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Tipos de madres en la literatura y su evolución a través del tiempo

Junto con las épocas, la forma de retratar la maternidad ha cambiado en la literatura. De abundar las madres abnegadas y sometidas a la autoridad masculina se ha pasado a contar historias de mujeres que cuestionan los modelos tradicionales de crianza y cuyas acciones no son definidas por un varón.

A esa transformación contribuye una mayor difusión de obras escritas por mujeres, que aportan el punto de vista personal, veraz, sobre ser madre.

“Ha cambiado, más que el enfoque, la forma de recrear a los personajes”, indica Silvia Cristina Leirana Alcocer, doctora en Literatura y Comunicación por la Universidad de Sevilla y profesora investigadora de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

“La literatura ha retomado ciertos arquetipos, pero el impacto en la población proviene de otros medios de comunicación, sobre todo la televisión”, dice.

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“Las telenovelas ofrecían una visión de lo que la cultura mexicana consagraba a ser mamá: Libertad Lamarque era la sacrificada que daba todo por sus hijos; Sara García tenía papeles de mujer más fuerte, que educaba, corregía; eso permeó en generaciones”.

Leirana Alcocer, coordinadora del Programa Institucional de Estudios del Pueblo y la Cultura Maya de la Uady, añade que después a los guiones llegaron las maternidades que no terminaban de concretarse por la pérdida del hijo, como aquéllas que dieron fama a Lupita Ferrer, Lucía Méndez y Verónica Castro.

Aunque hay obras literarias que siguen reproduciendo arquetipos del pasado, relatos, poemas y obras de teatro reflejan cada vez más los conflictos de la época actual. “Antes mandaban los papás y los hijos obedecían ciegamente; las nuevas generaciones rebaten, discuten y eso lo está recreando la literatura”, apunta.

¿La sociedad determina el tipo de mamás sobre las cuales leemos o son nuestras lecturas las que nos enseñan cómo son las mujeres que tienen hijos? “Creo que hay un doble juego”, opina la investigadora. “Los autores recrean lo que está pasando en la realidad, pero lo que uno lee también forma ideas sobre cómo debe ser la realidad”.

“En la literatura muchas veces se trata de hacer visible algo que es ‘normal’ y mostrar que encierra opresión”, agrega. Pero años atrás con los guiones de televisión era diferente, pues los espectadores “se dejaban normar el criterio por los estereotipos que presentaban las telenovelas: la mujer tenía que ser abnegada, la maternidad no era elegida.., cosas que arraigaron en la sociedad mexicana”.

Tipos de madres según su personalidad

Entre la producción literaria actual, Leirana Alcocer encuentra un ejemplo de madre sacrificada en el cuento “El faisán”, en el que Beatriz Espejo describe a una mujer que en su lecho de muerte repasa su matrimonio decepcionante y la decisión de continuar en él pensando en el rechazo social a los divorciados y el bienestar de los hijos.

Si se trata de madres perversas, es sencillo dar con ellas en los cuentos ingleses y alemanes para niños del siglo XIX. “Las malas no eran las mamás biológicas, sino las madrastras. Los padres se casaban en segundas nupcias y, por celos y envidia, la madrastra era muy mala con su hijastra”.

“Aunque son europeos, esos cuentos han arraigado mucho en la infancia”, incluso a través de las suavizadas adaptaciones al cine hechas por Disney. “Se creó un arquetipo de mujer que ha hecho mucho daño: la hijastra maltratada por su madrastra solo se libra por el amor de un príncipe que la salva. Ha hecho daño a nivel colectivo y transcultural, porque en el mundo de habla inglesa y francesa también existe el arquetipo de mujer que tiene que ser salvada por un hombre de otra mujer; se rompe incluso con la sororidad”.

“La madre” de la que escribe Máximo Gorki es un ejemplo de mujer luchadora. “Ya viuda puede ejercer más adecuadamente su maternidad, porque antes estaba bajo el yugo de su marido”, explica la investigadora. “Se involucra en política por amor a su hijo y amigos de su hijo; la vemos empoderarse, tomar el valor de enfrentarse al Estado”.

Rosario Castellanos derriba la imagen tradicional de la mujer mexicana en la obra de teatro “El eterno femenino”, en el que da voz a íconos de la historia del país para que cuenten su versión de sus vidas y hechos, alejados del retrato oficial. “Busca el cuestionamiento: ‘Así se dice que son, pero ¿cómo son realmente las mujeres que han tenido parte importante en la historia de México?’. Filósofos atribuían a la mujer la abnegación por los hijos; Rosario pone el dedo en la llaga y dice que esa abnegación no es tan natural, sino que hay mucho de imposición”.

En la obra de escritoras yucatecas se halla una visión intimista sobre ser mamá en un contexto que también plantea exigencias en otros ámbitos. La investigadora cita como ejemplo la novela “Me morderé la lengua”, de Melba Alfaro, en la cual la madre protagonista se pregunta si la manera en que crece a su hijo es la correcta, al pasar de esposa abnegada a mujer independiente y trabajadora.

En uno de los relatos de “Cuentos de sangre para antes de dormir” Carolina Luna narra desde el punto de vista de la hija pequeña la situación de una mujer con problemas emocionales que intenta suicidarse.

Por su parte, Brenda Alcocer tiene textos sobre la relación particular de una mujer con cada uno de sus hijos y la incertidumbre de si se conducía con ellos como debía hacerlo.

En las obras de estas autoras “cada personaje ejerce la maternidad de diferente manera, pero subyace la duda de si es correcto como lo está haciendo”, añade Leirana Alcocer, quien atribuye esto a un cambio generacional que derribó roles tradicionales pero que no terminaba de definir los nuevos, lo que llevó a las mujeres a plantearse muchas interrogantes.

En la literatura maya, Briceida Cuevas Cob retrata el ciclo de vida de una mujer indígena en el poemario “Ti’ u billil in nook’ (Del dobladillo de mi ropa)”. “Es poético pero a la vez crudo, porque muestra los trabajos por los que pasa una mujer maya y recrea la pobreza de la mayoría de las madres”.

El poemario se puede leer aquí.

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“Yerma”

  • 1934
  • Obra en tres actos de Federico García Lorca

En una comunidad rural, la joven Yerma vive mortificada por la imposibilidad de quedar embarazada, a pesar de haber aceptado casarse con un hombre que no le atraía con tal de poder convertirse en madre. La indiferencia de su marido, Juan, hacia esta necesidad conduce a trágico final.

“El bebé de Rosemary”

  • 1967
  • Novela de Ira Levin

Rosemary Woodhouse se muda con su marido Guy, actor con dificultades para encontrar trabajo, a un edificio de departamentos en Nueva York que habitan sobre todo personas de la tercera edad. Entre sus vecinos está el matrimonio formado por Minnie y Roman Castavet, con quien Guy hace buena química, a diferencia de su esposa. Cuando el actor obtiene un papel estelar en Broadway, Rosemary queda embarazada, lo que despierta en los Castavets un interés especial en su cuidado. La joven pronto comienza a sospechar que sus vecinos no son lo que parecen.

“El graduado”

  • 1963
  • Novela debut de Charles Webb

Recién egresado de la universidad, Benjamin Braddock regresa a casa de sus padres para pasar unos días de descanso. En una fiesta en su honor se encuentra con los esposos Robinson. La señora Robinson seduce a Benjamin y ambos sostienen encuentros íntimos hasta que el joven conoce a Elaine, la hija de su amante. Benjamin debe entonces tomar una decisión.

“Como agua para chocolate”

  • 1989
  • Novela de Laura Esquivel

Aunque la historia central gira en torno a Tita de la Garza, la hija menor de una familia de Piedras Negras, Coahuila, la trama tiene un personaje omnipresente, Mamá Elena, quien está decidida a mantener viva una tradición que condiciona las acciones de la protagonista: la hija menor debe permanecer soltera para cuidar de su madre hasta su muerte.

“El quinto hijo”

  • 1988
  • Novela de Doris Lessin

Harriet y David Lovatt comienzan a tener hijos más rápidamente de lo que planeaban. Cuando Ben nace, a la obligación de ajustar su proyecto de vida a su descendencia se suma la de sobrellevar el hecho de que su quinto hijo no solo tiene un aspecto atemorizante, sino también una forma de ser desconcertante.

“Una muerte muy dulce”

  • 1964
  • Relato biográfico de Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir narra las últimas semanas de vida de su madre, que albergaba la esperanza de recuperarse de una dolencia que la mantenía en el hospital y que desconocía que se trataba de cáncer. Además de describir la atención de médicos y enfermeras, el agravamiento y las temporales mejorías de salud de su mamá, y la actitud de ella y su hermana ante la enfermedad, De Beauvoir comparte aspectos de la educación que recibió su madre y la relación con su esposo.

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