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Para conservar los vestigios, reglamentos limitan la fe de los mayas

La población maya afronta con frecuencia la negativa de permiso de las autoridades para realizar ceremonias religiosas en sitios prehispánicos

Con frecuencia se celebran ceremonias mayas en sitios turísticos o como parte de eventos políticos, académicos y artísticos, que los asistentes observan con curiosidad y capturan en vídeo y fotografía.

Cuando las cámaras y los teléfonos celulares se detienen, no lo hace la devoción que sostiene esos rituales, al menos no para quienes los tienen como práctica religiosa habitual y no como espectáculo para viajeros.

Son ellos los que comúnmente afrontan restricciones para efectuar actos espirituales en centros ceremoniales prehispánicos, donde en ciertas ocasiones sí se han autorizado, como en diciembre de 2018, cuando se llevó al cabo la petición ritual de permiso para la construcción del Tren Maya a un costado del Juego de Pelota de Chichén Itzá.

Una solicitud

Quien desee utilizar para ese fin las instalaciones de una zona arqueológica o museo administrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia debe dirigir la solicitud al delegado del Centro INAH de su estado, 10 días hábiles antes de la fecha de la actividad. Se requiere que el documento especifique “el objetivo y características del evento o ceremonia” para turnarlo “a las áreas normativas del INAH y obtener, como consecuencia, las observaciones que deberán cumplirse en estos eventos o ceremonias, puntualmente las limitaciones y obligaciones, así como lo permitido de acuerdo con su solicitud”, precisa la institución a Diario de Yucatán.

“Preferentemente, por un tema de seguridad, deberá estar ampliamente justificada la utilización de insumos para la realización del evento o ceremonia con el objetivo de que no pongan bajo riesgo algún área o recinto patrimonial. Por ello se asignan áreas específicas de menor riesgo para la realización de estos eventos”, añade.

Mario Domm, vocalista de Camila, graba escenas de un ritual para el vídeo “De mí” en la Riviera Maya, en 2011
Mario Domm, vocalista de Camila, graba escenas de un ritual para el vídeo “De mí” en la Riviera Maya, en 2011

Parques municipales

Esta última disposición es similar a la vigente en el Ayuntamiento de Mérida, que a los solicitantes de permisos para llevar al cabo ceremonias en parques arqueológicos de la ciudad les indica que las actividades deben hacerse “en espacios fuera de la zona que ocupan los monumentos y que les sean señalados a los organizadores”, como precisa Esteban de Vicente Chab, jefe del Departamento de Patrimonio Arqueológico de la Dirección de Desarrollo Urbano.

En los monumentos, puntualiza, “no se permite la colocación de equipos, letreros, soportes ni otro tipo de elementos”.

Debido a la crisis sanitaria global, actualmente no se están autorizando estas reuniones.

Acceso a ceremonias

Leydi Lucely Dorantes Cob, médica tradicional, partera y j’men, no se opone a que los sitios arqueológicos sean lugares turísticos, sin embargo considera que “sería bueno que se pudiera tener acceso” a ellos para efectuar ceremonias.

“En el ámbito de la sanación es muy importante la concentración del cuerpo, la mente y el espíritu. El espíritu viene principalmente de nuestros ancestros, de los centros ceremoniales donde hay energías muy fuertes para recargarnos, equilibrar la mente y ser auténticos”.

Dorantes Cob, directora del Centro Herbolario de Yaxcabá, lamenta que en Dzibilchaltún “no dejan entrar con una copalera, con un caracol; no puedes hacer sonidos de ceremonia”.

Para sus prácticas espirituales ella suele acudir a sitios cercanos a su comunidad, como cenotes no explotados turísticamente y los vestigios de Yaxunah. “Hay espacios que se deberían conservar como sagrados, ya que tienen energías muy fuertes en conexión con la naturaleza y nuestro linaje, que nos recuerda nuestra esencia”, señala.

Leydi Lucely Dorantes Cob, médica tradicional, partera y j’men, en un ritual
Leydi Lucely Dorantes Cob, médica tradicional, partera y j’men, en un ritual

Carlos Chablé Mendoza recuerda varias negativas y una autorización para realizar rituales en antiguos centros ceremoniales de la Península. En 2005, durante un encuentro lingüístico y cultural en Cobá (municipio de Solidaridad, Quintana Roo), “gracias a la coordinación con el ayuntamiento se pudo hacer con toda libertad un ceremonial maya activo con la participación de ajq’ijes de Guatemala, guías de Chiapas, j’menes...”.

Los j’menes Idelfonso Aké Cocom y Alfonso Aké Canté ofician la ceremonia del Fuego Nuevo en Izamal, en 2012
Los j’menes Idelfonso Aké Cocom y Alfonso Aké Canté ofician la ceremonia del Fuego Nuevo en Izamal, en 2012

Impedimento

Pero antes y después de esa fecha las experiencias han sido en sentido contrario. El cronista de Nooj Kaaj Santa Cruz Xbáalam Naj (Felipe Carrillo Puerto) indica que en 1992 un grupo de representantes mayas de la Península de Yucatán, Chiapas y Guatemala intentó efectuar una ceremonia en Tulum “y se nos impidió la entrada”.

“A partir de eso nos dimos cuenta que oficialmente no se podía regresar a lo que se hacía antes, porque hasta los años 70 los abuelos, las abuelas podían ir y encender sus velas en lo que hoy se llaman zonas arqueológicas: Tulum, Chunyaxché...”.

Entre 1992 y 2005 “en repetidas ocasiones pedimos acceso a algún centro ceremonial y se nos negó, nos ponían restricciones muy severas: que solo podía entrar un número determinado de personas, encender una vela y que fuera ecológica; una serie de requisitos que decían era reglamento del Instituto Nacional de Antropología e Historia”.

Explica asimismo que en los Encuentros Lingüísticos y Culturales del Pueblo Maya que se iniciaron en 2001 “se retoma la práctica espiritual ancestral, la que se tenía antes de la Conquista”, lo que fue posible “gracias a la sistematización del Tzolkín, el calendario maya ceremonial o sagrado”.

“En esos esfuerzos se procuraban hacer las ceremonias como en Guatemala, incluso en Belice se hacen con toda libertad. Por ley, en Guatemala el pueblo maya tiene acceso a los centros ceremoniales prehispánicos y a realizar sus ceremonias sin ninguna restricción. Es en México, particularmente en la Península de Yucatán, donde los reglamentos del INAH lo impiden”.

Negativa para permisos en Chichén Itzá

Relata que desde 2002 autoridades del Centro INAH Yucatán han negado permiso a organizaciones mayas para realizar ceremonias sagradas en Chichén Itzá. En 2007, la entonces delegada Federica Sodi Miranda “ni siquiera se tomó el trabajo de contestar las misivas de solicitud enviadas por la organización de J’menes y Sacerdotes Mayas de Yucatán, del Centro Quintanarroense de Desarrollo y de la Academia Maya de Quintana Roo, que en diferentes momentos demandaron esa posibilidad, reconocida por el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, la Ley de Derecho y Cultura Indígena y ahora por la Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas”.

Integrantes de pueblos indígenas en Chichén Itzá, el 21 de diciembre de 2012
Integrantes de pueblos indígenas en Chichén Itzá, el 21 de diciembre de 2012

Sin embargo, las negativas no desalientan a los devotos, que se acercan a zonas de monumentos poco exploradas. “Hay infinidad de vestigios arqueológicos, pequeños o grandes, por toda la región (cercana a Carrillo Puerto): en Laguna Kanab, Chan Chen Chuc, Nueva Loría, Nuevo Israel. La gente que vive cerca los ve como lugares sagrados”, explica el cronista. “Por lo general, cada comunidad tiene su iglesia maya y el patrono o el j’men acompañan a encender una vela y hacer una ofrenda en esos lugares que se siguen considerando sagrados”.

El sacerdote maya Francisco Chuc Mukul preside el ch’a’ cháak en Tzucacab, en 2010
El sacerdote maya Francisco Chuc Mukul preside el ch’a’ cháak en Tzucacab, en 2010

Los más solicitados

En Mérida, los parques municipales que con más frecuencia se solicitan como sede de ceremonias mayas son el Arqueológico de Xoclán y el Recreativo de Oriente, de acuerdo con el arqueólogo De Vicente Chab. Son dos de la veintena de parques de la ciudad que tienen alguna forma de vestigios.

“Varios tienen monumentos que han sido objeto de excavaciones y trabajos de consolidación, de manera que son apreciables, y hay otros que están a la espera de ser intervenidos”, afirma.

El funcionario hace énfasis en que los permisos —por ahora suspendidos por la pandemia— se conceden para realizar ceremonias “fuera del área donde están los vestigios, en otros espacios del parque”, lo que significa que no siempre se tienen a la vista los monumentos.

De Vicente Chab añade que a los solicitantes se les hace ver que, por tratarse de espacios públicos, el área autorizada es de libre tránsito para la población en general.

Las actividades en esos lugares “están sujetas a las mismas normas y reglamentos municipales y de otros niveles de gobierno que se aplican en otros parques y que en general se enfocan a la conservación de las instalaciones, la seguridad y sana convivencia”.

En la aprobación de su uso “intervienen varias instancias administrativas municipales, dependiendo del tipo de actividad y alcance”.

Hasta antes de los cierres motivados por la pandemia la autoridad municipal recibía de dos a cuatro solicitudes al año para efectuar rituales en parques.

Estructura del sitio arqueológico Chen Ho en el Parque Recreativo de Oriente, en Mérida
Estructura del sitio arqueológico Chen Ho en el Parque Recreativo de Oriente, en Mérida

Sin trabas

Para Florentino García Cruz, arqueólogo e investigador independiente de Campeche, el argumento de la conservación de las estructuras contradice los hechos, porque “si eres de la National Geographic o de Discovery Channel y van a salir actores (en la producción) el INAH muchas veces no pone trabas”.

“Claro, no van a encender fuego, pero no es su cultura, es una escenificación. Hay vídeos donde se escenifican situaciones en zonas arqueológicas, pero pocas veces hay vídeos de los indígenas haciendo sus rituales”.

Descubridor de Balamkú y Nadzca’an y del fenómeno arqueoastronómico de Kankí, el investigador considera que a los solicitantes “se les puede dar permiso y vigilar, darles los detalles de lo que pueden hacer y lo que no, y ayudarlos incluso; por ejemplo, si van a encender fuego, proporcionarles el pebetero, tener a disposición de los pueblos las cosas que se pueden usar, porque hay cosas inaccesibles para ellos”.

Herederos

El cronista Chablé Mendoza responde “por supuesto que sí” cuando se le pregunta si la población maya es la legítima heredera de los monumentos prehispánicos. “Hay quienes dicen que no es época de linajes, como al que pertenezco de los Chablé; pero lo cierto es que me siento, como muchos, con el derecho de decir que estos antiguos centros ceremoniales son nuestros y se nos debe permitir el acceso de manera responsable a ellos, permitir que se desarrolle nuestra práctica espiritual”.

Sobre Cobá “dicen que durante 30 años el INAH ha administrado este lugar y jamás hemos visto un centavo, es grave que los legítimos dueños de estos centros ceremoniales no perciban ni siquiera un beneficio económico; por supuesto es patrimonio del pueblo maya, pero no se beneficia el pueblo”. (Concluirá).


La primera parte del reportaje: Zonas arqueológicas, espacios sagrados para los mayas de hoy


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