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¿Crecimiento o decrecimiento?

* Por Pablo Pérez Akaki

Hoy con la felicidad de mi Pablito, que terminó su tratamiento… nos vienen tiempos mejores campeón.

En los últimos años ha crecido la preocupación por el medio ambiente en la humanidad, a raíz del deterioro que ha sufrido el planeta por cualquier lago. Son temas comunes hoy la contaminación de los suelos, los mantos acuíferos, pérdida de biodiversidad, extinción de especies, pobreza extendidas, etc. La humanidad misma se ve comprometida ante esta avalancha de problemas, que Kate Raworth, académica y activista, ha propuesto con una ampliación del análisis económico incorporando los recursos naturales, internalizando las llamadas externalidiades en las decisiones económicas. Este criterios sin duda cambian abruptamente la focalización en el crecimiento de la producción, del comercio y la acumulación de riqueza.

En este mismo sentido, académicos como Serge Latouche y Joan Martínez Alier, han propuesto en los últimos años una estrategia más agresiva, el decrecimiento (degrowth), con el cual argumentan que la escala de consumo humano rebasa a la escala de producción planetaria, por ello la necesidad de lograr un ajuste a la baja en el consumo para restablecer el equilibrio. Estas ideas tienen sus fundamentos en las teorías ecologistas que argumentan y evidencian que el nivel de consumo planetario es excesivo, no permitiendo la conservación de los recursos naturales que generan los satisfactores para la humanidad, sino que sufren de explotación y llegará un momento de su agotamiento.

La pregunta que nos inquieta entonces es, ¿la economía necesita crecer o necesita decrecer? Si lo pensamos como economistas tradicionales, efectivamente lo que se necesita es mayor riqueza para ayudar a quienes no cuentan con una mínima calidad de vida, un mínimo nivel de alimentación, educación, salud y demás. Necesitamos riqueza para que tanto el sector público como el privado puedan proveer de estos servicios.

Pero por otro lado, no requerimos cambiar de teléfono celular cada año, ni de vehículo para 2, mucho menos de computadora cada 3 ó 4, ni necesitamos estrenar ropa cada fin de semana. En esto es lo que el movimiento de decrecimiento pone el énfasis, en lo que se ha llamado consumismo. En el excesivo, a menudo irracional, impulso a las compras que vemos en casi todos las personas, acentuándose hacia final del año por los motivos navideños.

Si la famosa obsolescencia programada fuera restringida, quizá tendríamos oportunidad de valorar más y cuidar mejor nuestros bienes, desarrollando también otro tipo de empleos innovadores enfocados a la reducción, reciclaje, reutilización. Quizá no habría empresas tan globales, pero podríamos tener un entorno natural más saludable donde la felicidad fuera mayor.

Vale la pena pensarlo y comenzar a actuar en consecuencia desde nuestra trinchera, para beneficio propio y nuestros sucesores.— Mérida

Profesor investigador de tiempo completo, UNAM FES Acatlán, Posgrado en Economía.

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