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Miguel Tzab Trejo, ese gran desconocido en la plástica yucateca

Foto: Megamedia

Fue amigo de Diego Rivera. Ilustró la edición de 1934 de “La tierra del faisán y del venado” de Antonio Mediz Bolio. Sus murales sobre el comercio popular observan todavía desde el techo la actividad diaria en el mercado “Abelardo L. Rodríguez” de Ciudad de México. Y, sin embargo, Miguel Tzab Trejo es casi un desconocido en la historia de la plástica yucateca.

Originario de Tixpéhual, donde nació en la primera década del siglo XX, el pintor fue también el autor de murales que adornaron el Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto”, que a partir de diciembre de 1989 se terminó de demoler en terrenos donde ahora está el mercado San Benito.

Además del jardín de niños “Dominga Castro Pastrana”, cuya decoración mural estuvo a cargo de Armando García Franchi, el complejo educativo albergaba la primaria “Artemio Alpizar Ruz”, la secundaria “Eduardo Urzaiz Rodríguez”, la Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña” y la Sala de Conciertos “José Jacinto Cuevas”, donde podían verse las obras de Tzab, quien en su juventud se estableció en Ciudad de México.

La sala de conciertos "José Jacinto Cuevas" a principios de la década de 1970. Su demolición fue ordenada en 1972. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán.

Se borró la historia

Cuando en 1970 se remozaron las instalaciones, algunos trabajos de Tzab fueron borrados y reemplazados, lo que motivó al artista, entonces también inspector de la Secretaría de Educación Pública, a manifestar su inconformidad en las páginas de “Excelsior”, como el Diario recordó el domingo pasado en “La semana hace 50 años”.

“No fue tan conocido como otros pintores”, explica Jorge Cortés Ancona, investigador de literatura y arte. “Hubo un cierto desarraigo, como pasó con Raúl Gamboa Cantón, más conocido en San Luis Potosí, y Rolando Arjona Amábilis, en Sinaloa y un poco en Quintana Roo”.

A Miguel Tzab “prácticamente se le olvidó; con lo que ocurrió con sus murales y la posterior destrucción del edificio casi lo borraron de la Historia”.

“Valdría la pena recuperar su obra porque hay muchas menciones favorables de él en Yucatán”, además de que sobresale por su participación en el proyecto del “Abelardo L. Rodríguez”, que “tiene un valor cultural y pionero” por estar pensado para ser admirado por el pueblo, dice Cortés Ancona.

Los autores de los murales del mercado “Abelardo L. Rodríguez” de Ciudad de México: delante, Ángel Bracho y Ramón Alva Guadarrama, y, detrás, Raúl Gamboa Cantón, Marion y Grace Greenwood, Pablo O’Higgins, Miguel Tzab Trejo y Antonio Pujol

Al desconocimiento de la obra de Tzab contribuye la escasa información sobre el pintor, del que sí se sabe que en Yucatán asistió a la Escuela de Bellas Artes y como alumno expuso acuarelas, altorrelieves e “incluso se menciona que hizo escultura”.

Su trayectoria

Cortés Ancona, cuya trayectoria profesional incluye labores administrativas y docentes en materia cultural, señala que en 1932 Tzab Trejo presentó una muestra en casa de un familiar en Tixpéhual y después la llevó a la capital del país.

Fue alumno de la Academia de San Carlos y “Diego Rivera tuvo amistad con él, lo visitaba en su taller, le interesaba mucho el tema maya”.

En la primera mitad de la década de 1930 fue uno de los 10 artistas invitados a decorar el “Abelardo L. Rodríguez”, proyecto supervisado por Rivera, coordinado por Pablo O’Higgins y que contó también con la participación del yucateco Gamboa Cantón.

A Tzab Trejo se le asignó el espacio del plafón del cubo de la escalera del lado norte, donde el tema del mercado se amplió a una “crítica social, económica, muy acorde con las ideas de la época”, de ahí que uno de ellos se centre en el auto de fe de Maní.

También en los años 30 ornamentó la edición de “La tierra del faisán y del venado” con “ilustraciones muy bellas”, afirma Cortés Ancona, quien destaca las “figuras planas, con mucha influencia del arte maya pero interpretado libremente, y colores muy vivos”. Un ejemplar de la obra figura en el acervo de la Biblioteca Virtual de Yucatán.

Añade que revistas y periódicos de la época hablan del artista en relación con muestras y diseño de carteles. En 1957 fue uno de los expositores de “Visión de Yucatán”, colectiva organizada por Alvar Carrillo Gil, en la que Tzab Trejo presentó el óleo “Frente al mar de Campeche”. En esa exhibición también hubo obras de Ermilo Torre Gamboa, Emilio Vera y Manuel Lizama.

En Yucatán es en los 40 cuando “vuelve a aparecer de manera importante con los murales del Centro Escolar ‘Felipe Carrillo Puerto’; ese edificio, creado por Manuel y Max Amábilis, era un ejemplo de la tendencia funcionalista de la arquitectura”.

En las paredes Tzab Trejo abordó temas históricos y sociales de la Península con los títulos “La vida de Felipe Carrillo Puerto”, “El descubrimiento del henequén por Zamná en la época prehispánica”, “La conquista de Yucatán por los españoles”, “La educación popular en el ejido yucateco” y “El folclor popular en el ejido yucateco”.

En los años 70 expuso de nueva cuenta en Tixpéhual y Mérida. A pesar de esto, no se han encontrado huellas artísticas del pintor en su poblado natal, que durante varios años se dedicó a buscar Fabio Chalé Mex, pintor y cronista de Tixpéhual. “Durante muchos años apareció en uno que otro libro como el muralista que representaba a Yucatán”, recuerda Cortés Ancona. “Se dice que dejó murales en Chihuahua y Saltillo, pero no he podido obtener nada de información al respecto”.

Tampoco ha tenido éxito la búsqueda de cuadros emprendida para nutrir exposiciones sobre la Escuela de Bellas Artes. “A diferencia de otros pintores, sobre todo de Fernando Castro Pacheco con el cual hay familiaridad y visualmente conocemos sus obras, Miguel Tzab es prácticamente un desconocido”.

Los testimonios que de él quedan permiten apreciar un estilo en el que hay “una composición libre con los elementos, no se ciñe a cánones académicos; en su manejo de las proporciones le da más peso al significado; las figuras tienden a ser planas, sin mucho volumen, y a veces no tan definidas en los detalles, o sea, no busca la perfección en el retrato de la figura sino que es más una sugerencia, un tipo de arte más cercano a lo popular”.

Asimismo, son evidentes la diversidad cromática y la tendencia social de los temas, que hablan de la reivindicación de indígenas y clases populares.

Portada y páginas interiores de la edición de 1934 de "La tierra del faisán y del venado" de Antonio Mediz Bolio, ornamentada por Miguel Tzab Trejo.
Detalles de murales realizados por Miguel Tzab Trejo en el Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" y que ilustran la portada y contraportada del número 5 de "AV Investigación", publicación de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.
Detalles de murales realizados por Miguel Tzab Trejo en el Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" y que ilustran la portada y contraportada del número 5 de "AV Investigación", publicación de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.
Portada y páginas interiores de la edición de 1934 de "La tierra del faisán y del venado" de Antonio Mediz Bolio, ornamentada por Miguel Tzab Trejo.
La sala de conciertos "José Jacinto Cuevas" a principios de la década de 1970. Su demolición fue ordenada en 1972. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán.
La sala de conciertos "José Jacinto Cuevas" a principios de la década de 1970. Su demolición fue ordenada en 1972. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán.
La sala de conciertos "José Jacinto Cuevas" a principios de la década de 1970. Su demolición fue ordenada en 1972. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán.
Los autores de los murales del mercado “Abelardo L. Rodríguez” de Ciudad de México: delante, Ángel Bracho y Ramón Alva Guadarrama, y, detrás, Raúl Gamboa Cantón, Marion y Grace Greenwood, Pablo O’Higgins, Miguel Tzab Trejo y Antonio Pujol
Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán
Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán
Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán

Constante

La destrucción de los murales y, después, del edificio del Centro Escolar “Carrillo Puerto” es para Cortés Ancona parte de una tendencia en el Estado.

“En Yucatán se invierte mucho en construir espacios para la cultura, se gastan cantidades desmesuradas a veces, pero luego no se preocupan por el mantenimiento, los servicios ni el uso por la comunidad artística; es crear algo, presumirlo y dejarlo en el abandono conforme pasan los años; es una constante tristemente”.

“Todo el tiempo vemos la destrucción de murales, se lo han hecho a muchos pintores por instituciones tanto educativas como de gobierno. Este patrimonio artístico ya no lo tenemos al alcance, lo que tenemos son registros de fotografías o descripciones en periódicos y revistas. No hay una política de Estado en ese sentido, salvo lo que aisladamente hacen algunas personas en instituciones, más por propia voluntad, o la sociedad civil”.

Pone como ejemplo el mural creado por García Franchi y Fernando Castro Pacheco en la primaria “Manuel Sarrado” (calle 63 con 66). “Desde hace tiempo se habla de la necesidad de restaurarlo e incluso dejarlo libre de mobiliario para que pueda ser admirado. Ese mural va a terminar desapareciendo; ha resistido por el material con que está hecho, pero se ve otra vez desidia para recuperarlo”.

Cortés Ancona no puede asegurar si, de haberse preservado su obra, a Miguel Tzab se le tendría ahora la misma estima como pintor que a Castro Pacheco. “Sé que pintó muchas obras al óleo, acuarelas, altorrelieves, pero no me atrevería a hacer una afirmación por el hecho de no conocerlo. Pero por la parte (de su producción) que sí se conoce creo que es suficiente para darle un lugar importante dentro del arte yucateco”.

“Los murales y las ilustraciones del libro de Mediz Bolio le dan un lugar importante en el proceso histórico, además por la representatividad: venía de un pueblo de trabajo henequenero y se formó como artista visual. Eso es igualmente un mérito”.

El Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto”

La historia del Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto”, y con ella la de los murales de Miguel Tzab y Armando García Franchi, estuvo marcada desde su origen por la desventura.

Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán

El complejo educativo no fue la primera opción de obra pública para la antigua plazoleta de San Benito; antes se consideraron un parque y un mercado (lo que terminó siendo con los años). Cuando se decidió construir un edificio de enseñanza, desde el principio se afrontó la desventaja de la ubicación, a la que después se añadieron la desfavorable orientación de sus aulas, el mantenimiento deficiente y el crecimiento de la actividad comercial a su alrededor.

La primera piedra la colocó el gobernador Ernesto Novelo Torres el 1 de febrero de 1943. Se planeaba una inversión de $1.032,000, que terminó duplicándose en los dos años que duró la obra.

Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán

Las características del centro fueron descritas por Lorenzo González Reyes en el Diario con motivo de la inauguración, el 16 de septiembre de 1945: “Se trata de una vasta construcción de mampostería —tres pisos en la fachada, dos en el interior, o uno en ocasiones—, cortada para dar cabida a toda una población escolar, al tenor de las necesidades de las escuelas instaladas en la misma”.

“El costo total de la obra material es de $2.400,000, aunque se considera en fuentes autorizadas que esta cifra es algo conservadora”.

El mobiliario lo hicieron internos de la Penitenciaría Juárez. “Dirigieron la construcción los arquitectos Amábilis padre e hijo, y en el decorado se significaron los artistas locales Tzab y García Franchi”.

González Reyes aprovechaba las críticas de un maestro sobre la orientación de las aulas, de Sur a Norte en lugar de Oriente a Poniente “como lo exige nuestro clima”, para denunciar errores que darían problemas al proyecto.

“Si a este costoso edificio se le hubiera dado una orientación técnica, científica, más en consonancia con el objeto para el cual fue destinado; si en vez de construirlo precisamente en el lugar más inadecuado: en una plazoleta —cuya ubicación le resta prestancia desde varios puntos de vista—, en la parte más baja de la ciudad, por el Oriente, rodeada por las calles más tortuosas y estrechas de la misma, por lo que se inundan frecuentemente durante la temporada de aguas transformando el Centro Educacional (¿por qué no educativo?) en una verdadera isla (...), y si no estuviera a sus espaldas un mercado indecente, foco perenne de inmundicias y de malos olores, en vez de estar circundado de (...) jardines floridos y prados de esmeralda que alegren y levanten el espíritu de profesores y de alumnos, posiblemente se justificaría la erogación de los dos y medio millones de pesos que se dice fueron invertidos en la construcción”.

Imágenes del Centro Escolar "Felipe Carrillo Puerto" a principios de la década de 1970. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán

Veinticinco años después, el 19 de noviembre de 1970, Carlos Loret de Mola Mediz inauguró en calidad de gobernador las mejoras al centro escolar, que, de acuerdo con la crónica de este periódico, incluyeron el remozamiento y la pintura de paredes y techos y la colocación de cristales nuevos.

La restauración no impidió que solo dos meses después se volviesen a presentar problemas, lo suficientemente serios para evacuar a los alumnos de la secundaria “Eduardo Urzaiz Rodríguez” y la Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña”.

Las autoridades trataron de justificar el surgimiento de grietas con el argumento de que en el remozamiento no se logró la “unión integral” del nuevo acabado con los morteros de sascab y cal con que se levantaron originalmente los muros principales.

Nada se dijo en esa ocasión de la desaparición de los murales de Miguel Tzab en las “mejoras”, en las cuales fueron raspados y borrados, como lo denunció el artista en enero de 1971.

El 16 de octubre de 1972 Loret de Mola ordenó la demolición inmediata de la sala de conciertos “José Jacinto Cuevas”, vecina del “Carrillo Puerto”. El reportero del Diario fue testigo de que el teatro “tiene aspectos deplorables: techos y cielo raso desfondados, paredes agrietadas, sillas destruidas, escenario con agujeros, olores ofensivos, etc., consecuencias de la incuria de las autoridades y los destrozos cometidos por estudiantes”. Según el gobernador, la medida contaba con el respaldo de usuarios y abastecedores del mercado, “que tendrán su nuevo e higiénico asiento a muy pocos pasos de ese antiguo edificio”.

La sala de conciertos "José Jacinto Cuevas" a principios de la década de 1970. Su demolición fue ordenada en 1972. Las fotografías fueron tomadas por Isidro Ávila Villacís para Diario de Yucatán.

“También es absolutamente inadecuada para escuelas la ubicación del Centro Escolar ‘Felipe Carrillo Puerto’”, añadió Loret de Mola. “Las autoridades piensan en la necesidad de dar nuevos locales adecuados a las otras entidades educativas que ocupan ese sitio, que sería más adecuado adaptarlo para artesanías, bazares y otras finalidades más acordes con la zona urbana en que se encuentra”.

La historia del centro educativo se cerró finalmente el 6 de diciembre de 1989, cuando, oponiéndose a la opinión de expertos en Arquitectura, el alcalde de Mérida, Tuffy Gáber Arjona, dispuso la demolición de las instalaciones remanentes, que para entonces ya eran el mercado “Felipe Carrillo Puerto”, mejor conocido como “Chetumalito”.

El terreno no volvería a acoger una obra pública hasta 2003, cuando el Ayuntamiento, encabezado por Ana Rosa Payán Cervera, puso en marcha la construcción del mercado San Benito.

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