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Cuidar el patrimonio

En más de 20 años

Procedimientos inadecuados de conservación y restauración de edificios del Centro Histórico ponen en riesgo la identidad de Mérida, opina un experto.— Reglamento

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan el Centro Histórico y otras zonas patrimoniales de la ciudad es el de su restauración. Mérida acumula en cientos de manzanas —tan sólo en su corazón hay casi 600— un legado arquitectónico tan extenso, variado y extraordinario que la tarea de proteger la ciudad se antoja no sólo titánica, sino interminable.

El objetivo de la restauración es devolver a los edificios su dignidad original, preservar el rico acervo edificado que pertenece a toda la sociedad, dice el ingeniero Magdiel Cen Chab, coordinador del Programa de Rescate de Fachadas del Departamento de Zonas Patrimoniales y Culturales de Mérida.

“La ciudad posee el segundo Centro Histórico más grande de la república, estamos hablando de casi 5,000 edificios catalogados, que no es poca cosa”, recuerda. “Intervenirlos adecuadamente es por tanto una obligación, pero también una muestra de respeto hacia nosotros y nuestra historia, porque forman parte de nuestro pasado y son la herencia de las futuras generaciones”.

El término “intervención”, explica, se refiere a toda labor en una edificación que implique trabajos de construcción, ampliación, sustitución o restitución de elementos, así como a la aplicación de acabados, pintura o colocación de elementos de publicidad.

“Restricciones”

Se piensa que poseer un edificio en el casco histórico de Mérida es un dolor de cabeza porque, se dice, existe una batería de restricciones que complica cualquier obra.

Sin embargo, el Ing. Cen Chab dice que es al contrario, que el Ayuntamiento tiene un programa dedicado a proporcionar asesoría técnica y mano de obra especializada para restaurar las fachadas de los predios del centro.

De hecho, señala, la razón de ser del Departamento de Zonas Patrimoniales es facilitar a los ciudadanos el proceso de intervenir su predio. “Claro que el programa tiene sus limitantes, porque funciona únicamente en el rescate de las fachadas, pero es un buen avance, hasta donde tengo conocimiento, no hay en el país nada similar”.

Es un programa bondadoso, afirma. El ciudadano que solicita el apoyo para restaurar la fachada de su construcción recibe la asesoría de personal con más de 20 años de experiencia en el rescate de predios históricos y el equipo que se requiere… incluso, el municipio tramita los permisos ante el INAH.

“Fabuloso, el propietario sólo gasta en el costo del material, es lo único que pone… y la anuencia, desde luego, el deseo de recuperar la belleza de su casa, sujetándose a lo establecido por el reglamento”.

En ese sentido, sí hay ciertas indicaciones, que son las que tal vez se ven como restricciones. Por ejemplo, los encargados del programa se han topado con personas que quieren ampliar los vanos de sus fachadas para convertirlos en cocheras, pero con dimensiones que rebasan lo permitido en la reglamentación. “Eso afecta el paramento (superficie del muro) del edificio y por tanto su historicidad. Ahí sí podría hablarse de ‘prohibiciones’, porque hay que respetar lo que manda la ley”.

A lo largo de 23 años, el programa ha intervenido —a solicitud de las personas indicadas— incluso iglesias, como las de San Juan y Santa Lucía, y construcciones catalogadas de alto valor histórico. Sólo es cuestión de que el propietario realice la solicitud, siga los procedimientos y se sujete a las condiciones del Departamento de Zonas Patrimoniales.

Para definir claramente lo que se puede y lo que no, desde 2008 existe un Reglamento para la Preservación de las Zonas de Patrimonio Cultural del Municipio de Mérida, en el que están las disposiciones y normas que todos están obligados a cumplir. Aunque esa normativa tiene sólo 10 años, con antelación el Reglamento de Construcciones ya contemplaba esos lineamientos.

Todo obra —pública o privada— de restauración, mantenimiento o remodelación en el Centro Histórico requiere autorización porque se busca que los responsables tengan una total comprensión del comportamiento estructural y las características de los materiales del edificio, dice el ingeniero. Antes de emprender cualquier obra es esencial tener información sobre la estructura en su estado original y en los estados anteriores a la intervención, así como sobre las técnicas que se utilizaron para su construcción, sobre las alteraciones y sobre su estado actual.

Intervenciones

Se cometen muchos errores en las intervenciones de los predios históricos, comenta Cen Chab. Uno de los más comunes es el empleo de morteros inadecuados (el mortero, explica, es la unión de materiales aglomerantes, lo que en Yucatán la gente conoce como “mezcla”).

“Los lineamientos que marca el INAH y que observa el Ayuntamiento indican morteros a base de cal, está restringido el empleo de cemento gris porque resulta contraproducente en un edificio de mampostería”.

El cemento gris es un material que obtura el proceso de transpiración de la piedra, que por ser un elemento dinámico necesita “sudar”, indica. Los morteros originales, usados en la Colonia, son nobles y permiten ese proceso de transpiración tanto en muros como en cubiertas.

Aunque la obra con materiales contemporáneos es menos cara, si se considera la relación costo-beneficio vale la pena usar lo más posible los materiales tradicionales. “La durabilidad de un mortero con cemento es cuatro o cinco veces inferior que el de uno apegado al proceso original, sin embargo, hoy día creo que muy pocos albañiles conocen el proceso para fabricar la cal viva, que era la que se usaba en la Colonia”.

Al respecto, comenta que a lo largo de 20 años el Ayuntamiento de Mérida ha capacitado a más de 100 albañiles para integrarlos al programa de rescate de fachadas. Son trabajadores especializados, con los conocimientos técnicos y artísticos —preparación de morteros tradicionales, reproducción de figuras, elaboración de moldes, frisos, rosetones— que requiere la restauración de un inmueble histórico, por ornamentado que sea.

Desafortunadamente, sólo queda 35 elementos de ese grupo, lamenta. “Trabajan con nosotros desde hace más de 20 años, pero se están retirando por razones de edad y ese conocimiento se está perdiendo”.

Es una lástima, es el único grupo abocado a estas tareas en todo el país y cuando se vaya el último, el Departamento correrá el riesgo de desaparecer, de ese tamaño es la problemática, de allí también que difundir estas tareas, estos conocimientos, sea una tarea urgente.

La restauración y conservación son labores muy complejas. Es diferente construir una vivienda nueva, con materiales contemporáneos, a intervenir un edificio de una zona de patrimonio. No es un trabajo para cualquier arquitecto o ingeniero, sentencia.

Una de las problemáticas principales es la intervención de los edificios sin criterios históricos y de preservación del patrimonio, de allí que los trabajos puedan incluir materiales y diseños que no tienen nada que ver con el predio y que distorsionan la memoria e identidad cultural de la zona. En lugar de devolverle a un edificio sus rasgos originales, se busca transformarlo: se modifican vanos, se les agrega decoración, se construyen cuartos, terrazas, piscinas, se subdividen los predios… entre muchas otras transgresiones, señala. “También ocurre que si ven muy dañado el edificio no hacen nada para restaurarlo, cuando un profesional comprometido con el rescate, con el patrimonio, debería pugnar por recuperarlo”.

El ingeniero Cen considera que la restauración de casas a cargo de extranjeros ha sido positiva para Mérida, porque se han invertido mucho dinero con el que se ha contribuido al rescate del Centro. “Lo conducente en este caso sería cuidar celosamente que la remodelación no incluya elementos que le resten a la casa su valor patrimonial o que afecten su identidad histórica”.

En el papel

Para el ingeniero Cel Chab, las regulaciones legales para la protección del patrimonio edificado del municipio son las adecuadas, “pero que se respeten es otro cantar”.

Falta la otra parte, la vigilancia, dice. “La autoridad necesita abocarse a esa tarea, destinar más recursos a la inspección, su personal es poco para un trabajo tan grande, por eso hay tantas intervenciones impunes que violan la normativa”.— Mario S. Durán Yabur

Manual en defensa del patrimonio

Espera ver la luz una guía para la restauración

Con la idea de contrarrestar los procesos de restauración inadecuados, que muchas veces provocan destrozos irreparables en edificios con valor histórico, el ingeniero Magdiel Cen Chab elaboró en 2004 el “Manual de intervención para predios ubicados en zonas de patrimonio”.

El documento, explica su autor, plantea las bases teórico-metodológicas necesarias para una acertada intervención de bienes del patrimonio cultural edificado, sobre la base de un conocimiento adquirido a largo de más de 20 años.

Lamentablemente, el manual, que busca resolver dudas y proporcionar un catálogo básico de especificaciones para labores de consolidación y restauración de inmuebles, no está a la mano porque está agotado.

La primera edición fue realizada por la Dirección de Desarrollo Urbano del municipio en 2004 y cuatro años más tarde, con apoyo de la UADY, se hizo una reedición. “Con el apoyo de una compañera, el manual fue actualizado y ampliado. Desde hace meses está listo para su reimpresión, pero ignoro las razones por las que no ha salido a la luz”, señala el Ing. Cen, coordinador desde hace varios años del Programa de Rescate de Fachadas del Centro Histórico de Mérida.

La publicación debería estar a cargo de la Dirección Municipal de Desarrollo Urbano o de la Subdirección de Patrimonio. “Es un texto necesario y además muy demandado”, señala su autor.

El documento incluye todos los conceptos principales de intervención en predios históricos, ofrece una guía detallada para restituir cualquier elemento ornamental —una concha marina, un medallón, un friso—, cómo trabajar la madera y la herrería, cuánto material usar, etc.

Zonas de Patrimonio

El texto de consulta se ha vuelto indispensable por la gran cantidad de edificios que hay que proteger, los cuales no se concentran en el casco histórico, sino que están regados a lo largo y ancho del municipio.

El Ayuntamiento incluyó en una declaratoria de zonas patrimoniales a varias colonias y fraccionamientos de la ciudad y a todas las comisarías, con la idea de salvaguardar sus edificios y monumentos históricos, la mayoría de ellos construidos durante el siglo XX.

“Actualmente están protegidas, por ejemplo, las colonias México, García Ginerés, Alemán, Chuminópolis, el fraccionamiento Wallis, el reparto Dolores Patrón, porque tienen tipologías características de una época determinada. Si cualquier profesional interviene una casa en estas zonas tiene que someter su proyecto a la autoridad”.

Estas colonias observan estilos arquitectónicos únicos, característicos, prosigue. “Por ejemplo, la colonia Miguel Alemán se caracteriza por el empleo de losas de concreto de espesores muy delgados y de elementos metálicos esbeltos.

En la declaratoria se incluyeron los núcleos centrales de las 47 comisarías meridanas: Caucel, Dzityá, Cholul, Sitpach, Molas, Chablekal, Cosgaya, etc… de todas.— Mario S. Durán Yabur

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