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Perder el tiempo puede llevarte al fracaso y afectar tu salud

Seamos sinceros. Es bastante común que al tener enfrente una tarea complicada y tediosa antes de empezarla decidamos relajarnos “un ratito” revisando nuestras cuentas de Facebook e Instagram, buscando videos divertidos o enviando mensajes de Whattsapp a nuestros conocidos…

Ese ratito se vuelve horas, días, semanas… Y el trabajo lo vamos aplazando de forma irracional e improductiva hasta que el fuego nos llega a los aparejos y no tenemos más remedio que poner manos a la obra cuando nos queda sólo unas horas para entregarlo.

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Perder el tiempo cuando tenemos trabajos importantes por hacer es casi un deporte nacional. Tanto así que su nombre, “procrastinación” -que significa literalmente aplazar o diferir-, está en boca de todos.

Procrastinar entonces es, simplemente, dejar las cosas importantes para mañana y en su lugar dedicarse a otras actividades menos prioritarias pero más placenteras.

Pero cuidado, no hay que subestimar su poder destructivo: si no se le pone freno, puede matar el potencial de una persona, impedirle alcanzar sus metas y ser la diferencia entre el fracaso y el éxito de sus proyectos profesionales a largo plazo.

¿Por qué dejamos las cosas para mañana?

El hábito de aplazar lo importante no es un defecto de carácter, no hay que confundirlo con holgazanería o flojera, señala Josué Lozano de León, consultor en Desarrollo Organizacional y Capacitador de Procesos Comerciales y de Administración de Personal

Investigadores coinciden en que es un tema de manejo de emociones, esto es, no se basa en la racionalidad, sino en el rechazo de lo que causa malestar y en la búsqueda del placer a corto plazo, explica.

Es una manera de ahuyentar los estados de ánimo negativos generados por ciertas tareas: aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, resentimiento y más.

También ocurre, agrega, que por sentirnos responsables nos llenamos de actividades. A todo decimos que sí porque queremos quedar bien, aunque sabemos de antemano que no cumpliremos y la ansiedad nos empuja a distraernos en ocupaciones que nos dan satisfacciones inmediatas.

“Un adecuado manejo de nuestras emociones nos ayudará a estar estables, conscientes del tiempo del que disponemos y nos permitirá evaluar y ser asertivos con nosotros mismos de hasta dónde podemos comprometernos”.

La satisfacción inmediata

Ahora bien, procrastinar no es un problema de gestión de tiempo, sino de regulación de emociones, aclara. O sea es la búsqueda constante de la satisfacción en el momento, por encima del objetivo de las acciones planeadas a un plazo más largo.

Explicado de manera sencilla, tenemos ciertas tareas –revisar proyectos, algún examen, preparar un informe- cuyos resultados no los vamos a ver sino en semanas o meses, por lo que es difícil vislumbrar sus beneficios.

En contraparte, en el día a día van apareciendo actividades de entretenimiento, deporte, convivencia, etc., que dan satisfacción inmediata, que nos hacen sentir bien, así que vamos dejando a un lado los temas más pesados, menos placenteros o de largo plazo.

Mitigar los efectos de la procrastinación

Posponer es una práctica inerte a la condición humana y es un tema en el que no hemos sido educados, señala el experto en coaching empresarial.

“Aunque para vencer la procrastinación hay quienes recomiendan cursos de administración del tiempo o de manejo de prioridades, en mi experiencia el primer paso debe ser la atención de nuestra salud mental, del manejo emocional específicamente”.

Procrastinar tiene mucho que ver con la administración de emociones negativas producidas por la tarea asignada o la situación.

El rechazo podría deberse a que la tarea misma es poco placentera, como lavar el auto o redactar un largo informe para la junta de trabajo de fin de mes. Pero también podría ser el resultado de sentimientos más profundos: miedo a no ser capaz de hacer el trabajo, baja autoestima, ansiedad…

“La salud emocional es muy importante”, reitera Lozano de León.

“Tenemos que aprender a ser conscientes de lo que nos genera ansiedad, temor, inseguridad en torno a la responsabilidad de terminar una tarea, ya sea laboral o académica”.

La paradoja del procrastinador

Generalmente, el procrastinador termina haciendo el trabajo en unas cuantas horas. Y aquí viene la paradoja, señala el experto: ¿por qué si podemos hacerlo en poco tiempo no lo hacemos de una vez?

Al posponer, pensamos: “Si ya he dejado antes otras cosas para hacerlas de última hora, cuando no tenga más remedio empiezo esta, al cabo que termino rápido” y lo hacemos en las tres horas previas al vencimiento del plazo para entregarlo.

Sin embargo, este comportamiento tiene consecuencias. Primero, postergar las cosas es hacerse daño a uno mismo. Nos hace sentir mal porque no sólo somos conscientes de que estamos evadiendo la tarea, sino también de que aplazarla es una mala idea. Y aun así, posponemos.

Segundo, el trabajo seguramente no tendrá la misma calidad que si se hubiera hecho con tiempo, va a tener errores, estará lleno de “detalles”.

Estrés y ansiedad

Y esto lleva de nuevo a sufrir estrés y ansiedad aumentados, junto a sentimientos de baja autoestima, culpabilidad y frustración.

Sin embargo, el alivio temporal que sentimos cuando procrastinamos es lo que realmente hace difícil romper el círculo vicioso, continúa.

En lo inmediato, suspender una tarea indeseada brinda tranquilidad.

“Esta es la razón por la que posponer trabajos importantes se convierte en un hábito crónico con mucha facilidad: ‘si ya lo hice una vez, puedo repetirlo, puedo dejar las cosas para mañana’”.

Cinco sugerencias para superarlo

Por último, Lozano de León comparte algunas sugerencias para librarse de una vez por todas de este nocivo hábito y sus dañinos efectos:

1.Aprende a gestionar las prioridades

Es necesario que puedas distinguir entre lo importante y lo urgente, para ordenar tu flujo de tareas y tu productividad personal y profesional, señala.

“Primero hay que atender lo importante, que es aquello a lo que me he comprometido y cuyo incumplimiento pone en riesgo lo que me da bienestar".

"Son esas tareas que nos permiten mantener nuestros ingresos, nuestra salud -ahora que estamos en medio de una epidemia-, que son claves para nuestra vida y la estabilidad familiar”.

Lo urgente, continúa, se reconoce por su necesidad, por el apremio que implica o por las consecuencias que su falta puede causar, como pagar la tarjeta de crédito, ponerle gasolina al auto, ir de compras, etc.

Las cosas urgentes no son importantes, pero se vuelven prioritarias si no las resuelves cuando debes hacerlo.

2. Visualiza lo que ganarás al terminar la tarea

Piensa que si sales pronto del compromiso, si terminas lo que tienes que hacer, te quedará tiempo para hacer lo que más te gusta.

Es importante recrear mentalmente las actividades que quieres disfrutar al terminar tus obligaciones, aconseja.

Visualizar cómo te quieres sentir, qué quieres entregar, qué reacciones esperas de los demás al terminar a tiempo te ayudará a convencerte que realizar de una vez el trabajo te dará tranquilidad, estarás contento y causarás satisfacción en los demás con tu desempeño”.

3. Piensa en que retrasar el trabajo va a ser peor

Convéncete de que posponerlo es la peor decisión que puedes tomar. Lo retrasas un día, otro, otro… y la bola va creciendo. Además, piensa en lo que el retraso injustificado dirá de tu productividad en la empresa.

Además, no vas a tener paz ni los demás te van a dejar tranquilo hasta que lo termines y lo entregues.

4. Preocúpate por tu salud

Cuando no gestionas las prioridades estás bajo presión todo el tiempo y eso puede afectar tu salud, incluso con graves consecuencias, advierte el mentor.

Se sabe que, con el paso del tiempo, la procrastinación crónica impacta en la productividad, pero además tiene efectos destructivos medibles en nuestra salud mental y física, incluidos estrés crónico, angustia general psicológica y baja satisfacción con nuestra vida.

También, síntomas de depresión y ansiedad, hábitos deficientes de salud, males crónicos e incluso hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares.

5. Utiliza herramientas

Lo mejor para gestionar las prioridades es la tradicional agenda. Ya sea electrónica o en papel, esta herramienta es muy útil para establecer y recordar lo que tienes que hacer hoy, mañana, la próxima semana.

Permite ver cuál es tu disponibilidad de tiempo y cuál es el compromiso que debes atender.

También es recomendable el uso de un cronómetro (todos tenemos uno en nuestros celulares), de tal manera que al anotar la tarea en la agenda definas el tiempo que le vas a dedicar: 20, 30 minutos diarios…

Y con disciplina respeta los horarios, comienza a la hora que anotaste, enfócate en la tarea y deja que el cronómetro, con una música agradable que puedes programar, te avise cuando estés terminando.

6. Comparte tus avances y tus logros

Si consigues terminar tus tareas importantes sin retrasos, comparte el gusto de haberlo logrado con alguien cercano que se sienta feliz por tus logros. Es una buena manera de reforzar el nuevo hábito.

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