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Qué es la flexibilidad mental y por qué la necesitas, más en la era Covid

Todos conocemos o hemos escuchado hablar de personas testarudas, intolerantes, que quieren imponer siempre su punto de vista a los demás, presumen que nunca han pedido una opinión y odian que sus ideas sean desafiadas.

Es imposible hacerles cambiar de forma de pensar, ya que preferirían morir antes que admitir que se han equivocado. Son tan duros de cabeza, tan dogmáticos, que incluso en temas sin importancia debatir con ellos es perder el tiempo.

Son una verdadera molestia, pero su intransigencia se vuelve un asunto delicado en el contexto actual de incertidumbre. Si antes las personas de mente cerrada eran un fastidio, hoy no tienen cabida en ningún lado, porque afectan negativamente el entorno en que se mueven.

Los retos del año 2020

El mundo ha cambiado en los últimos ocho meses y ninguna persona, país o empresa sigue igual, porque el Covid-19 ha sumido al planeta en una crisis económica, cultural y social sin precedente.

La epidemia lo ha transformado todo, desde la forma de pensar hasta la de hacer y actuar.

Tenemos que admitir que 2020 ha sido el año de las transformaciones. Las metas y los objetivos ya no se conseguirán a solas, ni como personas, ni como países, ni como empresas. Para sobrevivir al futuro, necesitamos afrontar los retos juntos.

Y en este escenario en que lo único constante es el cambio, es importante contar con destrezas que fomenten el espíritu crítico y la capacidad de análisis para tomar decisiones ágiles.

Habilidad imprescindible

Una de estas habilidades imprescindibles es la flexibilidad cognitiva o “stretching” mental, considerada como una de las competencias más importantes que este siglo exigirá a todas las personas.

La psicóloga Ingrid Ruz Santos, especialista en Neuropsicología Clínica, define la flexibilidad cognitiva o mental como la capacidad que tiene el cerebro para adaptar nuestra conducta y pensamiento a situaciones novedosas, cambiantes o inesperadas.

Psicóloga Ingrid Ruz Santos, especialista en Neuropsicología Clínica
Psicóloga Ingrid Ruz Santos, especialista en Neuropsicología Clínica

“Hablamos de flexibilidad mental cuando, aunque estemos acostumbrados a solucionar un problema determinado de una manera determinada, si el escenario se modifica somos capaces de reaccionar y buscar caminos diferentes para encontrar una solución”.

La principal función de esta habilidad es la adaptación de nuestra conducta y pensamiento al cambio, agrega la psicóloga Ruz Santos, especialista del Centro Interdisciplinario Terapéutico de Yucatán (Interapy).

“Nos permite adecuarnos a un medio diferente, una demanda, una situación inesperada de forma inteligente. Y también a abordar desde diferentes puntos de vista un problema”.

Capacidad de adaptarse al cambio

En otras palabras, es la posibilidad de ajustar el pensamiento adquirido en situaciones antiguas a las nuevas circunstancias. Una persona cognitivamente flexible es capaz de superar creencias o hábitos previamente aceptados.

Relacionada con nuestra habilidad para la solución de problemas y la generación de alternativas, la flexibilidad cognitiva es una garantía de equilibrio mental y de afrontamiento de todo tipo de situaciones cotidianas.

Albert Einstein
Albert Einstein

Como decía Einstein, prototipo del “stretching” mental: “No podemos resolver los problemas con el mismo nivel de pensamiento que usamos cuando se crearon”.

Este enfoque de pensamiento permitió a Einstein, uno de los científicos más brillantes y carismáticos de todos los tiempos, ser flexible, incrementar su creatividad e imaginar que cabalgaba encima de un rayo de luz, lo que le ayudó a romper con la idea hasta entonces vigente de un espacio-tiempo absoluto para idear la Teoría de la Relatividad.

Rigidez mental

La capacidad de resolver problemas, negociar, comunicar sin agresiones sus necesidades, de asumir con naturalidad los errores, son algunas de las ventajas de quienes poseen flexibilidad mental, que está relacionada con hábitos como la planificación del trabajo, la organización y destrezas como la creatividad y la estabilidad emocional.

Se ha vuelto una de las competencias más demandadas en el mundo laboral porque una persona con esta capacidad puede adaptarse y trabajar en distintas situaciones y con personas diversas, es capaz de valorar posturas o puntos de vista encontrados y de ver los retos como una oportunidad.

En el lado opuesto, las personas con déficit de flexibilidad cognitiva son propensas a padecer ciertas complicaciones, desde problemas de aprendizaje hasta graves trastornos psicológicos y emocionales, apunta la especialista.

Aislamiento y frustración

“La rigidez mental puede generar frustración, aislamiento. Si la persona no logra adaptarse a una situación cambiante, novedosa puede autoexcluirse y rechazar a los demás. Y este aislamiento y frustración de una manera secundaria podrían conducir a otro tipo de limitaciones e incluso a la depresión”.

“Puede entorpecer nuestras relaciones, no solamente aislarnos de un contexto sino también de ciertas personas. Y todo esto puede llevarnos a no sentirnos funcionales ni productivos”, agrega.

Las personas que no ejercitan el “stretching” mental tienden a enojarse cuando se les demanda un cambio, necesitan buscar el control de situaciones que están fuera de su alcance y suelen querer que las demás personas piensen como él, para que él no tenga la necesidad de cambiar.

Escalón a la felicidad

Se dice que “no ser capaces de ver las múltiples perspectivas de nuestra realidad es como poner cerraduras a nuestra felicidad”.

Y la psicóloga Ruz Santos está totalmente de acuerdo, “porque tener esta habilidad puede ayudarnos a encontrar diferentes salidas a cualquier tipo de problema y esto es importante para ser felices”.

La felicidad más que nada se trata de una actitud ante la vida, señala, pero como parte de esa actitud debemos ser capaces de comprender que podemos alcanzar nuestros objetivos y sueños de diferentes maneras.

“Si pensamos que hay una sola manera de lograr nuestras metas podemos desarrollar un sentido irracional de autoexigencia y autocrítica, lo que puede producirnos un estado de estrés y ansiedad constante".

"En resumen, la flexibilidad de pensamiento está muy relacionada con la capacidad de ser felices”, sentencia.

Conducta flexible

Un concepto estrechamente ligado a la flexibilidad cognitiva es el de “conducta flexible”.

Esto es, en un mundo en continuo cambio, en el que no existen recetas eternas, la persona debe estar preparada mentalmente para adaptar su conducta a las nuevas circunstancias que, además, se suceden de un modo vertiginoso.

Los patrones del pasado, los paradigmas del pasado, hay que cambiarlos.

En general ambos términos se toman como sinónimos, si acaso la diferencia es que nuestro cerebro, antes de definir una posible solución, tiene la capacidad de predecir diferentes posibilidades, lo que llamamos “funciones ejecutivas”, dice.

“Cognitivamente, primero contemplamos esas posibilidades, analizamos las consecuencias y efectuamos la solución. Al seguir este proceso se dice que observamos una conducta flexible”.

Las funciones ejecutivas son capacidades mentales que permiten controlar y dirigir la propia conducta, explica.

“Son muy importantes en nuestra vida porque entran juego cuando tenemos que decidir o solucionar problemas novedosos y forman parte de ellas muchas habilidades, como la misma flexibilidad cognitiva, la capacidad de planificación, la lógica, la memoria de trabajo… De hecho, las usamos a diario”.

Juegos y ejercicios

Como toda habilidad, el “stretching” mental puede mejorarse, pero requiere un entrenamiento permanente. Existen muchísimos ejercicios interactivos que ayudan a aumentar nuestra flexibilidad cognitiva, señala la especialista.

“Como yo trabajo con niños, me gustaría compartir cinco prácticas muy sencillas para inculcar desde pequeños esta importante habilidad”, señala.

1. Ver el mundo desde diferentes perspectivas

Para ser flexibles hay que asumir que no sólo existe una forma de hacer una cosa, de solucionar un problema.

Podemos pedirle al niño que escoja un personaje que le guste y que lo pinte de un color diferente o que le cambie la ropa… ¿Cómo se verían los Simpson si en vez de amarillos fueran verdes?, por ejemplo.

“En la escuela nos enseñan que las manzanas son rojas y las uvas moradas, pero vale también pintarlas de un color distinto”.

2. Crear personajes nuevos

Por ejemplo, con plastilina, hacer monstruos o superhéroes inexistentes que tengan diferentes habilidades o poderes: varios ojos, cinco brazos, dos cabezas…

3. Jugar a las adivinanzas

Juegos como averigua quién soy o cómo soy, representar un personaje para que el niño, por medio de preguntas, adivine de quién se trata, son maneras de impulsarlo a pensar en muchas posibilidades para encontrar posibles respuestas.

4. El arte, llave de la flexibilidad mental

El arte es el paradigma de la creatividad, de lo distinto. La Psic. Ruz Santos propone ejercicios tan sencillos como modificarle la letra a una canción o cantarla en un género diferente. Por ejemplo, ¿cómo sonaría “El ratón vaquero” en rap?

5. Resolver acertijos matemáticos

Una actividad perfecta para desarrollar un pensamiento flexible. La complejidad varía de acuerdo con la edad, desde los muy elementales para niños pequeños hasta los más complejos para los adultos.

“Son un gran ejercicio porque generalmente en las matemáticas no hay un solo camino para llegar al resultado, entonces hay que analizar toda una gama de procedimientos y vías para encontrar una solución”.

La especialista observa que aunque estos ejercicios parecen exclusivamente para niños, pueden ser adaptados perfectamente para personas de todas las edades, solamente hay que modificar el contenido.

Por ejemplo, en vez de una canción infantil puede ser una de Joaquín Sabina o de los Ángeles Azules, los personajes pueden ser diferentes, etc.

Son juegos que aplican tanto para niños como para adultos porque todos, cuando jugamos, desempeñamos papeles diferentes, normas diferentes, relaciones diferentes… Y esto nos hace ver las cosas de una manera distinta, concluye.

Flexibilidad cognitiva

En el mundo del conocimiento hay un concepto llamado “flexibilidad cognitiva”, que es la capacidad del cerebro para adaptar la conducta y el pensamiento en contextos cambiantes, inesperados, sorprendentes o novedosos; y, a la vez, la habilidad de pensar en varias cosas al mismo tiempo.

Esta condición es opuesta a la rigidez cognitiva, la que surge la mayoría de las veces por creencias, paradigmas y preconceptos que limitan el avance y progreso.

Para lograrlo es necesario aprender a diseñar estrategias que ayuden a incorporar lo nuevo, en vez de reaccionar en forma automática.

Esta forma de hacer stretching permanente en nuestra mente, para ser más adaptativos a las situaciones cambiantes, nos invita a estirarnos más allá de lo que conocemos.

Posiblemente para muchas personas esto resulte un desafío ya que el miedo al cambio está generalmente en el “top ten” de situaciones incómodas.

Cómo practicar stretching mental

La capacidad de resolver problemas, de negociar, de comunicar sin agresiones nuestras necesidades básicas son algunas de las ventajas de la flexibilidad cognitiva puesta en acción.

Imagina esta situación: tu líder en el trabajo anuncia una reestructuración en el organigrama para adaptarse a la nueva realidad y la mayoría de las personas se resisten.

Sin embargo, si una masa crítica de, digamos, el 70% de las personas lo asume como un reto a superar como equipo puede que todos, incluyendo el 30% restante, resulten favorecidos cuando puedan observar esa situación en perspectiva.

Ejercicio mental

El experto peruano en recursos humanos Alfredo Alfaro comparte un concepto que puede ayudar a entender cómo estirarnos propositivamente: afirma que puede ser útil identificar una fortaleza (individual o del equipo) y preguntarse:

“¿Qué pasaría si te mueves +5% en lo que hago cotidianamente?”: seguramente los resultados se verían afectados en forma notable aún en contextos desafiantes.

Y lo mismo, tomando en cuenta una debilidad, formularse: “¿Qué pasaría si me desplazo un -5%? Seguramente notarás una caída notable en el rendimiento o resultados.

Entonces, esa milla extra del +5% aportará al total del resultado como equipo, y así se pueden ir superando mejor las adversidades.

Lo que queda claro es que en contextos V.I.C.A. (Volátil, Incierto, Complejo, Ambiguo) quizás no sea factible obtener un 20% de avance o de resultados en cualquier aspecto, aunque un +5% es una meta que es más alcanzable.

Y luego otro +5% y así sucesivamente. La clave está en la conciencia, la actitud, la habilidad y el avance permanente.

4 claves para que el "stretching" mental funcione

Iniciar un proceso de flexibilidad cognitiva requiere entrenamiento permanente.

Cada día, en distintas situaciones, puedes hacerlo y observar paulatinamente cómo cambian tus resultados. Además de trabajar sobre tus creencias y paradigmas que pueden estar limitándote, aquí tienes estos cuatro pasos iniciales:

1. Razonamiento flexible

Si te encuentras con las mismas respuestas posiblemente debas cambiar las preguntas.

Los mismos caminos llevan siempre a idénticos resultados; y para esto, el razonar (hemisferio izquierdo del cerebro) es valioso, sobre todo si le sumas la significación emocional y de sentimientos de los aspectos blandos (hemisferio derecho).

Tender estos puentes pueden ayudarte a ver las cosas de distintas maneras, entrenando la neuro plasticidad cerebral y así, conseguir otro tipo de respuestas.

2. Suprimir estímulos irrelevantes

Para el "stretching" mental es importante tener la mayor cantidad de recursos disponibles, no sólo desde el punto de vista racional sino también de la estructura del pensamiento.

Para esto puedes eliminar lo superfluo que no contribuye al resultado final que estás buscando: distracciones, emociones no contributivas, múltiples tareas al mismo tiempo, son ejemplos de aspectos que podrían liberar energía mental para hacer foco en lo primordial.

3. Entrenar habilidades

La incorporación de conocimientos, las relaciones con otros, por ejemplo, al hacer networking y conocer personas nuevas permanentemente, y el nutrirte de la experiencia empírica -la que nace de poner en práctica de inmediato todo lo que vas aprendiendo, incluso la basada en ensayo y error- son aspectos esenciales para el músculo a estimular mediante el "stretching" mental.

Para habilitarte el permiso interno de asumir tu responsabilidad sobre tu desarrollo humano es importante tener capacidad de planificación, organización, estrategias, desarrollo de la inteligencia emocional y la memoria, entre otras.

4. Tomar decisiones y resolver problemas

Otra excelente forma es entrenar la capacidad de resolver situaciones complejas, ya que estimula el tener que observar las cuestiones desde distintas perspectivas, flexibilizar frente a la opinión de otros que quizás no coincide con la tuya, y calibrar tu conducta o reacciones que suelen ser en automático cuando algo no coincide internamente con tus necesidades.

Allí desplegarás el temple necesario para decidir, actuar, medir las consecuencias y asumir riesgos.

Algunos resultados

Las personas con flexibilidad cognitiva aprenden a tolerar los desafíos y se adaptan a los cambios; además, pueden diseñar estrategias que den respuestas a problemas complejos con formas de pensar completamente diferentes.

El enfoque selectivo en las soluciones (en vez de centrarse en los “problemas”) hace que padezcan de menor estrés o ansiedad en general.

Esto sucede, a su vez, porque aprenden a sobrellevar mejor los errores y empatizar con los demás. Y, cuando sea necesario, pueden pensar en múltiples temas al mismo tiempo.

Para terminar, el tener perspectivas múltiples abre un infinito territorio de lo posible versus lo imposible o inviable, paradigma en el que se estancan muchas personas.

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