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Aislada, pero optimista

Testimonio de yucateca en la crisis de España

Originaria de Yucatán, Andrea Cecilia Guillot Marín llegó el 17 de enero pasado a Barcelona, España, como parte de un intercambio universitario.

Andrea Cecilia Guillot Marín en Barcelona, cuando le parecía lejana aún la crisis que desataría el Covid-19
El rincón de trabajo de Cecilia Guillot Marín en Barcelona

Muy lejos estaba de imaginar que semanas después sería testigo de primera línea de la caótica situación que se vive en Europa a causa del coronavirus Covid-19.

Cecy, como la conocen amigos y familiares, pasó de la indiferencia —derivada del hecho de ver lejana la pandemia cuando estaba en sus orígenes en China— a la alerta, de los llamados a la prevención al confinamiento domiciliario, de las advertencias oficiales a las restricciones en la circulación, de los brotes aislados a la multiplicación de enfermos por miles...

Y ahora, con la difícil experiencia que le representa ver de cerca los estragos demoledores del coronavirus, transmite un consejo a sus paisanos desde el otro lado del mundo: no tomen a la ligera esta epidemia, sigan con atención los protocolos sanitarios y cuiden, principalmente, a los adultos mayores.

“Que se sigan quedando en casa y no salgan más que para lo necesario, y eso necesario tienen que ser comida y medicamentos”, aconseja. “Aquí en España no hay para cuándo cambie la situación. Creo que va para largo y los números de enfermos siguen subiendo. Y cuando esto termine, la recuperación durará mucho más, no es algo que se consiga en un día”.

Con motivo de la emergencia, desde hace más de una semana está literalmente encerrada en una habitación en la que ocupa el tiempo haciendo tareas y proyectos. También atiende sus clases en línea y dedica un corto tiempo a ver películas y televisión. Solo sale a la cocina para preparar algo de comer y su único contacto con el exterior es mediante el teléfono y su computadora personal.

Preparación académica

Andrea Cecilia tiene 21 años de edad —cumplirá 22 en agosto próximo— y cursa las fases finales de la licenciatura en Arquitectura en la Universidad de Monterrey (UDEM). Llegó a Barcelona el 17 de enero pasado, con motivo de un intercambio de la institución regiomontana con la Universidad Internacional de Cataluña (UIC).

Es hija de los esposos yucatecos Patricia Ethel Marín Rodríguez y Gabriel Guillot Cárdenas. Tiene una hermana menor, Claudia Vanessa. La familia reside en Monterrey desde hace varios años, por motivos de trabajo, pero tiene contacto permanente con su tierra natal.

Cecy narra en una entrevista detalles de su estada en España en medio de la emergencia por el Covid-19. En su encierro obligado, para su alimentación hasta mañana sábado dispone de algunos huevos, atún, manzanas y dos litros de agua.

A continuación, una síntesis de su relato:

—Llegué el 17 de enero. Ya había escuchado del coronavirus, pero lo sentía como algo muy lejano. Más que a la posibilidad de contagio, mi interés se enfocaba en lo que estaba pasando en China, al mercado en el cual supuestamente se originó el virus, al animal que lo transmitió, a los motivos por los cuales el gobierno chino permite que operen esos mercados insalubres...

—Hace como cuatro semanas hice un viaje dentro de España, para un curso de la escuela, y todo parecía lejano. Yo continuaba con mis planes de viajar a México en las vacaciones de Semana Santa.

—Comenzaron a cambiar las cosas. Ya veíamos lo que pasaba en Italia, donde tengo compañeros de la escuela también en un intercambio. Tengo una amiga en Corea del Sur, donde ahora ya está controlada la situación. Nos comunicábamos por mensajes en el teléfono.

—Hasta ese momento mi universidad en Barcelona no había tomado precauciones extremas, pero advertía de una situación difícil y nos pedía estar atentos a cualquier instrucción.

—En los días siguientes fue cambiando la situación y ya se conocían varios casos en Barcelona. Me comenzó a afectar realmente cuando Cataluña declaró la cuarentena total.

—El martes 10 de marzo fui a clase y al regresar pasé a la panadería y al súper. Todo iba normal.

—El miércoles 11 tenía programada mi asistencia a una conferencia en la escuela. Y justo una hora antes nos avisaron que se cancelaba porque el conferencista no pudo llegar, por complicaciones en el aeropuerto a causa del coronavirus.

—Fue lo primero que afectó de manera inmediata mi vida en la ciudad, aunque no le di mucha importancia porque tenía mucho trabajo por hacer para entregar en la clase del viernes.

—El jueves 12 seguí trabajando y por la noche recibí un correo de la universidad en el que nos decían que se suspenderían las clases de manera intermitente hasta el 3 de abril y en días posteriores dijeron que sería hasta el 27 de marzo.

—Nos indicaron que se cancelaba todo lo presencial, que las clases se harían en línea, y nos pidieron que nos pusiéramos de acuerdo con los maestros. Hasta entonces nos decían que la actividad docente permanecia en línea y que la universidad no cerraba sus puertas porque el personal administrativo seguiría asistiendo.

—Más noche aún nos enviaron correos los maestros diciendo que, ante esa situación, al día siguiente haríamos la revisión vía Skype. Incluso, nos dieron indicaciones de cómo organizarnos. Consideraban hasta ese momento que sería una situación de solución más pronta y que el 27 de marzo podríamos hacer la actividad presencial.

—Todavía el viernes 13 la situación no parecía tan extrema. Por la noche salí un par de horas con unos compañeros a festejar a una amiga.

—El sábado 14 me levanté tarde de la cama con la noticia de que estábamos en emergencia. No muy consciente de lo que sucedía fui al súper de enfrente; no había mucha gente, pero sí estaba desabastecida la tienda. Era como si hubieran saqueado las áreas de artículos de limpieza e higiene, de conservas, de comestibles y de agua embotellada. Aquí es común que la gente compre galones de cinco litros en lugar de los garrafones de 20 litros que vemos en México.

—Desde ese sábado me encerré en la casa y no he salido más que a sacar la basura. Por las noticias me voy enterando de lo que ocurre.

—Tengo otros compañeros, que llegaron conmigo de la Universidad de Monterrey, en otros lugares. Está la de Corea del Sur, hay otra en San Sebastián, lo mismo que una en Málaga y uno más en Madrid, aquí en España, y dos más en Portugal y en Budapest. Hemos mantenido contacto y la que está en Budapest me dice que de 600 extranjeros que estaban en su grupo académico solo quedan 70. Muchos de mi carrera se fueron este semestre.

—Al día no hoy no se encuentran cubrebocas en ningún lugar. Se han establecido medidas muy rígidas. Te pueden multar si sales a la calle sin causa justificada, como es ir a la farmacia, por ejemplo. Hasta puedes ir a la cárcel.

—En los autos solo puede ir una persona. Si van dos te pueden multar.

—No me parece una situación aburrida esta cuarentena porque estoy ocupada en un trabajo de la universidad. En lo personal me siento tranquila. Siento que si yo me enfermara del virus podría curarme, pero sí me preocupan las personas allegadas a mí que están en México, como mis abuelos.

—Las personas de la tercera edad son las más vulnerables y sé que al estar yo aislada contribuyo a reducirles el riesgo de contagio.

—Si países con muchos recursos han tenido graves problemas, no es difícil pensar que en México podría ser peor. Hay que evitarlo. Si al quedarnos en casa ayudamos a que no nos enfermemos y que menos personas se contagien, sobre todo los abuelitos, entonces debemos hacerlo.— ÁNGEL NOH ESTRADA

Coronavirus Testimonio

Comentarios de la yucateca Andrea Cecilia Guillot desde su aislamiento en España.

Va para largo

“No hay para cuándo cambie la situación en España. Creo que va para largo. Los números de enfermos siguen subiendo”.

Planes trastocados

“Muchos compañeros (de la universidad en Barcelona) han regresado a sus países. Una amiga que estaba en San Sebastián regresó a México porque sus papás le consiguieron un vuelo. No es recomendable. Yo tenía mi vuelo para Semana Santa y la aerolínea me avisó que lo canceló”.

Población vulnerable

“Hay que ver por los abuelitos. En España hay estancias para gente de la tercera edad, que ya está aislada ahora. En México no son comunes esas estancias y los abuelitos se quedan en las casas. Cuídense para cuidarlos a ellos”.

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