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Cifras irreales sobre el suicidio en Yucatán

La prevención del suicidio

Las estadísticas oficiales sobre el suicidio, apenas la punta del iceberg de un problema social que alcanza grandes dimensiones.— La depresión, un factor detonante

Expresidente de los colegios de Médicos y de Psiquiatras de Yucatán, César Iván Espadas Sosa pone el dedo en una llaga muy dolorosa para la entidad: las estadísticas oficiales sobre el suicidio son incompletas.

Y explica: “Si ya de por sí los datos son grandes con los reportes de la Secretaría de Salud, imagina si les sumáramos los de otras instituciones que no los notifican, lo mismo que los de médicos privados, que son muchísimos”.

De acuerdo con el doctor Espadas Sosa, quien fue también presidente de la Academia Yucateca de Medicina y Cirugía, A.C., en estos casos no reportados tiene mucho que ver la estigmatización del suicidio dentro de la sociedad.

“La gente en general tiende a no reportar muertes por suicidio, por la estigmatización”, abunda. “El suicidio lesiona a la familia. De hecho, en términos psicoanalíticos el suicidarse es una actitud agresiva con los familiares y toda la sociedad. Es una forma de decir: ‘Me largo porque no sirvo’, o ‘porque ustedes no sirven’, o ‘no me ayudaron, no me pudieron ayudar’. Es una reclamación a la sociedad”.

“Entonces la familia que está en esa situación trata de que no aparezca la muerte como un suicidio. Ven cómo limpian todo, cómo arreglan el lugar, descuelgan al suicida —en caso de que se haya quitado la vida por ahorcamiento, claro—, y si tiene un médico amigo lo llevan a la clínica para que lo vean y les den el certificado de defunción. Por supuesto, esos casos no entran a las estadísticas”.

Hace unos días publicamos que en 2018 se rompió el récord de suicidios en Yucatán, al alcanzarse la cifra de 246 personas que se quitaron la vida, según datos de la Secretaría de Salud.

Esos números indican que por cada 100,000 habitantes, 11.2 optaron por acabar con su existencia el año pasado.

En 2017 se reportaron oficialmente 195 suicidios y en 2016 el número fue de 155.

La situación es de tal gravedad que en 2017, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 24 por ciento de las muertes con violencia en Yucatán correspondió al suicidio, cuando el promedio nacional fue de 8.2%. Es decir, en Yucatán se triplicó la media nacional y esto ubicó al Estado en el nada honroso primer lugar en todo el país.

En una entrevista, el doctor Espadas insiste en que se debe tomar en cuenta que las estadísticas oficiales son solo punto de partida de un problema mayor. Incluso, subraya, no se considera a las personas que acuden a tratamiento psiquiátrico en la medicina privada.

Sobre las causas del suicidio, recalca que este fenómeno va de la mano con la depresión y la ansiedad.

La forma en que se presenta la depresión en una persona es muy variada, enfatiza. Inclusive, hay diferencias entre hombres y mujeres. Los primeros están acostumbrados a mostrar más fuerza y presumen que son más resistentes y no sufren ni lloran. Es más difícil para un varón decir que está triste y que llora.

“La mujer llora más fácilmente, hasta por alegría”, apunta.

El especialista explica que el ser humano tiene en el cerebro un sistema que se llama límbico, que regula la emociones y puede alterarse, ya sea por causas endógenas —propias de la persona— o por factores externos, como la pérdida de un ser querido o la pérdida de un empleo, que son llamadas depresiones sociales, generales, que pueden llegar a solucionarse solas.

“La depresión verdadera, como enfermedad, se nota cuando la persona ya no tiene motivación para hacer las cosas, y cuando digo hacer las cosas me refiero a levantarte, caminar, ir a trabajar, platicar con la gente. Te vuelves más callado, más introspectivo, más aislado, y la gente puede notarlo y te lo dice: ‘Oye, ¿qué te pasa?’ Te lo pueden decir tu pareja, que es la persona más cercana que tienes, o tus hijos”.

Más adelante señala que la pérdida de motivación deriva en un estado casi neutral de la persona. A esta condición se le conoce como anhedonia.

“Esta palabra, que parece muy técnica y en cierta forma sí lo es, significa la pérdida de la capacidad de sentir placer por las cosas que normalmente hacíamos y nos gratificaban”, prosigue. “Se va perdiendo la sexualidad, ya no hay motivación para ser activo sexualmente. Hay síntomas como insomnio, llanto espontáneo, dificultad para concentrarse en la lectura y en el trabajo, en todo. Todo produce dolor”.

El expresidente del Colegio de Pediatras hace hincapié en la importancia de un buen diagnóstico médico, como un paso importante para la recuperación del paciente.

“Hay que meterse en la vida del individuo. No es nada más oírlo decir: ‘Tengo llanto, tengo tristeza’. Hay que inspirarle confianza, preguntarle sobre su vida, con quién vive, en qué trabaja… Hay que conocer su entorno”, señala. “Tal vez diga: ‘No vivo con nadie, estoy solo’, y allí puedes ver efectos premórbidos, antecedentes de una vida solitaria que pueden llevarlo a la depresión”.

“El tema parece muy sencillo, parece que no tiene mucho valor. Algunos hasta lo consideran inútil, pero no es cierto. El hecho de escucharla ayuda a una persona deprimida. Tenemos técnicas para hacer que salga de ella eso que está aguantando, que empiece a llorar, y que llore y llore… Muchos médicos le dan un pañuelo, pero no se debe hacer porque así le están diciendo: ‘No llores más’. ¡No! Todo lo que hacemos los médicos tiene un mensaje para el paciente.

También indica que la primera entrevista con el paciente es muy importante para saber cómo se manejará su caso y cómo responderá aquél. Allí empieza la empatía entre médico y paciente. Una sesión no es suficiente, pero sí surgen los primeros elementos para desarrollar esa confianza.

El entrevistado añade que en estos tiempos no hay entre los jóvenes capacidad de tolerancia a las situaciones que pueden causar sufrimiento ni a las relaciones negativas.

“De repente sabemos que un muchacho se mató porque lo dejó la novia… No hay capacidad de tolerancia al sufrimiento. Y aquí hay que hablar de otra palabra técnica que es muy importante: la resiliencia, que es la capacidad de superar la adversidad”.

El médico se refiere a más trastornos que se derivan del sistema límbico, a la ansiedad como factor desencadenante de problemas mayores y a otros temas que abordaremos en próxima edición.— ÁNGEL NOH ESTRADA

angel.noh@megamedia.com.mx

Trastornos /Lo que sigue

Otros temas vinculados a los trastornos mentales que forman parte de próxima entrega:

Ansiedad y bipolaridad

Hay varias clasificaciones del trastorno de ansiedad. El más común se llama trastorno de ansiedad generalizada. Otro problema, cada vez más difundido, son los trastornos bipolares.

El suicidio en Yucatán

Desde hace varios años, Yucatán forma parte de los primeros lugares en suicidios en todo el país. Un dato preocupante es que cada vez aparecen más menores de edad en las estadísticas del fenómeno.

246

reportes sobre personas que se quitaron la vida se recibieron oficialmente en 2018. Es la cantidad más alta que se conoce desde que se recaban estadísticas sobre este creciente problema so- cial en Yuca- tán.

204

de los suicidas contabilizados en 2018 fueron varones. Una cifra mucho menor —42— fue de mujeres. Esto significa que el varón es cinco veces más proclive al suicidio que la mujer, aunque ésta figura como víctima más frecuente de depresión. Esa proporción se ha mantenido constante.

24

por ciento de las muertes con violencia en Yucatán a lo largo de 2017 correspondió al suicidio, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El promedio nacional fue de 8.2 por ciento, lo cual significa que en esta entidad se triplicó la media nacional en ese período.

120

personas, aproximadamente, ya se quitaron la vida durante este año en el Estado. Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2020 señalan que un millón y medio de personas fallecerán por suicidio en todo el mundo y de 15 a 30 millones caerán en tentativa de acto suicida.

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