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Una nueva educación, legado del Covid

La pandemia tendrá un impacto positivo en el sistema educativo, asegura un investigador.- Por fin se entendió el importante papel que tiene la tecnología en la enseñanza

La pandemia del Covid hizo volar por los aires el sistema educativo convencional. Como medida para contener la expansión del virus y mitigar su impacto, las escuelas se vieron empujadas a cerrar sus actividades presenciales y a improvisar de la noche a la mañana métodos y protocolos por internet para poder sacar adelante sus programas educativos.

Aunque en Yucatán (como en el resto del país) el cierre de las aulas ha sido parejo, el impacto de sus consecuencias no ha sido igual para todos, hay diferencias porque los estudiantes han tenido que recurrir a sus propios recursos para seguir aprendiendo a distancia a través de internet o la televisión.

En consecuencia, mientras los alumnos de sectores “más acomodados” han podido tener acceso a oportunidades alternativas de aprendizaje, con el apoyo de sus padres y con deseos y capacidad para aprender, para los niños y jóvenes que pertenecen a entornos menos favorecidos, la educación en línea no ha sido una verdadera opción.

Gastos y riesgos

De acuerdo con el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), para los estudiantes de escasos recursos “la suspensión de clases ha implicado menores oportunidades de aprender en casa, gastos extra en sus hogares, más riesgo de retraso en su aprendizaje y, por ende, mayor riesgo de abandono escolar una vez superada la pandemia”.

La epidemia de Covid también afectó seriamente la educación superior. Como señala el informe “Education at a Glance” de la OCDE, el cierre de las instalaciones universitarias impactó en la continuidad del aprendizaje y el avance en los estudios. “Aunque las instituciones de educación superior sustituyeron con rapidez las clases presenciales con el aprendizaje en línea, a menudo tuvieron dificultades por la falta de experiencia y tiempo para concebir nuevos formatos de impartición de educación”.

De manera quizá más importante, señala, la crisis mostró la propuesta de valor de las instituciones de educación superior: los estudiantes acuden a las universidades no solo a tomar clases, sino principalmente a conocer personajes destacados en su profesión, sostener conversaciones inspiradoras con el personal académico, colaborar con investigadores en el laboratorio y experimentar la vida social en el campus.

Para conservar su pertinencia en un escenario post Covid, “las universidades tendrán que reinventar los entornos de aprendizaje de modo que la digitalización amplíe y complemente, pero no sustituya, la relación estudiante-profesor y estudiante-estudiante”, sostiene el informe.

Complicado escenario educativo

En pocas palabras, la emergencia sanitaria puso de manifiesto las múltiples deficiencias, la profunda desigualdad de nuestro sistema educativo, pero no las creó, la brecha estaba ahí antes de que llegara el coronavirus y sigue siendo una tarea pendiente.

“Un infinitamente pequeño virus nos ha obligado a enfrentarnos a un cambio social y de pensamiento”, reflexiona el Dr. Vicente López Rocher, catedrático de la Universidad Anáhuac Mayab, para quien, pese a la incertidumbre por el futuro que domina el escenario actual, la emergencia sanitaria tendrá finalmente un impacto positivo en el panorama educativo.

La pandemia, asegura, es sólo la punta de lanza de una transformación que venía gestándose desde mucho tiempo atrás. Han cambiado muchas cosas desde la aparición del virus mortal, pero gran parte de ese cambio no es nuevo.

Aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” no es más que un canto de sirenas, la humanidad está hoy mejor que nunca, afirma. Los tiempos han cambiado, el mundo se ha transformado, el gran problema es que no sabemos hacia dónde vamos.

Contacto más humano

Las relaciones sociales se han trastocado, reflexiona el educador. “Acostumbrados a una sociabilidad de multitudes, nos hemos visto obligados a replegarnos a nuestros rincones. Muchos de los que no lo hicieron han pagado un altísimo precio: sus vidas. Es necesario repensar nuestra participación social hacia algo de mayor calidad y de ser. Las grandes conglomeraciones han sido la principal lección para futuras posibles pandemias. ¿Podemos imaginar una nueva forma de contacto social más selectiva, profunda y honesta?”.

En la época del coronavirus se ha intensificado una serie de consideraciones que ya valorábamos antes, como la equidad y la responsabilidad ambiental, continúa.

Desde antes de la epidemia, el abismo entre los que tienen mucho y los que nada tienen ya era un callejón sin salida en el que más de la mitad de la población mundial ha quedado en la miseria. “Los recursos que gastan las grandes empresas están dejando al planeta devastado y con una factura climática impagable. Esto debe detenerse”. 

Cambio de paradigma

El confinamiento sin precedentes nos ha obligado a repensar nuestra vida social y educativa, considera y se dice convencido de que nunca regresaremos a la “normalidad” porque nos estamos enfrentando a cambios que la sociedad necesitaba.

Al abundar en sus reflexiones acerca de los efectos del covid-19 en el entorno escolar y sobre cómo debería ser la educación en un futuro próximo, el Dr. López Rocher, investigador social dedicado al estudio de la naturaleza humana, sus valores, su ética, sostiene que durante los últimos 50 años, los jóvenes han aprendido bajo un sistema de enseñanza obsoleto y decadente.

 “Los nuevos descubrimientos en la forma en que los seres humanos aprendemos y en la forma en que el cerebro asimila la realidad son sorprendentes y nos permitirían dar pasos gigantescos, pero lo impiden la burocracia, la política y la corrupción del sistema educativo”, acusa. “El sistema mantiene las manos atadas de los miles de profesores que desean hacer un cambio. No sólo no se los permite, sino que los castiga por intentarlo”.

Clases a distancia por internet  del programa Aprende en Casa. La pandemia motivó cambios en la educación
Fátima, de cuatro años, participa en una clase virtual del programa Aprende en casa, conectada a puertas del local de su madre, en un mercado de Ciudad de México (Xinhua)

Avance transgeneracional

Afortunadamente, la epidemia puso al descubierto las infinitas carencias de nuestro sistema educativo y a partir de esto la calidad de la enseñanza está encontrando nuevos caminos, asegura. La poca infraestructura pedagógica puso en serias desventajas a los que menos tienen, pero eso es algo que ya todos sabíamos. El problema no cómo regresar a las pobres aulas, sino cómo seguir hacia el frente. Podemos aprender más y mejor, pero es indispensable un cambio de paradigma.

“Tengo el honor de ver a mi nieta, de tercer grado de kínder, funcionando maravillosamente en la modalidad en línea. Por primera vez participo como padre de familia en la educación de una generación”, comenta.

“Veo el inmenso trabajo que la maestra despliega para mantener y enriquecer sus clases, usando diversas plataformas. Disfruto la forma en que los niños se organizan cuando están en el receso y realizan actividades sin la necesidad de un líder”.

“Es maravillosa la forma en que estos niños han saltado varias generaciones tecnológicas en solo diez meses, un verdadero salto cuántico”.

Salto sin red

Las observaciones del catedrático de la Anáhuac Mayab apuntan también a que gracias a la crisis por el coronavirus, escuelas e instituciones tienen por fin una mejor comprensión de la verdadera importancia de la tecnología en la educación, relegada siempre a un papel vicario en el proceso de enseñanza, la cual siempre privilegió la instrucción en el aula.

Hoy, a raíz de la pandemia, se ha entendido que el papel de la tecnología va más allá de la clase y que el aprendizaje puede suceder en contextos diferentes.

“Sabíamos que la educación virtual era el camino para poder llegar a todos los rincones de la Tierra y a todas las personas, en todos los niveles, pero era una visión a futuro. El covid nos obligó a todos a dar ese salto al vacío y es impresionante la inmensa cantidad de recursos virtuales que han sido creados para compensar nuestra ignorancia en este terreno”, asume.

Podremos tomar clase en las mejores instituciones, con los mejores maestros y con la tecnología adecuada, sin movernos de casa. Se ha conseguido expandir los límites del aula. Las instituciones y los gobiernos que reconozcan este nicho, serán las que marquen el futuro”.

La socialización

Según el Dr. López Rocher, el encierro, el aislamiento y la falta de contacto con otros alumnos, que impuso la crisis, es un tema distinto al de la soledad y cree que ambos asuntos deben manejarse en forma diferente. “Las redes sociales, antes del Covid, ya habían cobrado un alto precio: la soledad de la juventud.  Pero la soledad, bien entendida y asimilada, puede ser el principio de la creatividad y la originalidad: los grandes artistas, creadores, científicos y exploradores han realizado sus máximas obras en soledad, consigo mismos”.

En su opinión, en el futuro próximo la salud mental se volverá un tema recurrente y grandes plataformas ayudarán a la gente a sobrellevar las situaciones de agresividad y angustia que han vivido al estar aisladas.

Hay quienes piensan que la ausencia de contacto con el grupo de compañeros y con la comunidad escolar que representa la convivencia en el aula, está provocando que el alumno se sienta menos acompañado, más solo, lo que puede llevarlo a valorar mucho menos la educación, pero el Dr. López Rocher no está totalmente de acuerdo con este punto de vista.

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El Homo empaticus, la última versión académica de la evolución humana, no depende del contacto físico, sino de un mayor nivel de conciencia por el otro. Éste no se da por la cercanía, puede darse a distancia, a través de la conciencia colectiva que hemos venido forjando con Internet y la Web”, dice.

“Empezamos a comprender y sentir que formamos una inmensa telaraña, donde cualquier tirón de una de las esquinas, nos afecta a todos. Empezamos a comprender lo que un día dijera Rabindranath Tagore:  ‘No podemos cortar una flor sin afectar una estrella’”.

Está digitalización de la vida diaria impulsada por la pandemia no tiene marcha atrás, insiste. Los humanos necesitamos volver a socializar, pero el trabajo a distancia permanecerá, seguiremos trabajando en línea desde nuestras casas cada vez más adaptadas. Se crearán múltiples espacios para grandes juntas digitales, no debemos regresar al tráfico ni al tipo de trabajo anterior, sino cambiarlo mediante la tecnología y la virtualidad digital eficiente.

La nueva educación

Con el Covid la vieja escuela ha perdido mucho, pero la nueva escuela tiene, finalmente, una oportunidad: fuera de las instituciones acartonadas donde la apariencia es más importante que el contenido, el maestro podrá tener la libertad para enseñar al alumno que su responsabilidad es fundamental para crear un mañana para todos, asegura el maestro. 

“De cara al futuro, la gente replanteará sus metas personales, de trabajo y de vida. Vienen grandes oportunidades para un cambio de perspectiva, con valores más reales, como base de una nueva realidad, más consciente. Las directrices están definidas, simplemente hay que encontrar el camino”, concluye.

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