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Todos somos Simone Biles: La mente también sufre lesiones

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Foto: Megamedia

Casos como el de Simone Biles atraen la atención hacia los efectos negativos de la presión profesional y social en la estabilidad emocional

La renuncia de Simone Biles a participar en algunas pruebas de los Juegos Olímpicos de Tokio es tema de conversación en los círculos deportivos y también fuera de ellos, pues las razones de la gimnasta estadounidense para retirarse de la competencia obligan a hablar de los efectos de la presión profesional y social sobre la salud mental.

El precio emocional a pagar por estar a la altura de las exigencias no es un desafío exclusivo de los atletas de élite, sino que también lo afronta la población en general, ya que “el estrés nos quiebra a todos”, dice Nury Moguel Núñez, maestra en Psicología Deportiva.

Nury Moguel Núñez, maestra en Psicología Deportiva y directora de la consultoría Mente de Acero.

Optimismo tóxico"

La sociedad moderna, indica, resiente la existencia del “optimismo tóxico”, ése que hace creer “que todo se puede, que todo está en la mente, y es peligroso porque el ser humano no puede todo, tiene límites”, unos que constantemente se ponen en prueba en el deporte de alto rendimiento.

“¿Por qué se quiebran los atletas olímpicos? Porque el nivel de presión que deben afrontar es comparable con el de un empresario o un profesional de alto desempeño. Está la presión de la prensa, la de su país y, en el caso de los que tienen un patrocinio, la de responder a quien les está dando el dinero”, explica.

“No solamente es una medalla lo que se está peleando, muchas veces es el prestigio, el buen nombre y la imagen social, tener que complacer a un público que cada día es más exigente. Con los Juegos Olímpicos todo el mundo se siente entrenador, hasta la persona más sedentaria juzga como si fuera un experto”.

La mente sufre lesiones

Moguel Núñez, directora de Mente de Acero, consultoría en psicología deportiva, añade que el hecho de que los problemas mentales se manifiesten internamente hace que su gravedad suela ser incomprendida.

“La mayoría de las personas no va a culpar al deportista si tiene una lesión, porque entiende que no puede competir si tiene una fractura; sin embargo, cuando es mental no lo ve igual. Si el deportista tiene ansiedad o depresión, como es el caso de Naomi Osaka, o si sufre demasiado estrés, como el de Simone Biles, entonces la gente sí se siente con la capacidad de hablar”, apunta.

SIMONE BILES SALUD MENTAL
Simone Biles en Tokio 2020. Foto: EFE

El estrés puede conducir a episodios de depresión y ansiedad y, en los niños, a la aparición de fobias y tics, lo que se puede controlar con acompañamiento de la psicología deportiva.

Moguel Núñez señala que en el deporte de alto rendimiento el trabajo mental es responsable de la mitad del éxito del atleta: “El cuerpo va a impulsar a la mente y la mente va a impulsar al cuerpo; sin una de las dos partes no se funciona bien”.

“Si el atleta no respeta su descanso, no sigue la dieta del nutriólogo, no consume los suplementos que le corresponden, la fatiga va a afectar su cerebro y no va a pensar claramente. Si está deshidratado el cerebro no puede lanzar impulsos eléctricos, así que la mente no toma decisiones correctas”, advierte.

Presiones desde adentro

No únicamente factores externos ejercen presión sobre la salud mental de los competidores de élite, sino que también lo hacen sus características como individuos, entre ellas la ansiedad como rasgo de personalidad (“todos podemos tener ansiedad en algún momento, pero hay quienes su personalidad la integra como algo de todos los días”) y la alta tensión érgica o tendencia a sentirse insatisfecho con uno mismo (“la persona se exige mucho, es muy crítica de sí misma y los demás, y aun cuando alcance el éxito busca una perfección imposible”).

El autocastigo

La psicóloga deportiva agrega que afectan asimismo la propensión a la culpa, es decir, la inclinación a autocastigarse cuando no se logra la meta fijada, y la therectia. “El deportista con therectia responde muy rápido al estrés, al dolor, a lo bueno y a lo malo, el mundo se siente muy intenso; manejar esa intensidad puede ser tan abrumador que entra en crisis de pánico”.

Renunciar como Biles no es debilidad

Moguel Núñez subraya que renunciar a seguir compitiendo, como lo hizo Simone Biles en Tokio y, en mayo, Naomi Osaka en el Abierto de Francia, no es señal de debilidad en atletas que para entrenarse han ejercido control sobre su mente en formas que no lo hace la persona común.

“Podría decir”, afirma, “que el 90% de la población no soportaría ni siquiera estar parado en medio de un estadio olímpico o levantarse a correr todos los días a las 5 de la mañana. Si a nivel físico la gente no soporta levantarse todos los días a ejercitarse y a nivel mental no es capaz de dejar la comodidad de seguir durmiendo, ¿quién es para juzgar a una persona que entrena ocho horas al día, se priva de comer lo que quiere, que no sabe lo que son fiestas, salidas con amigos? Para llegar a ese momento (de la competencia) no solo ha controlado su mente, sino que ha dejado muchas cosas atrás”.

Naomi Osaka, de Japón, reacciona durante el partido de tenis de la tercera ronda individual femenino, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Foto: EFE

La decisión de apartarse de una competencia por salud mental debe tomarse “cuando ni siquiera con asesoría psicológica vemos posibilidad de que (el deportista) esté en buen estado”.

“El problema con las enfermedades mentales es que una vez que se destapan hay que controlarlas porque siguen ahí. Una persona que tiene trastornos de personalidad, depresión o esquizofrenia no debería competir en alto rendimiento”.

“Nadie le pediría a un diabético que insista (en contender) a riesgo de comprometer su salud; ¿por qué en el plano mental deberíamos hacerlo?”.

Entonces, ¿cómo saber si las metas que nos fijamos son viables de alcanzar o son un espejismo debido al optimismo tóxico? Para la psicóloga deportiva, la respuesta está en saber con claridad cómo lograr el objetivo. “Cuando la persona puede decir cómo va a llegar ahí, no es optimismo tóxico, está consciente de su capacidad y lo que implica. Cuando son palabras cargadas de positividad sin realidad, eso es tóxico”.

No tiene nada de malo

De estas situaciones se extrae una lección para todos, sean o no deportistas de alto rendimiento: “Hay cosas que no podemos hacer y eso no tiene nada de malo; nacemos con fortalezas y debilidades y eso hace la riqueza del ser humano. Es importante conocer nuestros límites y elegir de manera responsable hasta dónde estamos dispuestos a pagar el costo por ellos”.

“El mejor indicador de nuestras capacidades son los eventos pasados”, continúa. “A lo largo de nuestra vida hemos superado situaciones incluso más difíciles que las que estamos pasando. La mejor manera de recordarnos de lo que somos capaces no es engañándonos diciendo: ‘Eres bueno, eres bonito’, porque ésas solo son palabras; sino mirar atrás y ver qué capacidades hemos utilizado antes para resolver esto y salir adelante”.

“Probablemente la mayor parte del tiempo uno mismo tiene la respuesta, solo que no lo puede ver”.


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Casos de Simone Biles y Naomi Osaka no son aislados

Los casos de Simone Biles y Naomi Osaka son los dos más recientemente conocidos de atletas de élite que admiten tener problemas para afrontar la presión sobre su salud mental de las expectativas que se tiene de ellas.

Antes, otros premiados deportistas han confesado las dificultades no solo para gestionar la inseguridad personal frente a las exigencias de su disciplina, sino también para hallar su lugar en la sociedad cuando regresan a casa después de un triunfo o se retiran al final de una exitosa carrera.

El 29 de julio de 2020 se estrenó por HBO el documental “The Weight of Gold (El peso del oro)”, en el cual el cineasta Brett Rapkin reúne testimonios de reconocidos atletas, como el nadador Michael Phelps, el patinador de velocidad Apolo Ohno, la patinadora artística Sasha Cohen y el esquiador Bode Miller, sobre los desafíos emocionales que les plantearon sus carreras.

michael phelps
Foto de archivo de una portada con Michael Phelps.

Phelps, por ejemplo, admitió que los deportistas de alto nivel “somos un producto” y eso “mete miedo, me duele mucho; hay mucha gente que se interesa por tu bienestar físico pero que nunca la vi preocuparse por nuestro bienestar mental”.

Aunque no tiene un diagnóstico de depresión, Sasha Cohen se animó a participar en el documental de Rapkin porque consideraba importante hablar del tema. Para la patinadora artística, los momentos más difíciles no los vivió en la pista de hielo, sino cuando se retiró de la disciplina y se inscribió en la universidad en busca de un nuevo camino en la vida.

“Fui a una feria de carreras en Columbia y me registré en cada módulo e intenté imaginarme en esos trabajos. Fue extraño. Yo tenía 30 años. Todos los demás tenían 20, 21. Es una vida muy diferente en comparación con lo que había hecho”, declaró Cohen en 2018 a la estación de radio WBUR.

Para Bode Miller, el principal problema está en que “eres relevante cuando eres relevante y eso cuenta no solo para los atletas olímpicos”, sino también para músicos o adultos cuyos hijos están en la edad de irse de casa.

Impacta la autoestima

“Es una experiencia emocional muy similar para todos esos grupos demográficos”, aseguró en 2020 al sitio E! Online. “Eres relevante, eres necesitado, todos te aprecian y entonces abruptamente no eres relevante ni necesitado. Eso impacta en la autoestima, la autovaloración y la autoimagen de la gente y es muy difícil”.

Hay deportistas olímpicos que no lograron superar el reto, pues, como resultado de esas dificultades, murieron por lesiones autoinfligidas, como sucedió en 2009 con el ciclista francés Christophe Dupouey, quien tres años antes había sido sentenciado a tres meses de cárcel por su participación en un escándalo de dopaje, y en 2013 con la judoca rusa Elena Ivashchenko, deprimida por no poder conquistar medallas en los Juegos de Londres.

En 2019 la ciclista estadounidense Kelly Catlin falleció a los 23 años después de experimentar problemas mentales al tratar de compaginar sus estudios académicos y entrenamientos como deportista, y en 2020 el futbolista serbio Miljan Mrdakovic, quien en 2008 jugó en las Olimpiadas con la selección de su país, murió luego de luchar contra la depresión al concluir su trayectoria como jugador.

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