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Santa Teresa de Jesús, una mujer que hizo historia en la Iglesia

Hace medio siglo, en un día como este domingo 27, una mujer hizo historia en la Iglesia: Teresa de Ávila, Santa Teresa de Jesús, se convirtió en la primera en ser reconocida por el Papa como una de las grandes maestras de la doctrina católica.

Antes de que la religiosa española fuera proclamada Doctora de la Iglesia, ese honor se había conferido a 29 varones, comenzando con San Agustín en el año 1295.

Apenas unas semanas después, la distinción se otorgó nuevamente a una mujer, Catalina de Siena. Desde entonces, dos veces más ha habido proclamaciones de Doctoras de la Iglesia: en 1997, de Teresa de Lisieux, y en 2012, de Hildegarda de Bingen.


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El 27 de septiembre de 1970, en la ceremonia en el Vaticano, el papa Pablo VI subrayó que las mujeres no eran integrantes “de segunda clase de la Iglesia”.

“Muchas de ellas, como Santa Teresa, estuvieron especialmente dotadas para oraciones místicas que las capacitaron para convertirse en maestras y guías de sus compañeros cristianos”, dijo el pontífice, según la reseña que publicó el Diario en su momento.

Por la noche el arzobispo de Yucatán, monseñor Manuel Castro Ruiz, presidió en Catedral solemne misa cantada para celebrar la proclamación, con asistencia de la comunidad del Colegio Teresiano, a cargo de religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, que tienen a la monja carmelita como maestra de espiritualidad.

“Nuestra época es de transformación y renovación”, indicó monseñor Castro. “La época de Santa Teresa de Jesús fue también una época de transformación y renovación, y ella, con el auxilio del Espíritu Santo, logró una reforma en la Iglesia”.

“Realiza y consigue encender de nuevo en las almas dedicadas al servicio de Dios la contemplación, la forma más completa y más perfecta de la oración. Santa Teresa pone con gran firmeza las cosas en su lugar”.

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Colegio Teresiano. Tradicional pregón por el día de Santa Teresa de Jesús Octubre 15 de 2014. Llegada de Santa Teresa. Foto: Celis

Han pasado 500 años desde la muerte de la Doctora de la Iglesia.

Para la Compañía de Santa Teresa de Jesús —fundada en 1876 por San Enrique de Ossó— no hay duda de que la respuesta es sí.

“Nosotras estamos convencidas de que es totalmente actual su enseñanza, y cuando digo nosotras hablo de la familia teresiana: laicos y religiosas”, señala la hermana Ivonne Joubert Flores, delegada de educación de la Provincia Santa María de Guadalupe, México Sur, de la congregación.

“Nuestras comunidades educativas y pastorales están convencidas de que Teresa de Jesús es actual, de que sus enseñanzas son para hoy y para siempre”, afirma.

La proclamación de la santa como Doctora de la Iglesia hace medio siglo fue “un regalo enorme” y se explica por “su fidelidad a la fe católica, la utilidad de su doctrina para la formación de las almas, su sabiduría en el conocimiento humano y el camino espiritual; es una mujer de intensa relación con Dios y su propia realidad”.

Esta realidad fue marcada por la enfermedad y la mundanidad de la vida religiosa de su tiempo. Con 20 años de edad Teresa de Ávila ingresó al convento carmelita de La Encarnación, donde las dos primeras décadas asumió el estilo relajado del monasterio, en el había mucha libertad para salir y recibir visitantes. Incluso dos de esos años permaneció en la casa familiar bajo el cuidado de su padre, al sufrir grave enfermedad que la dejó inconsciente durante cuatro días.

Su vida interior se transformó en la Cuaresma de 1554, cuando fue impactada por la imagen de un Cristo llagado, ante el cual lloró y pidió fortaleza para no seguirlo ofendiendo.

Fuerza a la oración

Foto: Valerio Caamal.

La hermana Ivonne recuerda que, como resultado de esa conversión, Santa Teresa se propuso enmendar la congregación carmelita y “entre las cosas más importantes está la fuerza que le dio a la oración”.

Las Carmelitas Descalzas, la rama reformada de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de la que Teresa fundó 17 conventos, “insiste en la vida de oración y penitencia constantes”, explica la religiosa.

Teresa de Ávila, añade, “nos exhorta a experimentar el gran bien que hace Dios a la vida interior; ella define la oración como ese tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”.

“Por eso y por toda su experiencia es considerada maestra de oración”, puntualiza.

La lectura de sus obras, entre ellas el “Libro de la vida”, “Las moradas”, “Camino de perfección” y “Libro de las fundaciones”, lleva a descubrir “su sabiduría espiritual, cómo experimenta a Dios y puede ayudarnos a los que estamos en camino de oración a crecer en esta experiencia”.

La reforma de las carmelitas enfrentó a algunos sectores de la Iglesia con la santa española, que “quería leer, aprender, estudiar en tiempos en que eso no se le permitía a la mujer”, indica la hermana Ivonne.

“También fue muy discutida porque en su tiempo existía la Inquisición y tuvo experiencias místicas que la pusieron en duda. Sin embargo, la Iglesia, después de todos los estudios que se hicieron, declaró su experiencia como totalmente auténtica”.

Experiencia actual

Fiesta de Santa Teresa de Jesús.- Foto de Valerio Caamal Balam

“En aquel entonces fue polémica; hoy su experiencia sigue siendo actual”, agrega. “Hay mucha gente convencida y viviendo desde la misma experiencia de Teresa. Muchas familias religiosas han tomado a Teresa de Jesús como maestra, amiga y compañera de camino”.

La santa fue “una de tantas mujeres que siguen colaborando con la Iglesia para contribuir a la extensión del Reino de Dios y la enseñanza de la vida de Jesús a todos los que comparten la vida con nosotros”.

“Teresa nos dio una pauta y muchas mujeres más siguen trabajando y luchando por su lugar en la Iglesia”, expresa. “La Iglesia se ha ido abriendo y hay espacios donde la mujer está cada vez más presente; pero todavía hay camino por recorrer”.

35 santos

Desde que San Agustín se convirtiera en el primer Doctor de la Iglesia por proclamación de Bonifacio XIII, otros 34 santos han sido distinguidos como maestros para los católicos de todos los tiempos.

Ese honor “es el mayor reconocimiento que el Papa puede otorgar a un santo” y se confiere a “personajes que han influido especialmente en la teología y han permitido un progreso relevante”, explica el padre Manuel Ceballos García, doctor en Teología Bíblica y párroco de Nuestra Señora de Yucatán (colonia Yucatán).

“El título de Doctor cumple la función de honrar a alguien que tuvo y tiene muchísima importancia para la Iglesia católica pues ha sentado las bases de lo que es hoy en día”, afirma.

El reconocimiento se otorga a santos canonizados porque “son ‘modelo’ de virtud y ejemplo de vida para todos, en todas las épocas y en todas las culturas”.


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Asimismo, los Doctores han llevado una vida y doctrina ortodoxas, es decir, acordes con las enseñanzas de la Iglesia; su doctrina es eminente y cualificada, profundizan en una o varias verdades de fe, y tienen influjo en la vida de los católicos.

Las congregaciones para la Doctrina de la Fe y para las Causas de los Santos son los dos dicasterios que evalúan exhaustivamente durante años los escritos de los santos para determinar a quién otorgarle ese reconocimiento.

Tiempos turbulentos

La proclamación de Santa Teresa de Jesús en 1970 fue significativa no solo porque era la primera mujer en recibir ese honor, sino también porque su testimonio y doctrina resonaban en tiempos de turbulencia para la Iglesia y el mundo.

Para entonces, recuerda el padre Manuel, habían pasado cinco años de la finalización del Concilio Vaticano II, “el magno acontecimiento eclesial del siglo XX”, y dos de las revueltas de estudiantes en países como Francia y México. Eran “años de confusión y desconcierto porque no se encontraba claridad en el horizonte de la vida eclesial: ¿en qué consiste ser católico?, ¿son iguales todas las religiones?”; se incrementaban, “en cantidad e intensidad, las actitudes contestatarias” y se cuestionaba “¿en dónde está la Verdad y cómo puedo saber si es original o copia?”.

Por esa razón, proclamar a una mujer valorada y reconocida en su testimonio y doctrina fue un signo claro de que la Verdad está “donde siempre ha estado a lo largo de los siglos: en la doctrina secular de la Iglesia, en la Biblia y en su espiritualidad”, dice.

Lo fue también de la actualidad de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y de una obediencia que mostraba “por dónde debía navegar la barca de la Iglesia”.

Teresa de Ávila, subraya el sacerdote, “es un testimonio y un ejemplo para todos los tiempos”.

En ese entonces se cuestionaba igualmente la posición de las mujeres en la Iglesia. Con la proclamación de Santa Teresa, Pablo VI “resalta carismáticamente la figura de la mujer; ¿dónde está el papel de la mujer en la Iglesia?, ahí, dando ejemplo de su Verdad, de testimonio de vida”.


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