba 16 sensores para medir los efectos de la velocidad en diferentes partes del cuerpo. Cada sensor podía colocarse de dos maneras.

Uno de los voluntarios era el médico coronel John Paul Stapp, quien terminó a salvo el experimento, pero con sangrados a causa de la fuerza de aceleración. Al final su resistencia resultó en vano porque el registro de todos los sensores en su cuerpo fue de cero, ya que todos ellos se habían colocado del modo equivocado.

Edward A. Murphy.

Ante esta situación, el capitán Murphy declaró: “Si hay dos o más formas de hacer algo y una de ellas resulta en una catástrofe, entonces alguien lo hará de esa manera”. Procedió a resideñar los sensores para que hubiese solo una manera posible de instalarlos, con lo que resolvió el problema.

Alcance mundial

La Ley de Murphy fue pronunciada oficialmente en una rueda de prensa sobre los experimentos. Meses después se le empezó a mencionar en los anuncios de fabricantes aeroespaciales y por la Fundación para la Seguridad del Vuelo.

Con los años la sentencia se transformó y adquirió un sentido determinista. Sin embargo, hay quienes aún ven en ella una enseñanza para evitar costosos errores al enfatizar en la importancia de la planeación y la previsión de fallas, a fin de no dar oportunidad a que alguien elija el camino de la catástrofe.

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