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Controlar las emociones, llave para abrir las puertas del éxito

Tener el coeficiente intelectual de un genio sirve de muy poco para tener éxito en la vida si no sabemos gestionar nuestras emociones y comprender las de los demás.

Ser capaces de conectar con los otros y ser positivos son habilidades valiosas, esenciales para ser felices.

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“Las emociones tienen un gran poder sobre lo que somos, lo que hacemos y en cómo nos relacionamos”, nos advierte el psicólogo y escritor estadounidense Daniel Goleman en “Inteligencia emocional”, uno de los libros más vendidos en el planeta.

Foto tomada de knesix.institute

Según este autor, la inteligencia emocional es un factor del buen liderazgo más determinante que la competencia técnica, el coeficiente intelectual (CI) o la visión estratégica.

“Influir en quienes nos rodean y mejorar nuestro bienestar requiere que seamos conscientes de nosotros mismos, que sepamos controlar nuestras emociones y comprendamos las emociones de los demás”.

“En el mejor de los casos, el CI parece aportar solo 20% de los factores determinantes del éxito”, señala el escritor.

No basta un alto coeficiente intelectual

La prueba de que reconocer los sentimientos y saber administrarlos es fundamental si queremos que nos vaya bien es que muchas personas muy “inteligentes” y “capaces”, es decir, con un alto coeficiente intelectual, terminan como subalternos de gente con menos capacidad y preparación académica, pero que sabe manejar las relaciones y cómo influir en los demás.

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Para Goleman, es evidente que en la sociedad actual existe una creciente pérdida de control sobre las emociones que tienen lugar en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean.

De allí que todos los días encontremos en los periódicos noticias que hablan del aumento de la inseguridad, de homicidios y degradación de la vida ciudadana, consecuencia de la creciente pérdida de control sobre las emociones.

Dotar de inteligencia a las pasiones

“Nadie permanece a salvo de esta marea errática de arrebatos y arrepentimientos que, de una manera u otra, acaba salpicando nuestra vida”, señala.

El libro de Goleman busca dar a conocer las visiones científicas sobre la emoción, comprender el significado de dotar de inteligencia a las pasiones, de tomar conciencia del dominio de los sentimientos.

La enseñanza de Sócrates, “conócete a ti mismo”, es la piedra angular de la inteligencia emocional.

Y según Goleman, la conciencia de uno mismo es la atención continua a los propios estados internos y constituye una actividad neutra que mantiene la atención aun en medio de la más tremenda agitación emocional.

Fundamental conocernos a nosotros mismos

Por tanto, para Goleman es fundamental conocernos a nosotros mismos, saber qué sentimos en cada momento y saber expresarlo, saber hablar de ello.

Y así seremos capaces de conectar con los que nos rodean, identificar lo que sienten y saber escucharles. Por eso es esencial educar en las emociones.

El libro demuestra cómo la inteligencia emocional puede ser fomentada y fortalecida en todos nosotros y cómo la falta de la misma puede influir en el intelecto o arruinar una carrera.

La educación desde la infancia, básica

La infancia es la etapa más importante pues es la base de la educación integral de una persona y por ello es fundamental educar en sentimientos desde la cuna, dice Goleman.

Imagen ilustrativa tomada de unicef.es
Imagen ilustrativa tomada de unicef.es

“Es un aspecto que forma parte de nuestra inteligencia emocional y por tanto de nuestra psique”.

Dejar al azar la educación emocional de los niños puede acarrear nefastas consecuencias.

Una posible solución puede ser concebir una nueva visión sobre el papel que debe desempeñar la escuela en la educación integral del estudiante, reconciliando en las aulas la mente y el corazón.

Algún día, la educación incluirá en su programa de estudios habilidades como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía o el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás.

¿Y qué es realmente?

Goleman señala que cuando hablamos de inteligencia emocional nos referimos ante todo a nuestra capacidad para dirigirnos con efectividad a los demás y a nosotros mismos, de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas, de automotivarnos, de frenar los impulsos, de vencer las frustraciones…

“La inteligencia emocional empieza con la conciencia de uno mismo y también con la conciencia social. Es decir, cuando somos capaces de reconocer las emociones (y su impacto) en todo lo que nos rodea”.

Supone también entender que gran parte de nuestros comportamientos y nuestras decisiones se basan en emociones.

El humano, una criatura emocional

“El ser humano es una criatura emocional que un buen día aprendió a pensar y a razonar… Entenderlo, asumirlo nos permitirá tener un mayor control sobre nuestro comportamiento”.

La inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo.

También acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.

Cinco pasos al éxito

Según Goleman, cinco competencias básicas vertebran la inteligencia emocional:

  1. Autoconciencia emocional
    El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en cuanto aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.
    Las personas que poseen autoconciencia emocional tienen como una especie de brújula que les permite dirigir mejor sus vidas.
    Por otro lado, la incapacidad de percibir nuestros verdaderos sentimientos nos deja a su merced.
  2. Control de las emociones
    La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento.
    La capacidad de tranquilizarse uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, la tristeza, la irritabilidad exageradas se recuperan mucho más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida.
    Las personas que carecen de esta estabilidad tienen que batallar constantemente con las tensiones desagradables.
  3. Automotivación
    Esta dimensión destaca la habilidad de orientarnos hacia nuestras metas, de recuperarnos de los tropiezos, superar los obstáculos y focalizar todos nuestros recursos personales en un objetivo.
    Si aunamos optimismo, constancia, creatividad y confianza, sobrellevaremos cualquier dificultad para seguir conquistando triunfos y logros.
  4. Empatía
    En nuestra forma de relacionarnos e interactuar con los demás hay un aspecto que va más allá de las palabras: la realidad emocional de cada uno, que se expresa con gestos, con un tono de voz particular, con determinadas posturas, miradas, expresiones.
    Empatía es descifrar ese lenguaje, ponernos en los zapatos del otro y descubrir aquello por lo que está pasando.
    Esta capacidad nos permite no sólo obtener información sobre aquellos que tenemos enfrente sino que además nos ayuda a establecer vínculos más fuertes, lazos sociales y afectivos más profundos.
    Además, reconocer las emociones y los sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con las personas que los expresan.
    Las personas empáticas son las que, en general, tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la IE.
  5. Saber relacionarse, un arte
    El arte de las relaciones se basa en buena medida en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas.
    En las habilidades concretas involucradas en esta facultad —saber relacionarse con los demás, comunicarse con efectividad y de modo asertivo, saber manejar los conflictos o las diferencias— residen la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal.
    Las personas que sobresalen en este tipo de habilidades suelen ser auténticas “estrellas” que tienen éxito en todas las actividades vinculadas a la relación interpersonal.
    Todas esas dinámicas comportamentales potencian o limitan nuestra capacidad para disfrutar o no de nuestras relaciones, de construir entornos laborales sanos, cómodos y productivos, de dar forma a relaciones de pareja, familiares o de amistad más satisfactorias.

Cinco o nada

Goleman nos recuerda la necesidad de ser competentes en estas cinco áreas. No vale dominar una o tres. La persona emocionalmente inteligente es eficaz en todas ellas.

En caso de no hacerlo podríamos tener, por ejemplo, al clásico directivo entrenado en inteligencia emocional pero que solo ha llegado a asumir la autoconciencia, pero no su capacidad de empatizar con los demás, de entender esos mundos ajenos a las propias necesidades y valores.

Debemos ver por tanto estas áreas como un todo. La inteligencia emocional se aprende y se puede potenciar

Se puede activar y desactivar

En su libro, el autor nos explica que parte de esta habilidad, de esta capacidad, se halla en nuestra propia epigenética.

Es decir, se puede activar y desactivar, dependiendo del entorno emocional y social en el que crezcamos, en el que nos eduquen.

Sin embargo, y aquí reside la auténtica magia, la inteligencia emocional responde a esa plasticidad cerebral donde cualquier estímulo, práctica continuada y aprendizaje sistemático crea cambios, construye conexiones y nuevas áreas donde ser mucho más competentes en cada una de las áreas antes señaladas.

Importancia de educar en este enfoque desde la niñez

Goleman señala también la necesidad de educar a los niños a través de este enfoque.

Ya sea en el hogar o en la escuela, todos deberíamos ser capaces de crear un contexto válido y significativo en inteligencia emocional.

Por otro lado, en lo que al mundo adulto se refiere, sabemos que no faltan en nuestro día a día cursos de todo tipo, que cada día se dan seminarios, conferencias y que todos tenemos además múltiples libros y revistas a nuestro alcance para formarnos.

Cómo desarrollar nuestra inteligencia emocional

Lograrlo es cuestión de voluntad, de constancia y de aplicar esa conciencia real donde hacer presentes y constantes las siguientes claves que Goleman nos señala en sus trabajos, que ya fueron mencionadas líneas arriba, pero que no resulta ocioso insistir en ellas:

  1. Debemos detectar la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.
    Es necesario que ampliemos nuestro lenguaje emocional. A veces no basta con decir “estoy triste”, hay que ser más concretos: “Estoy triste porque me siento decepcionado, algo molesto y confuso a la vez”.
  2. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas.
    Busca un por qué al comportamiento de los demás, sé capaz de entender las perspectivas y los mundos emocionales ajenos.
  3. Expresa tus emociones de forma asertiva.
    No puedes cambiar tus emociones, pero sí la forma en que las expresas.
    La asertividad es un comportamiento comunicacional en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos.
    Se trata de una categoría de comunicación vinculada con la alta autoestima que se define como una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada.
    La finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.
  4. Mejora tus habilidades sociales.
    Las habilidades sociales se pueden definir como las herramientas de comunicación, tanto verbal como no verbal, que usamos para relacionarnos con las demás personas de forma eficaz y saludable.
    Estas habilidades están muy vinculadas a la forma en que nos juzgamos a nosotros mismos (autoestima), por lo que no son simplemente conductas aisladas.
    Y es que si no sentimos que merecemos ser respetados difícilmente podremos pedir que nos respeten.
  5. Aprende a automotivarte y a luchar por esos objetivos que te pueden acercar a una auténtica felicidad.
    La motivación es esa energía que nos mueve, que nos dirige a cumplir nuestros objetivos. La motivación es lo que nos mueve a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación.

Vivir en equilibrio y armonía

En conclusión, más allá de los datos que nos ofrecen las clásicas pruebas estandarizadas sobre inteligencia, existe otra esfera, otra dimensión y otra inteligencia que conduce al éxito.

Hablamos de ese éxito personal donde seamos capaces de ajustar comportamientos y emociones, donde conectemos mejor con los demás, vivamos en equilibrio y armonía sintiéndonos competentes, libres, felices y realizados personalmente.

Lograrlo, dice Goleman, es un reto que conquistar a diario.

Referencia bibliográfica: Daniel Goleman (1996). Inteligencia Emocional. Madrid: Kairós

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