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Óliver Pérez: del Kukulcán a un récord histórico

A Óliver Pérez le recordamos de muchas facetas.

Cuando era un adolescente, un chico digamos que promedio, flaco, de lentes, con acné, le vimos algunas veces andar en Mérida, o por las cercanías del Parque Kukulcán, por donde vivía. Lo que le hacía raro era su estatura.

Si lo mirabas y no sabías quién era, podrías pensar incluso que se trataba de un estudiante del Cbtis 95 o de alguna escuela cercana.

Él, confiesa dos décadas después, no pudo darles a sus papás un diploma (certificado) de estudios porque inclinó sus preferencias a ser beisbolista profesional.

Pero llegó a consagrarse como pelotero, como un histórico beisbolista que llegó a Grandes Ligas y está dejando un legado de duración y sacrificios que pasarán muchos años sin que sea superado.

“Eso fue lo que pude hacer: dedicarme a trabajar fuerte en el béisbol. No pude decirles a mis papás ‘aquí está mi diploma de estudios’. Pero sí pude ofrecerles mi mayor esfuerzo y lo mío fue darles un contrato con un equipo de béisbol”.

Así ha transcurrido la carrera de Óliver Pérez Martínez. Con escasos 16 años, a punto de los 17, los Leones de Yucatán lo trajeron desde su natal Culiacán para comenzar el proceso de un chico lleno de facultades.

Pulirlo era el trabajo encomendado a Roberto Pérez Aguilar, un yucateco conocido por hacer a muchos amateurs en profesionales, incluso de Grandes Ligas, como Óliver.

“Siempre guardo muy gratos recuerdos de esos momentos que viví. Fueron mi familia porque, a esa edad y estando tan lejos de mi casa, de mis papás, mis compañeros eran mi familia y Mérida, mi casa”, señala el zurdo, mirando a un auditorio en el que había varias personas mirándole. Algunos fueron sus compañeros en los Leones. No todos tuvieron la fortuna siquiera de jugar en Liga Mexicana, pero, al paso de años y años, todos ellos siguen siendo sus amigos.

Por eso Óliver está en estos días en Yucatán. Siempre gusta de venir a pasar un tiempo en estas tierras que le vieron crecer y desarrollarse. Porque el recuerdo de sus inicios le cala tan hondo, que procura darse ese tiempo para disfrutar. Esa es la parte fundamental que nos lleva a esta entrevista-charla con el famoso serpentinero culichi, cuya trayectoria profesional se abrió en el Parque Kukucán.

En esta entrega de Central 9, Óliver se expresa de todo lo ha vivido, contando en primera persona sus vivencias y reflexionando sobre lo logrado y las formas de hacerlo. Lo más agradecido posible como persona y, sorprendentemente dada la alcurnia de pelotero estrella, con una sencillez que deja ver un lado humano grande.

Ahora vuelve a su antigua casa siendo un pelotero histórico. Pérez Martínez, dándole la vuelta a un tercio de los equipos de las Grandes Ligas, ha establecido un récord enorme: 18 temporadas en el mejor béisbol del mundo. Ha vestido ocho franelas de las Mayores, pertenecido a diez organizaciones y acumulado una sustanciosa bolsa en millones de dólares, justo premio a una trayectoria en que, lo que más sobresale, es el monumental esfuerzo que ha puesto a cada cosa que hace.

Recuerda, por ejemplo, una anécdota de sus inicios, con los Padres de San Diego: “Un día de juego llegué al estadio temprano y había un pelotero entrenando con todo en el gimnasio. Lo miré y dije: ¿por qué hacer todo esto? El que entrenaba era Trevor Hoffman. Me dije entonces: ‘Si para llegar tan lejos hay que sacrificarse, eso haré’”. Y Hoffman, años después, se retiró siendo el primer lanzador de la historia que alcanzó 600 salvamentos en las Grandes Ligas. Se puso Óliver del bando de quienes hacen del trabajo fuerte un estilo de vida y luchan por cada meta que haya que alcanzar.

La misma anécdota la reflexionó Luis Mauricio Suárez, con Óliver como protagonista. Suárez estuvo presente con Óscar Rivera, Carlos Dorantes y Ferohé Ramírez  el martes en una charla con Pérez en Altozano, para presentar un proyecto ambicioso de la Academia Baseball City Mid.

Oliver Pérez, con la franela de los Leones de Yucatán (Megateca)

Allá dijo que, cuando jugando en la Liga Mexicana del Pacífico, fue cambiado de Mexicali a Culiacán, llegó temprano al Estadio “Ángel Flores” y al entrar al campo, a lo lejos, junto a la barda, había un pelotero corriendo. Luis Mauricio dice: “Lo vi y me pregunté: ¿quién podría estar haciendo eso a esta hora?” El que corría era Óliver. Ya era un pelotero de Grandes Ligas y, dice Luis Mauricio, “no tendría que estar haciendo esto”.

Pero Óliver Pérez (15 marzo de 1977, Culiacán) dijo muchas veces que solamente si se hacen esfuerzos puedes alcanzar las metas. Su idilio con el trabajo es tan poderoso como el que le une al béisbol y a su familia.

Por lo que se ha visto en su larga, brillante trayectoria, no hay duda que cada instante puesto en un entrenamiento, ha merecido la pena. Y, mientras va en el ocaso de una carrera histórica, otros jovencitos que comenzaron como él, están abriéndose paso en grande. Los ejemplos más recientes son Julio Urías y Víctor González, flamantes campeones de la Serie Mundial con los Dodgers de Los Ángeles.

“Tienen un enorme futuro. Comenzaron a trabajar desde muy jóvenes y decidieron qué es lo que querían hacer. Los resultados ya los vieron. Yo me sentí muy orgulloso como mexicano de verlos destacar, lanzar en el juego decisivo, ganar y salvar”.

Trabajador y honesto, como en aquellos tiempos en que le vimos con los Leones, como cuando sentimos un triunfo yucateco el día que ponchó a Ichiro Suzuki, su primer rival en Grandes Ligas. Y cuando, 18 años después, rompió el histórico récord para mexicanos en las Mayores.

Estar frente a un lanzador que ha vivido una extensa, prolífica carrera en el deporte arroja un gran número de interrogantes. No inventó Óliver nada nuevo. Solamente se adaptó a las circunstancias.

Es la razón por la que decidimos este trabajo, que reúne preguntas del reportero del Diario, de otros comunicadores y de beisbolistas y papás de beisbolistas presentes en la reunión en el complejo residencial Altozano. 

Nada de desperdicio en lo que se pensó sería una presentación de unos 15 minutos y terminó con más de una hora entre charla, fotos y autógrafos. Profesional, en toda la extensión de la palabra.

Algo tiene el agua que la bendicen. Algo tiene Óliver que ha durado tantos años como pelotero profesional, adaptándose a todo. ¿Qué piensas?

“Ahora no tengo 21 años. Tengo que entender todo. Desde  qué cosas tengo qué hacer, qué no tengo que hacer, cuándo tengo que practicar, cuándo tengo que descansar. Cuando van transcurriendo los años uno tiene que aprender. Por eso cuándo más rápido decidas qué vas a hacer, entre más joven sepas qué vas a hacer, vas a ser más consistente y tienes mejores opciones  de prepararte.

“Y es muy importante preguntar. La experiencia siempre va a ayudar. Cuando tengan cerca a una persona que ha tenido éxito, que ha llegado a nivel profesional… no dejen de preguntarle”.

Los padres hoy en día tienen más apertura para que sus hijos salgan de casa siendo más niños, antes no era así. ¿Puede haber una motivación para que piensen en llevar una carrera como beisbolista y a la par la de estudiar una carrera profesional?

“El deporte es importante, por salud. Y hablando de béisbol, he estado en varias generaciones. La de antes, que no teníamos nada de estadísticas. Ahora hay estadísticas de todo, de hasta cómo gira la pelota. Uno tiene que ir avanzando. Las estadísticas están allá, debes aprovecharlas para mejorar. Nos hubiera tenido gustado tener ese tipo de tecnologías cuando empezamos.

Rapsodo es la nueva herramienta que mide todo en béisbol. ¿En todos los equipos trabajan esta tecnología? ¿Cómo te ha ayudado?

“En los últimos años la tecnología ha avanzado bastante. Uno tiene que aprender, si lo tienes tiene que aprovecharlo. Te va a ayudar ser mejor deportista. Es importante aprovecharlo. No para ser perfecto, eso es imposible, pero sí para estar mejor preparado.

“Rapsodo me dice cuál es el fuerte mío, cuál es la deficiencia. Te lo dice para que puedas mejorar. Los numeritos te dicen todo.

El presente: ¿qué significó una temporada más para Óliver Pérez?

Esta temporada será muy especial. Para empezar, rompí el record. No buscaba eso, siendo sincero. Cada jugador que es profesional, que haya llegado a Grandes Ligas o no, es un ejemplo. El jugar un deporte profesional no es fácil. Y como deportista, uno debe ser un ejemplo.

“La temporada, con eso del Covid, no éramos aptos para este momento, nadie ha estado preparado para estas circunstancias. Y va a servirnos por mucho tiempo, esto va a seguir y tenemos que aprender a vivir así.

Como beisbolista, ¿qué te produce ver triunfar a dos mexicanos con poco años en el béisbol. Tú tienes 18 años en Grandes Ligas y no has ganado una Serie Mundial?

“Es parte del béisbol. Cosas que pasan. Lo de este año es especial, igual porque desaparecieron equipos de Ligas Menores, éramos 40 en el róster. Y debutaron muchos mexicanos. En los playoffs, jugamos diez mexicanos. Son muchos. Es un ejemplo de superación, es bueno para demostrar que el béisbol mexicano ha avanzado, en un futuro va haber más mexicanos.

¿Cuál ha sido tu reto más grande, como pelotero profesional y como persona?

“Uno como deportista tiene altas y bajas. Aprender de lo malo, y entender lo bueno. La vida del deportista es muy difícil, dejas la familia en otro país. Ahora tengo cuatro hijos, no los veo, me voy de gira. Pero mi esposa me ha apoyado, a ellos les gusta verlo y tengo que dar lo mejor para que estén contentos”.

¿Cuál sería el momento de tu carrera? ¿Un partido, una temporada?

“Me quedo con la de 2006. Comencé con Piratas de Pittsburgh, no me fue bien, me mandaron a Ligas Menores y me cambiaron a los Mets. Creo que es la peor en números, tuve marca de 3-13 y creo que 20 de PCL (carcajadas en el auditorio). Pero con los Mets pasé a los playoffs. Con suerte me tocó que se lesiono un abridor y me pusieron en el róster. Me tocó pitchear el Juego 5 contra San Luis y luego, con tres días de descanso, me mandaron a lanzar el Juego 7 y perdinos. Cuando regresé a Culiacán, todos me decían: ‘Muchas felicidades por lo que hiciste’. Lo tomo así: un año muy difícil, y dos partidos me cambiaron la temporada. Fue muy complicado y Dios me cambió la vida en dos partidos.

¿Cuál es tu opinión sobre el que, con los años, tengas amigos como Óscar Rivera y Luis Mauricio Suárez, en tus flancos, que te inviten a proyectos como estos. Que a pesar de las adversidades de ahora, existan emprendedores que hagan estos proyectos?

Presentación del proyecto Academia Baseball City Mid (Gaspar Silveira Gómez)
Presentación del proyecto Academia Baseball City Mid (Gaspar Silveira Gómez)
Presentación del proyecto Academia Baseball City Mid (Gaspar Silveira Gómez)

“Tenemos que aprender a vivir con lo que está pasando. Si lo sabes manejar, si lo sabes hacer, no ponernos barreras. Primero es entenderlo. Y siempre vas a tener compañeros, ex compañeros que estén contigo. Al final del juego, todos somos amigos. Volver a ver a Luis Mauricio, a Óscar. Me da gusto volver a verlos, a platicar anécdotas.

Aunque aún no te retiras, ¿puedes decir: Misión cumplida?

“Yo diría que sí. Prácticamente hice todo lo que pude hacer. Tuve una gran carrera. Yo no fui profesionista, no tuve diploma para darles a mis padres. Este (ser jugador de Grandes Ligas) es el regalo que les doy por haberme permitido salir de casa desde los 16 años”.

*) Gráficos: Eduardo Loría Villalobos

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