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“Cómplices del poder”

Foto: Megamedia

La religión, sus representantes y sus vínculos sociales, económicos y políticos son parte primordial del trabajo de investigación antropológica que hace cuatro décadas realiza Luis Amílcar Várguez Pasos, doctor en Sociología por El Colegio de México.

Dr. Luis Várguez Pasos, profesor de la Facultad de Antropología de la Uady

Carlos Cámara Gutiérrez

El académico de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady analiza, escudriña cuál es la atracción que ejercen personajes, dirigentes o jerarcas religiosos al grado de ser considerados casi mesías.

El profesional del Sistema Nacional de Investigadores, experto en estudios sobre algunas de las instituciones religiosas diversas a la Católica, interpreta algunas de las expresiones de la personalidad de Nassón Joaquín García, el máximo dirigente de La Luz del Mundo, congregación con presencia en cuatro de los cinco continentes del mundo y, por ende, con una representación significativa en la península de Yucatán.

El doctor Várguez Pasos habla también de las similitudes y contradicciones entre el llamado “Apóstol de Jesucristo”, acusado de múltiples cargos de abuso sexual de menores, y figuras de otros dogmas, y subraya cómo logran el respaldo de protagonistas políticos, empresariales y del espectáculo que se convierten en sus cercanos aliados.

¿Cuál es el secreto, el imán de personas como Naasón Joaquín García que atrae a sus seguidores, a la gente?

No es ningún secreto. Es lo que Max Weber, sociólogo alemán, denomina carisma. Es decir, es ese don o cualidad que las personas tienen de manera “natural”, que van desarrollando mediante actos que pueden ser extraordinarios y, en consecuencia, hacen que la gente siga al poseedor de ese atractivo y le obedezcan. Ese carisma es lo que identifica a individuos que llegan a ser líderes religiosos, políticos, militares y sociales en general. El Dalai Lama, Vladimir Putin, Adolfo Hitler y Javier Sicilia son representantes de ese tipo de dirigentes. El carisma puede ser para bien o para mal. La historia está llena de ambos casos. Lázaro Cárdenas fue un personaje carismático y su política derivó en grandes beneficios para los campesinos, obreros y aun para las clases medias y altas. En cambio, recordemos el caso de la Iglesia de los Davidianos en Waco, Texas, que prefirieron suicidarse antes de abandonar el refugio en el que esperaban la llegada del apocalipsis. En total fueron 86 los muertos, entre los que había niños. Por cierto, a su líder, Davis Koresh, se le acusó de abuso a menores.

¿Cuáles son las diferencias y semejanzas entre Naasón Joaquín, Antonio Chadraoui y Marcial Maciel Degollado, en cuanto al poder religioso, político y económico que detentaron?

La primera diferencia entre ellos es que pertenecen a diferentes Iglesias. A diferencia de Naasón Joaquín y Marcial Maciel, a Antonio Chedraoui no se le conoce ningún caso de abuso a menores. Otra diferencia es que los seguidores de Chedraoui y Maciel pertenecen a las clases altas, no así los de Joaquín García que provienen de estratos populares y medios. Las semejanzas son varias. Una es que los tres son religiosos, aunque Maciel y Chedraoui ya murieron. Otra es que fueron y son personas carismáticas. Otra semejanza es su vinculación con políticos de los tres niveles de gobierno y de los diferentes poderes de la República.

¿Por qué detrás de los autoproclamados mesías hay personajes de la política, de alto poder adquisitivo o de la farándula?

Esa relación es parte del juego de poder que encierra todo carisma. Al líder carismático no le basta el poder ideológico que ya posee, anhela más. Por medio de esta relación, se apoya en presidentes municipales, gobernadores, diputados, senadores e incluso en el presidente del país en busca de la legitimación de su carisma ante los demás. Es como decirle a los demás: “miren, tengo conmigo a tal gobernador, a equis senador o diputado, éste está conmigo”. Apoyarse en actores de la farándula, obedece a fines semejantes. Es decir, aumentar su popularidad entre determinados sectores económicos o etarios, de la sociedad. Es una especie de lo que los antropólogos llaman magia por contacto. Por otro lado, este tipo de Iglesias busca insertar a sus integrantes en esos puestos para aumentar ese poder ideológico con el que la esfera de lo político les proporciona. Favor con favor se paga, y detrás de estos personajes hay un interés mutuo, con reglas sobreentendidas que los convierten a todos en cómplices del poder.

¿Cuál es, según su percepción, la presencia y relevancia de la congregación La Luz del Mundo en Yucatán?

Hasta ahora esta Iglesia es pequeña en Mérida, aunque tiene un crecimiento silencioso con la apertura de varios templos en la entidad. Aquí sigue un modelo diferente al que estableció en Guadalajara, donde es prácticamente una comunidad integrada, una ciudad en otra. Si bien algunos de sus feligreses viven cerca del templo, la mayoría vive en diferentes colonias del sur-poniente de la ciudad. Tampoco tiene presencia en los ámbitos políticos de la entidad. A pesar de su expansión callada, a largo plazo sí podría competir con la religión Católica en Yucatán. Si bien su proselitismo se dirige a las capas populares, hay una seria advertencia para la iglesia Católica, si no reflexiona en cómo lleva al cabo su labor pastoral.

¿Por qué las personas cambian de religión, a qué se lo atribuye?

La respuesta rápida a los cambios de religión que mucha gente realiza apunta a la insatisfacción con su Iglesia. Hoy día ya no se aceptan aquellas respuestas que argumentaban que esos cambios de adscripción religiosa se debían al “cocowash” de los misioneros; es decir, al lavado de cerebro. Por eso, una contestación más pausada está relacionada con la incapacidad de la Iglesia de origen para satisfacer las aspiraciones y anhelos de su membresía. A mi juicio, las Iglesias de origen, sean la católica, presbiteriana o pentecostal, están perdiendo fieles porque no están haciendo llegar su doctrina a sus feligreses. A ello hay que agregar los desencantos por la conducta de sacerdotes, pastores y líderes en general. Los conflictos entre los creyentes también cuentan. Sobre todo, cuando se dan entre los integrantes de grupos apostólicos entre sí o entre éstos, y el sacerdote o pastor que trata de imponer su voluntad y no deja que esos colectivos realicen su labor como desean. Este problema también es complejo e imposible de agotar en tan breve espacio.

La relación de dirigentes religiosos con otras figuras es parte del juego de poder. Al líder carismático no le basta el poder ideológico que ya posee, anhela más.

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