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¿Qué es la inflación y cómo afecta tus bolsillos?

Para entender mejor: ¿Qué es la inflación y cómo afecta tu economía?

La inflación se situó en 5.88% a tasa anualizada en junio, una cifra inquietante que rompe las metas fijadas por el Banco de México y que por sus consecuencias en la calidad de vida de las familias amenaza con convertirse en un dolor de cabeza para el gobierno, aunque no lo reconozca así el optimista discurso económico postcrisis del presidente.

Para entender mejor lo que significa la inflación y la importancia que tiene para el crecimiento económico del país y el bienestar de las familias, Álvaro Cano Escalante, catedrático de la Facultad de Economía de la UADY, nos ayuda a conocer sus conceptos básicos, desde qué es y qué implicaciones tiene, hasta las medidas que pueden aplicarse para enfriar el calentamiento de los precios.

La idea es que, fuera de tecnicismos, con terminología cercana y accesible, este breve guía nos sirva a los no expertos para no quedarnos con la cara de no saber nada si alguien nos habla de este relevante indicador económico.

¿Qué es inflación?

Es el aumento generalizado y sostenido de precios de bienes y servicios. Para que se considere inflación deben cumplirse esas dos condiciones: tiene que ser en la mayor parte de los productos comercializados y por un período de tiempo prolongado.

“El aumento de un solo bien o servicio no se considera como inflación. Tampoco si todos los precios de la economía aumentan tan sólo una vez”.

La inflación es un promedio: cada mes, unos precios suben, otros se mantienen y algunos incluso bajan, al final el promedio de estas variaciones es lo que se conoce como tasa de crecimiento de los precios o inflación. “Y como se trata además de un promedio ponderado, hay algunos productos de consumo común en casi todos los hogares -como la energía eléctrica, el gas, el transporte público- que pesan más en la medición.

El fenómeno inflacionario ocurre en todas las economías, incluso en países no capitalistas, como China, Norcorea o Cuba.

¿Cómo nos afecta?

La inflación es uno de los indicadores macroeconómicos más sensibles porque afecta directamente la economía de las familias, principalmente de las de menores ingresos.

Conforme la inflación empieza a incrementarse más de lo previsto, el poder adquisitivo se achica más rápido, lo que quiere decir que las familias pueden comprar cada vez menos productos y servicios con el salario que perciben (y que se ajusta más lentamente).

La inflación hace difícil distribuir nuestros ingresos, planear un viaje, pagar nuestras deudas o invertir en algo rentable, ya que los precios, que eran una referencia para asignar nuestro dinero de la mejor manera posible, están distorsionados. Nos afecta a todos: amas de casa, empleados, productores, ahorradores, inversionistas, empresarios, etc. Y sobre todo a los que tienen menos dinero y acceso a los servicios financieros.

¿Por qué aumentan los precios?

Es un fenómeno natural del comportamiento de los mercados. A medida que aumenta la demanda de ciertos bienes, las empresas que los ofrecen tienen la opción de incrementar sus precios. Un ejemplo es el iPhone, que hace 10 años costaba unos $5,000 y que en estos días ronda los $40,000. La razón de ese aumento exponencial es simple: la demanda.

Cuando una economía entra a una fuerte etapa de crecimiento, aumentan los ingresos y por tanto el dinero circulante y la demanda de bienes. Es un círculo virtuoso con un defecto: la inflación.

En las primeras fases, la generación de bienes aumenta más rápido que los precios, pero conforme la economía llega al período de auge -la etapa más alta del crecimiento- llega su límite la capacidad productiva y los costos de las empresas y los precios aumentan más rápido que la producción. Es cuando comienza a notarse el problema de la inflación.

Entonces, una primera causa de inflación es lo que se conoce como la demanda agregada, concepto que representa el gasto total que están dispuestos a realizar los agentes económicos: familias, empresas, gobierno… Comprar más bienes empuja al alza los precios.

También puede darse el caso de inflación de oferta agregada. En este caso, justo después de que se alcanza el auge, las empresas, como ven sus costos muy elevados, empiezan a recortar personal, a cerrar sucursales, a disminuir su capacidad productiva. Esto conduce a una etapa de recesión, en la cual la inflación puede comenzar a disminuir, pero si hubiera un cambio importante en los recursos que se usan en la producción, como por ejemplo un incremento desmedido en los precios internacionales del petróleo por problemas en el Medio Oriente, la inflación podría salirse de control.

Todo lo que signifique aumentos de precios ocasionados por circunstancias ajenas al mercado –la pérdida de cosechas, una guerra comercial, el aumento de los salarios por decreto- constituyen un impacto de oferta agregada y generan inflación.

Esta segunda causa de inflación, ajena al consumo, es más grave que la primera. En la demanda agregada hay crecimiento y hay aumento de precios, pero si empieza una recesión la inflación empieza a bajar. En cambio en la segunda cuando hay recesión los precios se disparan. “Es la peor situación que podríamos tener: poca producción y carísima. Eso es lo que más golpearía el poder adquisitivo de los consumidores”.

¿Cómo se mide?

Por medio del Índice Nacional de Precios del Consumidor (INPC). El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) hace una encuesta de ingreso y gasto de las familias a nivel nacional para saber qué es lo que consume la gente en México. Una vez que tiene identificados los productos, recopila los precios de esos bienes y servicios en tiendas de todo el país. Esta información se compara quincenal, mensual y anualmente para saber cómo han variado los precios en dichos periodos.

El INPC incluye 235,000 productos medidos en las 46 ciudades más grandes e importantes del país. La información se procesa tomando en cuenta cuánto se gasta en ellos, para así saber cuál de los rubros tiene mayor importancia en el consumo de las familias. El INPC también presenta segmentos más específicos, tanto por tipos de bienes como por regiones.

¿Es posible controlar la inflación?

Desde luego que sí. De hecho, todos los países consideran una prioridad mantener la inflación baja, no en cero o negativa, sino que oscile dentro de un determinado rango.

Se espera que una inflación “normal” no supere el 2% al año, no es una regla, pero es una meta que se ha impuesto la mayoría de países. Cuando se rebasa, surge el temor de que el aumento de precios se salga de control.

¿Qué se hace para controlar la inflación?

Normalmente, se usan las políticas fiscal y monetaria, sobre todo la segunda, que se puede ajustar de un día para otro, a diferencia de la primera, que se aprueba cada año y por tanto tarda más en dar resultados.

El encargado de la política monetaria es el Banco de México, que desde hace un cuarto de siglo tiene como objetivo prioritario lograr la estabilidad del nivel general de precios. Asumió esa tarea tras la crisis económica de 1995, cuando la inflación anual se disparó hasta el 60%.

Desde 2001, Banxico aplica una estrategia basada en objetivos de inflación y desde diciembre de 2003 se estableció un objetivo de inflación anual de 3%.

Básicamente Banxico busca controlar la oferta monetaria, abrir y cerrar la llave del dinero que se usa en el país evitando, por un lado, crear excesos de circulante y, por el otro, fijando una tasa de interés de referencia que ejerza un efecto sobre el resto de las tasas de interés del mercado.

Cuando el Banco de México desea recortar la masa monetaria, sube la tasa de interés y encarece el dinero. Con esto, la gente que planeaba comprarse un auto a crédito o pagar el súper con la tarjeta lo piensa dos veces porque le van a cobrar más intereses. O sea, al aumentar el costo por usar el dinero se inhiben las decisiones de compra y se reduce el circulante.

Actualmente, el instrumento principal de Banxico para regular la inflación es la tasa objetivo o tasa de interés interbancaria. Todos los días, el banco central establece cuánto deben pagar de interés los préstamos que los bancos se hacen entre sí. Al aumentar la tasa objetivo, Banxico desincentiva esta práctica y por tanto frena la creación de dinero.

¿Cuántos tipos de inflación hay?

Hay diferentes tipos de inflación, según el comportamiento de los precios o la magnitud del alza. Algunas otras formas de llamar la inflación son:

Deflación. Es la disminución de los precios. Lo contrario a la inflación.

Desinflación. Descenso en la tasa de inflación, es decir, los precios suben pero menos que antes.

Reflación. Intento de aumentar la inflación ante presiones deflacionarias (del descenso de los precios).

Estanflación. Puede producirse en épocas de crisis económica y conlleva que aumenten la inflación y el desempleo a la vez que hay un estancamiento del PIB.

Inflación moderada. Elevación lenta de los precios que, en consecuencia, se mantienen relativamente estables. En esta situación, existe confianza en la economía del país, por lo general los salarios se incrementan en la misma medida y existe un buen equilibrio entre consumo y ahorro.

Inflación galopante. Niveles anuales de inflación de dos o tres dígitos, es decir, un producto puede triplicar su precio en apenas un año, provocando una pérdida tremenda de poder adquisitivo. Suelen ser provocados por grandes cambios económicos en un país.

Hiperinflación. Son aumentos de precios de más del 1,000% anual. Provocan graves crisis económicas, ya que el dinero no acaba valiendo prácticamente nada y el precio de los bienes y servicios resulta excesivo. En ocasiones puede ocurrir que el valor del dinero llegue a ser menor que el coste del propio papel del que está impreso.

Inflación subyacente

La inflación subyacente es un indicador que muestra la variabilidad de los precios de consumo a corto plazo más precisa que la inflación general.

Este indicador nace tras la crisis energética de la década de 1970. Dada la volatilidad de los precios se veía necesario identificar las variaciones de los precios excluyendo los componentes más volátiles: energéticos (gasolina, electricidad, gas…) y productos agropecuarios (frutas, verduras…).

La inflación subyacente se ha convertido en un indicador indispensable para el estudio del comportamiento de los precios y la toma de decisiones porque tiene una capacidad real de reflejar los cambios en los precios de una forma menos errática, que mediante el INPC.

¿Sería bueno que no hubiera inflación?

La deflación es el fenómeno opuesto a la inflación, o sea, es una disminución sostenida de los precios por un período prolongado.

En México, todos los años baja el promedio de precios de marzo a abril, cuando la Comisión Federal de Electricidad aplica su tarifa de verano y la reduce el precio de la electricidad, lo que empuja hacia abajo la inflación mensual.

“Sin embargo, como no es un fenómeno permanente, no se considera deflación. Pasa en marzo-abril de cada año, pero no en mayo, junio, julio y agosto. Meses después, en octubre-noviembre, cuando la CFE aumenta de nuevo su tarifa, la inflación se va para arriba”.

La deflación parece una situación ideal para los consumidores porque los bienes son más baratos, pero es un fenómeno económico tan grave como los aumentos de precios.

Cuando la demanda de productos disminuye, las empresas tienen que bajar sus precios para ser más competitivas. Pero si la situación se prolonga, tendrían que reducir costos para mantener un beneficio mínimo, lo que puede provocar recortes masivos de puestos de trabajo y con ello, disminución del consumo, que genera un ciclo negativo en la economía.

Si no hubiera inflación los precios bajarían, ralentizando el consumo y el crecimiento económico. Por esta razón la inflación es uno de los elementos más importantes de la macroeconomía y de las políticas monetarias. Con una inflación mínima se consigue estabilidad de precios, que representa una condición favorable para el crecimiento económico y el bienestar social.

¿Debemos preocuparnos por las tasas actuales de inflación o es un fenómeno temporal?

Tenemos que preocuparnos por el hecho de que la inflación esté superando los límites establecidos para este año por el Banco de México. El objetivo de inflación está en 3% +/- un punto porcentual, lo que quiere decir que se espera que la inflación tendencial se ubique entre el 2 y el 4%.

Si vemos que en estos momentos ya está cerca del 5%, quiere decir que no es un problema transitorio, de sólo un mes, sino que es una tendencia. Desde luego que tenemos que alarmarnos”.

Y esta inquietud no es exclusiva de los analistas, también la están percibiendo en la junta de gobierno de Banxico, continúa. La mayoría de los vicegobernadores se están dando cuenta de que esa “idea” de aprovechar que en Estados Unidos bajaron las tasas para hacer lo mismo en México no es tan simple o direccional como podría creerse.

México está padeciendo una inflación elevada, notoria por su situación particular, es decir, no se aplicaron políticas de recuperación como hizo Estados Unidos, lo que ha significado que la recuperación tras la caída provocado por la pandemia sea, por mucho, más débil que en el caso del país vecino. La salida del bache no está ocurriendo como teóricamente debió ser, porque ya veníamos en un proceso de recesión.

Estamos viendo un panorama en que la CFE está luchando por todos los medios posibles para conservar sus prácticas monopólicas, lo que se traduciría, sin duda, en un alza en las tarifas de energía en los próximos años.

Está también el precio internacional del crudo, que ya rebasó ampliamente lo que se pensaba que iba a alcanzar este año y que sigue subiendo por problemas entre la OPEP y países árabes. Esto significa que la gasolina en México también tiene una expectativa alcista.

Entonces, luz al alza, gasolina al alza… esto quiere decir que el problema de la inflación no es temporal. Estamos ante una expectativa de crecimiento de la inflación más allá de lo esperado. Y esto sería gravísimo para la situación del país, que en términos anuales está todavía en recesión económica no provocada –ya veníamos con problemas-, pero sí empeorada por la epidemia.

Si esta recesión, de la que no hemos salido en términos anuales, continúa un trimestre más y la inflación sigue sin control, tendremos los ingredientes para una estanflación… el peor escenario posible. “Esto es lo que llevó a la junta de gobierno de Banxico a subir nuevamente la tasa de referencia, en busca de desincentivar el uso del dinero y hacer que la inflación regrese a sus cauces”, concluye.

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