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Cetina Arjona nunca debió ser el Fiscal General, opinan

Wilberth Cetina Arjona durante su comparecencia ante diputados como candidato a dirigir la Fiscalía General del Estado

“Se corrigió un error”

El despido disfrazado de dimisión del fiscal general del Estado, Wílberth Cetina Arjona, fue una decisión acertada del gobernador, quien corrige así el gran error que cometió hace dos años al ponerlo en el cargo, opina el Dr. Luis Ramírez Carrillo.

“Fue una buena medida, definitivamente”, reconoce. A Mauricio Vila debe quitársele el miedo de cesar a los funcionarios que han mostrado ser incompetentes. Movimientos como éste hablan bien de un gobierno”.

El investigador de la Uady cree también que, por fin, el Ejecutivo estatal ha tenido el valor de admitir que cometió un error. Además, la medida debe hacernos recordar que ningún funcionario es eterno, cumple una función en un momento determinado y tiene un ciclo limitado. “Eso deben saberlo el funcionario y quien lo puso”.

Gran desatino

Tras aclarar que aunque no es juez ni investigador judicial para poder afirmar nada, mucho menos la comisión de algún delito, el Dr. Ramírez Carrillo asegura que sí está en la posibilidad de decir que se cometió un error muy grande al nombrar como fiscal general a Cetina Arjona.

La equivocación no fue escoger a quien estaba al mando de un despacho, porque eso es algo común en todos los abogados con experiencia, sino en designar como fiscal a alguien que tenía un despacho estrechamente vinculado a uno de los delitos más severos y grandes que hay en Yucatán, que es el tráfico y la apropiación ilegal de tierras, tanto ejidales como privadas, enfatiza el investigador.

En pocas palabras, pusieron de fiscal a alguien que estaba relacionado con la mafia inmobiliaria en Yucatán, sentencia.

Ese fue el error de origen, insiste. Vila Dosal no escogió a un buen litigante, de prestigio, con una práctica profesional exitosa dedicada a atender asuntos de todo tipo, sino a una persona fuertemente ligada a uno de los puntos neurálgicos del crimen de cuello blanco en Yucatán, que es el tráfico de tierras. Puso en la Fiscalía a un profesional relacionado con la mafia inmobiliaria, con la gente que se dedica a la adquisición especulativa —legal o ilegal— de tierras, ejidales o privadas, en torno a la ciudad de Mérida.

“Digamos que el gobernador eligió a una persona que estaba en el filo de la navaja. Su apuesta para la Fiscalía no fue un abogado prestigioso dedicado a atender una gran cantidad de asuntos mercantiles, bancarios, hipotecarios, como hay tantos, sino alguien que en particular tenía un nexo con el problema de los litigios sobre propiedad de tierras”.

La razón del cese

Y obviamente, ese fue uno de los puntos que Cetina Arjona nunca quiso tocar. “Hay que decirlo en voz alta: uno de los grandes delitos que se han estado cometiendo en Yucatán en la última década es la apropiación ilegal, por medios especulativos o financieros y por falsificación, de muchísimos predios urbanos y tierras ejidales”.

Esa es la razón de la caída del fiscal. Es cesado fundamentalmente porque se le asocia con un delicado caso —el de Gabriel Guzmán Millet— de especulación relacionada con el manejo de dinero para adquirir predios, de terrenos, y luego cambiarlos de dueño.

Es decir, quien debía atender y combatir uno de los mayores delitos que padece Yucatán, la apropiación ilegal de inmuebles y de tierras, tenía intereses en el asunto. “Debieron haber puesto a alguien que blindara de alguna forma ese problema, alguien cuya práctica profesional no tuviera nada que ver con ese negocio turbio. Hay muchos abogados en esa condición”.

El investigador de la Uady insiste en que no le consta que en la actuación del fiscal hubiera algo ilegal, “pero el vínculo de su despacho y de su persona con los problemas surgidos de la transacción y demandas respecto a la apropiación de inmuebles y de tierras, desde el principio le ponía una tachita a su nombramiento”.

El peor delito

En pocas palabras, resume, el titular de la FGE tenía un conflicto de intereses muy específico, muy claro, en torno a uno de los delitos más graves —que no se ha solucionado— en la entidad en la última década. “Y es que el mayor delito en Yucatán no es el narcotráfico, tampoco el crimen organizado en las calles, ni los secuestros ni los asesinatos. En donde se está moviendo el gran dinero es en el tráfico de tierras, privadas y ejidales, que se hacen de manera subrepticia, encubierta, ilegal, en ocasiones legal pero deshonesta porque engañan a los ejidatarios y es allí donde se mueve el gran capital y se están generando las mejores oportunidades de negocios ilegales. Y en este negocio turbio están involucrados muchos despachos, autoridades, notarios…”.

En ese sentido, no fue un nombramiento afortunado el del Lic. Cetina Arjona, lo acertado es que se corrige ese error, afirma el Dr. Ramírez, quien en una interpretación positiva del relevo en la FGE, dice que “Vila fue capaz de ver el tablero completo para saber qué pieza eliminar y permitir que el juego continúe”.

“Hago una lectura positiva en el sentido de que se cometió un error y se tuvo la visión —ahora sí más de gobernante en serio— de corregirlo. Y aun en los casos en que no haya una necesidad de reparar una equivocación, Vila debe hacer los recambios necesarios para continuar en el camino”.

Secreto a voces

La clave de este caso es que el vínculo del fiscal con uno de los problemas más graves relacionados con el delito era muy claro y evidente. Lo sabían en la Fiscalía, en la práctica de los abogados, en la práctica de los notarios. “Yo, que llevo tres años luchando contra la mafia inmobiliaria, te puedo asegurar que todos los que trabajan en el mundo del Derecho conocían de los intereses del despacho y del fiscal con el asunto de las tierras”.

“Digamos entonces que no estoy planteando que pudiera existir algo ilegal en su actuación, pero Cetina Arjona tenía una relación profesional con el tema, por tanto no era la persona idónea para el cargo. Había un claro conflicto e intereses desde el principio”, concluye el investigador.— Megamedia

Dimisión/ El fiscal

Otro inconveniente de Cetina Arjona como Fiscal era su escaso “don de gentes”.

De trato ríspido

Es de sobra conocido que el todavía fiscal general del Estado —dejará de serlo pasado mañana domingo, cuando se haga efectiva su renuncia— no tenía una buena relación con la prensa y las organizaciones de la sociedad civil, recuerda el Dr. Luis Ramírez Carrillo.

Insensible

Carece de la sensibilidad que exige un cargo público, ya que se requiere tratar con los medios de comunicación y con los representantes de la sociedad civil, continúa.

Obligación con todos

“Así lo exigen los tiempos. Existen los medios, las redes, los movimientos sociales —aunque López Obrador intenta silenciarlos a todos— y un funcionario público tiene la obligación de escucharlos a todos, lo que, hasta dónde he podido averiguar, no hacía Cetina Arjona. Digamos entonces que no tenía el perfil adecuado para el cargo”, concluye.

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