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Víctimas de la violencia: feminicidios en la Península

"Ni una asesinada más" es el clamor que recorre todos los rincones de México, de la Península.

No se trata sólo de una queja feminista, es el lamento de una sociedad que pide, exige que sus voces penetren las paredes de las instituciones y las consciencias de las y los responsables de prevenir, proteger y evitar algún tipo de violencia contra las mujeres.

El multitudinario grito que en forma presencial, en las calles, y de manera virtual, en las redes sociales, reclama justicia para las 39 muertas por feminicidios en Yucatán, de diciembre de 2015 al martes 25 de agosto de 2020, espera angustiosamente más respuestas y reacciones oficiales, concretas al fenómeno social.

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Hoy también nos faltan… Norma Yolanda, Fernanda, Emma Gabriela y otras víctimas más, algunas anónimas, desconocidas e ignoradas que fueron silenciadas, presas de un crimen por razón de género.

Y aún más, las y los damnificados indirectos de esos aborrecibles homicidios que no parecen ser importantes y sólo figuran en las listas estadísticas, donde todavía se discute si cumplen o no con el protocolo feminicida.

Las y los hijos de las madres a las que de tajo les arrancan la vida son los afectados colaterales de esos actos sangrientos cometidos por los agresores, aprovechando la confianza, subordinación o superioridad sobre sus victimadas.

Las y los huérfanos de los atentados, que de un balazo, una cuchillada o por vía del estrangulamiento, se quedan en el desamparo, desvalidos de sus progenitores.

La marcha de protesta que decenas de personas realizaron el domingo 30 de agosto pasado en el Paseo de Montejo, para exigir justicia por los recientes feminicidios de Fernanda y Norma Yolanda.- Foto de Megamedia

Datos y opiniones

En la segunda entrega sobre los feminicidios en la Península, en particular en Yucatán, a partir de 2014, cuando se tipifica en el Código Penal del Estado el asesinato como un delito grave, según las pautas, normas legales, se hace un recuento del estatus judicial de los implicados en los 39 feminicidios, de acuerdo con información de los organismos Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán y Mujeres sin Maquillaje, que se confrontan con las cifras oficiales que ofrece el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública durante 2020.

También las sentencias dictadas contra los enjuiciados por las mujeres asesinadas, por medio de qué procedimiento y cuáles casos aún están en proceso, investigación o, como un ataúd, sepultados en un archivo de decenas de expedientes.

Y los números comparativos de los casos feminicidas nacionales y de las otras dos entidades de la región sureste, las personas adyacentes dañadas por esos crímenes, y las interpretaciones de expertas en psicología, activismo y el comportamiento social, que desde sus propias ópticas describen las diferentes aristas que envuelven, como un manto negro, la cruenta realidad de los actos de sangre que se cometen contra niñas, adolescentes o mujeres adultas por igual.

El 26 de agosto de 2018, un grupo de personas efectuaron una protesta en el Monumento a la Patria por el asesinato por razón de género de Ana Cristina, una niña de seis años de Tahdziú, a manos de Carlos Felipe Valle Yah.- Fotografía del archivo Megamedia

Condenas y pendientes

De los 39 casos de feminicidios en Yucatán, 30 documentados por las agrupaciones civiles Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán y Mujeres sin Maquillaje, y el resto con información hemerográfica recopilada y la oficial publicada por el Poder Judicial del Estado, de diciembre de 2015 al martes 25 de agosto de 2020, 22 de los autores de los homicidios ya recibieron sentencias con penas que van de los seis a los 50 años de prisión.

De los 22 veredictos dictados por las muertes de 20 de las víctimas, 13 son con juicios orales y el resto, nueve, por la vía del procedimiento abreviado.

En uno de los casos juzgados, el de Emma Gabriela Molina Canto, acuchillada el 27 de marzo de 2017, los asesinos materiales, Jonathan Mézquita Ávalos y Óscar Miguel López, recibieron sanciones de 43 y 46 años de prisión, respectivamente, en sendos procesos de juicios orales.

El ejecutor intelectual del premeditado crimen, Martín Alberto Medina Sonda, es hallado culpable de feminicidio agravado, y condenado a 50 años de cárcel, la pena máxima en vigor por ese grave delito en la entidad, en un fallo oral que se dicta el 6 de septiembre de 2019.

El exesposo de Ema Gabriela cumple otra condena de 12 años y medio encarcelado en la penitenciaría de Villahermosa, Tabasco, por lavado de dinero. La sanción por feminicidio comenzará a correr cuando purgue la primera resolución.

Audiencia en la que se le impuso a Martín Alberto Medina Sonda una sentencia de 50 años de cárcel, acusado de ser el autor intelectual del crimen de su exesposa, Emma Gabriela Molina Canto.- Foto del archivo Megamedia

Juan Ramón Moreno Hernández y/o Ricardo González Monroy y/o Freddy García Ramírez, alias “El Cachorro”, coautor intelectual del crimen, recibe una pena de 35 años de cárcel por el delito de homicidio calificado, no por feminicidio.

Casos excepcionales

De los demás hechos de violencia extrema contra mujeres, 19 en total, 14 de los procesos siguen su curso legal o están bajo investigación; en dos, los homicidas se suicidaron, y dos más son declarados inimputables.

Uno de los inimputables, Sergio N. Villanueva estrangula a dos mujeres. A su madre, Gladys Leticia del Socorro Villanueva Uribe, y a su abuela, Ana Felicia Uribe Madera, el 16 de febrero pasado en una casa del Fraccionamiento del Arco, en el norte de Mérida.

Médicos especialistas consideraron que por su condición de salud mental no podría ser juzgado penalmente.

Los que decidieron privarse de la vida después de cortar la existencia de sus víctimas son Juan Pablo Ávila Chacón, quien el 24 de mayo de 2019 asfixia y acuchilla a su esposa, Anabell Chan Canul en Celestún.

María Fernanda Gual Martín, víctima de feminicidio el jueves 20 de agosto pasado, cometido por su exnovio, José Enrique Novelo Herrera.- Foto de Facebook

El más reciente, con amplio despliegue mediático, es el de José Enrique Novelo Herrera que mata de tres balazos a su exnovia, Fernanda Gual Martín, en un inmueble del fraccionamiento Residencial Pensiones, el jueves 20 de agosto pasado.

Huérfanos de los feminicidios

Víctimas transversales de los 39 crímenes por razones de género registrados a partir de 2014, cuando se incluyó como delito grave en el Código Penal de Yucatán, son las y los hijos de las victimadas y de sus verdugos, en muchas ocasiones parejas, esposos o exmaridos de las mujeres que al ser enviados a prisión, huyen o se quitan la vida, dejan en desamparo al resto de sus familias.

Según reportes de Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán y Mujeres sin Maquillaje, complementadas con indagaciones periodísticas, hasta el martes 25 de agosto pasado, a saber quedaron abandonados 35 hijos y un caso de una embarazada, Marcelina Pérez Patishán, muerta con saña por Juan A. Parra Tec el 22 de agosto de 2018. El suceso, hasta donde se averiguó está en proceso judicial.

Ariani Yazmín Collí Sansores, asesinada el 24 de mayo pasado, dejó desvalidos a sus cuatro hijos, todos menores de edad.- Foto de internet

En lo que va de 2020, de los ocho feminicidios considerados por los dos organismos ciudadanos, habría seis hijos e hijas afectados por tres de los homicidios de las madres.

Gabriel Humberto Aguilar P., quien el 24 de mayo pasado estrangula a su expareja, Ariani Yazmín Collí Sansores, deja en la orfandad a cuatro menores: tres niñas y varón de seis, ocho, 12 y 14 años de edad, respectivamente.

Hasta donde se logra averigüar, Irlanda C.H., hallada muerta el 10 el junio pasado en montes del complejo habitacional Ciudad Caucel fue identificada por su propio hijo.

Y en el caso más reciente, Norma Yolanda A.V. asesinada el martes 25 de agosto pasado en una casa del fraccionamiento Villas de Oriente, en Kanasín, de acuerdo con la cuenta en redes sociales de la mujer, llamada por sus conocidos "Chapis", tenía un descendiente.

En tres de los delitos de violencia extrema reunidos por las asociaciones femeninas no hay datos que comprueben si dejaron algún sucesor y las demás no tendrían hijos.

Un hijo de Norma Yolanda, asesinada el martes 25 de agosto pasado, en una casa de Villas de Oriente, Kanasín, es otra víctima del feminicidio.- Foto de Facebook

Doble victimización

María Eugenia Núñez Zapata, integrante de los colectivos Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán y Mujeres sin Maquillaje, indica que de los ocho feminicidios que de enero a agosto pasado registran, en tres considera que hay casos de revictimización, porque a los autores se les declara inimputables.

"La revictimización de esos casos al parecer es un fenómeno invisible en las instituciones de procurar la justicia, porque a pesar de que a los feminicidas se les clasifique con algún tipo de desorden de salud mental, lo real es que las mujeres son asesinadas, se les vulnera por su condición de género, y eso no borra lo inimputable del delito. Las muertas, muertas están", subraya María Eugenia.

La activista destaca que 2020, que marca cinco crímenes por razón de género durante la pandemia por el Covid-19 en la entidad, observa, de acuerdo con el número de feminicidios hasta agosto pasado, que "puede convertirse en un año muy peligroso en Yucatán".

Hasta ahora, según los datos de ambos organismos ciudadanos, contabilizan ocho crímenes femeninos, apenas uno menos que el total de muertes que oficialmente se reportan en 2017, a partir de que en 2014 se homologa el feminicidio como delito grave y se aumenta la pena en el Código Penal del Estado a 50 años como máximo. Un lustro después, el 1 de agosto de 2019, hay reformas y la sanción aumenta a 60 años.

María Eugenia Núñez Zapata, integrante del colectivo Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán .- Foto cortesía

Otra óptica

"No quiero hablar de cifras maquilladas, pero me parece que hay una mala lectura de lo que es un feminicidio. No puede borrarse de una relación por el hecho de que aparentemente es inimputable el homicida, no se debe restar importancia a la forma más violenta de agresión femenina por alguna u otra circunstancia, eso es inaceptable", juzga la química.

María Eugenia, hace la afirmación en referencia a las estadísticas oficiales que no incluyen tres asesinatos que se cometen este año en Mérida, donde a los ejecutores, después de evaluaciones psiquiátricas, se les clasifica en una categoría médica donde no pueden ser sometidos a un juicio penal.

"En nombre de Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán y de Mujeres sin Maquillaje levantamos la voz para que el Ministerio Público, la Fiscalía indaguen de acuerdo a los protocolos establecidos y no se borren o desaparezcan los casos, los hechos consumados, porque una mujer menos a causa de la violencia que no se incluya de manera oficial se convierte en víctima dos o más veces", reitera.

La también activista de la asociación Mujeres Todas, considera que el Estado, hasta el momento, no es capaz de establecer programas de apoyo a los que llama huérfanos de los feminicidios, ya que los homicidios de las mujeres y en ocasiones el encarcelamiento de sus agresores afecta de manera directa a las y los hijos de las parejas.

"Ya son casi 40 los hijos que a partir del primer caso, en 2015, que se suman a la lista de los que se quedaron sin madres. Por ejemplo, en los feminicidios de 2020, una de las muertas deja cuatro menores, y ahí las autoridades tampoco instauran planes o programas para ayudar a esas víctimas indirectas de los crímenes", señala.

Las y los hijos de las mujeres víctimas de feminicidio son los damnificados colaterales, indirectos, de ese grave delito.- Foto de trespm.mx

¿Qué hacer?

Y a pesar de que las penas por cometer un feminicidio en Yucatán son más duras, ¿por qué continúa ese fenómeno social que se extiende en todo el territorio nacional?, es la pregunta que se le plantea a María Eugenia.

"Porque se carece de claridad en las reglas y en los parámetros cuando se abordan los feminicidios. Hace falta que el mensaje que el Estado le dé a la sociedad sea más claro y directo. ¿Por qué el mexicano que viaja a Estados Unidos respeta las señales de los semáforos o no arroja basura en las calles? Porque sabe que es muy difícil hacer 'arreglos? con la Policía, y la ley se aplica aparentemente mejor".

"Acá, en el país, en la región, si el acusado tiene amistades importantes y relaciones con poderosos logra cambiar la historia de un padre violento y golpeador, y la acusación se le revierte a la madre, a la que el DIF le pone medidas restrictivas", dice.

La activista estima que en Yucatán no hay una instancia que consiga defender plenamente a las mujeres que sufren de violencia de pareja y son potenciales víctimas de feminicidios, que la creación de la Secretaría y el Instituto Municipal de la Mujer aún no cumplen con todas las expectativas, y no terminan por prevenir el grave problema de los crímenes por razón de género.

"Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva en Yucatán diseñó y propuso abrir cuatro albergues, uno en el centro y otros tres más en el oriente, poniente y sur del estado para recibir y atender integralmente a las mujeres que sufren de la violencia física, psicológica y económica de sus parejas, como una manera de evitar ese comportamiento y reducir la desigualdad entre las víctimas y sus agresores, pero no se hace".

Peligro a la vista

"La ausencia de acciones concretas es peligrosa, y se cae en aquel viejo dicho de que la justicia se hace para los que saben defenderse. Se necesita también que la sociedad exija que se castigue con rigor, apegados a la ley, cualquier tipo de violencia contra la mujer, con toda energía", añade.

Y de acuerdo con la integrante de Mujer sin Maquillaje, un caso claro es el de Emma Gabriela Molina Canto, que a pesar de que a su exmarido, Martín Medina Sonda, autor intelectual del feminicidio, se le sentencia a 50 años de prisión, antes hubo señales que adelantaban la crónica de un crimen anunciado.

Antes de su homicidio, Emma Gabriela Molina Canto recibió amenazas.- Foto del archivo Megamedia

"Ahora el feminicida ya recibió una condena y la apela, porque es un camino que la ley contempla, pero no de la forma en la que actúa en los últimos meses, por medio de pasquines de otras entidades que llegan a Yucatán y en las redes sociales, donde intenta cambiar la historia y aparezca como víctima, no como victimario", denuncia María Eugenia.

Cifras oficiales

Estadísticas del apartado "Información sobre violencia contra las mujeres" del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a julio de 2020 en Yucatán hay cuatro feminicidios.

La entidad ocupa el lugar 27 entre los 32 estados del país por el número de crímenes en razón de género. Encabezan la lista, en los tres primeros niveles, Estado de México, con 80 hechos, seguido de Veracruz y Ciudad de México, con 52 y 41 delitos de violencia femenina, respectivamente.

En los últimos sitios están Tlaxcala, Querétaro y Aguascalientes, con un caso registrado en cada entidad.

Sangre en la Península

En comparación con los otros dos estados de la Península, Campeche se ubica en el sitio 28, un espacio por encima de Yucatán, con tres feminicidios, y Quintana tres posiciones arriba en el número 24, con siete asesinatos asociados a ese mortal atentado contra las mujeres.

La tasa de feminicidios por cada 100 mil mujeres, de enero a julio de 2020, en las tres entidades peninsulares es de 0.35 en Yucatán; 0.59, Campeche, y 0.82 en Quintana Roo. El porcentaje nacional es de 0.84.

De acuerdo con los mismos datos de la dependencia federal, la capital yucateca aparece en el lugar 50 de la relación de los primeros 100 municipios con incidencia de presuntos feminicidios en México, con tres de los cuatro casos considerados hasta julio pasado.

Candelaria, Campeche, está una escalinata abajo, en el 51, con dos casos, y Benito Juárez, Quintana Roo, en el sitio 25, con cuatro sucesos sangrientos.

En las tres primeras posiciones de la macabra lista se ubican Tijuana, Baja California Norte, y Ciudad Juárez, Chihuahua, con 14 feminicidios, respectivamente, y Culiacán, Sinaloa, con 10.

Los feminicidios en la región durante 2019 son tres en Yucatán, que comparte el lugar 31 de las 32 entidades federativas; seis en Campeche, en el sitio 27, y 16 en Quintana Roo, en la posición 16. Los tres primeros estados con más delitos violentos son Veracruz, con 157 casos; Estado de México con 122, y Ciudad de México, 68.

Canales de información

Los reportes de los crímenes por razón de género que ofrece el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública provienen de dos fuentes disponibles por el Centro Nacional de Información (CNI): con la información de la incidencia delictiva, que incluye el feminicidio, y con base en las carpetas de investigación iniciadas ante el Ministerio Público en las 32 entidades federativas.

Acordes a esas anotaciones formales, las víctimas contabilizadas de feminicidios a nivel nacional de 2015, cuando se dicta la primera sentencia contra un victimario de ese grave delito en Yucatán, a julio de 2020 son 4,131. En los siete primeros meses del año, las cifras públicas reconocen 549 homicidios.

Para dimensionar adecuadamente el fenómeno delictivo a nivel nacional, el CNI subraya que el feminicidio representa 0.05% en la incidencia delictiva total de enero a julio del presente año, y la contabilidad de la deleznable acción se realiza conforme a su tipificación en las entidades federativas, que explica se configura de forma gradual durante los últimos siete años, completándose las 32 entidades federativas en diciembre de 2017.

Perfil del feminicida

Para la psicóloga Regina Carrillo Ramírez-Valenzuela, catedrática en las universidades Autónoma de Yucatán y Marista, es imprescindible que el tema de los feminicidios se ponga sobre la mesa de los medios de comunicación, y sobre todo en la coyuntura de los dos más recientes casos, el de Fernanda y Norma Yolanda.

"Sin embargo, es fundamental que se aborde desde un enfoque y con una perspectiva de género, que no coloque a los feminicidas como 'extraordinarios' o a los hechos como 'anomalías', y a las mujeres víctimas o potenciales víctimas con el mayor peso de la responsabilidad; que la prensa no sea imprudente en el tratamiento y manejo de esos asesinatos con una narrativa que compara a los involucrados con la tragedia de Romeo y Julieta", advierte.

Con ese panorama, la psicóloga bosqueja el perfil de un feminicida, al que destaca que se le tiende a tildar como un monstruo, un enfermo metal con una psicopatología como irregularidad del sistema, y asegura que la realidad es completamente divergente.

El perfil de un feminicida es la de de cualquier hombre criado bajo un sistema u organización en la que la autoridad se reserva exclusivamente al sexo masculino.- Foto deinvestigacionfeminicidio.blogspot.com

"Si se parte de los estudios de género, de una perspectiva más estructural, el perfil de un feminicida es la de cualquier hombre que haya sido criado y socializado bajo un sistema patriarcal. No es cuestión exclusiva de una enfermedad mental o de una psicopatología para clasificarlos o estigmatizarlos, no. La realidad es diferente".

Formación y valores

"Los hombres que cometieron feminicidios tienen una fuerte pertenencia y un sistema de creencias, de valores e ideas culturales muy arraigadas de la mujer como un objeto, como una posesión, como algo que está al servicio y a disposición del varón. Son conceptos que tienen que ver con cuestiones de poder, como por ejemplo, castigar a la mujer que es infiel, a la que se porta mal según los estándares sociales o ciertas normas morales… y por ello hay que ejercer violencia y en casos extremos, asesinarla", explica la psicóloga.

La también psicoterapeuta recuerda que los feminicidios se dan, y queda claro, con los casos conocidos en la región y a nivel nacional en todos los sectores y estratos de la sociedad, porque, destaca, el patriarcado o predominio masculino se extiende y atraviesa todas las clases y grupo sociales.

"A diferencia de un terrorista que hace explotar una bomba en un lugar público y mata a muchas personas, incluyendo mujeres, en un feminicidio no es un ataque aleatorio, sino es una cuestión en razón de género. El autor le arrebata la vida a su víctima porque es mujer, porque intentó violarla o porque la viola".

"Otro de los signos que acompañan muchos de esos crímenes es el alto sentido de la violencia sexual previa al asesinato. O bien, porque el hombre quiere que retome la relación previa de pareja o permanezca, o porque es sexoservidora", ilustra Regina.

Sin estereotipo

En términos llanos, la psicóloga Carrillo Ramírez-Valenzuela precisa que el feminicida no tiene una figura o rasgo específico, como si fuera un asesino serial, sino que el comportamiento obedece a connotaciones de género.

La psicóloga Regina Carrillo Ramírez-Valenzuela, profesora de las universidades Autónoma de Yucatán y Marista, dibuja el perfil de un feminicida.- Foto de Facebook

"Cualquiera puede ser el feminicida de una mujer, no hay un perfil demasiado dibujado. Puede ser un adolescente de 17 años o un hombre maduro de 65 años, la pareja de toda la vida de la mujer, su hijo, su primo o un compañero de trabajo. Se trata de una expresión de violencia extrema, alimentada por esas creencias e ideas culturales de que la mujer está a disposición del hombre en cuerpo y vida".

"También es esencial que los femincidios no se traten como si fueran un espectáculo extraordinario, que no se publiquen imágenes sádicas de la víctima con el fin de generar el morbo y retratar al victimario como una peste. Insisto, el perfil del feminicida es aquel criado y socializado bajo el sistema patriarcal, un hombre misógino que tiene al machismo como estilo de vida", apunta.

Romper cadenas

En el ciclo de la violencia en la que viven muchas de las mujeres que son víctimas de asesinatos por razón de género, Regina ofrece algunos elementos que permiten entender lo difícil que les resulta a las victimadas romper previamente con cadenas de dependencia que las oprime para liberarse de sus potenciales agresores.

"En Yucatán, la experiencia me muestra que ese oscuro círculo, en la mayor parte de los casos conocidos proviene de personas cercanas, de sus esposos o exparejas. Las victimadas viven una relación de pareja violenta que les impide ver más allá y no encuentran opciones para romper ese ciclo, esa fase, porque uno de los estadios es que el dominador las aísla, las hace sentir y saber que no pueden hacer nada ni son nadie fuera de ese vínculo", abunda la psicóloga.

Las mujeres que sufren violencia de cualquier tipo de sus parejas son potenciales víctimas de feminicidio, porque les es complicado romper con las cadenas de dependencia masculina, y prefieren resignarse o callar.- Foto de almomento.mx

"Y a pesar de que hay herramientas pedagógicas para que las mujeres entiendan el cerco en el que viven, en la práctica la realidad es otra. Una mujer que sufre de violencia de su pareja sabe que tiene pocas opciones, porque el 90% de los delitos por razón de género quedan impunes, y ser doblemente víctimas no es una salida".

La profesional exhorta a todos los actores de la comunidad a tender redes de apoyo coordinadas para apoyar a las mujeres que padecen ese proceso asfixiante de violencia, ya que indica que no todas tienen esas facilidades y muchas tienen las salidas bloqueadas para desmantelar y romper el pacto patriarcal, en la que los hombres con esas características o ideologías sobre género se protegen a sí mismos, y afirma que vasta una mirada a los comentarios en redes sociales sobre el reciente caso del feminicidio de Fernanda para corroborar ese comportamiento.

Voz del feminismo

La antropóloga Rita Laura Segato (Buenos Aires, Argentina. 1951), reconocida como una de las mentes más poderosas y diáfanas en investigaciones en temas de género, en sus numerosos libros expone el origen, la causa, la raíz de lo que se esconde en los ataques sistemáticos contra la mujeres, que en el grado supremo llega al feminicidio, a lo que ella llama "pedagogía patriarcal o pedagogía siniestra".

En la obra "La guerra contra las mujeres", Rita Laura analiza la expresión "violencia sexual", y desajena la agresión del orden de los sexual para ubicarla en la esfera del poder.

Y reitera que los ataques obedecen a instintos de conductas en los hombres que envían un mensaje social entre sus pares que compara con las reglas de las bandas mafiosas.

"Las mujeres, concretamente su expresión corpórea, entran en la relación jerárquica establecida por el patriarcado como depositarias de valor de uso; a veces como botín de guerra, otras como colonia y, en última instancia, como mercancía", cita en su texto.


Verdugo social

La doctora en Antropología Social por la Universidad de Queens's de Belfast, Irlanda del Norte, proclama que "el feminicidio, entendido como el asesinato de una mujer por ser mujer, encuentra en esta asimetría simbólica su razón de ser desde el punto de vista jurídico… y no es un hecho circunscrito a la esfera de lo privado… sino una forma de violencia instrumental al servicio del mantenimiento de un orden tiránico".

"El andamiaje psicológico del perpetrador no es el de un individuo antisocial que se revela contra lo bueno y lo aceptable; es el de una suerte de verdugo que ejecuta una sentencia contra quien ha 'osado' desobedecer los dictados del orden social en su perjuicio", recalca.

"Culpar a la víctima es la representación más clara y tangible de que este nivel de crueldad, no es producto de una enfermedad mental individual, sino la exacerbación de un proyecto 'moral' que en última instancia recurre al terror para mantener la obediencia y que, irónicamente, tiene como telón de fondo ciertos ideales aún vigentes en torno a lo que se concibe como amor romántico", concluye la antropóloga Segato.

La doctora Rita Laura Segato, doctora en Antropología Social, y una de las estudiosas y analistas más profundas del fenómeno de la violencia contra la mujer por razón de género.- Foto de infobae.com

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